Quimera Chapter 17.1

 Capítulo 17.1

《Gaiden》

La paz había vuelto al Norte, recuperando su rutina habitual. La fortaleza del castillo seguía siendo impenetrable y los ciudadanos del norte continuaban viviendo una vida hedonista, fieles a sus instintos. La única diferencia notable era la ausencia de banquetes innecesarios en el castillo.

Un día cualquiera, Reym visitó el despacho del Gran Duque Heinsley.

—Gran Duque, ¿cuándo piensa llevar a cabo la selección de nuevos caballeros? Creo que ya es hora de comenzar.

—¿Cuánto tiempo ha pasado desde las pruebas de los aprendices?

—Diez días.

—Diez días... Reduzcamos la lista de candidatos en tres días. Vuelve a mi despacho por la tarde.

—Sí.

—¿Hay algo más?

—También llegó un mensajero de la capital.

Ruzerolt tomó la carta. La carta con el sello del príncipe heredero contenía una larga carta de Denia.


[Querido Gran Duque Ruzerolt,


Supongo que el frío invierno ya habrá pasado en el Norte. En esta época, me dan ganas de visitar Heinsley al menos una vez más.

No es que no quiera visitar Heinsley, pero ese lugar es tan frío que, si no eliges el momento adecuado, puede ser bastante difícil. Confío en que mi querido amigo entenderá mis sentimientos.

Te escribo esta carta porque tengo un favor que pedirte.

Como sabes, soy el único responsable de manejar y resolver los asuntos relacionados con los quimeras del Imperio. Por eso, me gustaría que me acompañaras al Sur].


La carta expresaba preocupación por el bienestar de Ruzerolt, recordaba su amistad y solicitaba su ayuda.

Ruzerolt dejó la carta y Reym le entregó una pequeña caja.

—Es un objeto que venía con la carta.

Ruzerolt tomó el objeto y se quedó pensativo. Después de ordenar sus cosas, se puso el manto y salió.

—Ir al sur...

Ruzerolt había pasado la mayor parte de su vida en el Norte. La única vez que había estado mucho tiempo fuera fue en su infancia, cuando acompañó a su madre enferma al Sur. Fue allí donde conoció a Denia y forjaron una amistad.

El Sur era un lugar a la vez familiar y distante para Ruzerolt.

—Denia quiere que vaya al Sur.

—¿No será en Chelatia?

—Me pidió un favor.

—Ir al Sur llevará mucho tiempo.

Incluso en barco, tardarían varios días en llegar del Norte al Sur.

—¿Cuánto tiempo cree que tardemos?

Ruzerolt y Reym bajaban las escaleras del edificio.

—Bueno, esta vez no puedo predecir el tiempo.

Reym miró a Ruzerolt con curiosidad, pero este no le prestó atención.


[He recopilado información sobre los quimeras en mi biblioteca privada. Necesito que verifiques algunos datos. Si aplicamos esta información a la medicina, podría ser un gran avance para el Imperio].


Cualquiera podía verificar los datos sobre los quimeras. Sin embargo, pocos podían confirmar las características y peculiaridades de estas criaturas. Solo su creador o alguien que las hubiera observado de cerca podría hacerlo.

¿Estaría Cheil dispuesto a hacerlo?

Al salir del edificio, Ruzerolt fue recibido por el aroma de la lavanda. Cheil estaba apoyado contra la pared, esperándolo.

Desde que regresó a Heinsley, Cheil siempre lo seguía. A veces lo observaba desde lejos, otras veces lo vigilaba de cerca.

Aunque el clima era más cálido, seguía siendo frío para alguien del Sur. A pesar de sus advertencias, Cheil siempre lo acompañaba. Sabía que era su forma de esforzarse.

Los sentimientos que tenía hacia Cheil ya no eran los mismos que antes. Al igual que una herida nunca sana por completo, su relación había cambiado. Sin embargo, ambos estaban haciendo un esfuerzo por construir un nuevo vínculo.

—Cheil.

Ante la llamada de Ruzerolt, Cheil se acercó a él. Aún llevaba vendas en varias partes del cuerpo. Aunque las vendas de sus manos y cuello eran visibles, no había rastros de sangre.

—Tengo algo que decirte.

Cheil abrió mucho los ojos y tomó la mano de Ruzerolt.

—Dime todo.

Ambos caminaron mientras conversaban. Reym, que se había quedado quieto, suspiró mientras observaba a los dos alejarse.

* * *

Para Reym, Cheil seguía siendo una molestia. Había sido el primero en darse cuenta de la doble naturaleza de Cheil, de su apariencia inofensiva que ocultaba una oscura interioridad. Y desde que se enteró de todo lo que Cheil le había hecho a Ruzerolt, su desagrado había aumentado aún más.

Sin embargo, Reym no podía negar el hecho de que Cheil había arriesgado su vida para cambiar la situación.

—Pero, aun así... ¡Ay!

