Deséame Chapter 52
Capítulo 52
El sonido sordo del martillo resonó de nuevo, como si golpeara directamente a Virginia. Junto con él, aquello había alcanzado su límite de expansión. Ya no podía contenerse al imaginar las nalgas escondidas bajo ese uniforme holgado.
Grayson se levantó apresuradamente y se dirigió al baño casi corriendo. Maldita sea, no podía correr por el ardor que Virginia le provocaba. Arrastrando aquel peso, logró entrar con dificultad en un cubículo del baño y bajó rápidamente la cremallera de sus pantalones, sacando su miembro. Como si hubiera estado esperando, ya estaba erecto y húmedo en la punta.
—Mierda.
Grayson soltó una maldición mientras comenzaba a frotarse rápidamente. La sensación de tenerlo en su gran mano le decía que la eyaculación no estaba lejos.
—Ah, ah, haaa…
Con respiraciones agitadas, movía su mano sin parar. Las venas sobresalían en el grueso mástil. Mientras se frotaba una y otra vez, su mente se llenó de una sola imagen: arrancar los tirantes, bajar los pantalones y ver directamente esas nalgas escondidas. ¿Serían suaves? ¿Firmes? ¿Y cómo sería ese agujero? ¿Cabría esto ahí? Ese tipo era un beta, así que no estaría húmedo. ¿Y si le aplicaba gel y lo frotaba? No, no podría ser. Tendría que lamerlo hasta derretirlo. Lamerlo profundamente, hasta que el agujero palpitara y entonces empujarlo de una vez…
—Aah…
Con un gemido largo, el semen brotó de golpe. Grayson, en un estado de aturdimiento, se limpió mecánicamente, expulsando los últimos restos de semen varias veces.
Fue unos minutos después cuando se dio cuenta de lo que había hecho: se había masturbado y eyaculado solo por imaginar las nalgas de Dane Striker, sin siquiera haberlas visto en persona.
* * *
«Esto no tiene sentido».
Grayson cruzó los brazos y miró fijamente a Dane con expresión seria. A cierta distancia, Dane estaba sentado en una silla, revisando su equipo personal junto con los demás mientras intercambiaban comentarios casuales.
—Ayer, mi hija…
—La moto nueva que compré…
—Mi abuelo aquel día me dijo…
La conversación fluía sin rumbo fijo, pero Dane solo respondía de vez en cuando, sin añadir mucho. Al pensarlo bien, parecía ser alguien que no hablaba demasiado en general. ¿Tendría tantos secretos como silencios?
Apoyado contra la pared, Grayson lo observaba mientras repasaba una vez más el pensamiento que ya había cruzado su mente varias veces.
«¿De verdad me excité por ese tipo?»
—…Maldita sea.
Maldijo en voz baja. No podía creerlo. Aquello que no había reaccionado en absoluto el día anterior, de repente se había excitado solo por ver a un hombre clavando un simple clavo en una tabla, y no cualquier hombre, sino Dane Striker, y no su rostro, sino su espalda y trasero. Y no solo eso, sino que había terminado masturbándose en el baño, imaginando, para su horror, las nalgas escondidas bajo esos pantalones holgados.
Cada palabra, cada frase, lo hacía estremecerse.
«¿Yo? ¿El mismísimo Grayson Miller? ¿Qué demonios vi en ese tipo? ¿Por qué? ¿Y de la nada?»
No pudo evitar frotarse la cara con una mano, abrumado por la confusión. Nada de esto tenía sentido. No entendía por qué estaba pasando esto. Dane Striker era completamente diferente de cualquier persona que Grayson hubiera conocido o con quien hubiera jugado antes. Nunca le había interesado ese tipo de persona, ¿por qué ahora?
Ayer no pudo excitarse, y hoy terminó eyaculando como un idiota. Solo había una respuesta posible para esta situación incomprensible.
¿De verdad me he vuelto loco por las feromonas? ¿Como mi padre?
Un escalofrío recorrió su espalda en ese momento, y de repente alguien lo llamó.
—¡Miller! ¡Alguien te está buscando!
Al levantar la cabeza hacia la voz, uno de los bomberos le hizo una señal con la mano, indicando una dirección.
—Ve, te están esperando.
Grayson frunció el ceño y, sin más remedio, caminó hacia donde le indicaban. Por alguna razón, las mejillas sonrojadas del hombre le molestaron, pero pronto supo por qué. Allí lo esperaba una visita inesperada.
* * *
Bajo un sol radiante y una brisa fresca, los miembros del equipo, como de costumbre, estaban dispersos, ocupados en sus tareas. Fue en ese momento, cuando el calor del mediodía comenzaba a adormecer los sentidos, que un visitante inesperado llegó.
