Deséame Chapter 120
Capítulo 120
14
Scrat, scrat, scrat, scrat.
Dane volvió su amarga mirada hacia su café mientras observaba a Darling oliendo y arañando la mesa. Para los humanos, aquel aroma era delicioso, pero para un gato, no lo era.
Era de esperarse.
A regañadientes, Dane lo aceptó. Observó a su gata que seguía arañando la mesa como si escarbara en la arena del arenero, hasta que finalmente se levantó. Tomó a Darling, lo colocó en lo alto de la torre y, tras asegurarse de que se calmaba, regresó a su asiento.
Justo cuando creyó que por fin podría disfrutar de un momento de tranquilidad, un rayo cayó tras la ventana. Por fortuna, la gata, sorda y ciega de un lado, apenas reaccionó, limitándose a erguir una oreja ante el estruendo del trueno.
Sentado en la silla junto a la ventana, Dane bebió su café mientras observaba el exterior. El paisaje que lo había cautivado desde que llegó a esa habitación ahora emanaba un aura distinta bajo el clima lúgubre.
Dane miró por la ventana la lluvia que caía a cántaros. No estaba acostumbrado a la lluvia, ya que en su región casi nunca llovía, pero por otro lado, sintió una extraña sensación de alivio.
«No hay otra opción».
Pensó en ello mientras sorbía su té.
—Tsk.
Acto seguido, chasqueó la lengua con fastidio. Justo ese día podría estar en el trabajo, matando el tiempo sin hacer nada hasta la hora de salida, pero para su mala suerte, hoy era su día libre. Últimamente la suerte no le sonreía.
Mientras terminaba el café con resentimiento, de pronto creyó escuchar otro sonido mezclado con la lluvia. No tardó en identificar su origen. A lo lejos, divisó el auto de Grayson alejándose a toda velocidad
«¿Adónde diablos va en este diluvio?»
La duda lo asaltó, pero la descartó de inmediato.
«¿Qué me importa?»
Pasaron unos días desde entonces. Grayson, como si hubiera dejado de intentar persuadir a Dane, se volvió más callado. Dane, por su parte, seguía ignorándolo como si no existiera. Vivían en la misma mansión sin intercambiar una sola palabra, ignorándose mutuamente con tal determinación que parecían habitar espacios completamente distintos.
Dane solo pensaba en pasar el tiempo que le quedaba y marcharse de allí. Todo había estado mal desde el principio. No sabía qué clase de expectativas había depositado Grayson Miller en él, pero para Dane Striker, algo como el amor o formar una relación profunda era imposible. Al final, el desenlace inevitable había llegado antes de lo esperado. Solo quedaba un mes. Un mes más, y Dane se iría de ese lugar. Grayson Miller, como siempre, buscaría a alguien nuevo. Y nunca más volverían a verse en sus vidas.
Eso es suficiente.
Mientras reflexionaba, Dane llevó la taza de café a sus labios. Solo entonces notó que ya estaba vacía.
Permaneció sentado un momento, inmóvil, antes de levantarse con la taza vacía y dirigirse a la cocina. Lavó la taza, la puso en su lugar, y luego regresó a su asiento, pasando el tiempo de manera vaga hasta que finalmente se acostó a dormir.
Otra luz espeluznante iluminó el cielo, seguido de un fuerte estruendo. Fuera de la ventana, el sonido sombrío de la lluvia continuaba sin cesar.
* * *
En la habitación más alejada del salón donde la fiesta estaba en pleno apogeo, el aroma a feromonas se mezclaba de forma pesada en el aire.
Grayson yacía en la cama con los ojos cerrados, respirando entrecortado. Su corazón agitado sin remedio no dejaba de golpear sus costillas. Hasta el dolor de cabeza había comenzado a surgir. El anfitrión de la fiesta lo miró mientras él dejaba escapar un gemido tenue.
—¿Estás bien, Grayson? ¿Qué te pasa? Nunca había visto que se te acumularan así las feromonas.
—Déjalo. Dime, ¿dónde está Steward?
Grayson preguntó entre respiraciones ásperas.
—¿Dónde está Steward?
El anfitrión lo miró con desconcierto.
—No vino hoy.
De pronto, Grayson frunció el ceño. El anfitrión se sintió desconcertado, pero no podía mentir.
Norman Steward.
El médico al que todos los alfas dominantes acudían cuando tenían problemas. Nadie conocía mejor las características fisiológicas que él. Especialmente en lo que respecta a la investigación sobre alfas dominantes, no había quien igualara a Steward. Por eso, era natural que todas las consultas y soluciones relacionadas con su tipo de constitución pasaran por él.
