El villano que regresa Chapter 135
Capítulo 135
Bajo el cálido sol de verano, el jardín, bañado por un vibrante verde, respiraba paz y quietud. Joel, junto al príncipe heredero, disfrutaba de la tranquilidad del momento, enfrascados en una animada conversación.
El clima era perfecto, y una suave brisa acariciaba su rubio cabello. Era una tarde tan completa que no se podía pedir más.
En un instante, como si la felicidad que sentía Joel se hubiera transmitido, el bebé en su vientre dio una fuerte patada. Joel se quedó aturdido, deteniendo su paso.
—¿Qué ocurre? ¿El pequeño travieso te ha asustado?
El príncipe heredero, que también se había detenido, acarició el vientre de Joel. En ese preciso momento, el bebé, que segundos atrás rebozaba de energía, detuvo todos sus movimientos como si se hubiera asustado por el contacto. Tan pronto como el príncipe retiraba la mano, el bebé se ponía a dar patadas de nuevo, pero si volvía a colocarla, se quedaba inmóvil. Ante tan adorable comportamiento, Joel y el príncipe se rieron con alegría.
Sin embargo, la sonrisa de Joel se esfumó de pronto. La vivaz energía de esa pequeña vida le recordó que en ese mismo mundo, algunas llamas de la vida se iban apagando. El príncipe heredero, comprendiendo las preocupaciones de Joel, le rodeó los hombros con suave afecto.
—¿Te preocupa Aaron?
—Sí, bueno...
—Es una pena que un joven muera tan temprano, pero eso no significa que todos sus errores deban olvidarse. No te preocupes tanto.
—Pero él también tiene veinte años, como yo.
Joel susurró con tristeza. En lugar de sentir alivio por haberse librado de un enemigo, el dolor que sentía por la situación de Aaron demostraba que realmente había sido una persona que le había importado. Con un tono amargo, añadió: —Aunque él no lo demuestra, yo sé que se arrepiente. Me pidió perdón antes de marcharse.
—¿Ese arrogante tipo... te pidió perdón?
El príncipe heredero abrió la boca de la sorpresa. No podía creer que Aaron Scott, con su astucia y malicia, hubiera reconocido su culpa.
Al ver su incredulidad, Joel pidió a Becky que declarara:
—Sí, el señor Aaron, justo antes de subir al carruaje, me tomó la mano y me pidió que le transmitiera un mensaje al conde. Dijo que se arrepentía de sus errores y que rezaría por la felicidad y el bienestar del conde...
El príncipe heredero, convencido, se conmocionó al saber que Aaron Scott por fin había aprendido a ser humano.
Cuando terminaron su paseo, el marqués Langston los esperaba en el palacio del príncipe heredero.
El marqués anunció que el emperador quería ver a Joel. El príncipe heredero, naturalmente, quería acompañarlo, pero Joel, al percibir la incomodidad del marqués, lo separó del grupo y se dirigió con él a la sala de recepción.
—El... el emperador me ha enviado un mensaje.
Joel rompió el incómodo silencio. Pensó en el mensaje que el marqués le había traído, pero no consiguió adivinar su contenido. ¿Se trataría de una exhortación a no incomodar al emperador por su decisión de ser clemente con la familia Scott?
El marqués, con una sonrisa enigmática, comenzó a hablar.
—Su Majestad siempre lleva un medallón colgado del cuello. Ni siquiera cuando está postrado en cama se lo quita. ¿Sabe el conde qué guarda ese medallón?
—No.
Joel, recordando el collar de plata que adornaba el cuello del emperador, negó con la cabeza. Nunca le había prestado mucha atención, pero ahora, pensando en ello, el medallón le parecía demasiado sencillo para un objeto tan preciado para el emperador de un reino.
—Dentro hay un retrato de la difunta emperatriz. Al ver al conde y al príncipe heredero paseando juntos por el jardín, me he acordado de la juventud de Su Majestad. Nunca he visto un matrimonio tan cariñoso y cercano como el de Su Majestad y la emperatriz... Su amor y su afecto mutuo eran un ejemplo para todo el reino.
Los ojos del marqués, contemplando el pasado, brillaban con una añoranza melancólica. Joel sabía, como el marqués había dicho, que el emperador y la emperatriz habían sido almas gemelas. Escuchó atentamente las palabras del marqués.
—Tras la muerte de la emperatriz, Su Majestad nunca se casó de nuevo porque solo había un lugar para ella en su corazón. Nunca se ha arrepentido de haber decidido mantener el trono de su esposa vacío para siempre, pero desde que cayó enfermo, comenzó a dudar. Le preocupaba la seguridad del príncipe heredero, que se quedaría solo en el mundo.
Joel sospechaba que el emperador no había firmado el certificado del matrimonio. Por esa razón, no podía odiar ni reprochar al emperador. Quería cumplir con sus expectativas y ser un apoyo para el príncipe heredero, y para eso había hecho todo lo posible... Pero no podía negar que todavía tenía mucho camino por recorrer.
