Deséame Chapter 158

 Capítulo 158

* * *

—Huu.

Ezra suspiró profundamente mientras miraba a un lado de la pared con ojos vidriosos. Su mente estaba en blanco, incapaz de pensar en nada. Por hábito, llevó el vaso a sus labios y se detuvo en seco. Sólo entonces se dio cuenta de que el vaso estaba vacío y maldijo en voz baja.

Inclinó la botella ya medio vacía cuando de repente sintió una presencia. Ezra giró la cabeza y se quedó paralizado. Su esposa demacrada estaba apoyada contra el marco de la puerta.

—Sandra...

Ezra se sorprendió por un momento y se le pasó la borrachera de golpe. Se levantó apresuradamente y al acercarse, vio cómo las sombras acentuaban sus mejillas hundidas, haciéndola parecer aún más demacrada. Conteniendo las lágrimas que amenazaban con desbordarse, abrió la boca.

—¿Por qué saliste? ¿Necesitas algo? ¿Quieres agua?

Mientras él se apresuraba a mirar a su alrededor, ella negó con la cabeza.

—No, estoy bien. Solo quería ver por qué estabas despierto...

—No pasa nada, no te preocupes.

La habló tranquilo y le dio un beso en la frente, pero Sandra seguía mirándole con expresión preocupada.

Últimamente, su marido había estado así cada noche. Fingía estar bien, pero cuando acostaban a los niños y se quedaba solo, empezaba a beber en la cocina, se emborrachaba y luego caía rendido sobre la mesa y dormía hasta el amanecer. A Sandra le partía el corazón verlo así.

—¿Qué te pasa, Ezra? Dímelo, ¿es por dinero?

—No, no, Sandra. No es eso.

—Claro que lo es. Lo siento, por mi culpa... Pediré ayuda a mi padre otra vez.

—No, no lo hagas. Está bien, Sandra. De verdad.

La madre de Sandra falleció joven y su padre se volvió a casar, por lo que no tuvieron contacto durante mucho tiempo. En medio de todo eso, reuniendo apenas el coraje encontrándose en una situación inevitable, le pidió un favor, pero él la rechazó fríamente. Sandra, que solo recibió insultos a cambio, lloró durante medio día. Ezra no podía permitir que su esposa, que ya se encontraba mal de salud, sufriera otra humillación semejante.

—Está bien, Sandra. Podemos resistir.

Ezra la abrazó con fuerza. Pero en realidad Sandra no estaba equivocada. La situación familiar de Ezra no era muy diferente. Había perdido el contacto con sus padres desde hacía mucho tiempo, por lo que ambos estaban solos en el mundo. Por eso se aferraban tanto el uno al otro, pero...

Toc, toc, toc.

Justo cuando exhalaba otro suspiro, unos golpes en la puerta lo sobresaltaron. Sintió a Sandra estremecerse en sus brazos. Los dos se miraron con caras desconcertadas. ¿Quién podía ser a esa hora?

—Entra a la habitación.

Después de asegurarse de que Sandra obedecería, Ezra salió de la cocina. Al echar un vistazo por la ventana de la sala de estar, se sorprendió al ver a dos hombres de pie frente a la puerta, a uno de los cuales reconoció. Se asustó al ver al hombre alto y pelirrojo y se dirigió a la puerta principal. Ezra abrió la puerta, asomó la cabeza y abrió la boca.

—Dane, ¿qué haces aquí a esta hora...?

Antes de que pudiera terminar, Dane lo agarró por el cuello y lo arrastró lejos. Antes de que pudiera comprender lo que estaba sucediendo, Ezra se estrelló contra la pared con un golpe sordo y gritó.

Entonces, Dane se inclinó hacia él bruscamente y escupió:

—¿Qué le hiciste a Grayson?

32


La repentina situación dejó a Ezra impactado. Entre sus jadeos de pánico, se percibía el fuerte olor a alcohol. Dane, con el ceño fruncido, apretó los dientes y escupió: 

—¿Vendiste a Grayson y te viniste a emborracharte? Ezra, estoy decepcionado. Eres un pedazo de mierda. 

—¿V-vender dices? ¡N-no, no es eso! ¡No sé, no sé nada! 

Dane apretó con fuerza el cuello de Ezra que tartamudeaba desesperado. De inmediato, un gemido doloroso salió de su boca al quedarse sin aliento. Con el rostro enrojecido por la falta de aire, Ezra apenas logró emitir un sonido. Al ver esto en silencio, Joshua finalmente abrió la boca: 

—Cálmate un poco, Dane. Si se desmaya, solo perderemos tiempo. 

El hombre de voz y expresión frías daba más miedo que Dane, quien parecía furioso hasta el extremo. Tras revisar su reloj, añadió con tono gélido: 

—Suéltalo, se va a desmayar. 

Al oír eso, Dane chasqueó la lengua y aflojó el agarre. Ezra se desplomó en el suelo al instante. 

—Ugh, cof, cof, cof..

Mientras se sacudía tosiendo, Dane lo miró un momento y luego intercambió una mirada con Joshua. Este último, que estaba mirando el reloj en su muñeca, asintió brevemente, y Dane inmediatamente agarró a Ezra por la nuca, lo levantó y lo arrojó contra la pared.

—¡Ah! 

