Ketron Chapter 44
Capítulo 44
—¡Ja!
«Haces un gesto de repulsión cuando te digo que te bañes, tal como un gato de verdad».
Eddie, que se había detenido a medio desvestir, soltó una risotada sin querer. Le vino a la mente la expresión que había puesto Ketron al oír que se bañaran.
Claro que sabía, como la mayoría, que espacios como baños públicos o vestuarios de piscina donde la gente se ve desnuda, no son del todo cómodos salvo con familia, por muy cercana que sea la amistad. Pero Eddie tenía sus motivos.
Aprovecharía para enseñarle a Ketron cómo usar el kit de viaje de la tienda. Al final, los productos modernos de su lado estaban mucho más avanzados, y una vez que se acostumbrara, sería más práctico.
El estado del baño no era tan malo. Aunque olía intensamente a madera, sorprendentemente estaba bien cuidado. El agua de la bañera común también estaba caliente y limpia.
Eddie observó en silencio a Ketron, que parecía tardar un poco más, y entró primero al baño diciendo:
—¡Voy adelante!
«¿Cuál era el champú y cuál el acondicionador?»
Mientras abría el kit de ducha que había traído y leía las instrucciones, vio al otro lado de su visión el espejo empañado. Y su propio cuerpo, difuso, reflejado en él.
«Hmm, ‘Eddie’ no está nada mal así».
Su mirada recorrió la cintura esbelta con abdominales apenas visibles, los hombros y brazos bastante impresionantes reflejados en el espejo... hasta detenerse en su miembro.
«Bueno, esta parte tampoco está mal».
Eddie, que había bajado la vista satisfecho al ver que su tamaño era similar al de su época como Lee Jeong-hoon, cubrió sus muslos con la toalla que había traído. Por mucho que fuera así, mostrar todo sin más le daba un poco de vergüenza.
Fue entonces cuando Ketron entró en el baño.
«Ah, creo que es la primera vez que veo su cuerpo sin nada puesto».
Mientras saludaba con la mano a Ketron, ese pensamiento cruzó su mente. Pero cuando el cuerpo de Ketron entró por completo en su campo visual, Eddie se detuvo sin querer.
«...¿Eh? ¿Esto está bien?»
No pudo evitar pensarlo.
* * *
Ir juntos a un baño público o jjimjilbang y terminar con una comida antes de separarse era una de las rutinas clásicas de Lee Jeong-hoon y sus amigos. En los baños, leche de banano. En el jjimjilbang, huevos duros y sikhye. Como eran tan cercanos, si uno arrancaba el plan un viernes por la noche, todos salían en tropel.
N/T jjimjilbang: Spa seco tradicional coreano.
Por eso, no sentían rechazo al ver los cuerpos de otros hombres, ni tampoco mucha vergüenza.
—Oye, seamos sinceros, mi pene es el mejor.
—¿Qué dices, pedazo de pegamento seco?
—¿Pegamento? ¡Es más grande que eso, idiota! El tuyo parece un capullo.
—¿Capullo? Si el mío es un capullo, ¿el tuyo es una pulga?
—¡Venga, ¿quieres ver?!
...Entre ese tipo de comentarios y comparaciones de tamaños, ¿qué espacio quedaba para la timidez? Claro que Lee Jeong-hoon, en lugar de unirse, prefería alejarse y hacer como si no los conociera.
Pero ahora... era distinto.
Que Ketron tuviera un buen cuerpo era algo que se intuía incluso con la ropa puesta. Hasta bajo la capa, sus condiciones físicas eran evidentes.
Como si el destino lo hubiera moldeado para ser un héroe, su musculatura y complexión eran superiores, como algo natural.
Las cicatrices esparcidas por su cuerpo, como medallas, demostraban que sus músculos no eran solo para exhibición. Que la mayoría eran marcas de heridas mortales no era difícil de notar con un mínimo de perspicacia.
Un cuerpo que al verlo, sin importar si conocías el origen de esas heridas o no, hacía que los ojos se posaran en él sin querer.
Y al sumarle un rostro que, incluso visto al revés, delataba su belleza, el efecto era una combinación devastadora.
Si solo fuera eso, quizá no habría sentido peligro.
El problema fue que, al ver ese cuerpo, una sensación extraña de ‘no saber qué hacer’ se enroscó en un rincón de Eddie.
Había visto montones de cuerpos masculinos, y aunque este era sin duda el más impresionante, seguía siendo el de un hombre. No debería evocar algo más, pero... algo andaba mal.
Por alguna razón, una alarma interna sonó.
«¿Eh? Esto es un poco peligroso, ¿no?»
Había disfrutado incontables baños con sus amigos, desnudos y chapoteando, así que, sin pensarlo, había insistido a Ketron en lavarse juntos. Pero ahora, por primera vez, se sentía derrotado.
«¿Qué hago? No sé dónde poner los ojos».
No se sabía si Ketron entendía lo que pasaba por la mente de Eddie, pero se acercó hacia donde él estaba. Al ver la expresión aturdida de Eddie, inclinó la cabeza con curiosidad.
—¿Ocurre algo?
