Hombre en el espejo Chapter 129

 Capítulo 129

Extra 6

Quiero tener sexo. 

Shin-woo pensó sin rumbo mientras sorbía su café. Después de terminar, se metió dos cubitos de hielo en la boca y los trituró con un sonido crujiente. A pesar de que el agua helada bajaba por su garganta, seguía teniendo sed. La sensación de la gran mano de Jae Seung, que solía envolver su hombro, apretándolo, llenó su mente.

—¿No huele a algo delicioso?

Uno de los chicos sentados en la mesa de al lado comenzó a olfatear el aire, mirando a su alrededor. A pesar de que estaban discutiendo sobre un proyecto grupal, de vez en cuando se detenían para tratar de identificar la fuente de un ligero aroma que flotaba en el aire. 

Shin-woo, apoyando la barbilla en el puño, observó con desdén a la mesa vecina. Cuando el chico que estaba inspeccionando a su alrededor cruzó miradas con Shin-woo, desvió la vista, sorprendido.

—¿Qué pasa?

—Eh… ¿No será que él estuvo con un omega?

—Ah, ahora entiendo.

—Parece que sí.

Las voces susurradas, bajando el tono al máximo, llegaron a los oídos de Shin-woo. Ninguno de ellos se atrevía a mirarlo; se encorvaban en sus asientos y se limitaban a intercambiar miradas furtivas, murmurando. 

—Los betas hasta con omegas se meten. 

—Basta ya, me da miedo. 

—Cobarde. 

—¡Mierda, ¿y tú por qué no vas y le hablas? ¿No puedes?

Tras un prolongado cuchicheo, uno de ellos lanzó una mirada furtiva. Shin-woo, sin pestañear, alzó una esquina de sus labios en una sonrisa burlona en el momento en que sus ojos se cruzaron. 

—¿Qué miras? 

Aquel comentario bastó para que todos bajaran la mirada al instante. Con un carraspeo nervioso, intentaron cambiar de tema, y poco después, alegando que el sol era demasiado intenso, se retiraron al interior. Shin-woo se quedó solo, observando la desolación que lo rodeaba mientras hacía girar su copa vacía, sin el tintineo que la acompañaba antes. El hielo se había derretido, y la copa ya no contenía más que silencio. 

Con las manos en los bolsillos, alzó la cabeza y, en el extremo de su mirada, un destello plateado llamó su atención. Aunque estaba lo suficiente lejos como para que su voz no llegara, su cabello y su porte lo hicieron reconocible al instante. Jae Seung, con la misma rapidez, lo ubicó y lo saludó con un amplio gesto de sus largos brazos. 

Qué adorable—, pensó Shin-woo con una sonrisa, mientras se acomodaba con calma. Reunió las migajas de galleta en una bandeja, la sacudió para eliminar cualquier resto y la dejó sobre el mostrador. Jae Seung, ya mucho más cerca, seguía saludándolo con la mano. 

Con los brazos cruzados, esperó la llegada del joven, cuya marcha, en un inicio relajada, se aceleró en un instante. Aumentó la zancada, y de pronto, corrió a toda velocidad.

—…¿Por qué hace eso?

En un abrir y cerrar de ojos, Jae Seung se encontró a una distancia en la que sus emociones eran visibles. Su rostro se encontraba ruborizado, y sin darle tiempo a reaccionar, se abalanzó sobre él y lo levantó en brazos, corriendo sin pausa.

—Oye, ¿qué... otra vez por qué...?

Llegaron al estacionamiento a toda velocidad, y Jae Seung, sin soltarlo, lo envolvió en un abrazo, le apartó el pelo de la cara y le arreglaba el atuendo con una frenética ternura. Shin-woo, aturdido, recibió sus gestos en silencio, hasta que, sin poder contenerse, elevó una ceja inquisitiva. 

—Basta ya.

—¿Estás bien? ¿Nadie intentó acercarse a ti? Estás ardiendo en fiebre.

—Tranquilo, nadie me tocó ni un dedo.

—¿Parezco tranquilo? Si hubieras llegado un poco más tarde...

—¿Qué habría pasado? Habría comprado una galleta más.

Shin-woo, con una sonrisa que buscaba calmar a Jae Seung, quien ardía de preocupación, se giró para abrir la puerta del conductor. Pero antes de poder hacerlo, dos brazos fuertes lo envolvieron por la cintura. Jae Seung rozó su nariz contra su cuello y su oído, liberando una tenue fragancia de feromonas. 

—Aaah... maldita sea.

Un leve gemido, mezclado con un toque de irritación, recorrió su espalda, provocando un escalofrío que se extendió por toda su piel. A pesar de su esfuerzo por mantener la calma, su cuerpo reaccionó con una ligera excitación. Shin-woo exhaló lento, tratando de controlar la situación. Los músculos del brazo de Jae Seung, apretados contra él, se tensaron. La fuerza de su cuerpo lo presionaba contra la puerta.

—Vayamos a casa.

Jae Seung, intuyendo el temblor en su voz, se retiró a regañadientes. Justo cuando parecía que iba a soltarlo, lo giró. Antes de que Shin-woo pudiera recuperarse, Jae Seung lo atrajo de nuevo a su cuerpo.

—¿Cómo fue la entrevista?

Jae Seung se acercó, rozando sus frentes, y susurró con voz suave. Shin-woo asintió, atrapado en la mirada verde que lo inundaba. Una calidez recorrió su pecho al escuchar la dulzura con la que Jae Seung le preguntaba por su día. 

—Sí, salió bien. Me dijo que el plan es bastante detallado y que lo haría bien.

—¿Plan?

—Quiero ser carpintero.

