Deséame Chapter 27
Capítulo 27
Al final, el verdadero ganador fue Dane.
Justo cuando todos compartían ese pensamiento, alguien recordó de repente algo que habían olvidado.
—Esperen un momento, entonces… ¿quién ganó esta apuesta?
De pronto, el ambiente cambió por completo. Esto no era algo que pudieran dejar pasar.
—Obviamente Dane, porque Miller hizo trampa.
—¿Trampa? ¿Qué clase de trampa?
—No sé, pero Dane no perdería contra ese tipo a menos que hubiera hecho algo cobarde.
—Tienes razón, Miller es capaz de cualquier cosa. Es un psicópata, un alfa dominantes.
Mientras intercambiaban opiniones sin fundamento, esta vez volvieron su atención hacia Dane.
—¿Verdad? Pasó algo, ¿no?
—¡Ese tipo no podría haberte ganado! ¡Debió haber usado algún truco sucio, seguro!
—Dinos, Dane. Te creeremos.
—¡Exacto! No hay forma de que hayas perdido contra Miller. ¡Tú eres Dane Striker!
Todos se unieron en un mismo coro. Dane, con una expresión de incomodidad, les lanzó una mirada fugaz. Grayson Miller seguía allí, como si estuviera observando para ver qué decían.
Dane suspiró profundamente y, sin rodeos, habló.
—Perdí.
—¡Claro que sí! ¿Qué más podría…?
—¿Qué? ¿Qué dijiste? ¿Perdiste?
Ezra, que había asentido como si fuera lo más natural, abrió los ojos de par en par, sorprendido. DeAndre también se quedó atónito, repitiendo las palabras varias veces. Dane se frotó la nuca y respondió con voz cansada.
—Todos lo vieron, llegué tarde. Ese tipo ganó, tal como lo vieron. No hay nada más que decir.
—Pero, pero… ¿ese tipo hizo trampa?
Otro chico preguntó con urgencia. Tan ansioso estaba que tartamudeó varias veces, mientras los demás a su lado intentaban ayudarle con sus palabras.
—Es cierto, si lo hubiera hecho de manera justa, no habrías perdido. ¡Tú eres el as de nuestro equipo!
—Habla claro, Dane Striker. ¿Acaso te han amenazado? ¿Es eso?
—Dane no cedería ante amenazas, a menos que fuera por dinero, quizás.
—¿Qué? ¿Te pagaron? ¿Cuánto? ¡Oye, yo te doy más! ¡Así que habla claro!
—Yo también pondré algo, esto es cuestión de orgullo, no podemos dejarlo así.
—¡Yo también, yo también!
Todos ardían de entusiasmo, sus ojos brillaban intensamente mientras esperaban la respuesta de Dane. Parecía que, en cuanto hablara, vaciarían sus bolsillos y entregarían todo lo que tenían. Aunque, en el mejor de los casos, no sería más que 423 dólares con 82 centavos.
Por supuesto, Dane no podía darles la respuesta que esperaban.
—Lo repito, entiendo sus intenciones, pero esta es la realidad. Perdí, Grayson Miller ganó.
Todos, que habían depositado en él su última esperanza, quedaron en silencio, con rostros desconcertados. El gran plan de derribar el orgullo de ese maldito tipo se estaba desmoronando. Dane repitió una vez más:
—Llegué tarde. Ese tipo llegó primero. Así que el ganador es Grayson Miller.
Dane señaló con el dedo hacia sí mismo y luego hacia Miller. Cuando las miradas del grupo siguieron su dedo, Grayson, que estaba allí, sonrió ampliamente y agitó la mano. Como diciendo: —Yo gané—. Por supuesto, ninguno de los presentes le devolvió la sonrisa.
Fue entonces que las empleadas que habían estado observando todo comenzaron a hablar, una tras otra.
—Qué lástima, Dane. Pero si perdiste, ¿cometiste algún error?
—Al menos no te lastimaste mucho, eso es lo importante. Al final, estas cosas también dependen de la suerte.
Las palabras de consuelo para Dane fluían una tras otra, cuando de repente Valentina gritó:
—¡Grayson va a pagar las bebidas! ¿Quién se apunta?
Era casi la hora de salir. La propuesta era tan oportuna que la reacción se dividió justo por la mitad. Las mujeres agitaban los brazos con entusiasmo, mientras los hombres fruncían el ceño y lanzaban miradas asesinas hacia Grayson.
—No podemos perder.
Wilkins, apretando los dientes, reunió a los empleados hombres.
—Esta ronda la pago yo. Bebamos hasta que no podamos más, ¿entendido?
—¡Sí!
Los hombres corearon al unísono. Cuando Dane levantó la mano como queriendo decir algo, Wilkins puso inmediatamente una expresión severa.