Esas palabras hicieron que Eddie reaccionara de golpe.
—¿Eh? Ah, no, no pasa nada.
Eddie, balbuceando un poco, golpeteó el espacio a su lado con la mano. Ketron, entendiendo la señal, se sentó junto a él.
Eddie, sin poder sostener la mirada, dejó que sus ojos vagaran entre los artículos del kit de baño que había traído.
«¿Qué me pasa? Despierta, Eddie».
No entendía por qué actuaba así, pero si la atmósfera se volvía incómoda, ¿cómo iba a manejar las consecuencias?
Tras respirar hondo, Eddie tomó el champú que había dejado preparado.
—Te lavaré el pelo.
Ketron abrió los ojos redondos ante la propuesta.
—No, no es necesa-
—Tienes que aprender a usar esto. Solo será esta vez.
Al ver su rostro desconcertado y dócil, Eddie por fin logró calmarse lo suficiente para sonreír con naturalidad.
En este mundo existían cosas parecidas al jabón, pero por supuesto no había champú ni acondicionador.
Era un mundo basado en la Edad Media, así que era inevitable. Desde que descubrió la existencia de la tienda, Eddie había usado los productos que había allí, y obviamente los artículos modernos eran mejores.
Por eso quería enseñarle ahora mismo y hacer que Ketron también los usara.
Como en este mundo no existían las duchas, Eddie había traído un barreño aparte del agua de la bañera.
Tras comprobar la temperatura con la mano, tomó un cazo y vertió el agua sobre la cabeza de Ketron. El gato negro, empapado, solo parpadeó.
Repitió el proceso varias veces más y, después de aplicar el champú, Eddie se colocó detrás de Ketron.
«Vaya espalda… es como el océano Pacífico».
Eddie, admirando en secreto, empezó a hacer espuma en el cabello de Ketron. Las negras hebras, ya mojadas, absorbieron bien el champú.
En su época como Lee Jeong-hoon, solo había lavado perros o ayudado a otros con el champú, así que al principio sus movimientos fueron torpes, pero pronto ganó soltura.
Al tirar hacia arriba del cabello lleno de espuma, formó una pequeña montaña en lo alto de su cabeza.
—Ah…
«Qué tierno».
Hasta le dio pena no poder tomar una foto.
Mientras enjuagaba el pelo, aplicó una generosa cantidad de acondicionador. Ketron, aunque debía estar intrigado, no dijo nada y se mantuvo quieto.
Pensó que estaba un poco tenso, pero como no había razón para ello, Eddie desechó esa idea rápidamente.
Tras enjuagar el acondicionador, llegó el turno del limpiador facial.
—Ahora la cara.
—…
Ketron cerró los ojos obedientemente.
Al aplicar la espuma blanca en sus mejillas, debía ser una sensación extraña para él, pero Ketron no se quejó. Podría haber rechazado lo frío y pegajoso del producto, pero se comportaba como un perrito bien entrenado.
«Parece un gato, pero actúa como un perro. ¿Cómo no voy a encontrarlo adorable?»
[—Eddie solo mima a Ketron].
Eso fue lo que Sebastián refunfuñó cuando supo que Eddie simplemente lo había recogido frente a la posada.
Pero, ¿cómo no mimar a alguien tan lindo que solo hace cosas lindas?
Ketron no mostraba el menor rechazo, por muy desconocidos que fueran los gestos de Eddie. ¿Cómo no iba a querer consentirlo después de ver eso?
Y eso sin contar el cariño que le tenía como lector de «El héroe no oculta su poder», aunque eso era otro tema.
Eddie frotó meticulosamente el rostro de Ketron. Comenzando por las mejillas, pasando por el puente de la nariz, la frente bien definida y la mandíbula, lo limpió con más cuidado del que usaba para lavarse su propia cara.
La piel bajo sus dedos era suave, como la de un niño, y eso lo llenó de una extraña emoción.
Al verter otra cucharada de agua desde lo alto de su cabeza, Ketron se apartó el cabello empapado. Su frente limpia quedó al descubierto, y su rostro aún dócil mostraba pestañas perladas de agua mientras abría los ojos con parsimonia.
Con ese gran tamaño, y siendo tan increíblemente dócil, ¿cómo habrá hecho para pelear?
Como había una diferencia considerable entre el Ketron que Eddie conocía por los textos y el que veía en persona, no pudo evitar inclinar la cabeza con curiosidad.
Eddie extendió la mano y pellizcó suavemente la mejilla de Ketron.
—¿Qué tal? ¿Quedó suave, verdad?
Solo faltaba enseñarle a aplicarse la loción hidratante antes de terminar. Cuando Eddie sonrió satisfecho, Ketron asintió con la cabeza.
Luego lo miró con quietud. Tal vez por haberse echado el flequillo hacia atrás, su mirada, ahora completamente despejada, resultaba especialmente intensa.
Quizá por eso, al cruzarse con esos ojos, Eddie sintió que revivía la incomodidad que había olvidado entre el ajetreo del baño.
Comentarios
Publicar un comentario
Por favor sé respetuoso y no hagas PDFs de nuestras traducciones