Desde que regresaron al Norte, Cheil seguía como un perro a Ruzerolt. Y el hecho de que estuviera vendado por todas partes lo hacía parecer más un perro herido que un amo había rescatado.

La idea de que un extraño, de origen y edad desconocidos, se hubiera establecido en el Norte le resultaba desagradable a Reym.

Su creciente malestar pesaba cada vez más sobre sus hombros. Mientras cruzaba el almacén de la cocina, una voz baja lo detuvo.

—Parece que todavía no has logrado ocultar tus emociones.

Reym se sobresaltó y se giró. Cheil estaba parado a su lado.

—Eres tan silencioso como un ladrón.

—Quizás deberías culparte a ti mismo por no poder detectar mi presencia.

Reym frunció el ceño. Siempre que se encontraba con Cheil, sus emociones se intensificaban y su juicio se nublaba. Recordó la vez que estuvo a punto de desenvainar su espada contra él. Decidió no volver a caer en esa trampa y apretó los puños con fuerza.

—Cheil.

Cheil levantó una ceja, como invitándolo a continuar.

—Creo que ya has terminado tus asuntos en este lugar. ¿Cuánto tiempo piensas quedarte aquí?

Cheil asintió con calma y sonrió.

—¿Por qué crees que mis asuntos han terminado?

—No tienes ninguna razón para quedarte aquí.

—Mientras Ruzerolt esté aquí, me quedaré a su lado.

—¡No digas tonterías! Este es su hogar.

—Entonces, el Norte también es mi hogar.

Reym frunció el ceño con fuerza.

—¿Qué puedes hacer tú aquí?

—Puedo ayudar a Ruzerolt en lo que necesite.

—¿Crees que alguien como tú puede serle útil al Gran Duque?

Mientras hablaba, Cheil se acercó a la ventana de la cocina. Dos sirvientes estaban discutiendo, inclinados sobre una mesa.

—¡Ay, esto es complicado! No sé cuál de estas botellas tiene el vino de veinte años.

Delante de ellos había dos botellas idénticas. Una contenía un licor de un año y la otra, uno de veinte años de añejamiento. Uno de los sirvientes preguntó con incertidumbre:

—¿Podríamos probar un poco?

—¡Nos meteríamos en un lío si nos descubren!

—¡Debiste haberlas marcado mejor antes de traerlas!

—¡Claro que las marqué con un lazo! Pero cuando las abrí, ya no estaban los lazos.

Los dos sirvientes examinaron las botellas con una expresión sombría. Luego, con determinación, uno de ellos levantó una.

Al mismo tiempo, Cheil habló:

—Ninguna de las dos es.

Los sirvientes se giraron hacia la ventana, sorprendidos por la voz profunda. Se encogieron de hombros asustados.

—¿Qué?

—Ninguna de las dos tiene veinte años.

Los sirvientes se miraron entre sí, confundidos.

—¿Cómo lo sabe?

—Huelen diferente. Un licor añejado durante veinte años tiene un aroma más profundo.

—¿...eh?

—Si no me creen, pruébenlo. Aunque no sé si podrían distinguirlos por el sabor.

Los sirvientes estaban aún más confundidos por la respuesta de Cheil. Poco después, la puerta de la cocina se abrió y un hombre corpulento entró con una botella idéntica. Llevaba un lazo atado al cuello de la botella.

—Jerry, lo siento, me equivoqué de botella.

Cambió la botella que llevaba por una de las que estaban sobre la mesa.

—Estas dos tienen un año.

Los sirvientes miraron a Cheil asombrados. Cheil se encogió de hombros y guiñó un ojo a Reym.

—Parece que he podido ayudar en un asunto trivial.

Cheil pasó junto a Reym con paso tranquilo. Reym lo miró con una expresión de creciente irritación.

—Maldita sea.

Reym se giró en dirección opuesta a Cheil.

* * *

Unos días después, temprano por la mañana, Ruzerolt y Cheil se preparaban para partir hacia el Sur. Era evidente que sería un largo viaje. Sin embargo, solo tenían dos caballos preparados y su equipaje era escaso. Nesiem y River examinaban las provisiones con preocupación.

—¿Está seguro de que con esto es suficiente? Al menos podría llevar a un sirviente más... o al menos a River.

—Está bien. Cuanta más gente haya, más difícil será moverse.

Nesiem parecía aún más preocupado por la respuesta de Ruzerolt.

Este viaje era por petición de Denia y tenía que ver con los quimeras.

Denia era la única persona en el Imperio que conocía el secreto de Cheil y su relación con Ruzerolt. Para proteger su futuro, era necesario mantener el secreto de Cheil, por lo que no podían llevar a nadie más en este viaje.

Mientras trasladaban las cosas al carruaje, River también tenía una expresión preocupada.

—¿Ni siquiera podría acompañarlos?

Cheil le sonrió mientras revisaba el equipaje.

