Deséame Chapter 13
Capítulo 13
4
En el interior de la estación de bomberos, ahora convertida en un caos, descendió un silencio inesperado. Dane recorrió con la mirada a sus compañeros, dispersos por el suelo, quienes gemían de dolor. Algunos yacían empapados en sudor, mientras otros intentaban levantarse, solo para volver a caer.
¿Qué diablos había pasado?
Era imposible entender la situación. No podía creer que sus compañeros, siempre tan fuertes y resistentes, estuvieran ahora tirados, derrotados. Aunque lo estaba viendo con sus propios ojos, le costaba asimilarlo.
Pero lo que más le costaba creer era que aquel hombre estuviera frente a él ahora mismo. Dane frunció el ceño y lo miró fijamente. Era el mismo tipo que había visto en aquella fiesta de feromonas de Alfa Dominantes unos días atrás. El mismo que, en medio del caos, había liberado una densa nube de feromonas, haciendo que dos Omegas perdieran el control, mientras reía como un loco.
¿De verdad es ese tipo Grayson Miller?
Siempre pensó que sería un encuentro casual, algo sin importancia, y lo había noqueado sin darle mayor relevancia. Nunca imaginó que volverían a cruzarse.
No hubo tiempo para reflexiones más profundas. Los ojos morados del hombre se oscurecieron aún más, y en un instante, blandió la barra de hierro que sostenía. El sonido pesado del metal cortando el aire resonó en sus oídos.
—¡Uf!
Dane se agachó por reflejo, esquivando la barra por muy poco. Rápidamente, agarró algo que tenía preparado a su lado y lo levantó.
¡Fuushhh!
—¡Ugh, ah!
Un chorro de polvo comprimido salió disparado con fuerza implacable. El polvo blanco, expulsado con una presión tan intensa que parecía devorar el aire, se dispersó en todas direcciones, llevado por una ráfaga de viento. La estancia se llenó de una niebla espesa, tan densa que era imposible ver a un palmo de distancia.
De la boca de Grayson escapó un gruñido gutural. El fino polvo se adhirió a su piel, invadiendo en un instante su nariz, boca y garganta. Dane, con una expresión indiferente, continuó apuntándole con el extintor, liberando el polvo sin piedad.
Finalmente, el hombre que había estado causando estragos perdió su ferocidad y comenzó a toser sin control. Dane detuvo el chorro, pero la tos de Grayson no cesó. Cuando por fin pudo respirar, lo miró con ojos inyectados de sangre, apretando los dientes con rabia.
—¿Tienes idea de lo que acabas de hacer?
La voz de Grayson sonaba como si estuviera reprimiendo a duras penas su furia, pero era evidente para cualquiera que estaba al borde de explotar. Los hombres esparcidos por el suelo, pálidos y desconcertados, no sabían cómo reaccionar. Sin embargo, Dane, el principal involucrado en esta confrontación con Grayson, parecía completamente indiferente.
—Solo estaba deteniendo una pelea —dijo con despreocupación.
Esas palabras frías hicieron que la ira contenida de Grayson estallara.
—¿Estás loco? ¿No sabes que no se puede rociar a alguien con un extintor? ¡Y menos siendo un bombero!
A pesar de la ferocidad en el tono de Grayson, Dane lo miró con una expresión aburrida.
—Eres un Alfa dominante, ¿no? Las drogas no deberían afectarte, ¿o sí?
—¡Maldita sea, esto no es una droga! ¿Cómo se te ocurre decir eso? Lo estás haciendo a propósito, ¿verdad? ¿Eh?
Grayson seguía gritando, perdiendo por completo la compostura que siempre lo caracterizaba. Parecía un loco fuera de control, y su actitud era tan amenazante que parecía a punto de estrangular a alguien. Dane, imperturbable, respondió con la misma indiferencia:
—¿Ah, sí? Bueno, supongo que tienes razón.
En ese momento, el último hilo de cordura que sostenía a Grayson se rompió por completo.
—¡Maldito bastardo! ¡Te voy a matar!
Con un rugido desgarrador, Grayson se abalanzó sobre Dane, listo para romperle el cuello. Pero Dane, con una expresión que decía —esto me da demasiada pereza—, simplemente ajustó su agarre en el extintor y se preparó para golpear a Grayson en la cabeza.
Justo en ese instante, una voz resonó:
—¡¿Qué diablos están haciendo?!
El jefe de la estación, con voz grave, hizo que ambos se detuvieran en seco. Grayson, con la barra de hierro levantada para golpear a Dane, y Dane, listo para estrellar el extintor contra la cabeza de Grayson, se congelaron. El jefe recorrió la escena con la mirada: los empleados tirados por el suelo, el lugar destrozado, los muebles hechos añicos. Soltó un suspiro de exasperación, claramente abrumado por el absurdo de la situación. Pero rápidamente recuperó la compostura y clavó una mirada furiosa en el principal responsable de todo aquel desastre.