—No, no hay excusas que valgan hoy. Ni siquiera intentes sacar lo del gato. Sabemos que, aunque te vayas a casa, solo te pondrás a beber cerveza.
—No es una excusa, de verdad, mi gato me está esperando…
—No me hagas reír. Sé perfectamente que ese gato sabe encontrar su comida aunque tú no estés.
—Además, tienes días de vacaciones pagadas, ¡dos días! No hay forma de que te escapes.
Ezra lo respaldó desde un lado. Dane frunció el ceño, molesto, pero no tuvo más remedio que bajar la mano. Y así, apenas salieron del trabajo, todos se dirigieron juntos al bar. Los compañeros formaron una especie de circulo alrededor de Dane para evitar que escapara, dejándolo sin opción más que ser arrastrado al bar. Aunque, antes de eso, Wilkins tuvo que soportar una monumental reprimenda del jefe.
El golpe seco del puño del jefe contra el escritorio hizo que Wilkins se estremeciera. El jefe, respirando con fuerza, lo miró con ojos furiosos.
—¿Por qué demonios haces cosas que nadie te ha pedido, eh? ¿No tienes nada mejor que hacer? ¿Estás aburrido? ¡Pues ve a la escuela de enfrente y haz trabajo voluntario!
—Lo siento, jefe.
Wilkins, a pesar de su imponente figura, inclinó la cabeza y se disculpó con una voz apagada que no encajaba con su tamaño. Sin embargo, incluso él tenía algo que decir en su defensa.
—Pero, jefe, para mí también fue una decisión desesperada. Desde que ese tipo llegó, el ambiente en el equipo es un desastre. Pensé que era necesario darle una lección, aunque fuera una vez.
—¿Y tuviste éxito? ¿Le diste esa lección, eh?
El grito estruendoso del jefe hizo que Wilkins volviera a encogerse, respondiendo con un tímido —no—. El jefe, frustrado, ajustó el ángulo de su corbata y la sacudió con fuerza antes de golpearse el pecho con exasperación.
—¿Acaso no te dije que no te metieras con ese tipo? ¿Por qué armaste este lío? ¡Me estás volviendo loco! ¿Pensaste que lo de no meterse con él era solo una sugerencia? ¿Ah?
—...Pero no podemos dejarlo así, ¿verdad? Usted también lo ha visto, jefe. Desde que ese tipo llegó, los miembros del equipo están al borde del colapso.
—Esto es realmente exasperante. ¡Un año, solo un año! ¿No pueden aguantar eso sin causar este desastre? ¡Tú y tu equipo son iguales! ¿Es que no tienen miedo?
—Claro que el consejal Miller da miedo, pero...
—¡Miller es el segundo problema! ¡El problema es Grayson! ¡Ese maldito tipo!
El jefe gritó como si estuviera al borde de la locura por la frustración. Wilkins, desconcertado, parpadeó y solo observó al jefe en silencio. ¿No era Grayson simplemente un holgazán desordenado y juguetón? Aunque decían que los alfa dominantes eran unos psicópata, nunca había mostrado ese lado. El jefe, aún jadeando, bajó un poco el tono de su voz y le dijo al líder del equipo, quien claramente estaba confundido:
—¿Sabes lo que hizo ese tipo durante la entrevista?
—...No, no lo sé.
—Por supuesto que no, porque nunca te lo dije.
Ante las palabras contundentes del jefe, Wilkins quedó completamente desconcertado. Observando la expresión aturdida de su subordinado, el jefe continuó hablando con su voz áspera y firme:
—Las preguntas que le hice a Miller fueron las más comunes. Cosas como por qué quería ser bombero, qué le gustaría hacer si se convertía en uno, o si había tenido otros trabajos antes. Nada fuera de lo ordinario.
Eran, como el jefe había dicho, las preguntas básicas que se hacen en cualquier entrevista. Mientras Wilkins esperaba, aún confundido, el jefe continuó:
—Pero, ¿sabes qué respondió Miller?
—No, no lo sé. Aún no me lo ha dicho.
Wilkins, recordando la experiencia anterior, se apresuró a añadir esa última parte. Al jefe no pareció gustarle su respuesta, pues lo miró con desaprobación antes de continuar:
—Sus respuestas fueron perfectas. Literalmente, no había un solo error en ellas.
—...¿Y eso es malo?
Wilkins, que aún no entendía, vio cómo el jefe apoyó ambas manos en el escritorio, inclinándose hacia adelante para mirarlo directamente a los ojos.
—Ese es justo el problema. Las dijo exactamente igual, palabra por palabra, que en el video.
—¿El video? ¡...Ah!
Cuando Wilkins finalmente recordó y soltó una exclamación, el jefe asintió con la cabeza y se enderezó de nuevo en su silla.
—Exacto. Ese video que hicimos. El material de entrenamiento, el que subimos a la página web.
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