Quimera Chapter 10.1
Capítulo 10.1
《Epílogo 1》
¡Crak-!
La puerta se abrió con un sonido pesado. El sonido de la leña crepitando para calentar la habitación se escuchaba de fondo. En la cama, Cheil, con el cuerpo envuelto en vendas, yacía como muerto.
—Cheil...
Eden asomó la cabeza y entró en la habitación.
—¿De verdad eres Cheil...?
Con una expresión de incredulidad, se acercó a la cama. Cheil, rodeado por una luz tenue, olía a muerto. Las vendas empapadas de pus y el cabello seco eran evidentes.
—No- no está muerto, ¿verdad...?
Eden atrajo una silla y se sentó a su lado. Su actitud era más tranquila de lo habitual.
—Por favor, dime que no está muerto.
—¿Preferirías que estuviera muerto?
Eden se sobresaltó por la respuesta inesperada.
—¡Ay! Pensé que estabas dormido.
Cheil abrió los ojos. Los brillantes zafiros bajo sus largas pestañas eran la única parte de su cuerpo que había escapado al toque de la muerte.
—No estoy muerto ni dormido, así que acércate.
Eden se acercó.
—Qué... qué aspecto tienes. Después de todo ese alboroto y de ir hasta Operta, has quedado así... ¡Ay, qué lástima! Con ese aspecto, no te será fácil recuperarte.
La capacidad de regeneración de un quimera no era un milagro. Incluso para Cheil, curar una herida tan grave requería una enorme cantidad de energía. Además, necesitaba tiempo para engañar a los ojos de todos.
—A este ritmo, tardaras meses en volver a bailar.
Eden bufó. Daba por sentado que Cheil volvería a su compañía. Una hermosa flor que les traía dinero, una joya fascinante que cautivaba a todos.
Pero a partir de ese día, el tesoro de la compañía ya no volvería a florecer.
—No volveré a la compañía.
—¿Qué? ¿Cómo? ¿Cómo que no volverás a la compañía? ¿Estás diciendo que... que te vas a ir?
La expresión de Eden se congeló en su lugar mientras su mente procesaba las palabras de Cheil.
—¿De verdad? ¿Estás hablando en serio?
Cheil forzó una sonrisa, pero su debilidad era evidente.
—Eden, necesito pedirte un favor.
—¡Un favor dices! ¡Amigo, ¿no prometimos que seguiríamos juntos en la compañía después de que terminara este plan?
Al incorporarse, algo se rompió con un ruido sordo. Al mismo tiempo, una parte de la venda se empapó. Eden frunció el ceño con fuerza.
—No, esto es... ¡Primero túmbate! ¡Túmbate y luego hablamos!
—¿No quieres revivir una vez más la gloria de antaño?
Eden había dirigido la compañía teatral del sur durante mucho tiempo, desde ser un acróbata hasta convertirse en director. Si la compañía había podido mantenerse durante tanto tiempo, se debía en gran parte al afecto de Eden por el escenario, aunque también había un componente económico.
Dirigir una compañía durante tanto tiempo era una tarea ardua. Sin una fuerte vocación, nunca hubiera podido llegar hasta donde estaba. Cheil sabía que, incluso después de envejecer y retirarse de los escenarios, Eden seguía anhelando la atención del público.
—¿Qué tal si decoramos tu última actuación con todo esplendor?
—Esa es una idea aún más absurda. ¿Quieres que vuelva a hacer acrobacias? ¿A esta edad y con este cuerpo?
—No, no tienes que hacer acrobacias. Pero será un espectáculo que atraerá más atención que nunca.
Eden lo miró con recelo. Cheil metió la mano debajo de la almohada. Allí había un rubí brillante.
—Si esta actuación tiene éxito, ¿quién sabe? Tal vez tu nombre quede grabado en la mente de los nobles y obtendrás un millón de milos.
—¡...ah!
Eden abrió los ojos de par en par al tomar el rubí. Era una persona muy sencilla y directa.
—Si aceptas mi petición, te daré todo el millón de milos que obtuve del norte.
—¿Por qué me pides algo así de repente? ¿Y qué hay de tu parte? No, mejor dicho, ¿y qué hay de las enormes ganancias que obtendríamos en el futuro?
—Yo ya no volveré a bailar. No importa si tú te subes o no a este escenario.
El extraño espectáculo de cómo un solo gesto de un bailarín podía cautivar a las personas quedaría relegado a las viejas historias.
—Así que piénsalo bien.
Eden sostenía el rubí y miraba a Cheil. En sus ojos se reflejaba una mezcla de incredulidad y nostalgia.
Pronto sería un recuerdo el tener que escuchar sus quejas mientras lo miraba a los ojos.
Cheil esbozó una leve sonrisa y agitó su mano.
—Acércate más.
Eden se acercó a Cheil.
—Lo que te pido es...
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