—Por suerte, el príncipe heredero ha completado su formación como rey y ya tiene veinte años. Su situación es mejor que la de Su Majestad, quien tuvo que asumir la corona sin preparación a la tierna edad de trece años. Sin embargo, al no tener una emperatriz que lo guíe, el príncipe heredero carece de experiencia política. Es inevitable que Su Majestad se preocupe.
El marqués, con un rostro abatido, explicó con detalle los desafíos que había enfrentado el joven emperador. Desde su ascensión al trono, había tenido que enfrentar las presiones diplomáticas del exterior y las disputas territoriales con los reinos vecinos. En el interior, cada pequeña decisión dependía de los regentes y los consejeros. Esta dependencia lo llenaba de incertidumbre y lo obligaba a luchar contra la frustración constante. Y, por encima de todo, el acontecimiento que lo había afligido más fue la rebelión del duque Heath Hales.
—Heath Hales, el tío de Su Majestad, era una persona en la que confiaba plenamente. De hecho, Su Majestad lo nombró regente personalmente. Cuando Su Majestad alcanzó la mayoría de edad, le pidió que le devolviera el poder y los deberes de regente. Heath Hales acató su petición, cediendo el gobierno al emperador y retirándose... Pero no pudo renunciar a su ambición por el trono. A su sobrino, a quien tanto quería, le apuntó con un puñal.
El joven emperador, constantemente desafiado en su autoridad, había sufrido un golpe psicológico devastador al ser traicionado por su tío, en quien había confiado ciegamente. Lleno de incertidumbre y desconfianza, no confiaba en nadie más que en su esposa y su hijo pequeño. Sospechaba incluso de sus consejeros más cercanos. Y en las cuestiones que amenazaban la autoridad de la corona, no mostraba la más mínima misericordia.
—¿Pero no se ha mostrado generoso al perdonar la ofensa del conde Scott...?
Joel, intrigado por las palabras del marqués, preguntó con cautela. El marqués sonrió y respondió: —Si hubiera sido en su juventud, eso sería imposible.
—Ah —respondió Joel, asintiendo, aunque en realidad no estaba del todo convencido. En su opinión, la decisión de clemencia se había basado más en el hecho de que el conde Scott había protegido al emperador durante la rebelión de Heath Hales.
—Volviendo al tema principal, al no haber una emperatriz que lo guíe en asuntos políticos, esa responsabilidad recaerá naturalmente en el consorte real. Sin embargo, el conde, a pesar de su sólida base económica, carece de fundamentos políticos. Incluso si el Conde ha concebido al heredero imperial, Su Majestad el Emperador no podría evitar tener serias dudas sobre este matrimonio.
—Yo... ¿tengo una base económica sólida? —interrogó Joel, con un tono incrédulo. No podía más que sentir confusión. Su única posesión era la modesta mansión y las tierras del señor Bennet.
Reflexionando, recordó las riquezas que el emperador le había concedido, pero consideraba que no eran suficientes para justificar la afirmación de —base económica sólida.
—Bueno, en el sótano de la mansión de Sir Bennet, se encuentra un yacimiento arqueológico de incalculable valor, destinado a ser preservado para siempre.
—...Ah.
Ante la clara explicación del marqués, Joel asintió con la cabeza. Era cierto, poseía una mansión subterránea repleta de tesoros. Nunca se había interesado en los beneficios que generaba, pero había oído rumores de que la mansión era un lugar muy popular en la capital, especialmente durante la temporada de los bailes, y que las entradas deben haber sido bastante rentables.
—Hace poco, en un baile privado, el conde dijo que no podía limpiar tres años de errores en solo tres meses. Al escuchar eso, Su Majestad sonrió por primera vez en mucho tiempo. Como dijo el conde, Su Majestad necesitaba tiempo para conocerte.
Joel, siguiendo el ejemplo del marqués, rio con torpeza. No se imaginaba que la conversación que tuvo con Scott en ese baile privado hubiera llegado a oídos del emperador.
—Su Majestad ha estado observando tus esfuerzos para reconciliarte con la alta sociedad. Y hoy, finalmente, ha reconocido que has cambiado. Necesitas ser más frío y calculador, pero es mejor ser demasiado amable que demasiado imprudente. Considera que ya has hecho suficiente.
El marqués concluyó su discurso con una sonrisa ambigua.
Su tono era extraño, y Joel sintió un escalofrío. ¿Reconocerlo? ¿Considerarlo suficiente? ¿Qué significaba eso?
Mientras Joel trataba de descifrar el significado oculto de sus palabras, el marqués sacó algo de su bolsillo y se lo ofreció: —Como recompensa por tu actitud conciliadora y por haber aceptado la clemencia hacia la familia Scott, Su Majestad te ha concedido un pequeño regalo.
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