El villano que regresa Chapter 134

 Capítulo 134

Con un tono respetuoso, Joel consultó al emperador sobre el destino de Aaron y la familia del conde Scott. Tras un momento de reflexión, el emperador, con una voz débil, abrió sus labios resecos.

—Tus reportes me han causado una profunda impresión. Primero, debo felicitarte por tu esfuerzo en procurar justicia... Realmente has pasado por mucho.

—Majestad.

—He oído hablar de las ofensas que la familia Scott ha infligido sobre ti. Atentar contra la honra de un miembro de la familia real es un crimen que merece un castigo severo. Sin embargo, el conde Scott lideró la supresión de la rebelión de Heath Hales, y desde entonces ha estado a mi lado, demostrando una lealtad inquebrantable en momentos de crisis. No puedo ignorar su dedicación...

El emperador, con evidente fatiga, interrumpió su discurso, tosiendo con fuerza y desplomándose sobre el cojín. Como Joel había sospechado, el emperador, viejo y enfermo, estaba llegando al final de su camino. Los presentes acudieron en su ayuda. El médico le recomendó descansar, pero el emperador rechazó su mano y continuó hablando con Joel.

—A veces, la clemencia puede traer consigo un orden superior. Tras perder a su amado hijo, el conde ya ha sido castigado por Dios por sus palabras imprudentes. Condenaremos a Aaron Scott a arresto domiciliario, y el conde y su esposa se trasladarán a su mansión en la capital, donde permanecerán hasta que se celebre el funeral de su hijo. Luego, serán exiliados. ¿Qué te parece esta decisión?

La indulgencia del emperador, en cierto modo, podría haber herido el orgullo de Joel. Los presentes intercambiaron miradas preocupadas, temiendo que reaccionara con una respuesta insolente. Conocían su cambio de actitud, pero su historia de escándalos y desmanes se extendía por tres largos años. 

—Comprendo la profunda sabiduría de Su Majestad. Si bien las ofensas cometidas por la familia Scott contra la familia real son imperdonables, como ha dicho Su Majestad, ya han sido castigados por Dios. Además, debemos considerar las contribuciones de la familia Scott a la corona. Aceptaré la decisión de Su Majestad, llena de sabiduría.

Aunque compadecía a Aaron, Joel no tenía ninguna intención de oponerse a la decisión del emperador. De hecho, se sintió conmovido al escuchar al emperador referirse al niño no nacido como un miembro de la familia real. Joel se inclinó con reverencia y se retiró.

Una vez finalizada la audiencia, Joel ordenó que llevaran a la familia Scott a su mansión en una carroza. Deseando que Aaron pudiera descansar lo antes posible, se apresuró a organizar su traslado.

El conde y la condesa Scott, sumidos en la desesperación tras perder su fortuna, su posición y sus sueños, se hundieron aún más en el abismo de la desesperación al enterarse de la condición de su hijo. Sin embargo, agradeciendo la misericordia del emperador por permitir a su hijo enfermo morir en paz, aceptaron con resignación la carroza que Joel había preparado para ellos. 

Joel no se molestó en despedirlos. Consideraba que el hecho de haberles salvado la vida era una muestra de clemencia suficiente. Mostrar demasiada indulgencia hacia quienes habían difundido rumores tan infames sobre la familia real podría socavar la autoridad. Sin embargo, la compasión que sentía por Aaron era inquebrantable. Envió a Becky a despedirlo, mientras él, oculto tras la ventana, observaba cómo Aaron se alejaba.

Aaron, a pesar de la actitud desafiante que había mostrado hacia Joel en la prisión subterránea, ya había reconocido en su interior que no tenía derecho a reprocharle nada.

Los últimos siete días, durante los que había sido víctima de acusaciones injustas y de la burla pública, le habían enseñado una valiosa lección. Cuando se corrió el rumor de su supuesto embarazo, todos lo señalaron y se burlaron de él, dando por hecho que era cierto. Incluso sus propios padres dudaron de su inocencia.

El día en que Joel le había derramado la bebida sobre la ropa, Aaron había sido descubierto por su madre, quien, tras verlo con la faja, había llegado a la errónea conclusión de que estaba embarazado. A pesar de las explicaciones de Aaron, su madre, en un estado de agitación extremo, había corrido a contarle a su esposo lo que había visto. Así, Aaron había sido abofeteado en repetidas ocasiones por su padre y enviado de regreso a la mansión familiar.

A partir de esa noche, los rumores habían traspasado las murallas de la mansión. Nadie había creído sus explicaciones, y la reputación que había cuidado con tanto esmero durante toda su vida se había desmoronado con unas pocas palabras sin fundamento.

Aaron siempre había sabido que los humanos preferían la intriga a la verdad, pero sentir que hasta sus seres más cercanos lo habían juzgado con desdén, reduciendo su desgracia a un simple chisme, le había causado una profunda sensación de traición.

Al final, el único que había mostrado una mínima compasión hacia él había sido Joel. Él había sido el único que no había sentido una malsana curiosidad por su vientre. Si se hubiera guiado por el rencor que los había separado durante tanto tiempo, Joel podría haber utilizado esta situación para humillarlo públicamente. Sin embargo, no solo se había abstenido de acusarlo, sino que había hecho todo lo posible por limpiar su nombre.

