Ketron Chapter 40
Capítulo 40
Pasado un tiempo indeterminado, Eddie, que había permanecido en silencio, abrió lentamente la boca.
—En unos días será el torneo, ¿has terminado los preparativos?
—¿A qué preparativos se refiere?
—Mmm, bueno, como faltan algunos días, cosas para el viaje y eso.
¿Qué tipo de preparativos harían para viajar en este mundo? Por un lado parecerían no diferir mucho de los del mundo moderno, pero por otro, muchas cosas serían distintas.
Ketron, como viajero que había recorrido el mundo casi sin equipaje, no parecía tener mayores pensamientos al respecto.
—Yo no necesito preparativos especiales.
Al fin y al cabo, cuando Ketron llegó a esta posada venía prácticamente con lo puesto, así que no tendría muchas pertenencias. Además, aunque Eddie lo llamara pomposamente ‘viaje’, solo se trataba de la ciudad vecina.
Para Ketron probablemente solo sería una extensión de ir al mercado con Eddie.
Francamente, quien necesitaba prepararse aquí era Eddie. Claro que estaban las cosas como la ropa para los días que pasarían allí, pero más que nada, la preparación mental. La disposición anímica necesaria para disfrutar de un torneo repleto de gente.
Para él seguía siendo agotador estar en lugares concurridos. Su visita a la biblioteca, elegida precisamente para superar un poco eso, solo había reavivado el miedo en su corazón, logrando el efecto contrario.
Sin embargo, al ver cómo Ketron respondía con naturalidad, sin darle mayor importancia, sintió que su ánimo se aligeraba. Después de todo era algo que debía superar, y con el hombre más fuerte del mundo a su lado, ¿qué había que temer?
—Comamos cosas ricas y veamos montones de cosas divertidas.
Al final, eso fue todo lo que dijo Eddie. Que lo pasarían bien y se divertirían. Mientras lo decía, hundió el rostro en el pecho de Ketron.
Descubrir que apoyarse en el sólido torso de alguien era más agradable de lo esperado lo hizo preguntarse por qué no lo había sabido antes. Pronto encontró la respuesta.
Para empezar, no había muchas personas con un cuerpo tan grande y firme como el suyo, e incluso si las hubiera, nunca había estado tan cerca de alguien como para realizar gestos tan íntimos.
Parecía que no solo Eddie encontraba extraño este comportamiento.
—Eddie.
—Mmm...
—¿Por qué tan mimoso de repente?
Ketron parecía bastante desconcertado por sus acciones.
Aunque la distancia emocional entre ambos se había acortado considerablemente, este tipo de contacto físico persistente no tenía precedentes entre ellos.
Que aun así no apartara a Eddie debía ser la particular forma de afecto de Ketron.
Eddie, que había estado reflexionando brevemente sobre cómo responder, pronto terminó de pensar y contestó:
—Es solo que... quiero sentir que eres una persona real.
No un personaje de novela.
Se tragó esa última parte mientras volvía a enterrar el rostro en el pecho de Ketron. Afortunadamente, Ketron no preguntó qué quiso decir con eso.
—Ah.
Eddie exclamó asombrado al sentir los firmes pero mullidos músculos que tocaban su frente. Mientras conversaban, los pensamientos que lo habían atormentado se habían ordenado, y ahora notaba lo impresionante, no, lo magnífico que era el cuerpo que abrazaba.
—Así se siente cuando los pectorales son gruesos...
Eddie levantó el brazo que tenía alrededor de la cintura de Ketron y lo colocó sobre su pecho.
—Oooh.
Era mullido y firme. Incluso elástico. El cuerpo de Ketron, como correspondía a un espadachín entrenado al límite, poseía una condición física abrumadora, pero como para demostrar que seguía siendo humano, no era duro como una roca.
Eddie, sin siquiera ser plenamente consciente de lo que hacía, comenzó a manosear el pecho de Ketron.
Para justificarse, podría decirse que estaba demasiado acostumbrado a Ketron. Quizás por considerarlo ya cercano.
Pero incluso así, era un gesto demasiado íntimo, no, excesivamente personal. Habría pasado desapercibido si solo lo hubiera tocado un momento, pero estuvo manoseándolo un buen rato como si le perteneciera.
Eddie solo se dio cuenta de lo extraño de su actitud después de haber estado acariciando ese pecho por un largo tiempo.
—Ah.
El tardío entendimiento lo golpeó en la nuca.
«¿Qué estoy haciendo?»
«¡Esto sería acoso sexual incluso entre personas del mismo sexo en el mundo moderno! Espera, ¿por qué lo hice?»
Dicen que por rápido que sea, el arrepentimiento siempre llega tarde. En el silencio repentino, Eddie se reprochó a sí mismo.
«Mierda, ¿qué he hecho?»
Eddie mantuvo la mirada fija en el pecho de Ketron mientras reflexionaba. No se atrevía a comprobar qué expresión tendría Ketron. Pero tampoco podía quedarse inmóvil en ese silencio.
Al final, Eddie reunió el valor que le quedaba y alzó la cabeza.
Sus miradas se encontraron. Los ojos negros, inusualmente serenos y fijos, observaban al canalla que le estaba manoseando el pecho.
