Ketron Chapter 11

 Capítulo 11

Mientras Ketron se bañaba, Eddie colocó frente al baño ropa que le podría quedar. Solo ropa interior y pantalones, pues era demasiado grande para encontrar una camisa que le sirviera, y comenzó a limpiar la habitación. 

Aunque Ketron no había tocado ni usado nada durante esos tres días, el polvo siempre se asienta en silencio. 

A pesar de que Gerald se encargaba de la mayoría de las tareas, Eddie no había abandonado por completo el trabajo de la posada. Después de todo, era un dueño obsesionado con la limpieza. 

Abrió la ventana para ventilar y sacudió el polvo acumulado en el marco. Al empuñar la escoba y comenzar a barrer, pronto se topó con un gran obstáculo. 

—Hmm. 

La espada sagrada que Ketron había dejado apoyada descuidadamente junto a la cabecera de la cama impedía completar la limpieza. 

La espada sagrada Albatros. 

Una espada legendaria que solo podía ser levantada por el héroe reconocido por su hoja. 

Desde la perspectiva moderna, podría decirse que tomó prestados algunos elementos de la Excalibur del Rey Arturo.

N/T Excalibur del Rey Arturo: La leyenda del rey Arturo está íntimamente ligada a la mágica y misteriosa espada "Excalibur", un arma legendaria, dotada de grandes poderes mágicos. Y es que, según había predicho el mago Merlín, solamente quien consiguiera extraer a "Excalibur" de la roca se convertiría en el legítimo rey de Inglaterra.

Pero, al final, los detalles de su origen no importaban. Era simplemente impresionante. 

—Es realmente increíble. 

Eddie murmuró sin darse cuenta. 

Aunque estaba envuelta en tela para ocultar su apariencia llamativa, el mango de la espada, excepcionalmente bien trabajado, quedaba al descubierto. 

A pesar de ser un estorbo para la limpieza, no podía negar su magnificencia. 

—La hoja es delgada, pero la empuñadura es gruesa y parece tener una resistencia increíble. ¡Ah, y tiene una decoración en la punta del mango! Dios, es exquisita. 

Sin pensarlo, Eddie comenzó a tocar la ornamentación. Aunque no era muy grande, la pieza era claramente obra de un artesano, con detalles meticulosos. 

Los hilos gemelos colgantes también tenían intrincados patrones dorados. 

«Si vendiera solo esta decoración y estos hilos como pieza de arte, obtendría una fortuna».

Aunque le surgió ese pensamiento mezquino, Eddie negó con la cabeza. ¡Ni loco vendería los adornos de una espada sagrada! 

—Es realmente, realmente impresionante. 

Eddie, como embelesado, acarició levemente el Albatros. Con cautela, pues seguía siendo una espada sagrada, y no sabía qué podría pasar si la tocaba con descaro. 

Con el sonido del agua del baño de fondo, Eddie pasó un buen rato tocando la espada. Finalmente, apartó la mano y suspiró. 

—Bueno, en fin... 

¿Qué hacer con esto? 

La espada, plantada en medio de la habitación, impedía terminar la limpieza. 

Bastaría con solo moverla un poco hacia un lado o colocarla sobre la cama. 

Pero por más que se esforzó, la espada era demasiado pesada. Albatros solo permitía ser empuñada por aquellos que ella elegía. Ni un milímetro se movió. 

El cuerpo de Eddie, aunque no era tan robusto como el de un espadachín entrenado como Ketron, estaba en buena forma. Y aún así, no logró moverla ni un ápice. Verdaderamente digna de una espada sagrada. 

Después de forcejear un rato, Eddie se rindió. 

—Uf, qué pesada. No hay remedio. 

Decidió limpiar todo excepto esa zona. Mientras comenzaba a pasar el trapo por el suelo cerca del Albatros, pensó que, aunque no quedaría perfecto, al menos se vería más presentable. 

Justo entonces, mientras limpiaba con cuidado... 

Chass.

Con un sonido seco, la pesada espada se inclinó repentinamente hacia Eddie. 

«¿Eh?» 

Lo que Eddie no sabía era que el Albatros, con su peso descomunal, había estado presionando el mismo punto del suelo durante casi tres días. 

Aunque el piso de la posada era resistente, la madera no podía soportar tanto peso por tanto tiempo, especialmente bajo la cama, donde el desgaste era mayor. 

En resumen, fue mala suerte. Justo cuando Eddie limpiaba cerca, la madera que sostenía al Albatros cedió. 

La espada se desplomó hacia Eddie a una velocidad alarmante. 

Instintivamente, Eddie cerró los ojos. Aunque estaba envuelta en tela, la hoja del Albatros emanaba una energía abrumadora. Si ese peso lo aplastaba, podría resultar gravemente herido. 

Pero... 

—¿...? 

Por más que apretara los ojos y esperara, el impacto que anticipaba no llegó. 

Eddie entreabrió los párpados con cautela. 

Entonces vio al Albatros, detenido en plena caída como si hubiera quedado suspendido en el aire. 

El espectáculo, que desafiaba por completo las leyes de la gravedad, hizo que Eddie parpadeara varias veces seguidas. 

Aunque nunca se mostró en la novela que la espada sagrada hablara directamente con Ketron, en «El héroe no oculta su poder» había varias escenas donde Ketron consultaba su voluntad. 