—No se preocupe. Cuidaré bien de él.

River parecía aún más desanimado.

—Cuiden bien del castillo, a todos.

Nesiem y River se inclinaron.

* * *

Navegaron hasta la capital, Chelatia, y luego viajaron en carruaje durante un día más hasta llegar a Meldine, en el Sur.

La biblioteca de Denia estaba construida en medio de un lago, como una isla.

Denia le había contado alguna vez por qué había construido la biblioteca allí. Había seleccionado los documentos más importantes y los había almacenado allí porque era fácil trasladar agua en caso de incendio, y también porque era difícil para los extraños acceder a ella. Gracias a su meticulosidad, pudo convertirse en príncipe heredero en lugar de su hermano mayor.

—Es bastante meticuloso.

Cheil hizo un breve comentario. Ruzerolt respondió en voz baja, casi inaudible.

—...Tú no te quedas atrás.

Cheil, siempre atento a Ruzerolt, lo escuchó perfecto.

Bajó la mirada hacia sus vendas. Todavía tenía todo el cuerpo vendado. Las vendas estaban limpias, pero para que nadie sospechara de su rápida recuperación, seguía fingiendo estar herido.

Cheil sonrió ante la broma de Ruzerolt.

—Tengo que hacer todo esto para poder estar a tu lado.

A la entrada de la biblioteca, que ya habían alcanzado, los esperaba un cuidador. Después de ayudarlos con el equipaje, les ofreció una breve explicación sobre las instalaciones.

—Vivo en aquella cabaña. Durante su estancia, pasaré por aquí a las horas de las comidas, así que si necesitan algo, no duden en pedirme.

Ruzerolt miró hacia la biblioteca y dijo:

—Intenta no venir a menos que sea para las comidas y las cosas necesarias. No quiero que me interrumpas en mi trabajo.

—Entendido. Descansen bien. Volveré esta noche.

Una vez que el cuidador se marchó, Cheil apoyó la cabeza en el hombro de Ruzerolt.

—¿Por qué le dijiste que no viniera?

—Porque no quiero que me interrumpan.

Ruzerolt buscó en su bolsillo y sacó una pequeña caja. Al abrirla, sacó una llave.

Ambos se dirigieron a la biblioteca central. La biblioteca de Denia, una villa de dos pisos, estaba construida de mármol y piedra. Cada paso producía un sonido nítido en el suelo liso.

La puerta de la biblioteca central era más gruesa y pesada que las demás. Al abrirla con la llave que había recibido de Denia, se encontraron con un espacio lleno de libros hasta el techo. Ruzerolt exclamó con asombro.

Entre las estanterías había varios especímenes que parecían pertenecer a quimeras. También había partes de cuerpos de animales, incluso algunos disecados, materiales inusuales que no se encontrarían en una biblioteca normal. Era un ambiente diferente a cualquier otra biblioteca que habían visto.

—Lo ha conservado bastante bien.

Cheil se detuvo frente a un espécimen de quimera. Era una criatura con una apariencia realista, una mezcla de conejo, caballo y otras formas, como si pudiera moverse en cualquier momento. Ruzerolt lo observó mientras examinaba los especímenes y preguntó:

—¿Conoces alguno?

—Algunos sí, otros no. Pero este... lo conozco.

Cheil se detuvo frente a un espécimen que solo tenía la cabeza. Era una mezcla de mono, rata y tenía cuernos que parecían de ciervo.

—Seguro que lo liberé del sótano.

Cheil apartó la mirada.

—Si hubiera sabido que acabaría así, habría preferido que muriera en el fuego.

Ruzerolt no respondió. Se sentía abatido. Pero Cheil, por su parte, parecía cada vez más interesado mientras exploraba la biblioteca.

—¿Dónde están los documentos de los que habló?

—Dijo que los había dejado sobre una mesa cubierta con un paño rojo. Es esta, creo.

Ruzerolt señaló un área con muchos libros y documentos. Pero no lo apresuró.

—Acabas de llegar. Descansa un poco y empecemos mañana.

Cheil asintió y comenzó a examinar las estanterías. Los libros tenían tapas de cuero idénticas. Mientras los examinaba uno por uno, sus ojos se detuvieron en un libro con una cubierta diferente. Abrió el libro y una de las páginas contenía una escritura única y una huella de mano de un bebé. Cheil se quedó mirando la página.

Ruzerolt se acercó a él.

—¿Qué libro es ese?

Cheil pasó a la siguiente página.

—...No puedo creer que esté aquí.

—¿Qué pasa?

Cheil giró el libro para que Ruzerolt pudiera verlo.

—Lo escribió Batius.

—¿Batius? ¿El que creó a las quimeras?

—Sí, el genio que revolucionó el imperio. Y mi padre.

Ruzerolt se detuvo un momento al escuchar la palabra —padre— salir de la boca de Cheil. Luego se acercó a él.