La confesión, recién salida de su boca, hizo que los ojos de Jae Seung se abrieran con sorpresa. A pesar del asombro, la alegría se dibujó en su rostro. Ver a Jae Seung tan feliz por sus palabras le infundió una confianza inexplicable.

—No solo quiero invertir dinero, quiero trabajar en la construcción. Parece que me gusta y que se me da bien. Voy a inscribirme en un curso de capacitación con financiamiento público.

—...

—¿Qué te parece?

A pesar de que la respuesta se leía en su rostro, iluminado por la felicidad, Shin-woo quiso escucharlo de sus labios. Jae Seung sonrió feliz, atrajo la cabeza de Shin-woo hacia él con una mano y le robó un beso. El suave contacto, fugaz y delicioso, se desprendió dejando un regusto de añoranza. 

—Te queda muy bien —susurró Jae Seung, animándolo con una sonrisa radiante—. Me encantaría vivir en una casa que tú construyas.

Casa. 

Al imaginar un futuro donde construya por sí mismo lo que tanto anhela, su corazón se sintió desordenado. 

Shin-woo movió los labios y colocó su mano en el cuello de la camisa de Jae Seung. Era un momento de revelación darse cuenta de que Jae Seung, de pie frente a él, era una existencia única que no podía ser reemplazada por nada en el mundo. Era alguien que ofrecía una sensación de estabilidad y afecto diferente a la que una casa de concreto podría brindar, un amor que no se podía aprender ni construir en ninguna parte…

Era maravilloso. Hasta el punto de preguntarse si estaba bien sentir tanto.

Tiró de la camisa que sostenía y lo besó con brusquedad. Ardiente y lleno de deseo, Shin-woo envolvió su brazo alrededor del cuello de Jae Seung. El calor que comenzó en sus labios se extendió por todo su cuerpo.

Cuando llegaron al dormitorio, la ropa interior de Shin-woo estaba empapada y hecha un desastre. Mientras abrazaba a Shin-woo, que se había dejado llevar y estaba succionando su lengua, Jae Seung con su mano libre bajó los húmedos calzoncillos. El nivel de excitación era tal que, desde que llegaron en casa, su miembro había estado erecto, y en cuanto le bajó los calzoncillos, este saltó con fuerza, resonando. A la luz tenue de la tarde, el glande, cubierto de líquido preseminal, brillaba.

—¿Qué habrías hecho si no hubieras dejado la universidad?

—¡Uf!

Lo que siguió fue aún más intenso. Al introducir su dedo medio en la hendidura de sus nalgas, un agujero ya lubricado, como si lo hubiera estado durante horas, lo recibió con avidez. Mientras doblaba y extendía la articulación de su dedo, jugueteando con el agujero, los labios que se encontraban apretados se aflojaron. Jae Seung, sujetando la cintura de Shin-woo, quien estaba en una postura incómoda, introdujo dos dedos hasta que sintió el tope de la articulación.

—Aah, haa, ah… ¡Uah!

—Uhm… ¿Se siente bien?

El fuerte aroma de feromonas que emanaba de sus dedos mientras los introducía y los retiraba, hizo que una rodilla se doblara. Jae Seung apretó los dientes al ver la abundante cantidad de líquido que mancharon sus dedos. Era hora de que Shin-woo lo admitiera, pero a pesar de insistir, solo podía exhalar jadeos sin responder. Al frotar con la punta de los dedos la piel alrededor del agujero, finalmente pudo abrir la boca.

—Ugh… sí, me gusta...

No podía evitar debilitarse ante la confesión de que le gustaba. Jae Seung sonrió y abrazó aún más fuerte a Shin-woo. Un olor estimulante emanaba de su cálido cuerpo. Sin pedirlo con palabras, Shin-woo se puso de pie, abriendo un poco las piernas, como si quisiera recibir caricias con los dedos. Emitía un suave gemido al ser estimulado en la próstata y luego aplastó sus labios contra su mejilla. Cada acción que realizaba, incluso solo al respirar, lo hacía sentir abrumado de ternura.

Hoy, Shin-woo había sacado un suéter que no solía usar. No sabía por qué se había vestido tan adorable justo antes de dejar la escuela, pero el suéter limpio de tono beige combinaba bien con el color de sus ojos. Jae Seung, deseando que lo llevara más a menudo, se deshizo del suéter para no dañar las hebras. Con un tirón brusco, levantó la camiseta blanca que llevaba debajo, sin importarle si se rompía, y atrapó su pecho con las manos.

—Ah...

Con un suave tirón del pezón, Shin-woo se aferró con fuerza, colgándose de él. Con un placentero gemido, Jae Seung hizo lo que solía hacer: movió su lengua en el borde de la oreja. El corazón de Jae Seung latía con fuerza ante la excitación de Shin-woo, tan activo y demandante. Estaba decidido a penetrarlo tanto como él quisiera y a chupar cada lugar que le hiciera sentir placer. Con una apariencia ascética, deseaba satisfacerlo mientras humedecía cada lugar al alcance de su mano como si fuera una zona erógena.

Jae Seung levantó a Shin-woo y lo acostó en la cama, luego hundió su nariz en su pecho. Sintiendo cómo su miembro húmedo se frotaba contra su abdomen, lamió sus pezones. Cada vez que su lengua golpeaba el pezón, Shin-woo emitía un suave gemido.

—¿Te gusta que te toque el pecho?

—Sí. Un poco más... ngh…

—¿Un poco más?

—Más, más... Chupa un poco más.

Parecía estar bastante ansioso, con un tono de sutil orden. Jae Seung, con una sonrisa desbordante, volvió a colocar sus labios en el pecho. Siguió succionando con insistencia hasta que Shin-woo levantó la cadera. El pezón, de un color intenso, pronto se infló en una forma redonda.

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