Nunca se veía a la espada responder, pero ese detalle servía como herramienta recurrente. Los personajes secundarios creían que Ketron hablaba solo. 

¿Acaso la espada, consciente de su voluntad, se había detenido para evitar lastimarlo? No había otra explicación posible. 

—...Qué... espada más obediente. 

Al decirlo, sin darse cuenta, Eddie acarició suavemente el elaborado mango. Claro, la espada no dijo nada, y cualquiera que lo viera habría pensado que estaba loco. 

Y justo esa imagen de ‘loco’ fue la que Ketron atestiguó directamente. 

—...¿Qué está haciendo? 

Como no tenía ropa limpia que ponerse, había salido con la misma que llevaba puesta. Aunque más tarde notó la ropa interior y los pantalones que Eddie había dejado, ya había salido del baño y se acercó con paso firme, agarrando con rudeza la espada que estaba a medio caer. 

De haberse desplomado por completo, ese arma de peso colosal habría herido gravemente a Eddie. Pero la pálida cara de este no mostraba señal alguna de haber percibido el peligro. 

La espada, que no se había inmutado cuando Eddie la tocó, se alzó con facilidad en las manos de Ketron como si fuera un juguete infantil. 

—Ah, estaba limpiando... 

—¿Limpiando? 

La mirada de Ketron se posó en el trapo húmedo que Eddie sostenía. Observó el paño, ya bastante sucio, y el suelo reluciente en todas partes excepto alrededor de la espada. 

Ketron suspiró. Este hombre solo estaba haciendo su trabajo. 

—Pondré a este... artefacto en un rincón. No lo toque. ¿Sabe lo peligroso que pudo ser? 

Si la espada no se hubiera detenido, ni el envoltorio de tela habría evitado que Eddie terminara gravemente herido. 

Pero Eddie sonrió con complicidad. Ketron no parecía darse cuenta, pero su boca, que normalmente permanecía sellada como con pegamento y rara vez soltaba más de unas palabras, ahora se movía con naturalidad. 

—Mmm, pero fue obediente. 

—¿...? 

—Se detuvo a mitad de la caída. 

Cualquiera que lo escuchara lo tomaría por loco. Pero ambos presentes sabían que la espada tenía voluntad propia. Aunque uno ignoraba que el otro también lo sabía. 

—...Habrá sido coincidencia. 

Al final, Ketron se excusó así mientras apartaba la espada hacia un rincón. Por dentro, estaba profundamente desconcertado. 

¿Esta espada de carácter insufrible se detuvo para evitar lastimar a alguien? Claro, considerando el ángulo, no tenía sentido que no se hubiera caído, así que debía ser cierto. Pero ¿desde cuándo le importaba algo así? 

Obediente. Qué absurdo. 

—Esta espada tiene mal carácter... 

Ketron se contuvo al borde de decir ‘pésimo’. Las espadas no tienen carácter. Normalmente. 

Así que corrigió con naturalidad: 

—No, solo está sucia. No la toque. 

[—¿Qué?]

Albatros, degradado de gran espada sagrada a mero trasto sucio, protestó enérgicamente, pero Ketron fingió no oírla. 

—Ah, ya veo. 

Eddie, que no podía presumir de conocer la espada, asintió con una sonrisa de comprensión. 

—Ah, cierto. Te dejé ropa para cambiarte. 

Señaló con una sonrisa la ropa interior y los pantalones colocados frente al baño. Ketron, que ya se había vestido con su ropa usada, negó con la cabeza. 

—Ya me puse... 

Los labios de Eddie se movieron lentamente, formando las palabras: 

Hue.le.mal.

—...

Al final, Ketron no tuvo más remedio que cambiarse con la ropa que Eddie le había traído. Los pantalones, aunque cortos, más o menos le quedaban, pero era imposible encontrar una camisa de su talla, así que se quedó con el torso descubierto. 

Como coincidía perfectamente con los objetivos de Eddie, este sonrió con complicidad mientras traía los suministros médicos que había dejado en un rincón. 

—Venga, vamos a tratar esas heridas. 

Ketron no pudo evitar sospechar que lo de no traerle una camisa había sido premeditado. Pero fuera como fuese, Eddie, golpeando el suelo con entusiasmo como invitándolo a sentarse, tenía una expresión radiante. 

Ketron apretó los labios. 

Era la tercera vez. La tercera vez que ese hombre intentaba curarle las heridas. 

Aunque siempre las rechazaba o las ignoraba, el tipo, impasible, lo intentaba una y otra vez. Si seguía así, no pararía hasta que las heridas sanaran por sí solas. 

—Aah. 

Finalmente, Ketron suspiró y se sentó donde Eddie seguía golpeando el suelo. El hombre no pudo evitar sonreír abiertamente, satisfecho. 

Dejarse arrastrar por los deseos de los demás siempre le había repugnado a Ketron, pero no le desagradaba tanto dejarse llevar un poco por el hombre frente a él. 

Porque sabía que su intención era pura. 

—¡Medicinas traídas de Oriente! Ungüento para cualquier herida, parches para cubrirlas, y una poción que no cura todas las enfermedades, pero sí unas cien... bueno, unas diez... 

...Claro que, por la forma de hablar, seguía sonando un poco a charlatán.

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