Deséame Chapter 40

 Capítulo 40

Grayson permaneció inmóvil en ese lugar, aguzando el oído y concentrando toda su atención. Pareció pasar un buen rato, pero no logró percibir nada. 

¿Habrá sido solo su imaginación? 

Justo cuando estaba a punto de descartarlo como algo sin importancia, el sonido volvió a escucharse. No podía haberse equivocado dos veces. Con un breve movimiento de orejas y el ceño fruncido, Grayson miró a su alrededor. 

Era una zona residencial, con casas prácticamente idénticas alineadas a ambos lados de la calle, sin nada que destacara especialmente. Para localizar la dirección del sonido, tuvo que concentrarse una vez más. Guiado por el eco intermitente de aquella voz, dio un paso adelante. La siguiente vez que el sonido llegó a sus oídos, era más claro que antes. 

—Ayúdenme, por favor.

A medida que se acercaba, el destino se volvía más evidente. Grayson se detuvo frente a una de las casas, indistinguible de las demás, y escudriñó los alrededores. 

—¡Sálvenme, por favor…!

Tal vez el niño había oído los pasos de Grayson, porque gritó de nuevo. Esta vez no había duda. Sin vacilar, Grayson abrió la puerta lateral y entró. Bajo sus pies, la hierba crujía, seca y marchita, teñida de un marrón mustio que delataba su abandono. 

—¡Sálvenme, sálvenme!

La voz del niño sonaba cada vez más desesperada. Grayson apoyó la oreja contra la pared y esperó un momento, pero el interior de la casa parecía estar en completo silencio, como si no hubiera nadie. Probablemente el niño también lo sabía, y por eso gritaba con tanta angustia. 

Al llegar a esa conclusión, Grayson miró hacia abajo, hacia el lugar de donde provenía el sonido. Allí había una gran puerta de sótano (Cellar Door). Aunque el sonido se amortiguaba por la puerta cerrada, él podía escucharlo claramente. Quizás había alguna abertura en algún lugar, pensada para permitir el paso del aire. Grayson se arrodilló en el suelo y acercó su oído a la puerta. 

—¿Hay alguien ahí?

Al escuchar la pregunta de Grayson, desde el interior surgió una voz aún más aguda y desesperada. 

—¡Sí, sí! ¡Estoy aquí! ¡Sálvenme, por favor, sáquenme de aquí, se lo suplico!

La voz, entrecortada por el llanto, sonaba ronca, como si hubiera estado gritando durante horas. 

—Dios mío…

Grayson murmuró con compasión antes de preguntar de nuevo. 

—¿Cómo te llamas? ¿Por qué estás ahí dentro? ¿Qué pasó?

El niño, entre sollozos, respondió: 

—Yo… yo soy Santiago. Mi papá dijo que soy un niño malo, que tengo que quedarme aquí…

Las últimas palabras se desvanecieron en un gemido ahogado. Grayson asintió con la cabeza, como si lo entendiera todo. 

—Ya veo. Está bien, te ayudaré.

Era algo que solía hacer con frecuencia. Ayudar a los demás, un acto tan noble y desinteresado. Grayson siempre estaba listo para tender una mano, y cuando la oportunidad se presentaba, lo hacía sin dudar. Lo había aprendido así desde que era muy pequeño. Esta vez no sería diferente. 

Abrió una de las puertas del sótano. En el fondo, que parecía insondablemente profundo, un pequeño niño miraba hacia arriba con el rostro tenso, tan pequeño que ni siquiera llegaría a la altura de las rodillas de Grayson. Santiago, de puntillas y con los brazos extendidos hacia él, tenía una expresión llena de esperanza y anhelo. Creía que, por fin, saldría de ese sótano oscuro y aterrador, que aquel hombre radiante lo rescataría y que sus días de pesadilla terminarían. 

Pero entonces… 

—¿Eh?

De repente, Grayson saltó dentro del sótano. La puerta que había abierto se cerró con un golpe sordo, y la oscuridad volvió a envolver todo. Santiago no entendía qué estaba pasando. Parpadeó, confundido, mientras la tenue luz que se filtraba por la rendija de la puerta iluminaba el rostro imponente del hombre. Fue entonces cuando Santiago se dio cuenta de que, lejos de salvarlo, aquel hombre había entrado en ese espacio terrible para quedarse.

—¿Q-qué está haciendo? ¡Se supone que debe sacarme de aquí!

