Ketron Chapter 24

 Capítulo 24

Ajeno al caos en la mente de Eddie, el trabajo debía continuar, así que esa tarde también se mantuvo ocupado.

Logró calmar a Ketron, cuyo estado seguía siendo precario, y lo convenció de recostarse en la cama. Le dio palmaditas en el pecho hasta guiarlo a un sueño tranquilo.

—Sería bueno que, mientras Ket duerme, ‘nadie’ haga ruido y pueda descansar en paz.

—…

—De verdad, ‘nadie’.

No olvidó lanzar una mirada de advertencia a la Espada Sagrada, por si acaso decidía molestar a Ketron.

Al confirmar que Ketron cerraba los ojos, Eddie salió de la habitación y llamó a Gerald, quien barría el patio ensuciado por el incidente de esa mañana y se ocupaba de varios quehaceres.

—Gerald, probemos un nuevo menú.

Era hora de preparar los nuevos platillos que pronto ofrecerían.

Gerald asimiló sin dificultad el menú final que Eddie había decidido tras mucho deliberar.

Desde un principio, su destreza manual era notable, y gracias a la ayuda de la magia, su velocidad era tal que prácticamente hacía el trabajo de diez personas.

Pero al verlo, Eddie no sintió satisfacción, sino un leve remordimiento.

«¿Está bien que mi posada funcione así?»

La pregunta surgió sola en su mente. «En la época moderna, esto ya habría sido denunciado al ministerio de trabajo».

Aunque Eddie era quien tomaba las decisiones, Gerald cargaba con todo el esfuerzo. Además, hoy incluso había entregado un mensaje de alguien llamado ‘E’... 

Parecía encargarse también de tareas como enlace. ¿Cuántas funciones está cumpliendo?

—Está listo.

Mientras Eddie se hundía en pensamientos complejos, Gerald terminó de recrear a la perfección el nuevo menú matutino.

—Wow.

Ajeno a sus preocupaciones, Eddie no pudo evitar una admiración genuina. Los fideos udon brillantes, el caldo cristalino y, a un lado, el arroz coronado por un huevo tibio bañado en aceite de sésamo y salsa de soja en su justa medida.

Acompañado de una ensalada y carne preparada con vegetales frescos del mercado, el conjunto tenía un poder mágico que despertaba el apetito incluso estando lleno.

«El sabor conocido siempre es temible».

Pero su fascinación ante la comida deliciosa no duró mucho. Más bien, pinchó su ya débil conciencia.

La conciencia de un dueño que deja a Gerald solo con casi todo. Limpieza, lavado, cocina, atención al cliente...

—E-em, Gerald.

Eddie se rascó la mejilla antes de llamarlo.

—Sí.

Fiel a su obediencia habitual, Gerald respondió con serenidad.

Eddie vaciló un momento antes de hablar, tras meditarlo.

—Gerald, ¿qué piensas de mí?

«Vaya, ahora que lo digo, suena un poco...»

El matiz le pareció tan extraño que estuvo a punto de rechazarlo con las manos, pero Gerald lo miró en silencio y dijo:

—Un sirviente solo sigue. No necesita preguntar su opinión.

La respuesta inesperada hizo que Eddie replicara: 

—¿Eh? 

Pero Gerald, indiferente a su reacción, continuó como si fuera lo más natural: 

—Soy sus manos y sus pies. 

—…

—Esas no traicionan a su dueño. 

No hubo vacilación en su voz al declararse voluntariamente como sus extremidades. 

—Siempre haré su voluntad. Solo lo seguiré, Maestro Eddie.

Con esas palabras, terminó el discurso de Gerald, quien rara vez hablaba tanto. 

La mirada de Eddie se tornó algo aturdida. 

Antes de lo de ‘manos y pies’, Gerald se había llamado a sí mismo ‘sirviente’. 

¿De quién? De Eddie. 

«Ah, ahora que lo pienso...»

Eddie notó algo que hasta entonces había pasado por alto. 

Gerald siempre se había dirigido a Eddie como ‘Maestro Eddie’, usando un lenguaje de máximo respeto. Un empleado normal lo habría llamado simplemente ‘señor dueño’ o, si usaba su nombre, ‘señor Eddie’ como mucho.

Aclaración de traducción: En el texto original, Gerald usa el carácter '님' (nim), que es de máximo respeto, usado en el contexto de reverenciar a alguien. Eddie indica que muy bien solo podría llamarlo de dos formas, entre ellas, 'Señor Eddie', usando el carácter '씨' (ssi), que sigue siendo honorifico pero es menos formal. Al estar situado en un mundo de fantasía occidental con nombres no coreanos, encuentro extraño agregar esos honoríficos, así que solo lo adapté a 'Maestro Eddie'.

Pero él siempre lo llamaba ‘Maestro Eddie’. Como si fuera el amo al que debía servir.

Como si el sujeto principal no fuera esta posada, sino el propio ‘Eddie’ en sí.

Fue entonces cuando Eddie comprendió que había estado cometiendo un gran error.

Gerald no era un simple empleado competente de ‘La posada de Eddie’.

Era solo un subordinado leal de ‘Eddie’.