Eddie, contrariamente a su carácter, se sintió avergonzado.
—Yo...
¿Qué debía decir? ¿Lo siento? ¿Fue sin querer?
La disculpa que buscaba Eddie tomó una dirección inesperada.
—¿Quieres tocar tú también...?
Ojo por ojo, diente por diente.
Eddie, llevado por el impulso, tomó la mano de Ketron y la colocó sobre su propio pecho. Sintió cómo los dedos de Ketron se curvaban levemente ante ese gesto tan repentino y excéntrico.
Eddie sabía que alguna parte de su forma de pensar era ilógica. Sumado a su natural falta de tacto, eso debía parecerle extraño a los demás.
Ketron, quien sin quererlo se había convertido en la persona más familiarizada con las excentricidades de Eddie, no se enfadó por sus palabras y acciones.
En lugar de eso, miró al techo por un momento y dejó escapar un suspiro profundo.
—No hace falta.
Y retiró la mano del pecho de Eddie.
En el fondo, el rostro de Eddie se sonrojó al pensar cómo reaccionaría si Ketron aceptaba la oferta y comenzaba a manosearlo.
—¿Ves? No tengo mucho para tocar, a diferencia de ti.
Objetivamente, el cuerpo de Eddie tampoco estaba mal, pero la comparación era injusta.
Era otro comentario bastante fuera de lugar, pero Eddie no lo notó.
—¿Ya está bien?
Eddie no entendió al principio, pero luego captó que significaba «¿Te sientes mejor?» e inconscientemente asintió. En efecto, la melancolía se había disipado.
—¿Eh? Ah, sí.
—Entonces duérmase. Estaré aquí hasta entonces.
Esas palabras tenían un poder mágico, porque Eddie, que no se había sentido somnoliento hasta ese momento, de pronto sintió cómo el sueño lo invadía.
Ketron acarició suavemente la espalda del canalla que le había manoseado el pecho, ayudándolo a dormir plácidamente.
Quizás porque el cuerpo, tenso todo el día, finalmente se relajó, Eddie se durmió enseguida en los brazos de Ketron.
Ketron, convertido sin querer en una nodriza, observó por un momento el rostro sereno de Eddie cuando su respiración se calmó.
Había venido porque le preocupaba verlo tan inquieto desde la biblioteca, pero luego Eddie, diciendo que estaba deprimido, lo instó a acostarse a su lado, luego al querer ‘sentir que Ketron era una persona real’, le manoseó los pectorales sin motivo, y ahora, cuando le dijo que durmiera, se enrolló como un gato y se durmió al instante. Toda esa secuencia era bastante absurda y ridícula.
Aunque, ¿cuándo no había sido así este hombre? Así había sido desde el primer día.
Lo extraño no era él, sino el hecho de que Ketron permitiera que traspasara sus límites tan fácilmente.
Pero no podía evitarlo. Aunque normalmente parecía un adulto confiable, a veces mostraba una fragilidad que recordaba a un niño abandonado a la orilla del agua.
«El bebé aquí eres tú, no yo».
Ketron permaneció abrazando a Eddie un buen rato, incluso después de que se durmiera profundamente.
La cálida sensación de esa persona en sus brazos no era desagradable.
* * *
El tiempo pasó volando, y llegó el día de partir a la ciudad vecina.
El plan original era quedarse tres días, pero Eddie mencionó que, dependiendo de la situación, podrían extenderse.
—El primer día paseamos, el segundo es el torneo y el tercero volvemos. ¿Qué tal? ¿Perfecto, no?
Mientras Eddie hablaba con entusiasmo de ese plan tan poco elaborado, Ketron se limitó a asentir sin decir nada.
Justo antes de salir de la habitación, Ketron miró por un momento la Espada Sagrada. Allí estaba, apoyada contra la pared, excepto cuando la llevaba al patio trasero para entrenar.
Al verla, las palabras que Eddie le había dicho pasaron fugazmente por su mente.
[—Cosas para el viaje y eso].
Los preparativos.
La Espada Sagrada, proporcional a su tamaño, poseía un peso colosal. A menos que hubiera maldad que repeler, resultaba incómoda de cargar sin necesidad.
Pero por alguna razón, esta vez sintió que debía llevarla consigo.
Esas ‘corazonadas’ de Ketron solían acertar con frecuencia.
Como si la Espada Sagrada hubiera intuido que Ketron la llevaría, preguntó con voz expectante:
[—¿Acaso ese bastardo de Arthur participará en el torneo?]
—No. Según dicen, no competirá.
[—Aaah].
La Espada Sagrada no disimuló su decepción ante esas palabras.
Todavía no. Aún no era el momento de manchar esta espada con la sangre de Arthur.
Ketron esbozó una risa burlona. Aunque Arthur no participaría, había algo que podía prometerle a la Espada Sagrada.
—No te preocupes. Aun así, esta vez,
Mientras decía esto, colocó la espada sobre su espalda con destreza.
—…podrás desatar tu furia.
Esa corazonada lo asaltó. Y sus presentimientos solían ser bastante acertados.
El peso familiar que hundía sus hombros le resultaba conocido. No era una mala sensación.
Comentarios
Publicar un comentario
Por favor sé respetuoso y no hagas PDFs de nuestras traducciones