Deséame Chapter 10

 Capítulo 10

En un ambiente donde la frustración y el vacío se entrecruzaban, una mujer que levantaba pesas con expresión de hastío rompió el silencio. 

—Seguro esa gran familia Miller hizo una donación enorme. ¿Qué podemos hacer nosotros? Nuestro oponente es un Miller.

—¡Maldita sea, maldita sea!

Un hombre soltó un improperio con rabia. Todos estaban destrozados por esta injusticia, pero, como ella dijo, no había mucho que pudieran hacer. Solo les quedaba descargar su ira levantando pesas más rápido de lo habitual o maldiciendo en voz baja. 

—En el fondo, significa que obtuvimos algo a cambio. Tal vez mejores instalaciones o equipos nuevos —añadió otra mujer, intentando consolar el ambiente, pero sus palabras solo provocaron más murmullos de descontento. 

—Al final, la conclusión es la misma: esto es una mierda —dijo alguien con claridad, y todos asintieron. 

Luego, otro compañero propuso: 

—Ya que estamos así, ¿por qué no le damos una ‘cálida bienvenida’?

Por un momento, se miraron entre sí, desconcertados. Pero pronto, entendieron el significado de esa —cálida bienvenida—, y una sonrisa pícara se dibujó en sus rostros. No tenía nada que ver con la fiesta de bienvenida que el jefe había mencionado. 

Quizás sería incluso más divertida. 

Uno tras otro, comenzaron a sumarse a la idea. 

—Ah, claro. No podemos dejar pasar a alguien de la gran familia Miller sin más.

—Démosle una bienvenida ardiente, llena de entusiasmo.

—Seguro es un alfa dominante, tomando en cuenta que es un Miller.

—Habrá que ver qué tan impresionante es su famosa feromona.

Sus risas maliciosas resonaron mientras sus ojos brillaban con animosidad hacia Miller, a quien ni siquiera habían conocido.

¡No te vamos a dejar tranquilo, Miller! 

Motivados por su determinación, se pusieron a entrenar con más vigor. De repente, alguien giró la cabeza y preguntó: 

—Oye, ¿dónde está Dane?

—¿Eh?

Los bomberos, al notar la ausencia de su compañero, miraron a su alrededor con confusión. Fue Ezra quien respondió: 

—Está en la comisaría. Dijo que llegaría tarde.

Sus compañeros, sorprendidos, repitieron sus palabras con los ojos bien abiertos. 

—¿En la comisaría?

—¿En la comisaría? ¿Por qué?

La aparición de esa palabra tan inesperada los dejó boquiabiertos, y todos comenzaron a hacer preguntas al mismo tiempo. Al ver que todos compartían la misma expresión de incredulidad, Ezra respondió con un rostro incómodo: 

—Es que…

* * *

—Dane Striker, firme aquí, por favor.

Dane tomó el documento que el policía le extendió con rostro impasible y garabateó su firma en el espacio en blanco. El oficial recuperó el papel de inmediato y continuó con tono indiferente: 

—Le contactaremos según avance la investigación. Mientras tanto, no debe acercarse a la víctima bajo ninguna circunstancia. Téngalo en cuenta.

Recitó una serie de advertencias, pero Dane, como si el asunto no le concerniera en absoluto, mostró abiertamente su aburrimiento y soltó un bostezo. El abogado, al ver la irritación del policía por la actitud desafiante de Dane, se apresuró a intervenir con una sonrisa forzada. 

—No se preocupe, me encargaré de él. Gracias por su trabajo, nos retiramos entonces…

Tras despedirse a medias, empujó a Dane por la espalda y salió rápidamente de la comisaría. Una vez afuera, el abogado dejó escapar un suspiro de alivio y luego se quejó: 

—Todo salió bien, pero, por favor, evita acostarte con mujeres casadas.

Aunque su rol como abogado consultor del departamento de bomberos era resolver problemas legales para los bomberos, este tipo de casos de infidelidad le resultaban particularmente tediosos. 

—Ella dijo que estaba soltera —refunfuñó Dane, defendiendo su inocencia—. A mí tampoco me gustan los líos. Pero, ¿quién iba a saber que el marido aparecería de repente? Solo le di un golpe para calmarlo porque se puso histérico sin escuchar. 

