Hombre en el espejo Chapter 119

 Capítulo 119

[—Quiero que mates a Jae Seung].

Tres semanas antes del incidente, después de terminar su trabajo, Shin-woo visitó la biblioteca de Ma Ji-seung en la madrugada. Allí recibió una propuesta inesperada de él. Más que una misión, era una propuesta; el tono de Ma Ji-seung al pedir que matara a su propio hijo era tan cotidiano que no había indicios de coerción.

[—Sabes, sé que tenías cierta cercanía... Pero rara vez encuentro a alguien tan eficiente. Deberías vivir tu vida también. No creo que vayas a arriesgar toda tu vida solo porque pasaron tiempo juntos].

Las condiciones que presentó Ma Ji-seung eran sorprendentes, considerando cuánto hablaba sobre la vida. Si mataba a Jae Seung, le ofrecería suficiente dinero para vivir el resto de su vida sin trabajar, así como una nueva identidad, además de liberarlo para que pudiera vivir libre. Dada la historia de Ma Ji-seung, era más sorprendente la condición de liberar a su empleado que el hecho de que realmente quisiera matar a Jae Seung. Habló sobre la compensación, pero no mencionó en absoluto la razón por la que quería matar a Jae Seung.

¿Tendría una razón válida? Ni siquiera le importaba.

A ese bastardo no le importaba lo mucho que Jae Seung anhelaba ir a la universidad y salir de esta mansión.

[—Lo haré].

Shin-woo aceptó la propuesta. Rechazarla solo significaría que Ma Ji-seung encontraría a alguien más en un abrir y cerrar de ojos. Aceptar el trabajo le permitiría acceder a los detalles del plan y formular una contramedida.

[—¡Jaja! ¡Así es! ¡Eres inteligente! Si mi hijo heredara aunque sea la mitad de tu inteligencia...]

Ma Ji-seung se deleitaba con la idea de que Shin-woo, quien había sido tan cercano a Jae Seung, lo había traicionado por su propio beneficio. A Shin-woo le parecía absurdo que Ma Ji-seung le dijera sobre ser una de las personas más eficientes en el trabajo, a la par que le prometía libertad. Como era de esperar, todo esto era un juego para él.

Ma Ji-seung estaba maquinando un plan para asesinar a Jae Seung, haciéndolo parecer un robo con homicidio. Bajo el pretexto de cambiar la empresa de seguridad, apagaría todas las cámaras de vigilancia de la mansión durante un día. Ese día, le daría a Jae Seung un somnífero para que durmiera y lo mataría a la medianoche. Le aseguró a Shin-woo que ya había llegado a un acuerdo con los altos cargos de la policía que habían invertido en su investigación y, para completar su crueldad, hasta le había dado instrucciones sobre cómo llevar a cabo el asesinato. 

[—Hay que cortarle la cabeza. Su capacidad de recuperación está aumentando, así que hay que asegurarse de que no sobreviva].

Con la fecha en mano, Shin-woo no dudó en contarle el plan de asesinato a Joo Yeon. Pensaba que, por lo menos, ella no desearía la muerte de Jae Seung, aunque fuera por dinero.

Solo tenía que insinuárselo a Hye Jung, quien solía hablarle porque le gustaba. Como trabajaba al lado de Joo Yeon y sentía lástima por Jae Seung, quien solía ser maltratado, Hye Jung, como era de esperar, fue a buscar a Shin-woo, pálida como un papel, solo dos días después.

[—Lo siento. Es que... me da mucha pena el joven maestro Jae Seung].

Hye Jung, aterrorizada, le contó a Shin-woo todo lo que había visto y oído. Joo Yeon, al enterarse, estaba furiosa y buscaba a alguien que matara a Ma Ji-seung.

[—¿Podrías traerme el sello del presidente de su estudio?]

Shin-woo, con voz amable, le hizo la petición a Hye Jung, quien sentía atracción por él. No le resultó difícil presionarla, ya que ella ya estaba involucrada. Desde ese momento, todo se desarrolló rápido.

Buscó a los sicarios contratados por Joo Yeon en la dark web y se reunió con ellos. Les propuso que, con gusto, les facilitaría el trabajo para acabar con Ma Ji-seung, ya que ellos también querían matarlo. El plan era el mismo que Ma Ji-seung había ideado, solo que el objetivo era diferente. En la noche en que las cámaras de vigilancia de la mansión estuvieran apagadas, después de la medianoche, cuando Ma Ji-seung estuviera en camino de su dormitorio, lo matarían y escaparían. Sería un asesinato perfecto, pues un ladrón habría matado a Ma Ji-seung sin que nadie lo viera ni lo escuchara, sin dejar rastro de evidencia grabada. Con esto, los sicarios tampoco se atreverían a tocar a Jae Seung. La muerte de Ma Ji-seung sería una advertencia para todos.