[—¿Por qué... por qué me ayudas...? He difundido rumores horribles sobre ti....]

[—En realidad, no te estoy ayudando. Simplemente estoy tratando de que se haga justicia. Y como bien dices, he sido víctima de una serie de infamias por tu culpa. Sé que es injusto, y por eso intervengo].

Joel no había actuado por ningún interés personal, sino porque creía que era lo correcto. Aaron sabía que si se hubiera encontrado en la misma situación, no habría actuado con la misma nobleza que Joel.

Y se sentía avergonzado. A pesar de que había despreciado a Joel llamándolo vulgar, en realidad, los que se habían mostrado vulgares eran los demás nobles, incluido él mismo. 

Aaron, incapaz de dejar atrás su orgullo, había herido a Joel hasta el final, pero en su interior, luchaba consigo mismo, reconociendo la necesidad de aceptar su culpa. Justo antes de subir al carruaje que Joel le había enviado, se dio cuenta de que esa era su última oportunidad para disculparse.

Se volvió y, con un movimiento rápido, tomó la mano de Becky. Con la respiración entrecortada, susurró: —Dile al conde que estoy profundamente agradecido por su bondad. No me atrevo a pedir perdón por mis errores, pero hasta el final de mis días los lamentaré, y rezaré por su felicidad y su bienestar.

Aaron partió de la capital. Al escuchar el mensaje de Aaron a través de Becky, Joel esbozó una sonrisa melancólica. Aunque agradecía que Aaron hubiera reconocido sus errores, no podía evitar lamentarse de que, si lo hubiera hecho antes, quizá podrían haber sido buenos amigos. 

... En realidad, no era motivo de alegría, pero considerando las innumerables veces que Aaron se había comportado con él de forma cruel, Joel no podía dejar de conmoverse por esas pocas palabras de disculpa.

Joel permaneció junto a la ventana, observando cómo el carruaje que transportaba a Aaron se alejaba hasta que desapareció de su vista. Sumido en la tristeza por Aaron, no podía apartar la mirada de la ventana. Sin embargo, al ver al príncipe heredero, que acababa de regresar de sus entrenamientos militares, una sonrisa cálida iluminó su rostro.

—¿Es cierto que a Aaron Scott no le queda mucho tiempo?

—Sí, Robert lo examinó frente a mí y al resto de la corte. Es un diagnóstico en el que puedes confiar.

—Dios...

El príncipe heredero chasqueó la lengua. Joel, con aire triunfante, le dijo:

—Te lo advertí, ¿ves? Si hubieras seguido tu plan inicial y hubieras utilizado la supuesta gravidez de Aaron como arma de acusación pública, ahora estarías lidiando con las críticas por tu crueldad.

El príncipe heredero, con humildad, reconoció su error.

—Tienes razón. Esta vez, tu decisión ha sido la correcta. Al observar cómo has actuado con objetividad y justicia, dejando de lado tus sentimientos personales, he aprendido mucho. Tu serenidad y tu bondad son un ejemplo a seguir para todos, incluido yo.

Joel se sonrojó ante las palabras halagadoras del príncipe. Siempre lo había tratado como a un niño, así que sentir que al fin lo había reconocido le llenó de orgullo. Con renovada energía, le ofreció su brazo al príncipe.

—Gracias, Su Alteza. Por cierto, hace un día espléndido. ¿Qué te parece si damos un paseo por el jardín esta tarde? No tienes ningún compromiso, ¿verdad?

De pronto, se dio cuenta de que el príncipe acababa de regresar de los entrenamientos y, por lo tanto, debía estar exhausto. Joel se rio incómodamente: 

—Ah, tal vez una siesta sería mejor que un paseo... 

En ese preciso instante, el príncipe, con una sonrisa encantadora, besó la mano de Joel.

—Un paseo por la tarde, qué idea tan maravillosa. Siempre estoy dispuesto a acompañarte. Pasar tiempo contigo es un verdadero placer y una alegría inmensa.

La voz del príncipe era tan cálida como los rayos de sol que entraban por la ventana, y en su mirada se reflejaba un afecto profundo, no la fatiga. Joel, conmovido, lo abrazó con fuerza. El príncipe, respondiendo al abrazo, se dio cuenta de que se le había escapado algo crucial.

—Espera, ¿dijiste que una siesta?

Habían pasado quince días desde que Joel había rechazado compartir la cama con él. El príncipe, dispuesto a no desperdiciar esta oportunidad única de disfrutar de un momento íntimo, intentó rectificar sus apresuradas palabras. 

Sin embargo, antes de que pudiera hablar, Joel, con una mirada traviesa, lo interrumpió con firmeza: 

—No intentes cambiar de opinión. 

El príncipe, sin más remedio, se dejó llevar por Joel, suspirando levemente.


Comentarios

Entradas populares de este blog

El cazador primera parte

El cazador 2a parte

Cazador tranquilo Chapter 1