—¿Qué dice?

—Habla sobre mí.

Ruzerolt miró el libro con curiosidad.

El libro de Batius describía en detalle el crecimiento de Cheil desde su nacimiento hasta los cuatro años, como si se tratara de un registro de un experimento.


[Este niño muestra reacciones un poco diferentes a las de un humano normal. A pesar de ser un individuo joven, entiende mis palabras y responde de manera adecuada. Sobre todo, el hecho de que no llore para pedir cosas es una característica única que lo diferencia de los humanos comunes. Creo que este sujeto de experimento ha sido un gran éxito].


Al leer una de las frases, Ruzerolt se quedó rígido. Podía notar su malestar por la forma en que su aura, que antes flotaba con suavidad, se había congelado.

—¿Qué pasa? Yo estoy bien.

A medida que leía, el rostro de Ruzerolt se oscurecía cada vez más. El libro no contenía ni una pizca del amor que se siente un padre por su hijo o por un niño adorable. Solo había alegría por su exitoso experimento, admiración por el sujeto de experimentación y preocupación.

Ruzerolt tomó el libro y comenzó a leerlo, pero al final no pudo terminarlo y lo cerró. En lugar de devolvérselo a Cheil, lo guardó en la estantería.

—Cheil, ¿recuerdas algo de esa época?

—Casi todo. Debido a mis habilidades innatas, no olvido las cosas que he experimentado. En especial los recuerdos de vivir con Batius en la cabaña.

—¿Cómo era él como padre?

—Bueno, primero tendríamos que confirmar si realmente puedo llamarlo padre. Después de todo, biológicamente no lo es. Y además...

Si no cumplía con los estándares de perfección de Batius, lo golpeaba todos los días. Era un hombre que explicaba más con las manos que con las palabras. Sin embargo, también amaba mucho a su creación. Después de todo, Cheil era más perfecto que cualquier otra criatura que había creado, desde los materiales hasta su proceso de crecimiento. El amor que le enseñó estaba distorsionado. Ahora lo entendía.

—¿Sufriste mucho?

Los ojos de Ruzerolt estaban llenos de tristeza.

Batius lo crió con amor, sin duda. Pero era su propio tipo de amor, un amor que se ajustaba a sus propios estándares. ¿Habría llegado a ser así por haber aprendido el amor de Batius?

—Ni siquiera tuve tiempo de sentir dolor. No sabía si estaba bien o mal, si era normal o no.

Se dio cuenta de que su forma de vida no era normal hace poco. Probablemente nunca lo habría sabido si no hubiera conocido a Ruzerolt.

Ruzerolt miró el lugar donde había colocado el libro.

—No es el amor que un padre normal mostraría.

—En definitiva, no es un padre normal. Pero fue mi única familia durante un tiempo.

Así era. Hubo un tiempo en que trató de agradarle a Batius y de convertirse en la criatura perfecta según sus estándares. Se dio cuenta de lo tonto que había sido después de la muerte de Batius.

Ruzerolt se acercó a Cheil, que estaba perdido en sus pensamientos.

—¿No te sentiste solo?

—No tuve tiempo de sentirme así. Solo pensaba en convertirme en la criatura perfecta según sus estándares.

Ruzerolt acarició la cubierta del libro. Cheil extendió su mano y tomó la de Ruzerolt.

—Hay algo de lo que no me arrepiento, a pesar de haber salido de la compañía de teatro.

Cheil tomó la mano de Ruzerolt con fuerza.

—¿Qué es?

—Haber seguido a Eden. En realidad, Eden no parece muy confiable, ¿verdad? Dudé si debería seguirlo.

Sus manos se entrelazaron más fuerte.

—Si no me hubiera convertido en un bailarín, ¿cómo te habría conocido?

Se acercaron cada vez más hasta que sus cuerpos se tocaron.

—Incluso siento un poco de gratitud hacia Dexler y los del Norte.

Los brazos de Cheil rodearon la cintura de Ruzerolt.

—Si no hubieras estado solo en el Norte, ¿te habrías fijado en mí?

El cuerpo de Ruzerolt retrocedió un poco hasta chocar contra la estantería. Cheil apoyó la cabeza en el hombro de Ruzerolt.

—Si no hubiera ido yo a buscarte, o si no me hubiera convertido en bailarín, no habría ocurrido nada de esto que te hizo sufrir. Sé que lo mejor para ti sería que desapareciera. Pero... perdóname por no poder dejarte.

El peso sobre su hombro era el peso de su corazón.

—No puedo vivir sin ti. Te necesito para respirar. Puedes criticarme por ser persistente, pero... quiero que lo sepas, aunque quieras olvidarme... aunque quieras volver al pasado...

Su tono tranquilo demostraba que sus palabras eran sinceras. Ruzerolt acarició el cabello de Cheil.

—Cheil, hay algo que no sabes.

Cheil levantó la cabeza.

