Deséame Chapter 46
Capítulo 46
«¿Así que por eso entraste al sótano?»
Como si estuviera respondiendo a una pregunta oculta, Grayson asintió con la cabeza.
—Bueno, es menos aburrido que estar solo.
Dane volvió a quedarse sin palabras. Algo en su expresión sugería que estaba inmerso en pensamientos complicados. Detrás de él, sus compañeros ya estaban listos para partir, esperándolo. Aunque los había notado hace rato, Dane no se dio la vuelta. Todavía le quedaban preguntas.
—¿Por qué no podías salir?
Cuando le preguntó por qué no había sacado al niño y, en cambio, había decidido entrar él mismo, Grayson respondió sin dudar:
—Porque si salía, solo habría recibido un castigo más largo. No tenía sentido.
Luego, frunció el ceño y se encogió de hombros.
—Solo tenía que aguantar un poco más, pero tú te llevaste a Santiago, así que me quedé yo en su lugar. Tenía que asegurarme de que supieran que Santiago no había salido por su propia voluntad. Fui como un testigo, ¿sabes?
De nuevo, Dane se quedó en silencio. Lo miró con una mirada indescifrable, llena de complejidad, y después de unos segundos, habló:
—Entonces, ¿crees que lo que hiciste estuvo bien?
—Solo estaba tratando de ayudar —respondió Grayson sin vacilar.
—Siempre doy lo mejor de mí, pero la gente siempre se enoja. ¿Por qué? No lo entiendo.
Hizo una mueca de frustración, como si se sintiera injustamente tratado, mientras Dane lo observaba en silencio. En el rostro de Dane se reflejaba el torbellino de pensamientos que lo atormentaban, pero Grayson no pareció darse cuenta.
En ese momento, Ezra, que había estado esperando impacientemente detrás de ellos, gritó:
—¡Dane! ¿Qué estás haciendo? ¡Vamos, es hora de irnos!
Al mirar hacia atrás, todos ya estaban dentro del coche, excepto Ezra, quien agitaba un brazo frente a la puerta abierta, esperándolo. Dane no dijo nada más y se dio la vuelta. Había dado apenas un par de pasos cuando, de repente, Grayson le preguntó desde atrás:
—¿Tú también crees que hice algo mal?
Dane se volvió. La maldita sonrisa había desaparecido del rostro de Grayson. Su expresión ahora era completamente neutra, sin rastro de emoción alguna. Con frialdad, Dane abrió la boca:
—No ayudes.
Su tono era tan frío como su mirada.
—No hagas nada. Tú no deberías.
Con esas palabras, Dane se alejó con paso firme y subió al coche. Ezra, siguiéndolo, murmuró en voz baja:
—¿Para qué te molestas con ese tipo? Está claramente fuera de sí.
Los demás tenían expresiones similares. Probablemente habían escuchado la conversación entre Dane y Grayson, algo que era de esperar. Dane se sentó en silencio en un asiento vacío. Grayson también subió al coche, pero no dijo una sola palabra durante todo el trayecto. Sin embargo, de vez en cuando, su mirada se dirigía hacia donde estaba Dane, aunque este, obstinadamente, mantenía la vista fija en la dirección opuesta, sin moverse ni un centímetro.
[—Te quiero, Dane].
En su memoria, una mujer de cabello rojo brillante lo abrazaba con fuerza mientras susurraba:
[—Mi tesoro más preciado, solo te tengo a ti].
A medida que el recuerdo resurgía, su expresión se volvió naturalmente desolada. Con el ceño fruncido y los ojos cerrados, tratando de sacudirse ese recuerdo no deseado, Dane pensó: «Hoy iba a ir al club, pero todo se arruinó».
Cuando estaba de mal humor, no buscaba compañía sexual. Aunque mañana era su día libre, decidió que después del trabajo iría directamente a casa.
«Hoy me quedaré abrazando a Darling», pensó, mientras el coche avanzaba.
* * *
Ese maldito bastardo.
Dentro del coche que los llevaba de regreso a la estación de bomberos, Grayson comenzó a sentir cómo la ira hervía lentamente en su interior. ¿Qué significaba esa mirada? ¿En qué estaba pensando cuando le miró así? ¿Por qué?
