Deséame Chapter 175

 Capítulo 175

Grayson, que hasta entonces solo miraba al frente, lo miró de reojo. Dane fijó los ojos en Grayson y volvió a hablar. 

—Aquella noche, viniste a la habitación, ¿verdad? ¿Qué demonios hiciste?

A pesar de preguntar directamente, pensó para sus adentros qué haría si él negaba ser el responsable. En realidad, no tenía ninguna prueba. Sus ojos, cubiertos por vendas y un parche, no podían distinguir ni siquiera la luz más tenue, y tampoco había rastro del olor a feromonas. No existía ninguna evidencia de que los pasos que escuchó pertenecieran a este tipo. Si intentaba negarlo… 

Entonces, Grayson soltó un bufido como si dejara escapar el aire y se echó a reír.

—¿Cómo lo supiste? 

Afortunadamente, confesó sin resistencia. Quizás juzgó que era mejor admitirlo de una vez. De todos modos, Dane debería haberse sentido satisfecho con el resultado que había obtenido, pero, desafortunadamente, no fue así. En cambio, frunció el ceño y lo miró con una expresión de incredulidad.

«¿Qué pasa con este tipo?»

No lograba entenderlo. Mientras estuvo inconsciente, Grayson lo visitaba todos los días, pero en cuanto recuperó la consciencia, desapareció. Cuando no podía ver, apareció de la nada solo para esfumarse otra vez. Y después de no mostrarse en absoluto durante todo ese tiempo, apareció de pronto el día de su alta.

—¿En qué estás pensando? 

Ante la pregunta de Dane, Grayson se limitó a reír a carcajadas. Esa reacción le hizo intuir que no obtendría una respuesta coherente. Igual que había sabido sin ninguna prueba que éste era el hombre que había acudido a su habitación del hospital aquel día.

—¿Para qué fuiste a mi habitación? Esa noche. 

Aunque no podía ver, podía estimar la hora por los movimientos del personal médico. Además, ese día, el personal le había deseado buenas noches a Dane. Grayson había llegado antes de que el personal que anunciaba el amanecer llegara. Entonces, debía ser aproximadamente entre la medianoche y las tres o cuatro de la mañana. Era una hora demasiado extraña para una visita, y la duda de Dane no hacía más que crecer. 

La curiosidad no terminó ahí. 

—Si viniste, al menos podrías haberte hecho notar, ¿por qué simplemente te fuiste?

Hizo otra pregunta, pero Grayson seguía sin responder. Solo esbozó una sonrisa. Dane apretó los dientes al verlo, y su frustración se desbordó. 

—¿De verdad no me lo vas a decir? ¡Dime por qué viniste a esa hora! ¿Qué querías de mí? 

Al gritar con voz áspera, Grayson, que hasta entonces solo miraba al frente, respondió: 

—Para matarte. 

—¿Qué? 

Los ojos de Dane se abrieron ante las palabras inesperadas. En un instante, un tenso silencio cayó entre ellos. Dane, que estaba mirando confundido el perfil de Grayson, abrió la boca.

—…¿Estás mintiendo? 

—Sí. 

«Este maldito».

Dane sintió que la sangre le subía a las sienes ante esa única palabra que respondió con tanta naturalidad. Si Grayson no hubiera estado al volante, no habría dudado en golpearle la cabeza. Apretó los puños al recordar que el coche era autónomo, pero luego los aflojó. En su lugar, dejó escapar un suspiro y murmuró con voz agotada: 

—Tú, modérate un poco. 

Grayson sólo soltó una risita a Dane, quien se recostó en su asiento tras decir aquello. El coche siguió su camino en silencio, llegando finalmente a la mansión. 

* * * 

La mansión, visitada después de tanto tiempo, estaba mucho más silenciosa de lo que recordaba. Tanto, que incluso se sintió un poco aturdido.

Grayson salió primero del auto y rápidamente giró el capó para ayudar a Dane a salir, pero Dane abrió la puerta del auto antes de que pudiera hacerlo y se puso de pie, apoyándose en las muletas.

—¿Dónde está Darling? 

Al oír la pregunta de Dane, erguido y firme, Grayson retiró las manos torpemente extendidas y esbozó una sonrisa. 

—En tu habitación. Le gusta los lugares familiares.

Lo que dijo era verdad. Una decisión acertada, pero las piernas de Dane eran un problema. Cuando pensó en subir las numerosas escaleras, no pudo evitar soltar un gemido de dolor. Entonces, de repente, Grayson lo levantó en brazos.

—¿Qué- qué haces? 

Dane estaba tan sorprendido por la inesperada situación que dejó escapar un grito sin darse cuenta. Pero Grayson lo ignoró y, cargándolo sin esfuerzo, subió los escalones con paso firme hasta llegar al piso donde estaba el dormitorio. 