—¿Si volviera al pasado con estos recuerdos del presente, qué pasaría…? A veces he pensado en eso. Muchas veces. Pero al final, siempre llego a la misma conclusión. Creo que habría tomado la misma decisión.

Ruzerolt levantó la barbilla de Cheil.

—Si tuviera el recuerdo de haberte amado, con más razón, habríamos tenido el mismo final.

El corazón de Cheil comenzó a latir más fuerte. Sonrió con lágrimas en los ojos.

—Debería haber sido más sincero desde el principio.

Ruzerolt sonrió. Extendió su mano como invitándolo. Luego, atrajo a Cheil hacia sí. Cheil no se resistió y lo besó. Al chocar sus labios, escucharon un ruido sordo contra la estantería. Ruzerolt se sobresaltó y empujó a Cheil con suavidad.

—Espera, aquí es peligroso...

Cheil levantó a Ruzerolt en brazos. Sorprendido, Ruzerolt golpeó el hombro de Cheil. Cheil lo llevó hasta una mesa en un rincón y lo dejó allí.

—Nadie nos verá. ¿Pensabas que me quedaría como una estatua cuando me sedujeras?

—No es eso... es que...

—Shhh.

Los labios de Cheil se encontraron con los de Ruzerolt. Cheil presionó el cuerpo de Ruzerolt contra la dura superficie de la mesa.

—Solo yo puedo verte así. Nunca se lo compartiré a nadie.

—...

—Así que no te preocupes.

Cheil, como si quisiera calmar su sed, mordió el cuello de Ruzerolt y lo succionó con fuerza.

En el Castillo de Heinsley, no podían expresar su afecto de esa manera. Oficialmente, Cheil fingía estar enfermo, y además, Ruzerolt había heredado un título y estaba ocupado con sus nuevas responsabilidades. La añoranza hacia Ruzerolt, que se había vuelto más profunda, y la lucha interna por no interrumpirlo lo habían atormentado durante mucho tiempo.

Como si hubiera estado conteniendo la respiración, Cheil hundió su nariz en el cuello de Ruzerolt. Inhaló el aroma intenso del bosque. Al acercar su nariz a su pecho y respirar más hondo, se sintió como si estuviera en medio de un bosque invernal. Podía sentir la feromona de Ruzerolt, que se excitaba por la vergüenza.

Sin embargo, pronto Ruzerolt también extendió su mano hacia Cheil y comenzó a desvestirlo pieza por pieza. Habían pasado varios días desde la última vez que había revisado las vendas que lo envolvían. Con el deseo de examinar el cuerpo de su amante, Ruzerolt tiró de los nudos de las vendas uno por uno.

Gracias a que Cheil se dejó hacer, las vendas se soltaron con facilidad. Con cada vendaje que se desenrollaba, se revelaba más de su cuerpo suave. Piel oscura y músculos elásticos. Ruzerolt acarició la piel desnuda de Cheil y lo abrazó por el cuello. La sensación de la piel oscura bajo sus dedos era agradable.

Cheil se entregó. Mientras Ruzerolt exploraba su cuerpo con deleite, Cheil bajó los pantalones de Ruzerolt. Al tirar de la cintura y quitárselos, revelaron unas piernas blancas como la nieve. Contrastaba fuerte con su propia piel oscura.

No había nada que pudiera servir como lubricante en la biblioteca llena de especímenes. Cheil levantó las piernas de Ruzerolt y las cruzó sobre su cuerpo, luego insertó su miembro entre ellas.

—Ch- Cheil...

Ruzerolt trató de levantarse, pero Cheil lo presionó con fuerza.

—Ruzerolt, aprieta las piernas.

Cheil comenzó a moverse debajo de él. Ruzerolt agarró el borde de la mesa con fuerza. Luego, tomó la muñeca de Cheil.

—Ah… Cheil...

Estimulado por la fricción constante, Ruzerolt cerró los ojos y enrojeció. Se veía tan hermoso, adorable y maravilloso.

En un tiempo, había querido verlo llorar todos los días, pero ahora quería verlo sonreír más. Sin embargo, el deseo de hacerlo llorar aún no se había extinguido. Todavía no se entendía a sí mismo. Parecía más difícil comprender la mente humana que los instintos.

Ruzerolt comenzó a morderse los labios. Cada vez que sus labios rojos se torcían con emoción, Cheil sentía una extraña excitación. Sobre todo cuando reaccionaba así debajo de él.

—Cheil... espera...

Esta hermosa persona ahora era suyo. Solo suyo. Los momentos en los que estuvo a punto de perderlo volvieron a su mente como un rayo.

—Cheil... ¡ah!

Ignorando su mano que trataba de detenerlo, lo besó. Mordió su labio inferior, lo giró y lo mordió de nuevo, introduciendo su lengua en su boca. Continuó con sus caricias invasivas, a pesar de que no eran del gusto de Ruzerolt, y él solo lo aceptaba todo. Eso encendió aún más el fuego en el corazón de Cheil. 

