Deséame Chapter 11

 Capítulo 11

Sin embargo, el jefe de bomberos no tuvo más remedio que hacer como si no lo notara y seguir adelante. A cambio de soportar al problemático joven por solo un año, le habían prometido una donación de otro mundo. Podía pedir todo lo que quisiera: desde los camiones de bomberos más modernos hasta equipos de última generación que había codiciado desde hacía tiempo. ¿Quién podría resistirse a una tentación tan dulce? 

Lo mismo pasaría con sus subordinados. Claro, ahora mismo están furiosos porque alguien había llegado a ese puesto tan fácilmente, sin esfuerzo, como si hubiera caído del cielo. Pero, después de un año, cuando recibieran su recompensa, todos entenderían y lo perdonarían. 

Aunque, pensándolo bien, Miller era un tipo difícil de comprender. ¿Quién gastaría tanto dinero solo para mantener a su hijo ocupado? Claro, con su fortuna, podía permitírselo. Algo que un simple ciudadano como él jamás podría imaginar. Incluso Ashley Miller, conocido por ser despiadado, parecía tener un punto débil cuando se trataba de su hijo. 

A pesar de lo que les había dicho a los empleados, el jefe también sentía un malestar que le retorcía el estómago cuanto más lo pensaba. Pero no tenía otra opción que aguantar. Después de todo, lo de —solo un año— también aplicaba para él. 

—Ejem —el jefe de bomberos tosió levemente y movió los papeles que tenía frente a él con gesto teatral—. El concejal Miller ya me habló de usted. Aun así, hay que seguir algunos procedimientos básicos. Tengo que hacerle unas preguntas, ¿le parece bien?

—Sí, por supuesto.

Esto también había sido acordado de antemano. Era solo un trámite, pero no podían saltárselo. Al final de cuentas, no quería que surja algún problema luego con que si es ilegal o algo por el estilo

—Ejem —el jefe aclaró su garganta y levantó la vista para mirar al hombre—. Hábleme de usted. ¿Quién es?

—Mi nombre es Grayson Miller.

Con esa simple introducción, comenzó a hablar sin pausas. Mientras lo escuchaba, el jefe mantuvo una expresión impasible. Las preguntas eran las típicas, aburridas y predecibles que se les hacían a los aspirantes a bomberos. Da igual lo que respondiera, el resultado ya estaba decidido, así que el jefe apenas prestaba atención, con la mirada perdida. 

...¿Eh? 

Pero, a medida que escuchaba esa voz fluida y segura, algo comenzó a inquietarle. Sin darse cuenta, el jefe se enderezó en su asiento, concentrándose mejor. Hizo otra pregunta, pero la sensación no desapareció. Al contrario, se intensificó, llegando a ser casi escalofriante. 

El contenido de sus palabras, su tono, sus gestos, incluso la forma en que manejaba la mirada... 

Mientras observaba a Miller, un escalofrío le recorrió la espina dorsal. 

[—Los alfas dominantes son todos psicópatas].

De repente, un recuerdo le vino a la mente. Alguien, en algún momento, había expresado un profundo desprecio hacia los alfas dominantes, diciendo que todos estaban igual de trastornados. Que eran hermosos, sí, pero que sus mentes estaban tan dañadas así como sus rostros eran perfectos. Que nadie, excepto otro alfa dominantes, podría entenderlos jamás. 

En el momento en que esas palabras se superpusieron con el hombre que tenía frente a él, un frío helado se apoderó del cuerpo del jefe. 

* * *

Un grupo de hombres levantó la vista hacia el cielo azul despejado, sin una sola nube. Luego, se miraron entre sí, intercambiando miradas cargadas de complicidad. Ya habían escuchado que Grayson Miller se dirigía a la oficina del jefe de bomberos, así que sabían que el momento del encuentro estaba cerca. 

—¿Todos listos?

Uno de ellos preguntó, y los demás asintieron en silencio. 

—¿Cuánto tiempo lleva ese tipo en la oficina del jefe?

—Ya debería estar saliendo. No tardará en aparecer por aquí.

—Hay que ponerlo en su lugar desde el principio. Que entienda que ser bombero no es un trabajo fácil.

—Hagamos que se orine de miedo.

—Será todo un espectáculo verlo correr con los pantalones empapados.

—¡Ayuda, ayuda!

Alguien lo dijo en tono de burla, y estallaron en carcajadas. Eran hombres acostumbrados al entrenamiento diario y al trabajo físico. Un hombre común no sería más que un bocado fácil para ellos. Además, Valentina estaba allí, observando. Este era el momento perfecto para demostrarle su hombría. ¡Vamos, pequeño señorito! 