Para finalizar sus preparativos, Shin-woo alteró el testamento de Ma Ji-seung.

Por fin, llegó la mañana del día que parecía que nunca llegaría.

Shin-woo no pudo dormir. Decían que las malas corazonadas nunca fallan, y la suya se había confirmado. El plan se había torcido desde el principio.

Shin-woo debía ponerle un somnífero en la cena a Jae Seung para que este durmiera profundo mientras se desarrollaban los terribles eventos. Aunque creía que podría hacerlo, al momento de ponerle la droga a la comida de Jae Seung, no pudo. No podía añadir veneno a la comida de Jae Seung, que tantas veces había sido envenenada.

[—¿Podemos dormir juntos hoy?]

[—No. Tú también debes estar cansado, así que duerme en tu habitación].

[—Tonterías].

En vez de eso, mantuvo a Jae Seung ocupado todo el día para que se fuera a dormir temprano. De todos modos, la puerta de la habitación de Jae Seung no se abriría, así que no había problema. Con un tono firme, Jae Seung se mostró decepcionando por la negativa y, tras titubear, se dirigió a su habitación a las diez y media de la noche.

El plan comenzaría cuando Ma Ji-seung pasara de su estudio a su habitación, cerca de la medianoche. Shin-woo vagaba en la oscuridad, esperando la señal acordada. La puerta del estudio, que había estado observando, se abrió con un crujido justo cuando el reloj marcaba la medianoche.

Ma Ji-seung, por alguna razón, tenía una sonrisa maliciosa que le rasgaba la boca.

Después de vagar por el pasillo por un momento, se dirigió a la habitación de Jae Seung, no a la suya.

Mierda. Esto no estaba en el plan.

Los sicarios contratados por Joo Yeon tenían que entrar a la habitación de Ma Ji-seung, pero si esto sucedía, todo se echaría a perder. Si Ma Ji-seung le hiciera algo a Jae Seung, o si Jae Seung se despertara... 

Shin-woo, imaginando el peor de los escenarios, comprobó el cuchillo que llevaba oculto en el bolsillo y siguió a Ma Ji-seung. La puerta de la habitación de Jae Seung estaba entreabierta, como para darle la bienvenida.

Jae Seung estaba dormido en la cama gigante en el centro de la habitación. La luna de esa noche era grande y brillante, como si toda la luz del mundo estuviera sobre Jae Seung. Y más allá de la cabecera de la cama, Ma Ji-seung tenía la cabeza inclinada hacia abajo, observando a su hijo.

Él sonrió al ver a Shin-woo.

—Lo siento. He estado tan sensible porque creo que este es el final. ¿Estas bien?

—No. ¿Qué pasa si hay sangre por todas partes?

—No tiene que ser perfecto. De todos modos, no investigarán a fondo.

Ma Ji-seung, con una expresión serena, hizo un gesto con la barbilla. 

¿Cómo podría devolver a Ma Ji-seung a su habitación? 

Shin-woo estaba tan nervioso por si Jae Seung se despertaba que no podía pensar en nada.

[—En realidad, me sorprendió que aceptaras este trabajo].

[—...Baje la voz].

[—Pensé que ustedes habían desarrollado bastante afecto el uno por el otro. Si fuera cuestión de dinero o amistad, sería más sencillo, pero cortar el cuello a un amigo es otra historia. Por lo general, ¿verdad?]

Ma Ji-seung, con voz suave, acarició el cuello de Shin-woo. 

[—Te extrañaré].

Susurró, mientras miraba con cariño el tatuaje de código de barras que adornaba su piel.

Shin-woo, con la mayor lentitud posible, sacó su cuchillo. Debía amenazar a Ma Ji-seung para sacarlo de ahí. Los sicarios que lo esperaban en la habitación lo matarían, así que tenía que hacerlo rápido antes de que Jae Seung se despertara.

En ese preciso instante, la luz de la luna se inclinó sobre la cama. Shin-woo, sin darse cuenta, miró el rostro pálido de Jae Seung y contuvo el aliento.

La cara de Jae Seung, con los ojos cerrados, estaba distorsionada. Las lágrimas que le recorrían las sienes brillaban con la luz de la luna.

Su corazón se hundió. Antes de que pudiera asimilar la conmoción, se escuchó un grito desde afuera.

[—¡Fuego! ¡Fuego!]

Las personas de la casa salieron corriendo y gritaban. Se escuchó el sonido de algo que caía y se rompía. Ma Ji-seung, que había notado algo extraño, se giró hacia Shin-woo. En el instante en que sus miradas se cruzaron, Shin-woo lo agarró del cuello y lo sacó de la habitación.