Mío, mi persona, mi amante. Mi propio bosque, mi propia joya.

A medida que su deseo crecía, sus movimientos se volvieron más intensos. Ruzerolt trató de contenerlo, contrayendo sus caderas. Cheil finalmente se vino sobre el abdomen de Ruzerolt. 

Separó sus labios.

—Hah...

Ruzerolt respiró con dificultad. Con cada respiración, el semen que había acumulado en su abdomen se deslizaba hacia un lado. Cheil separó las piernas de Ruzerolt y se sentó entre ellas, apoyando su miembro sobre el vientre de Ruzerolt.

—Tócame, Ruzerolt.

Tomó las manos de Ruzerolt y lo hizo tocar sus genitales. Cuando recogió el semen acumulado y lo frotó sobre su miembro, todo su miembro terminó convertido en un lienzo blanquecino. Mientras frotaba su pene contra la mano de Ruzerolt y la parte inferior de su abdomen, su pene volvió a endurecerse en un corto período de tiempo.

—Haa… Ruze…

Cheil levantó la parte inferior de su cuerpo y apretó la parte posterior de las rodillas de Ruzerolt. Luego se inclinó y bajó la cabeza. Ruzerolt, al confirmar donde fueron a parar esos labios, intentó huir sorprendido.

—¡Cheil…!

Sin embargo, los labios de Cheil ya habían tocado la parte inferior del cuerpo de Ruzerolt. Cheil puso sus labios en su agujero. Besó el área alrededor de la delicada carne y lamió el agujero con la lengua. Mientras Ruzerolt luchaba, la mano que sostenía su pierna se hizo más fuerte.

Los labios subieron hacia el perineo. Mientras la suave carne era succionada y mordida como si quisiera atormentarlo, la tensión en Ruzerolt disminuyó. 

Sin perder la oportunidad, Cheil bajó la lengua y cavó en el hoyo. Entonces las piernas de Ruzerolt temblaron, pero Cheil no le prestó atención y siguió moviéndose dentro de él.

Satisfizo su deseo saboreando el cuerpo con aroma a bosque y colocando sus labios en el muslo suave y carnoso. Queriendo oler más, metió la nariz entre los genitales y el vello púbico de Ruzerolt e inhaló. Las feromonas fluyeron con más densidad. 

Se levantó y limpió el semen que había quedado en el vello público con el dorso de su mano. 

El rostro de Ruzerolt estaba rojo de vergüenza.

—Ruze.

Cheil abrió las piernas de Ruzerolt y las presionó hacia arriba.

—Tú eres mío.

Luego, presionó su pene cubierto de semen en el agujero.

—¡Ahg..!

Cuanto más profundo iba su pene, más temblaba el cuerpo de Queralt. El contraste entre el cuerpo blanco puro y el pene oscuro que asomaba por el agujero de color claro lo hacía sentir aún más erótico. Verlo luchando por tragar lo que le estaban empujando hizo que su corazón volviera a latir.

Vio a Ruzerolt mordiéndose el labio inferior. Sus movimientos expresaban lo agobiante que se sentía ahora mismo. 

Tomó su cintura y empujó más adentro, quería tocar fondo. 

Cheil frotó la parte baja del abdomen de Ruzerolt, queriendo consolarlo. No se percató del semen semi seco y pegajoso que tenia pegado en la mano.

Quería tener a Ruzerolt hasta el final. 

Cheil lo agarró por los tobillos y lo empujó más arriba. Al mismo tiempo, alejó un poco su cintura. En ese pequeño fragmento de momento Ruzerolt sintió alivio, pero luego, su cintura fue empujado con fuerza.

—¡Ugh…!

Ruzerolt se tapó la boca sorprendido ante el sonido que salió sin su consentimiento.

—Estás bien. No hay nadie.

Cheil sacudió más fuerte su cintura. El cabello plateado revoloteó y se balanceó.

Los árboles del bosque se mecían con el fuerte viento y despedían un fuerte olor. 

El sólido pecho de Ruzerolt tembló al mismo tiempo que la fuerte penetración. Es como si la nieve de las hojas fuera sacudida por las vibraciones que golpean la base. 

Quería verlo mejor. Empujó su cintura con fuerza y se escuchó un chapoteo. Su pecho vibró más fuerte que antes.

—¡Haa… ah!

La mesa crujió con fuerza. La mano de Ruzerolt, buscando un lugar donde sostenerse, se dirigió a la esquina del escritorio. Los tendones gruesos se hincharon en sus antebrazos mientras agarraba la parte superior del escritorio.

—Ahaa… Ruze…

Era un cuerpo tan hermoso que rozaba lo divino. Una piel resplandeciente, un rostro perfecto sin ningún defecto, una postura recta y elegante... Y el hecho de que ante él se mostrara tan deshecho era indescriptiblemente excitante. 