En el gimnasio del segundo piso, varios miembros del equipo estaban ejercitándose. DeAndre, corriendo en una de las maquinas cerca de la ventana, vio cómo un deportivo de lujo entraba en el estacionamiento de la estación de bomberos. El brillante Ferrari amarillo captó la atención de los demás, quienes también corrían en las máquinas.
—¿Quién es? ¿Quién ha venido? —murmuraron, curiosos. El ambiente de curiosidad se transformó rápidamente en gritos de asombro cuando alguien exclamó:
—¡Es Naomi Parker!
Al escuchar el nombre, los que estaban usando las máquinas de pesas dejaron lo que hacían y corrieron hacia la ventana.
—¿Qué? ¿Quién? ¿Naomi Parker?
—¡Mierda, muévete! ¡Quítate de ahí! ¿Dónde está?
—¡Dios, está increíble! ¿Es real?
—¡Naomi, Naomi!
—¡Naomi, te amo!
Los bomberos bajaron corriendo las escaleras, gritando y vitoreando. Naomi, sonriendo, saludó con la mano, lo que solo aumentó los gritos de emoción.
Wilkins, ignorando el comportamiento vergonzoso de sus subordinados, se acercó a ella para saludarla formalmente.
—Hola, señorita Parker. ¿A qué debemos el honor de su visita? ¿Hay algún rodaje programado?
No había recibido ningún aviso oficial, pero si Naomi lo pedía, estaba más que dispuesto a colaborar. Claro, el jefe podría tener otra opinión, pero seguro se podría convencer. Después de todo, no era cualquiera, era Naomi Parker, la aclamada actriz ganadora del Oscar.
Ella se cubrió la boca con el dorso de la mano y rió con elegancia.
—Oh, no, nada de eso. Vine a visitar a un amigo. Espero no estar causando molestias.
—¿Un amigo?
—¿Un amigo? ¿Aquí, en nuestra estación?
—¿Quién es? ¿De quién habla?
—¿Eres tú? ¿No me digas que eres tú?
—¿Seré yo? ¿En serio, seré yo?
—¡A partir de hoy, yo soy el amigo de Naomi!
—¿Qué? ¡Yo lo soy desde ayer!
—¡Yo lo he sido desde que nací!
Por todos lados, los hombres gritaban y decían cosas absurdas. Naomi, acostumbrada a ese tipo de alboroto, mantuvo su sonrisa y asintió hacia Wilkins.
—Sí, no sé si será apropiado, ya que no lleva mucho tiempo trabajando aquí…
—Por supuesto, dígame. Lo encontraré de inmediato.
Aunque respondió con seguridad, Wilkins rápidamente repasó mentalmente los rostros de los empleados. Si era alguien que no llevaba mucho tiempo en el equipo, podría ser un empleado temporal o un bombero auxiliar…
Mientras se esforzaba por recordar, Naomi, con una sonrisa radiante, dijo:
—Gracias. Entonces, ¿podría llamar a Grayson Miller?
Al escuchar ese nombre, las voces que vitoreaban a Naomi se detuvieron de golpe. Wilkins también pareció sorprendido, parpadeando varias veces antes de balbucear:
—¿Qu… quién? ¿Quién dijo? ¿Miller?
Ante el nombre inesperado, Wilkins buscó confirmación, y Naomi asintió de nuevo.
—Sí, así es. Grayson Miller. Está aquí, ¿verdad?
—Ah, sí. Claro. Grayson Miller… está aquí.
Wilkins, claramente nervioso, tartamudeó mientras repetía las palabras de Naomi. Se quedó inmóvil, y luego levantó la vista, sorprendido.
—¡Oye, tú! Ve a buscar a Miller, ¡rápido!
—¡Ah, sí! Claro, enseguida.
El hombre salió corriendo tan pronto como recibió la orden. Cuando regresó, no estaba solo.
—¿Naomi?
Al escuchar la voz detrás de ella, Naomi se dio la vuelta. A unos pasos de distancia, Grayson Miller la observaba con una mirada tranquila. Ella sonrió de inmediato y se acercó a él.
—Grayson, mi amor.
—¿Qué? ¿Qué amor?
—¿Tu amor?
Los hombres que observaban la escena abrieron los ojos de par en par, sorprendidos. Pero Grayson, sin inmutarse, abrió los brazos y la abrazó brevemente, rozando su mejilla con la de ella en un gesto de afecto.
—Qué bueno verte. Podrías haberme avisado que venías.
Ante el comentario de Grayson, los labios de Naomi se torcieron en las comisuras.
—Quería darte una sorpresa. Te queda bien, por cierto. El uniforme de bombero parece hecho para ti.
Se separó un poco y lo miró de arriba abajo. Grayson, como siempre, sonrió con calma.
—¿Ah, sí? Gracias.
—¿Por qué no tomamos una taza de té juntos?
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