—¡Por eso mismo! Desde su perspectiva, tú eras el intruso —insistió el abogado, elevando la voz. 

Dane lo miró con los puños apretados. 

—Era ruidoso.

El cinismo de su respuesta dejó al abogado sin palabras por un momento. Cuando Dane bajó la mano y miró al frente, el abogado caminó a su lado, observándolo de reojo. Parecía buscar el momento adecuado para hablar, pero no tardó en romper el silencio. 

—Sé que para ti es normal pasar la noche con alguien que conoces en un bar. Pero, ¿por qué fuiste a su casa? ¿Y qué hay de Darling? ¿No prometiste no pasar noches fuera?

¿Cómo sabe tanto sobre mí?  

Dane frunció el ceño, y el abogado, como si hubiera leído su mente, continuó: 

—El jefe me lo advirtió: si algo le pasa a Dane Striker, hay que sacarlo lo antes posible. Incluso mencionó a tu gato, el pobre, ciego y sordo, y ya mayor. Si te pasa algo, no será fácil encontrarle un nuevo hogar. ¡Necesitas ser más responsable!

—Uff.

Claro que lo era. De hecho, ya se sentía abrumado por la culpa de haber dejado a Darling sola toda la noche. 

—Está bien, me controlaré por un tiempo —dijo Dane, pasándose una mano por el cabello. 

El abogado asintió, finalmente satisfecho. 

—Confío en ti. Entonces, me ocuparé de este asunto. ¿Vas a ir directamente al trabajo?

—No, primero pasaré por casa. Tengo que alimentar a Darling…

Dane echó un vistazo a su reloj, calculando el tiempo, pero el abogado abrió la puerta de su auto y dijo: 

—Sube, te llevo.

Dane entró sin dudar en el asiento del copiloto. El abogado lo miró con incredulidad, conteniendo su irritación, y se sentó en silencio al volante. 

—Ah, por cierto, ¿te enteraste? Hoy llega el segundo hijo de los Miller a la estación.

—¿Qué?

Al poner el coche en marcha, el abogado soltó unas palabras que hicieron que Dane frunciera el ceño y replicara con brevedad. El abogado, concentrado en conducir, respondió con indiferencia. 

—He oído que ha decidido trabajar como bombero. Durante un año, a partir de esta misma tarde.

—…Vaya.

Dane no dijo nada más. Solo dejó escapar un suspiro de incredulidad, como si el mundo le hubiera dejado sin palabras.

* * *

Esto no pinta bien.  

El jefe de bomberos sintió un escalofrío recorrerle la espalda mientras observaba el rostro impecable del hombre sentado al otro lado del escritorio. 

Como era de esperar del hijo de Ashley Miller, su belleza era impresionante. Aunque ya se sabía que los alfas dominantes destacaban por su apariencia, verlo en persona era suficiente para dejar a cualquiera sin aliento, aunque fuera por un instante. Especialmente aquellos ojos violeta, tan misteriosos que era imposible no perderse en ellos. Era como mirar directamente al universo. Y ese aroma dulce, casi imperceptible, de feromonas flotando en el aire, hacía que todo pareciera un sueño, como si la realidad se hubiera desvanecido. Por eso, cuando Grayson Miller le tendió la mano para saludarlo, el jefe se quedó unos segundos mirándolo fijamente, aturdido. 

Grayson había llegado quince minutos antes de la hora acordada y, sin quejarse ni una sola vez, esperó sentado en la sala de espera. Incluso al entrar en la oficina y enfrentarse al jefe, el hombre mantuvo una sonrisa serena y se limitó a un saludo formal, como si esos pequeños momentos de espera no fueran nada para él. 

Hasta ahora, su actitud había sido intachable. Extremadamente educado, sin palabras innecesarias. Y, sobre todo, demasiado atractivo. El jefe notó claramente cómo su secretaria no podía apartar la mirada de él, como si estuviera hechizada. Con todo esto, empezó a albergar una esperanza: aunque Grayson había llegado a este puesto usando métodos cuestionables, tal vez, con el tiempo, lograría integrarse y la tensión en el ambiente se calmaría. 

Aunque sabía muy bien que los empleados no lo aceptarían fácilmente.

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