Hombre en el espejo Chapter 124
Capítulo 124
Extra 1 - Gaiden 1
—Mmm…
Un suave gemido, dulce y envolvente, resonó en sus oídos. El aroma de su piel impregnado en las sábanas, el calor de su cuerpo abrazado al suyo, solo le inspiraban paz. Las noches de insomnio y las pesadillas parecían un sueño lejano. Jae Seung dormía plácidamente, incluso en esa posición incómoda, abrazando al hombre que amaba.
Hundió su nariz en la sien de Shin-woo, quien aún dormía, respirando su aroma. El olor a casa nueva, a sábanas limpias, el aroma familiar de su chico. El perfume de su champú, el detergente que usaba para su ropa de cama, el suave olor de su piel, la fragancia cálida y la húmeda del sudor de la noche.
Jae Seung siempre se despertaba antes que Shin-woo. No lo hacía a propósito, sus ojos se abrían con el amanecer. Así que cada mañana veía a Shin-woo dormir. Y en los días en que su chico se quedaba dormido más tiempo, podía pasar horas observándolo. La cadencia de su respiración le transmitía una paz tan profunda que el tiempo se detenía.
La mirada de Jae Seung, recorriendo el largo cuello de Shin-woo, se detuvo en un punto. La cicatriz donde había borrado el tatuaje aún era visible. Con delicadeza, lo besó con su lengua y abrazó a Shin-woo por la cintura.
Después de mucho tiempo mostrándose reacio, Shin-woo cedió a la insistencia de Jae Seung y juntos fueron a eliminar el tatuaje. Jae Seung se encargó de buscar una clínica especializada en la eliminación de tatuajes y de hacer la reserva. Incluso se quedó esperando afuera mientras se realizaba el procedimiento. Sin saber por qué, estaba nervioso. Era un paso importante, una promesa que por fin cumplía. Una promesa que le había hecho a Shin-woo.
Después de aquel día, Shin-woo solía tocarse la zona donde antes lucía el tatuaje, con una mezcla de incomodidad y nostalgia. A menudo decía, con una sonrisa traviesa, que borrarlo había sido más doloroso que tatuarse y que nunca más se acercaría a una aguja. Pero a veces, su rostro se nublaba y él volvía a acariciar su cuello con un gesto casi imperceptible. Shin-woo parecía restarle importancia, pero la verdad era que se sentía aliviado, liberado de la marca que le habían grabado con tanto odio.
Poco tiempo después, Shin-woo, sin venir a cuento, contó una anécdota curiosa. Estacionó el coche en la calle y mientras hacía una breve parada, una caca de pájaro cayó sobre el capó del coche que estaba a su lado. Shin-woo estaba encantado, diciendo que debía de tener buena suerte. Jae Seung se preguntó qué gracia podía tener que le esquivara un excremento, pero al ver cómo se seguía tocando la zona del tatuaje, comprendió.
Aunque pretendía no darle importancia, en el fondo, Shin-woo estaba feliz. Le había gustado que Jae Seung, con su aversión visceral a la marca que Ma Ji-seung le había impuesto como una especie de talismán de mala suerte, insistiera tanto hasta conseguir eliminarla. Se dio cuenta de que Shin-woo en su interior, aun guardaba las palabras del pequeño Ma Jae-seung, quien alguna vez le dijo que cambiar su nombre y borrar su tatuaje cambiaria su destino.
Esa reflexión le provocaba una mezcla de culpa y ternura, una sensación agridulce que le llenaba el pecho. Jae Seung le acarició el cabello corto a Shin-woo y le besó con delicadeza el cuello, bajando hasta la oreja. Introdujo el lóbulo en su boca, deleitándose con su textura suave, y lo lamió lentamente hasta que se ruborizó. Shin-woo, aún adormilado, movió las piernas y sus cuerpos se rozaron con un placer sutil.
Jae Seung introdujo su mano bajo la camiseta de manga corta que Shin-woo llevaba como pijama y le acarició el pecho. Shin-woo, con un gesto somnoliento, abrió los ojos. Sus párpados pesados, luchando contra el sueño, volvieron a cerrarse. Jae Seung, con una sonrisa cálida, recorrió con su mano la esbelta cintura de Shin-woo y, con cuidado, levantó una de sus piernas.
—Aaah…
Jae Seung suspiró hondo mientras insertaba su pene erecto entre los musculosos muslos de Shin-woo. Tenían que ir a la universidad pronto y, como todavía tenía heridas, no quería esforzarlo demasiado por la mañana. El interior de los muslos de Shin-woo era firme debido a los músculos, así que con un poco de ajuste, podía alcanzar el orgasmo de esa manera. Después del alta, cuando se dedicaron a la recuperación y no pudieron tener sexo penetrativo por un tiempo, tuvieron sexo de esta manera. Jae Seung entre los muslos de Shin-woo, y Shin-woo en la boca de Jae Seung.
Por eso, Shin-woo aceptó con familiaridad el miembro que penetraba entre sus muslos. A pesar de moverse somnoliento, juntó las piernas, apretando el pene con fuerza. Jae Seung comenzó a mover la parte inferior de su cuerpo mientras le daba suaves besos en la mejilla a Shin-woo.
—Uhm, Shin-woo.
—Hmm…
Shin-woo abrió los labios cuando sintió el duro pene rozando la parte interna del muslo. Con la cara sonrojada, su respiración se aceleraba, emitiendo un sonido sibilante desde la punta de la nariz.