Santiago gritó, desconcertado. Grayson inclinó la cabeza con una expresión de curiosidad al ver el rostro confundido del niño. 

—¿Por qué? Estás siendo castigado, ¿no es así?

—¿…Qué?

Ante la incredulidad de Santiago, Grayson añadió con tono de advertencia, como si estuviera explicando algo obvio: 

—No puedes escapar mientras estás siendo castigado. Eso es algo que solo haría un niño malo.

Santiago no podía entender nada de lo que estaba escuchando. 

¿De qué está hablando este hombre? 

Con una voz suave y considerada, Grayson se dirigió al niño, cuyo rostro había perdido todo el color, palideciendo por el miedo: 

—Pero Santiago, ahora todo está bien. No te preocupes.

Extendió una mano con delicadeza. El niño, sobresaltado, retrocedió, pero Grayson mantuvo su mano en el aire, sonriendo con una expresión radiante mientras decía: 

—Yo me quedaré aquí contigo.

En el rostro de Santiago, la esperanza se desvaneció por completo, reemplazada por el horror y el terror. 

* * *

Después de organizarse un poco, se reunieron para regresar. Cuando Ezra, quien les había tomado la última foto, les devolvió su teléfono, los chicos que habían estado esperando hasta ese momento se frotaron los hombros y soltaron un suspiro profundo. 

—Sin duda, este es Dane Striker. Cada vez que aparece, las mujeres enloquecen.

Alguien dijo eso, y de inmediato los demás se unieron al comentario, añadiendo sus propias observaciones. 

—¿Solo las mujeres? Antes, los hombres también querían tomarse fotos con él.

—¿Qué tal si hacemos una campaña con Dane como modelo? Si ponemos una foto suya tan sexy, el impacto sería increíble.

—¿Como una campaña de servicio público?

—¡Sería perfecto para algo como prevención de incendios!

—¿Sí, verdad? Algo que consuele a la gente. He escuchado que últimamente hay servicios así, organizados por los departamentos de bomberos. Si Dane participa, la reacción sería explosiva.

—Oh, eso también es bueno. Dane, ¿qué opinas? ¿No es una idea genial?

Los chicos, entusiasmados, esperaban la reacción de Dane. Hasta ese momento, él había permanecido en silencio, con una mirada distraída y desinteresada. Finalmente, abrió la boca con indiferencia: 

—Odio más que nada en el mundo el trabajo voluntario gratuito.

Con eso, toda la discusión llegó a su fin. Probablemente, lo de tomarse fotos y dar autógrafos antes también fue porque lo consideraba parte de su —trabajo—. Dane separaba rigurosamente su vida laboral de su vida personal. Si no hubiera estado de servicio, sin importar quién se lo pidiera o por qué razón, simplemente lo habría ignorado. 

Dane abrió la boca de par en par y bostezó con fuerza. Viendo su actitud, DeAndre murmuró en voz baja: 

—Ese tipo… ¿habrá salido de fiesta otra vez anoche?

Uno de los otros asintió con la cabeza. 

—Es muy probable. Dane siempre va al club los días libres.

—Sí, es bastante diligente… en ese tipo de cosas.

—Bueno, basta. Vamos, es tarde.

Ezra golpeó el vehículo mientras hablaba. Dane subió primero, y los demás lo siguieron con sonrisas burlonas. Fue justo antes de que el vehículo arrancara que alguien notó que faltaba uno. 

—¿Eh? ¿Qué pasa? Siento que falta algo.

La voz de alguien hizo que DeAndre reaccionara de inmediato. 

—¿No falta Miller?

Solo entonces se dieron cuenta. Todos miraron a su alrededor, desconcertados. Por más que buscaban, no había rastro de Grayson. 

—¡Maldita sea!

—¡Miller, Grayson Miller!

—¿Dónde está? ¡Vamos, sal de donde estés!

—¡Miller!

—¡Grayson Miller! ¡Carajo!

Con una ráfaga de maldiciones, salieron del vehículo y comenzaron a gritar su nombre, pero no hubo respuesta. 

—¡Mierda, este maldito idiota!

DeAndre, incapaz de contener su frustración, dio una patada a la rueda del vehículo. Aunque no estaban tan furiosos como él, el resto tampoco estaba de buen humor. El aire se llenó de tensiones contenidas, y la noche pareció volverse más pesada con cada segundo que pasaba sin rastro de Grayson.

Comentarios

  1. Es mi culpa por tenerle fe, si ya sabia que estaba loco no se porque me decepciono 😔

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