—Está bien. Ya llegamos. 

Con tono amable, Grayson lo bajó y volvió a sonreír. Dane, tambaleándose al pisar el suelo, miró instintivamente hacia abajo, más allá de la barandilla. Después de subir esas interminables escaleras cargándolo en brazos, y aun así no mostraba ni el menor indicio de estar sin aliento,

«Qué fuerza monstruosa».

Dean, sorprendido, lo recordó nuevamente.

«Debe ser por su genética». 

—Realmente te envidio por eso. 

Lo dijo sin segundas intenciones, dándole unas palmaditas en el brazo a Grayson. Subir las escaleras de manera tan cómoda no dejaba lugar para quejas. Excepto, quizás, el hecho de que él había sido llevado como una princesa de Disney.

Ignorando el hecho desagradable, Dane se dio la vuelta y se dirigió hacia la habitación en la que se había estado alojando. Grayson lo siguió sin decir una palabra. 

—¡Darling! 

Al abrir la puerta, lo primero que vio fue a la gata recostada tranquilamente en lo alto de la torre para gatos. Dane llamó su nombre en voz alta y se apresuró hacia ella. Aunque ya se había acostumbrado bastante a las muletas, no podía moverse con la libertad que le hubiera gustado. Cojeando, se acercó a toda prisa y, para no asustar a Darling, acercó primero el dorso de la mano a su nariz. La gata que había estado olisqueando de repente levantó la cabeza. Con cuidado, Dane envolvió su cabeza con la palma de su mano y le acarició la frente con el pulgar. —Miau. 

Darling emitió un sonido y se incorporó. Dane recogió con cuidado a Darling mientras la gata olfateaba a su alrededor, aparentemente buscándolo. Una vez en sus brazos, la gata comenzó a maullar frenéticamente, frotando su cabeza contra el pecho de Dane y retorciéndose sin saber qué hacer.

—Lo siento, Darling. Te hice esperar. 

Dane se disculpó de corazón y besó a Darling en la cabeza. Mientras tanto, la gata no dejaba de moverse en sus brazos, incapaz de contener su emoción. Después de observar con cariño a Darling un rato, Dane giró la cabeza de repente y encontró a Grayson. Seguía en la puerta, sin alejarse mucho, observándolos en silencio. Dane carraspeó y luego habló.

—Gracias por cuidar de Darling. 

—No hice gran cosa. 

Grayson desestimó el agradecimiento con indiferencia. Dane, un poco tarde, le preguntó:

—Pero… ¿por qué está Darling aquí? ¿Yeonwoo no la estaba cuidando? 

—Bueno… 

Grayson se encogió de hombros. 

—Los gatos prefieren los lugares familiares. Por eso la traje. 

«No es bueno cambiar el entorno con frecuencia», pensó Dane, pero no quería criticar la acción de Grayson, que había mostrado cierta consideración. Más que nada, él había recibido un favor de manera unilateral, y no era correcto quejarse por cada pequeño detalle. 

Por eso, en su lugar, expresó su agradecimiento una vez más.

—Gracias. Gracias a ti, Darling parece estar bien. 

Ante las sinceras palabras de Dane, Grayson esbozó una sonrisa. 

—Entonces, me alegro. 

Después de que la conversación se cortase, un silencio incómodo surgió de la nada. Que hubiera ese tipo de silencio frente a Grayson, quien siempre parloteaba sin cesar, hizo que Dane se sintiera repentinamente desconcertado. Buscó en su cabeza algo que decir y luego abrió la boca torpemente. 

—Bueno, entonces me retiro…

Después de una despedida superficial, metió a Darling en el transportín. Una pieza con logotipos de lujo incrustados, sin duda algo exorbitantemente caro, pero eso no le importaba. 

«Supongo que lo dejó para que yo lo usara de todos modos».

Con ese pensamiento, Dane salió de la habitación cargando el transportín donde iba Darling. 

—Dane. 

Mientras caminaba hacia las escaleras, Grayson de repente lo llamó. En lugar de preguntar qué quería, Dane se giró y vio que Grayson señalaba hacia atrás con el pulgar. 

—Hay ascensor. 

—…Ah. 

Dane estaba tan sorprendido que se quedó boquiabierto. Cojeando, siguió a Grayson y, tras unos pasos, apareció la puerta del ascensor. Mientras esperaban a que la máquina subiera tras pulsar el botón, Dane frunció el ceño y preguntó: 

—¿Solo funciona para bajar? 

—No, también sube, por supuesto. 

«Así que me llevó en brazos a pesar de que había un ascensor…»

Al recordar la vergonzosa posición en la que había estado, su rostro se contorsionó involuntariamente. «¿Acaso este tipo disfruta hacer las cosas más difíciles de lo necesario?». Los ricos realmente son incomprensibles.

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