Simplemente, como Eddie deseaba administrar esta posada, trabajaba para ella.

Aunque pareciera una nimiedad, la diferencia era abismal.

Eddie observó por un momento al hombre que se declaraba su sirviente. De rostro frío y con cierto aire cínico, Gerald le había sido fiel desde el instante en que Eddie abrió los ojos en este lugar.

La única vez que se había opuesto a sus decisiones o expresado descontento había sido cuando dejaron entrar a Ketron.

Fuera de eso, jamás cuestionó ninguna orden ni mostró insatisfacción con sus tareas.

Al darse cuenta, Eddie tomó una decisión en su interior.

—...Gerald.

—Sí.

—Voy a contratar nuevo personal.

Lo dijo con voz resuelta. Los ojos azules de Gerald reflejaron perplejidad, y se le vio inclinar la cabeza como si no entendiera cómo había llegado a esa conclusión.

Pero Eddie hablaba en serio.

Si Gerald era leal a Eddie...

...entonces la posada también necesitaba a alguien para sí misma.

Aunque, más allá de eso, no podía sacarse de la cabeza que esto equivalía a explotación laboral, incluso si Gerald se consideraba su sirviente.

Como era de esperar, Gerald asintió sin cuestionar la decisión.

—Prepararé volantes y los pegaré.

Por supuesto, Eddie solo comprendió que esto significaba añadir otra tarea a Gerald tiempo después.

* * *

Plaf.

—Ufff.

Cuando Eddie dejó caer su cuerpo exhausto sobre la cama, ya era noche cerrada.

Por la mañana, el mayor evento del día parecía ser decidir el menú del desayuno. Pero como burlándose de él, una sucesión de acontecimientos inimaginables lo habían golpeado uno tras otro.

La aparición de Agustín, el ataque de pánico de Ketron, el mensaje de E, el emperador, Gerald.

Y... Eddie.

—…

Eddie hundió el rostro en la almohada y dejó escapar un suspiro.

Lo que más le preocupaba era el estado inestable de Ketron, pero lo más impactante había sido descubrir la verdad sobre el ‘Eddie’ original.

Ya lo había pensado antes. ¿Qué clase de personaje era el ‘Eddie’ original?

El dueño de una posada humilde pero estratégicamente ubicada. Sin familia que lo visitara, aparentemente sin amigos.

Su único conocido era Gerald, un mago cuyo motivo para ocuparse de tareas triviales en ese lugar era un misterio.

Y el hecho de que Ketron, el guerrero de la espada sagrada olvidado, hubiera caído justo frente a la posada de Eddie.

...¿Era todo eso solo coincidencia?

Cuando encontró a Ketron desmayado frente a su posada, Eddie pensó que era una casualidad asombrosa.

Quizá incluso se consideró afortunado.

Pero ¿y si nada de eso fuera coincidencia?

¿Y si todo en este mundo, incluido él mismo... estuviera siendo manipulado por algún poder tras bambalinas?

¿Si solo fuera una pieza más en este tablero?

Entonces, ¿cuál era el papel de ‘Eddie’ en la trama? ¿Por qué Lee Jeong-hoon había terminado convirtiéndose precisamente en Eddie?

Cuantos más interrogantes surgían, más sentía Eddie cómo algo parecido a la culpa le punzaba la piel desde lo profundo de su pecho.

Desde que se posesionó de este cuerpo, había cargado con un sentimiento de culpa en un rincón de su corazón.

Por haber robado la vida de ‘Eddie’.

Si no se tratara de habitar el cuerpo de un muerto, ¿no sería esta una preocupación que todos los poseídos tendrían al menos una vez?

Además, esta era su segunda vida. Como a todos solo se les concede una vida básicamente, esta equivalía a una especie de bonus.

Pero si ese bonus implicaba arrebatárselo a alguien más, para Eddie, que había sido un ciudadano común y corriente, no podía evitar convertirse en una carga emocional.

Aunque todo esto comenzó como una fuerza mayor ajena a su voluntad, si ahora apareciera un ser absoluto diciendo: —Ah, error mío. ¿Podrías devolver ese cuerpo? —¿sería capaz de entregarlo sin más?

—…

No podría. Porque ya no era Lee Jeong-hoon, sino Eddie.

Eddie dejó escapar un suspiro. Ni siquiera varios suspiros bastaban. Sentía el pecho oprimido.

Esta sensación... una vaga frustración que no experimentaba desde que aceptó su propia muerte al ser poseído. Un sentimiento que sume a cualquiera en la melancolía.

Vamos. En momentos así, lo mejor es dormir.

En medio de esa desazón, Eddie se encogió y cerró los ojos.

Tal vez por el agotamiento mental, se durmió sin siquiera darse cuenta, como si su conciencia se hubiera apagado de golpe.

* * *

¿Cuánto tiempo habría dormido?

En algún momento del amanecer, Eddie abrió los ojos de repente, sin querer. Había caído dormido como desmayado, así que miró alrededor con expresión aturdida hasta que, tarde, comprendió que no estaba solo.

Aprovechando la quietud del alba, alguien había entrado en su habitación.

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