Pero donde más útil resultaba era precisamente cuando había que extraer feromonas. Cuando se organizaban fiestas de feromonas, los anfitriones solían llamar a Norman Steward por si acaso ocurría algún imprevisto. Por eso, las probabilidades de encontrarlo allí eran altas.
—Vine aquí porque dijeron que no estaba en el laboratorio...
El anfitrión respondió al murmullo solitario de Grayson.
—Sí, dijo que estaba de vacaciones. Pero dejó a un empleado en espera por si surgía una emergencia...
—Llámalo.
Grayson lo interrumpió sin esperar a que terminara.
—Llámalo, ahora mismo.
—Grayson.
El anfitrión suspiró y le hizo otra propuesta.
—Olvídalo, voy a mandarte unos cuantos omegas para que lo resuelvas. Es mucho más fácil y seguro, ¿para qué quieres extraerte las feromonas con una inyección aquí?
Luego añadió con el ceño fruncido:
—Chase ya hizo esto, ¿y ahora tú?
[—Si no es con la persona que me gusta, no quiero tener sexo].
De pronto, recordó esas palabras que había olvidado. Grayson sonrió débilmente al recordar el rostro de su hermano llorando una y otra vez.
—Es que soy un poco pervertido.
—Dios.
El anfitrión negó la cabeza como si ya no pudiera disuadirlo y salió de la habitación. Grayson cerró los ojos, sintiendo cómo su mente se nublaba. Todo su cuerpo parecía flotar. Su corazón latía como loco, pero sus miembros estaban flácidos, sin fuerza. ¿Qué era esta sensación tan extraña? Su piel ardía como si estuviera en llamas, pero en las yemas de los dedos ya no sentía nada.
—Ah…
Grayson dejó escapar un suspiro tenue. En su mente aturdida, la imagen de alguien apareció, difusa.
«Lo siento, Dane».
Al repetirlo en voz baja, él respondió:
—Déjalo, idiota.
Increíblemente, Dane sonrió y rodeó el cuello de Grayson con sus brazos. Ah… Grayson sintió un hormigueo en la nariz.
«Te amo, Dane».
«Tú eres mi…»
—¡Grayson Miller!
Grayson apenas logró levantar sus pesados párpados ante el grito repentino. Su visión estaba borrosa, incapaz de enfocar. Estaba a punto de cerrar los ojos de nuevo cuando la misma voz lo llamó una vez más. —¡Miller, reacciona! ¡Grayson Miller, pedazo de mierda!
Entre insultos y exclamaciones, su conciencia fue despertando poco a poco. Solo entonces comprendió que había estado perdido en un sueño.
Al abrir los ojos de nuevo, sin remedio, Grayson se quedó desconcertado por un momento. Estaba seguro de haber despertado… pero ahí estaba Dane, otra vez frente a él. ¿Qué estaba pasando…?
«Oh, mierda».
Con la mirada perdida fija en él, Dane sintió que la inquietud se apoderaba de su interior. No entendía en absoluto qué estaba ocurriendo. A juzgar por el denso aroma a feromonas que vibraba por todo su cuerpo, era evidente que había asistido a una fiesta, pero ¿qué demonios significaban estos síntomas?
Hasta apenas un momento antes, Dane había estado sumido en un sueño profundo. Lo que lo despertó fue el penetrante olor a feromonas golpeando su conciencia. Al recuperar el sentido y levantarse, notó que un dulce aroma se había esparcido por toda la habitación. Por un instante, pensó que quizás Grayson Miller había entrado, pero en la habitación solo estaban Dane y Darling, igual que antes de que se durmiera. Entonces.
Sólo había una respuesta. El aroma provenía de la habitación contigua. Si era tan intenso, sin duda se trataba de su rut.
Dane permaneció sentado un momento. Solo tenía una opción: abandonar la mansión de inmediato.
El olor de las feromonas de Grayson ya estaba estimulando sus instintos. Dane hizo una mueca al sentir que su rostro se sonrojaba y su pulso se aceleraba. No había tiempo para dudar. Tomó a Darling en brazos y salió del cuarto.
Pero, al llegar al pasillo, se dio cuenta de su error. El aire ya estaba saturado del aroma. Habría sido mejor quedarse dentro. ¿Cómo era posible que el pasillo estuviera tan impregnado?
Pronto descubrió el motivo. Grayson yacía desplomado frente a la puerta abierta. Al verlo, Dane dejó a Darling en el suelo y corrió hacia él.
—¡Grayson! ¡Grayson Miller!
Lo llamó una y otra vez, pero no recuperaba el sentido. ¿Qué diablos le ocurría? ¿Era posible que un rut lo afectara hasta este punto? Esto era casi como...
...si estuviera intoxicado por drogas.
Comentarios
Publicar un comentario
Por favor sé respetuoso y no hagas PDFs de nuestras traducciones