Ruzerolt giró la cabeza hacia un lado, sus ojos enrojecidos. Su cabello, agitado, trataba de ocultar su mirada. No podía soportar que aquellos ojos no estuvieran puestos sobre él.

—Ruze, mírame.

Cheil susurró como suplicando, inclinando su cuerpo hacia adelante. Su cadera seguía sacudiéndose sin parar.

—¿Sí? Mírame.

Y Ruzerolt, obedeciendo, fijó su mirada en él. Era tan adorable que lo volvía loco.

—Haa…

Me volvía loco de amor por él.

Volvió a besarlo y Ruzerolt rodeó su cuello con sus brazos de forma natural. Cuanto más lo movía, más fuerte mordía Ruzerolt su cuello. La pared interior que contenía su miembro se contraía cada vez con más fuerza.

—Ugh, relájate, Ruze.

—¡Ah! ¡Ugh!

En lugar de aflojar la presión en el interior, Ruzerolt succionó su cuello aún más fuerte. Sentía cómo algo se hinchaba sobre su vientre.

—Ah, ah, Cheil... ¡Así...sí!

Podía sentir cómo la base del pene de Ruzerolt se hinchaba cada vez más. Cheil se mordió el labio.

También estaba llegando a su límite. Intentó contenerse, pero la estimulación constante y la imagen de Ruzerolt lo excitaban más allá de lo imaginable.

Ruzerolt rasgó su espalda mientras temblaba. Al mismo tiempo, un líquido húmedo brotó entre sus vientres. Cheil, que había estado aguantando hasta el límite, cedió. Sacó su pene del interior de Ruzerolt. Estaba a punto de explotar.

Al sacarlo a la mitad, Ruzerolt soltó un pequeño gemido. Su miembro, una vez fuera, tenía la base hinchada como la de Ruzerolt. Frotando su miembro contra el de Ruzerolt, movió mis caderas varias veces. Un líquido blanco espeso brotó sobre el vientre de Ruzerolt. Ambos líquidos viscosos se pegaron a sus vientres y cuerpos, goteando sobre la mesa y el suelo.

Ruzerolt acarició la mejilla de Cheil mientras trataba de regular la respiración.

—¿Por qué no… dentro...?

—Por si acaso. No puedo hacerte pasar por lo mismo otra vez.

Si bien era cierto que un humano no podía llevar el hijo de un quimera en su interior, lo que habían vivido juntos fue una pesadilla que nunca olvidarían. Cheil no podía hacerle pasar por eso otra vez a Ruzerolt.

—Ambos estamos hechos un desastre.

Ruzerolt sonrió mientras miraban sus ropas desordenadas. Cheil usó las vendas desatadas para limpiar a grandes rasgos el cuerpo de Ruzerolt y el semen derramado.

—Creo que lo mejor sería que me duchara primero.

Cuando Ruzerolt intentó arreglar su ropa, Cheil lo levantó en brazos. Sorprendido, Ruzerolt golpeó el hombro de Cheil.

—Cheil, bájame.

—Te bajaré después de ducharnos.

Ocultando su cuerpo con un trozo de tela, Cheil se dirigió al baño.

La villa, que había sido una biblioteca para Denia, estaba equipada de manera lujosa con instalaciones de baño para un príncipe heredero y todo lo demás.

Una vez llegaron a la gran bañera, Cheil bajó a Ruzerolt al suelo.

—Te dijo que lo haría a tu manera, ¿no? No debes preocuparte.

Ruzerolt solo frunció un ceño ante las palabras de Cheil, sin responder. No podía hacer nada más hasta que se limpiara el cuerpo sucio.

Sin otra opción, Ruzerolt se quitó toda la ropa. Luego, usando la toalla húmeda que Cheil le había dado, se limpió el cuerpo con cuidado. Cheil ya estaba dentro de la amplia bañera de mármol.

—Entra.

Cheil extendió su mano.

—Denia podría regañarnos.

Ruzerolt sonrió con un poco de amargura y tomó la mano de Cheil para entrar.

—No parecía alguien tan cerrado de mente. Es alguien que sabe evaluar bien lo que le conviene, así que esto no es gran cosa. Tal vez incluso piense que está obteniendo mucho a cambio por usarme.

Cheil atrajo a Ruzerolt hacia él con naturalidad.

—Así que no te preocupes.

—Hablas como si lo conocieras mejor que yo.

Sentados frente a frente, Ruzerolt llenó sus manos con agua y la vertió sobre el cabello de Cheil para limpiar el semen seco. Luego, acarició sus hombros y pecho. Su piel oscura y brillante y sus músculos bien definidos lo hacían parecer un semental marrón.

—Lo sé.

Cheil volvió a besarlo. Ruzerolt aceptó el beso de forma natural. Cuando sus labios estuvieron entrelazados por un largo rato, Cheil levantó a Ruzerolt en el aire y lo sentó sobre él. De forma natural, Ruzerolt quedó sentado sobre el pene de Cheil.