—¿Qué demonios está pasando aquí? ¿Por qué están peleando? ¡Les permití quedarse un año más, nunca di permiso para que causaran este tipo de caos!
Las palabras del director eran tan obvias como inevitables. Cuando excepcionalmente se permitía una contratación, siempre venía acompañada de varias condiciones. Esta vez no fue diferente: él insistió una y otra vez en que todo se mantuviera en silencio, sin causar molestias al resto del personal. Había pensado que, al menos, aguantarían un mes, pero, ¡sorpresa!, ni siquiera pasó medio día antes de que estallara este desastre.
Y eso no fue todo.
Su reprimenda se dirigió directamente a Dane.
—¡Dane, deja eso inmediatamente! ¿En qué cabeza cabe golpear a alguien con un equipo, eh? ¡Ni siquiera dije nada cuando me dijiste que estabas en la comisaría, y hasta te mandé un abogado! ¡Incluso entendí que llegaras tarde hoy, pero esto es demasiado! ¿Cómo puedes decepcionarme así? ¿Eh?
Ante el director, que resoplaba de furia, los empleados no dijeron una palabra, desviando sus miradas. Dane, a regañadientes, soltó el extintor. Grayson arrojó la barra de hierro. Mientras todos observaban cautelosamente al director, él se hundió en un profundo dilema.
«¿Debería simplemente tirar la toalla con lo de las donaciones y todo lo demás?»
Ver a sus subordinados en ese estado lamentable le hizo cuestionar para qué servía cambiar el equipo o los coches. No hacía falta preguntar quién había iniciado todo este lío. Las posibilidades de que Grayson Miller, quien había llegado hasta allí usando la influencia de su padre, causara semejante escándalo en su primer día eran prácticamente nulas. Eso significaba que sus preciados empleados habían provocado este desastre, y por supuesto que no esperaba que su resistencia fuera tan feroz.
Había sido especialmente insistente en advertirles.
Pero ahora era imposible echarle la culpa a Grayson Miller y despedirlo. Después de todo, se trataba de Ashley Miller. Si había recurrido a métodos poco ortodoxos para que contrataran a su hijo y luego él lo despedía injustamente, quién sabe qué podría hacer. Podrían exigirle una compensación exorbitante, o incluso idear miles de formas creativas e impensables de hacerles la vida imposible. Y si se enteraba de que su hijo había terminado en semejante estado…
Podrían sentarme en una silla eléctrica.
—Ugh.
Atrapado en sus horribles pensamientos, el director no pudo evitar dejar escapar un gemido. Cerró los ojos, movió la cabeza de un lado a otro y luego, con una expresión sombría, miró fijamente a aquellos hombres incompetentes.
—Les pedí que aguantaran en silencio solo un año. ¿En serio no pueden hacer eso? ¡¿Dónde diablos dejaron el cerebro?! ¡Si lo tuvieran, lo usarían para pensar!
En el fondo, deseaba golpear sin piedad a esos grandullones incompetentes, pero ahora no era el momento. Lo primero era poner orden en este caos. Sí, empezando por Grayson Miller.
—…¿Estás bien? Oye, ¿no te has lastimado…?
El hecho de tener que actuar con tanta sumisión le partía el corazón una vez más, pero ya era demasiado tarde. Desde que aceptó la propuesta de Ashley Miller, su futuro estaba sellado. Durante el próximo año, esta situación se repetiría sin fin.
Tras tragar varios suspiros seguidos, observó a Grayson, pero todo lo que sintió fue desesperación.
—Ugh —el director volvió a gemir, pero finalmente se armó de valor y miró a aquellos hombres ya levantados que lo rodeaban.
—¡Todos, disuélvanse! Ustedes, vayan a lavarse a las duchas de allá, y ustedes, entren a tratar sus heridas. ¡Dane, tú encárgate de limpiar esto! Nos vemos todos en la fiesta de bienvenida esta noche. ¿Entendido? Esto nunca pasó, y empezamos de nuevo desde ahí. ¡Basta de tonterías infantiles, compórtense como adultos!
Señalando en todas direcciones, el director logró separar a los causantes del desastre. Solo cuando vio a aquellos hombres adultos, llenos de resentimiento, murmurando mientras se dispersaban, pudo finalmente soltar un suspiro de alivio.
Tal como lo había previsto.
Luego, con el rostro pálido, lo recordó: sabía que Grayson Miller arruinaría la paz de su estación de bomberos. ¡Lo sabía!
Mientras se agarraba los pocos cabellos que le quedaban, angustiado, ante sus ojos aparecieron visiones de los modernos camiones de bomberos y nuevos trajes ignífugos. Había planeado reemplazar las hachas viejas, comprar al menos cinco extintores nuevos y adquirir respiradores adicionales…
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