Jae Seung sostuvo la pelvis con fuerza y la mantuvo en su lugar. Envolvió su pierna izquierda en la parte inferior del cuerpo de Shin-woo, acercando su cuerpo y empujando su pene entre esos músculos tensos.
—Hng… Jae Seung…
Cuando su cuerpo comenzó a sacudirse de un lado a otro, Shin-woo levantó sus pesados párpados. Su nombre escapaba en fragmentos de sus labios. Jae Seung miró hacia abajo, sintiendo cómo la parte inferior de su cuerpo se humedecía cada vez más. Shin-woo, excitado al punto de mojarse, había empapado su espalda y muslos.
—Maldita sea.
Jae Seung soltó una maldición entre dientes al ver la ropa interior mojada de Shin-woo. Bajó la prenda húmeda de Shin-woo hasta las rodillas y presionó la punta de su miembro entre las nalgas. Como si fuera a penetrarlo, hizo presión cerca de la entrada, dejando que su miembro se deslizara entre las nalgas separadas. —Ah…— Shin-woo dejó escapar un gemido y echó la cabeza hacia atrás. Los ojos marrones estaban nublados de deseo.
—Deberías dejar la universidad.
Jae Seung murmuró mientras agarraba el pecho de Shin-woo con una mano y lo atraía hacia sí, sin dejar espacio entre ellos. Hundió su nariz en la oreja de Shin-woo como un animal, inhalando con profundidad, permitiendo que un suave aroma a feromonas se filtrara en su olfato. Aunque su transformación había fallado y normalmente no emitía ningún olor como cualquier beta, cuando se excitaba sexualmente, desprendía un ligero olor similar al de un omega.
Cuando extendió la mano entre sus piernas, tocó el miembro de Shin-woo, tan húmedo como su entrada trasera. ¿Cómo se suponía que alguien como él, que se empapaba tanto solo con frotarse contra un muslo, podría convivir en una universidad llena de alfas? Jae Seung llenó de besos las mejillas de Shin-woo mientras movía su mano sobre su erección.
Shin-woo, ahora despierto, comenzó a mover sus caderas hacia adelante y atrás al compás de las caricias. Cada movimiento hacía que su erección rozara la parte inferior de su escroto, y solo con eso parecía disfrutarlo con intensidad, dejando escapar gemidos profundos como si estuviera siendo penetrado.
—Ah, ah... ah, uh...
—Ugh...
Hacía calor. Los muslos de Shin-woo, apretados juntos, se sentían ardientes debido a la fricción, y su respiración entrecortada también era cálida. Cuando Jae Seung deslizó sus dedos en la boca jadeante de Shin-woo, este cerró los labios y comenzó a succionarlos, moviendo la cabeza adelante y atrás como si estuviera acariciando su pene con la boca. Ante esa imagen, Jae Seung no pudo contenerse. Sintiendo que el clímax se acercaba, recostó a Shin-woo y se acomodó entre sus piernas.
Shin-woo, sabiendo cuál era la postura que más excitaba a Jae Seung, abrió las piernas y las levantó. Con la entrada goteando un líquido transparente, dejó que se viera mientras se acariciaba con la punta de los dedos. La piel en el interior de sus muslos, donde su miembro había rozado, estaba enrojecida.
—Haah, Shin-woo... Shin-woo.
—Ugh...
Shin-woo, que se movía rápido sobre sí mismo, alcanzó el clímax primero, levantando las caderas con un estremecimiento. La excitación había llegado al punto de hacerle sentir un cosquilleo punzante en el bajo vientre. Jae Seung masturbó con fuerza su propio miembro mientras hundía su dedo medio en la entrada de Shin-woo. La pared interna, húmeda y suave, lo envolvía y soltaba líquido al contacto, succionando sus dedos con cada movimiento. Observando la piel enrojecida de Shin-woo, Jae Seung terminó eyaculando entre sus piernas.
El sexo matutino despertó de golpe cada sentido de su cuerpo. Jae Seung respiró lento, recuperando el aliento, y besó la frente de Shin-woo.
—¿Qué hora es? —preguntó Shin-woo, con la voz ronca de sueño.
Jae Seung miró el reloj para verificar.
—Siete en punto. Aún tenemos tiempo.
—Ya estoy despierto.
—Quédate acostado un poco más. Te llevaré el desayuno a la cama.
—No se supone que comamos en la cama.
—De todas formas, tengo que lavar las sábanas.
Sin palabras para responder, Shin-woo asintió con la cabeza. Su cabello corto se esparcía en todas direcciones por la mañana, dándole un aspecto adorable. Jae Seung le dio un beso sonoro en la mejilla y luego continuó besándolo desde el cuello, pasando por el pecho, el abdomen y a lo largo de sus largas piernas. Sus labios cálidos acariciaron las cicatrices y marcas de sutura que había en su piel.
—Detente.
La cara de Shin-woo ardía mientras aferraba el cabello de Jae Seung. Este chico, que se avergonzaba más de las caricias que del sexo mismo, le parecía adorable. Por eso, después de cada encuentro, se dedicaba a mimarlo con especial cariño. Lo besaba y lamía hasta que se dormía, le acariciaba brazos y piernas, hasta que, envolviéndolo en su propia ternura, él también se hundía en un sueño profundo sin sueños.
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