Incluso el más mínimo movimiento en el agua tranquila creaba grandes olas. Ruzerolt se movía de arriba abajo, liberando una fragancia intensa.

Al verlo montándolo como si fuera una silla de montar, el fuego volvió a encenderse en su interior.

Sintió un calor intenso en su bajo vientre.

—Ruze.

Cheil levantó los ojos, llenos de lujuria. Ruzerolt acarició su mejilla y su barbilla.

—Me gusta complacer tus caprichos. Aquí no tienes que reprimirte. Como dijiste, nadie nos ve.

Como siempre, Ruzerolt era considerado. Incluso en estos momentos, era capaz de percibir y satisfacer sus deseos. Cheil anhelaba que la gentileza de este hombre fuera solo para él, exclusivamente para él.

—¿Puedo hacer lo que quiera?

Ruzerolt asintió. Luego, levantó su cadera para ajustar el glande de Cheil debajo de él. Ruzerolt no lo sabía. No tenía idea de lo sucio que podía ser. Parecía no tener idea de cuánto podría destruirse a sí mismo si usaba su cuerpo a su antojo sin ningún afecto o amor hacia él.

Observó cómo lo succionaba. 

Como no entraba de una vez, Ruzerolt subió y bajó su cadera, engulléndolo poco a poco.

—Ruze, tú en serio...

Cheil deslizó sus brazos debajo de las rodillas de Ruzerolt.

—No sabes nada.

Luego, sujetando sus nalgas con sus manos, lo levantó.

—¡Ah!

El cuerpo de Ruzerolt se elevó, haciendo que su peso se concentrara en la parte inferior, lo que provocó que sus caderas se unieran aún más. Con su cuerpo ahora penetrado, Ruzerolt rodeó el cuello de Cheil con sus brazos.

—Cheil, Cheil...

Cheil continuó adentrándose más profundo. Cada vez que se movían, el agua entraba en Ruzerolt. Y con ella, el glande de Cheil penetraba más hondo.

El aroma del bosque se esparcía por el agua, creando la ilusión de estar en medio de una selva exuberante. Cheil levantó y bajó el cuerpo de Ruzerolt múltiples veces, meciéndolo. Ruzerolt era para él como un bosque querido y familiar, como la luz que lo había guiado hacia un futuro brillante. La razón, que le decía que no debía contaminar a alguien así, chocaba con el deseo que surgía de lo más profundo de su ser, un deseo que lo arrastraba hacia abajo.

Quería poseerlo para siempre, encerrarlo para que no viera la luz. Pero no podía ser. Si él supiera de estos deseos tan inhumanos, de estos sentimientos tan sinceros... no podría permitirle que hiciera lo que quisiera.

Con gran esfuerzo, reprimió sus deseos sucios y expresó su anhelo a través de acciones. Cheil mordió el hombro de Ruzerolt y levantó sus caderas.

—¡Che…il! ¡Ah!

Ruzerolt dejó escapar un gemido entrecortado, mezcla de placer y dolor. El miembro de Cheil se había hinchado. Su base era como un puño, y su longitud se había duplicado. La sensación de estar tan lleno hizo que los dedos de los pies de Ruzerolt se curvaran. Temblaba como si todo su cuerpo estuviera rígido.

—Ah... uhg…Cheil... Cheil...sí…

Otro chorro de líquido de Ruzerolt explotó entre sus vientres. Cheil gruñó como una bestia y chupó el hombro de Ruzerolt. Agarró sus nalgas con fuerza, casi como si quisiera partirlas por la mitad, separándolas y revelando la carne pálida que contenía el miembro oscuro.

Las arrugas, estiradas al máximo, envolvían el falo hinchado, creando un círculo perfecto. Cheil introdujo más su miembro en el interior de Ruzerolt y comenzó a moverse. Los gemidos de Ruzerolt se convirtieron en gritos. El agua se agitaba con cada movimiento violento. Cuando la ola alcanzó su punto máximo, Cheil se encogió de hombros y empujó su miembro hasta el fondo. Al mismo tiempo, sus muslos y testículos temblaron. Ante la sensación de estar lleno, Ruzerolt se estremeció. Con voz ronca, llamó a Cheil mientras le acariciaba la espalda. Cheil abrazó con fuerza a Ruzerolt.

—No seas tan amable con nadie más.

Ruzerolt levantó la cabeza, empapada de sudor.

—¿Qué quieres decir?

Cheil volvió a abrazar a Ruzerolt y cerró los ojos.

Quería decir que no mostrara la misma compasión y consideración que había mostrado hacia él con nadie más, sin importar cuán miserable o lamentable pareciera. Quería decir que él era suyo para siempre, una declaración que no podía pronunciar. Sus sentimientos por Ruzerolt seguían creciendo.

* * *

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