Fuera, el caos se había apoderado de la mansión. Las llamas, que se habían extendido del mobiliario de madera a los demás muebles, a las escaleras y las paredes, se propagaban como un incendio forestal. No quedaba tiempo. Shin-woo, con el cuchillo en la mano, se enfrentó a Ma Ji-seung.

[—Tú... acaso…]

Y sin dudarlo, le cortó el cuello.

[—He llegado tarde. Estaba buscando al presidente por ahí, y decidí prenderle fuego a la casa].

Dos hombres, como surgidos de la nada, subieron las escaleras con una sonrisa maliciosa. Comenzaron a torturar a Ma Ji-seung, que aún no había dejado de respirar del todo. Se arrodillaron sobre él, le arrancaron la garganta y lo decapitaron con brutalidad. 

[—Nos lo pidieron].

Dijeron con una risa cruel, mientras la cabeza de Ma Ji-seung rodaba por el suelo.

Un trozo de la mansión se derrumbó con un estruendo que retumbó en sus oídos como un trueno. Shin-woo se giró hacia la habitación de Jae Seung. Tenía que llevarlo a la salida de inmediato.

Shin-woo, que se disponía a correr, se detuvo al ver una figura frente a la puerta de la habitación. Jae Seung, como un fantasma, contemplaba el incendio que devoraba la mansión.

Sus ojos, de un verde oliva pálido, ardían. Ni bien sus ojos, manchados por la traición, se posaron en Shin-woo, este se desplomó inconsciente. 

* * *

—Eres como una sanguijuela.

Alguien habló desde arriba. Estaba perdiendo la conciencia y no podía ver bien, pero Shin-woo reconoció la voz de Joo Yeon.

La sangre goteó por su garganta. Cada vez le costaba más respirar.

—¿Finalmente vas a morir? Si no hubieras estado aquí, no habría tenido problemas con mi hijo.

Con la muerte inminente, Shin-woo recordó a Jae Seung. Deseaba que la última voz que escuchara y el último rostro que viera fueran los de Jae Seung. Recordó los brazos que lo abrazaban fuerte, los labios cariñosos que le confesaban amor y esos hermosos ojos verdes.

Se oyó el sonido de un arma cargándose. 

[—Te amo].

Shin-woo sonrió mientras repetía en su mente la confesión de Jae Seung.

Si al menos pudiera llevarse ese recuerdo, no tendría arrepentimientos.

¡Bang!

El sonido del disparo dejó sus oídos zumbando. 

¿Acaso le habían atravesado el pecho? 

No sentía dolor, como si sus sentidos estuvieran adormecidos. Un sonido sordo de algo pesado cayendo al lado lo siguió. En su visión borrosa, vio un agujero negro. Luego se encontró con los ojos muy abiertos y aterrorizados de Joo Yeon. Parecía que aún no había comprendido que había sido disparada; sus ojos estaban llenos de confusión y shock.

Y entonces,

—Shin-woo … ¡Shin-woo, Shin-woo!

La voz que tanto había deseado escuchar lo llamaba por su nombre. No era una alucinación. Su voz se acercaba y se hacía más clara. Cuando escuchó su respiración agitada justo frente a él, su cuerpo fue levantado de repente. Unas manos cálidas limpiaban su rostro a toda prisa y apartaban su cabello empapado en sangre.

—Shin-woo. Responde. Shin-woo.

Gota a gota de algo caliente caía sobre su rostro. Era Jae Seung. Estaba llamando a una ambulancia, balbuceando mientras lloraba, y le llenaba los labios, ensangrentados, de besos.

—Te… amo.

Quería consolarlo, pero su voz, alargada y temblorosa, era tan frágil como una lámpara ante el viento. 

Te amo. 

Apenas logró pronunciar esas tres palabras y se sintió debilitado.

—¡No! ¡No puedes dejarme! ¿Acaso crees que te dejaré morir? ¡Te salvaré aunque tenga que trasplantarte todos mis órganos!

Jae Seung lloraba, como si le estuvieran quitando el aire, y se echó sobre el cuerpo de Shin-woo, gritando con todas sus fuerzas.

—¡Prometimos que estaríamos bien! ¡Lo prometiste! ¡Te amo! ¿Entiendes? Te amo, te amo...

Al igual que Shin-woo lo había abrazado en aquel entonces cuando lo encontró caído en este mismo lugar, Jae Seung lo levantó con cuidado en sus brazos, sosteniéndolo como un trapo viejo y frágil. Y como un robot descompuesto, repetía las mismas palabras una y otra vez.

—Te amo.

Te amo. Te amo...

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