Era la primera vez que veía esa expresión en alguien. No tenía idea de lo que significaba. Con un gruñido de frustración, dejó escapar un sonido de irritación.
Desde tiempos que ni siquiera recordaba, Grayson Miller había tenido dificultades para distinguir las expresiones de las personas. Tal vez había nacido con algún defecto en el cerebro. No podía leer si alguien estaba sonriendo o enojado, lo que le causaba problemas constantemente. Fue su padre, Ashley Miller, quien le ofreció una solución:
[—Aprende a leer las emociones].
Después de eso, profesores famosos especializados en actuación y psicología comenzaron a visitar la mansión con regularidad para enseñarle «cold Reading». Al principio, comenzó con lo básico: si las comisuras de los labios se elevaban, era felicidad; si se bajaban, tristeza. Luego, avanzó hasta memorizar cada pequeño detalle, incluso cómo el movimiento de un solo dedo podía revelar los pensamientos más ocultos.
Afortunadamente, Grayson tenía un talento excepcional para el cold reading. Absorbía todo lo que le enseñaban como una esponja, y no solo aprendió a descifrar rápidamente las emociones de los demás, sino que, con solo una mirada, podía adivinar lo que querían.
Por el contrario, también era excelente para imitar las emociones que otros sentirían en determinadas situaciones, fingiendo y actuando como si las experimentara él mismo. Gracias a esto, podía moldearse perfectamente en la persona que los demás querían ver, utilizando lo que había aprendido. Cualquiera que no supiera de su defecto innato y su esfuerzo adquirido caería completamente en su juego. Incluso uno de sus profesores de actuación, al reconocer su talento, le sugirió seriamente:
[—¿Has pensado en seguir una carrera relacionado a esto? Hablaré con el señor Miller. ¡Tienes un don! ¿No sería maravilloso ver a Chase y a ti caminando por la alfombra roja? ¿Eh?]
El profesor hablaba con total sinceridad, pero Grayson rechazó la oferta. Sabía muy bien cuáles eran sus límites.
Él solo era capaz de —imitar—. Por eso, nunca podría realizar actuaciones profundas y conmovedoras como su hermano Chase Miller, un actor de primer nivel reconocido por su talento excepcional. De hecho, cuando veía películas en las que aparecía Chase, Grayson las observaba con una mentalidad más cercana al aprendizaje: —Ah, en esa situación se hace esa expresión—. Nunca se maravilló ante la actuación, porque las emociones no le llegaban. Podía saber si alguien lloraba, gritaba o reía gracias a lo que había aprendido, pero nunca entendía el —por qué.
Además, solo —actuaba— y se adaptaba a los demás cuando se trataba de alguien que consideraba su —destino—. En esos casos, daba todo de sí, desplegando más del 120% de lo que había aprendido, y por eso, sin importar el género, esas personas caían rendidas a sus pies. El problema era que, cuando decidía desecharlas, no mostraba ninguna piedad.
De cualquier manera, por esas razones, Grayson Miller nunca había fracasado. Incluso si al principio lo rechazaban o sentían antipatía hacia él, con regalos caros y unas cuantas palabras convincentes, terminaban cayendo, fingiendo que no podían resistirse. Por el contrario, aquellos que lo odiaban lo hacían con una intensidad aterradora. Grayson Miller era un ser que recibía, en igual medida, amor desinteresado y odio feroz.
Por supuesto, todas esas reacciones le parecían ridículas. Al final, ya fuera odio o amor, el hecho era que no podían soportar su existencia. Porque el amor y el odio son dos caras de la misma moneda.
Así había vivido hasta ahora, mirando a todos desde arriba.
Pero, ¿qué significaba esa expresión?
La curiosidad lo consumía. Grayson había aprendido y dominado todas las expresiones emocionales del mundo. Sin embargo, esta era la primera vez que se encontraba con una expresión que no podía entender.
Tenía que descubrir qué era.
Grayson sintió una inquietud que nunca antes había experimentado. No podía permitirse ignorar una emoción. Debía averiguar qué significaba esa expresión, incluso si tenía que estrangular a Dane Striker para lograrlo. Debía hacerlo.
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