Mientras tragaba aire y soltaba un grito, Dane, justo detrás de él, murmuró en voz baja mientras le restregaba la cabeza contra la pared.

—Habla rápido. Cuanto más tardes más difíciles se pondrán las cosas. 

—¡No, no, s-suéltame... Ah! 

Ezra forcejeó, pero entre la borrachera y la fuerza abrumadora de Dane, solo logró rozar la pared y retorcerse. Joshua, observando, se echó un mechón de pelo hacia atrás sobre la frente y aconsejó: 

—No hay tiempo. Metámoslo en el maletero. 

—¿Q-qué? 

Ezra abrió los ojos de par en par por la sorpresa. Joshua lo miró sin expresión. 

—Si seguimos aquí, despertaremos a todos. Hay que ser considerados con los vecinos. 

Su tono era educado, pero sus verdaderas intenciones estaban en otra parte. Evitar que alguien llamara a la policía por los gritos. Joshua añadió en un tono aparentemente amable dirigiéndose a Ezra, quien se había quedado pensativo después de notar el significado oculto.

—Incluso el soldado más valiente gritaría de dolor si le cortaran un dedo. 

La sonrisa en su rostro era refrescante, pero eso lo hacía aún más espeluznante. Ezra, viendo sus ojos verdes, pensó que debía ser un Alfa dominante. Solo así podría decir algo tan horrible con tanta liviandad, como un cartel publicitario de California sonriendo mientras sostiene una naranja recién recogida bajo el sol brillante. 

—¡No, no! ¡Por favor, déjenme… No! 

Ezra gritó mientras Dane lo levantaba. Mirándolo mientras luchaba, Dane dijo: 

—Qué ruidoso. Debería dejarte inconsciente. 

—¡No! ¡Espera un momento! ¡Espera un momento! 

Ezra se puso pálido y gritó al ver que le tapaban la nariz y la boca. 

—Yo, yo lo hice. Yo lo hice... 

Confesó entre lágrimas. Dane intercambió una breve mirada con Joshua antes de soltarlo. Los dos hombres se pusieron de pie y lo miraron con rostros fríos. 

—Habla. Cuéntanos qué pasó. 

Ezra comenzó a tartamudear mientras revelaba torpemente lo ocurrido. Desde el momento en que un hombre se le acercó mientras luchaba por conseguir dinero, hasta el momento en que tomó el dinero y atrajo a Grayson, hasta el último recuerdo de él siendo secuestrado frente a Ezra.

Dane, que había estado escuchando todo con una expresión sombría, dejó escapar una exclamación de asombro tan pronto como terminó de hablar.

—¿Así que te has callado desde entonces? ¿Fingiendo que no pasó nada? 

—¡Yo también sufrí! 

Ezra gritó, sollozando.

—¡ Yo también! ¡Yo también he estado sufriendo de culpa todo este tiempo! ¡Incluso ahora, no puedo dormir por… lo que le hice a Miller! 

Dane y Joshua se quedaron en silencio por un momento al ver al hombre tendido en el suelo, llorando fuerte como un niño. Aunque lo habían sospechado, conocer la verdad los dejó atónitos. Dane se llevó una mano a la frente mientras maldecía en voz baja. Joshua, que observaba desde un lado, se acarició la barbilla, sumido en sus pensamientos. 

El tiempo seguía pasando. No podía dejar que esto durara para siempre. 

—Habla 

Ezra, que había estado sollozando hasta entonces, se detuvo ante la voz áspera de Dane. Dane apretó los dientes mientras miraba el rostro hinchado del hombre adulto que lo miraba fijamente, con lágrimas todavía acumuladas en los ojos.

—Dinos dónde están esos bastardos. 

—Yo, yo no sé… En serio, no lo sé.

Ezra negó repetidamente con la cabeza. 

—Simplemente llevé a Miller al lugar que me dijeron. Ese fue el último día... No he tenido contacto con ellos desde entonces. De verdad.

Repitió las mismas palabras como suplicando que le creyeran. Ante esas palabras, Dane frunció el ceño y se le ocurrió una solución.

—Entonces haz que salgan. 

Los ojos de Ezra se abrieron de par en par por la sorpresa. Dane continuó con su discurso amenazante.

—Di lo que sea para que esos cabrones vengan a verte. Nosotros nos encargaremos del resto. 

—¡No...! ¡No, no, no, eso no! 

Ezra palideció al instante y sacudió la cabeza con desesperación. 

—P-perdón. Pero si lo hago, Sandra y mis hijos estarán en peligro. No sabes lo terribles que son esos tipos. Lo saben todo sobre mí. Si descubren que les he contado incluso esto, definitivamente no me dejarán ir. ¡Podrían hacerle daño a mi familia! 

Josué, que hasta entonces había estado observando en silencio, abrió la boca en voz baja mientras Ezra gritaba desesperado.

—¿Crees que Ashley Miller dejará tranquilos a tus hijos? 

Esas palabras hicieron que Ezra se congelara. El vecindario, sumido en la oscuridad, quedó en silencio en un instante. Joshua miró a Ezra, que parecía haber perdido el alma, y le lanzó un ultimátum: 

—Elige. Vas a mantener la boca cerrada y dejar que maten a toda tu familia, o vas a confesar ahora y cargar tú solo con la culpa ante Ashley Miller.

Ezra simplemente los miró sin decir nada. La fría brisa nocturna rozó sus cuerpos.

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