Inflaron sus músculos y fijaron sus miradas en la dirección de donde esperaban que aparezca Miller. El silencio se llenó de tensión, pero no duró mucho. 

—...Ahí viene.

Alguien murmuró al escuchar los pasos que se acercaban. Se oyeron golpes secos al tragar saliva. Los hombres aprietan los puños y ajustan sus posturas, listos. La figura del jefe apareció primero, como esperaban, pero sus ojos se desplazan rápidamente hacia quien venía detrás. 

Míralo, con esa cara de ángel. Pronto estará llorando como un bebé. 

Bajo miradas cargadas de hostilidad, el hombre finalmente se reveló. 

Algo no cuadra. 

Ese fue el primer pensamiento que cruzó por la mente de todos. Sabían que Ashley Miller, el patriarca de la familia Miller, era un hombre de estatura imponente, más allá de lo imaginable. Por eso, asumieron que su hijo también sería bastante alto. Algunos incluso habían visto fotos o videos de él en los medios, así que pensaron que estarían preparados. 

Pero imaginar algo y verlo en persona son dos cosas completamente diferentes. Un hombre gigantesco, que parecía tener tres cabezas más que cualquier persona normal, avanzaba hacia ellos. La escena los dejó boquiabiertos, completamente fuera de sí.

Lo que les hacía dudar de sus propios ojos no era simplemente su estatura imponente. Su cabello dorado y deslumbrante brillaba bajo la luz del sol, y aquellos ojos de un profundo tono morado, que jamás habían visto antes, añadían un aura de misterio a su presencia. 

Además, sus ojos ligeramente alargados, una nariz recta y perfecta, una boca amplia y labios gruesos y bien definidos lo hacían parecer… simplemente perfecto. Los músculos firmes que se adivinaban bajo la camisa desabrochada, sus largas extremidades que armonizaban con su altura, e incluso sus dedos, tan delicados como hermosos, lo hacían parecer como si acabara de salir de las páginas de una revista de moda. 

Y luego estaba aquel aroma. Un dulce y embriagador perfume que emanaba de él, tan intenso que casi podía hacerte perder la razón. Aquel aroma los sumía en un estado de confusión y fascinación. 

Este hombre no pertenecía a este lugar. 

Eso era lo que todos pensaban, aunque no lo dijeran en voz alta. Tal vez se había equivocado de sitio, o quizás estaba allí para grabar un anuncio de la estación de bomberos. Sí, eso tenía que ser. En sus mentes, todos compartían la misma certeza: este hombre no podía ser el bastardo que habían estado esperando. 

Mientras lo observaban boquiabiertos, un carraspeo brusco los sacó de su ensueño. Aun así, sus ojos seguían clavados en él, incapaces de apartar la mirada. Fue entonces cuando el jefe de la estación rompió el silencio. 

—Este es Grayson Miller —anunció con una voz que no dejaba lugar a dudas—. Como ya saben, estará con nosotros durante un año. Espero que lo reciban bien. Es poco tiempo, así que confío en que sabrán llevarse bien. 

Sus palabras llevaban un mensaje implícito: —Aguanten un año, nada más—. Todos lo entendieron, y aunque les tomó un momento asimilarlo, finalmente cayeron en la cuenta. 

Aquel hombre, el que tenían frente a ellos, era precisamente aquel al que tanto habían estado esperando. 

—¿Este tipo es Miller? —preguntó uno, frunciendo el ceño con una mezcla de incredulidad y rebeldía en la mirada, aunque su tono de voz delataba cierta duda. 

—Sí —respondió el jefe, con evidente incomodidad. 

—Ya le expliqué lo básico, así que hoy nos limitaremos a las presentaciones. Mañana empezaremos con el trabajo, así que no se compliquen. 

Sus palabras eran una advertencia velada: —No causen problemas—. Pero hasta qué punto sus subordinados le harían caso era algo que ni él mismo podía asegurar. El jefe lanzó una mirada escéptica hacia Grayson antes de añadir: 

—Esta noche habrá una fiesta de bienvenida en el bar. Asegúrense de estar todos. Los que no están aquí podrán presentarse entonces. 

A pesar de sus esfuerzos por ser considerado, Grayson Miller parecía completamente indiferente. Su altura le permitía dominar la habitación con la mirada, y mientras observaba el interior de la estación con desinterés, el jefe suspiró y se marchó. 

Al fin y al cabo, eran adultos. Sabrían cómo manejar la situación. Él había hecho lo que debía. No había necesidad de advertirles sobre aquel hombre.

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