Ketron Chapter 45

 Capítulo 45

Justo en ese instante en que Eddie tenía las mejillas de Ketron entre sus dos manos, apretándolas y frotándolas con un sonido chillante, ocurrió algo. Sus cuerpos quedaron pegados frente a frente, y sus miradas se encontraron. 

Por un momento, el rostro de Eddie olvidó cómo expresar emociones. 

¿Qué expresión debía poner? 

Ese pensamiento cruzó por su mente. No sabía qué cara hacer. 

Ketron, con sus mejillas atrapadas entre las manos de Eddie, mantenía su habitual expresión impasible, pero Eddie, desconcertado, no sabía cómo reaccionar, y el silencio se alargó. 

En las conversaciones entre estos dos, Eddie solía llevar más del 80% de las palabras, así que, cuando cerró la boca, el entorno quedó en un silencio instantáneo. 

Solo el sonido del agua goteando rompía la quietud, y Eddie, sin saber por qué, sintió que sus orejas ardían en un rojo intenso. 

Ni él mismo entendía la razón. 

«Algo ha estado raro desde hace rato». 

Y al parecer no era el único que lo pensaba. La mirada de Ketron también tenía algo extraño, diferente a lo usual. Una mirada que se sentía espesa, pegajosa, como si se aferrara. 

Y además, parecía estar clavando sus ojos en un solo lugar con especial intensidad. 

Siguiendo esa dirección, Eddie se dio cuenta de algo. 

Los labios. Ketron estaba mirando fijamente sus labios. 

¿Los labios? ¿Por qué los labios? 

Mientras Eddie rumiaba esa duda, incapaz de escapar de la incomodidad de haberse mirado fijamente, justo cuando abría la boca para decir cualquier cosa y romper el hielo… 

Shiii. 

La puerta del baño se abrió. 

Ketron estaba de espaldas a la entrada, así que Eddie, que la tenía frente a sí, vio claramente a un desconocido entrando. 

Era otro huésped que venía a lavarse. Un hombre bastante ebrio, tambaleándose, que al ver a los dos en esa posición tan peculiar, se sobresaltó visiblemente. 

—Eh… 

Emitió un sonido extraño. 

«Ah, cierto». 

Se le había olvidado por completo. Esto no era un espacio privado. Era un baño público, accesible para cualquier hombre hospedado allí. 

Eddie pensó que lo mejor sería ignorarse mutuamente, lavarse rápido e irse, pero el otro no pareció pensar lo mismo. 

No se sabía qué pasaba por su cabeza, pero el huésped se puso rojo como un tomate y pareció no saber qué hacer. 

—¡Eh, dis… discu…! ¡Perdón, de verdad! 

Y tras soltar eso, cerró la puerta de golpe y se marchó de un tirón. 

Eddie parpadeó, atónito. 

—…¿Eh? 

Pero quien pudiera resolver su confusión ya había desaparecido al otro lado de la puerta. 

* * * 

Después de eso, se lavaron deprisa, casi sin darse cuenta de lo que hacían, y cuando salieron, ya era una noche cerrada. 

No sabía si era por la construcción de madera o por algo particular de esa posada, pero el alboroto de los borrachos de la taberna de la primera planta se escuchaba con claridad incluso en el segundo piso, lo que la hacía poco apta para dormir. 

Pero Eddie agradeció ese bullicio. 

De lo contrario, el silencio en la habitación habría sido insoportablemente incómodo. 

Ese silencio extraño entre Eddie y Ketron había surgido después del incidente en el baño. 

Bueno, en realidad, no podía ni llamarlo ‘baño’, porque en lugar de relajarse como era el plan original, se habían lavado a toda prisa y salido disparados. 

Ahora que lo pensaba… ¿por qué ese tipo se había disculpado y huido? 

La duda sobre aquel huésped ocupó brevemente un rincón de su mente, pero Eddie la descartó rápido. Eso no era lo importante ahora. 

El problema era este silencio. Este silencio denso, incómodo, que flotaba entre ellos desde hace rato. 

Hasta Eddie, que normalmente hablaba sin parar, ahora se encontraba sin palabras, obligado a guardar silencio contra su voluntad. Estaba al borde del colapso. 

¡¿Qué demonios estaba pasando?! 

¡Si hubiera sabido que acabaría así, no se habría bañado con él! ¿En qué momento todo se había torcido? 

Desde hacía rato, no lograba entender nada por sí mismo. ¡Qué más daba un simple baño! Al fin y al cabo, no había pasado nada fuera de lo normal, solo se habían lavado y salido. ¿Dónde estaba el problema? 

Claro que, por mucho que se reprendiera, no iba a surgir ninguna respuesta. 

—…Ugh. 

Eddie apoyó la cabeza en la almohada áspera y gimió. Ni siquiera notó que el estado de limpieza de la almohada dejaba mucho que desear. 

Después de bañarse, Eddie le había enseñado a Ketron, con movimientos torpes como los de un robot sin engrasar, cómo aplicarse la loción hidratante. 

En circunstancias normales, se habría sentido orgulloso, habría hablado con Ketron de cualquier tontería, charlado un rato y luego se habría quedado dormido. Pero como ahora no hacía nada de eso, el tiempo no pasaba. 

Que en este mundo no hubiera smartphones, ni televisores, ni nada con lo que entretenerse por las noches también era un problema, si es que podía llamarse problema. 

Al llegar la noche, había que apagar las luces y dormir. 

Sobre todo en esta posada, que, a diferencia de la posada de Eddie, no tenía lámparas mágicas en cada habitación. Las únicas fuentes de luz eran las velas esparcidas por el lugar, así que todo estaba sumido en una penumbra tenue. 

Si no iba a hablar, casi no le quedaba más opción que dormir. 

«Señor Han Seok-bong… ¿así se sintió usted…?»

N/T Han Seok-bong:  Figura histórica coreana, famoso por su caligrafía. Esta frase suele usarse de forma irónica cuando alguien se siente especialmente aplicado o concentrado.

Aunque la situación no tenía nada que ver, Eddie recordó ese pensamiento mientras se revolcaba en la cama, moviendo los pies inquieto. 

—Haah…

Finalmente, Eddie dejó escapar un suspiro profundo y dirigió la mirada hacia Ketron, que estaba en un rincón afilando su espada sagrada. 

No sabía si Ketron se había dado cuenta de su repentina incomodidad, pero como Eddie no iniciaba su charla habitual, Ketron también permanecía en silencio, ocupado en sus quehaceres en el rincón. 

—Ket. 

—Sí. 

Ketron respondió de inmediato, como si hubiera estado esperando la voz de Eddie. 

—A dormir. 

Eran palabras simples, pero para Eddie requerían cierto valor. Ketron volvió la mirada hacia él. A diferencia de lo usual, la habitación estaba demasiado oscura para distinguir su expresión. 

—Sí. 

Ketron asintió, apoyó la espada sagrada contra la pared, apagó una vela cercana y se acercó. 

Llevaba ropa ligera después del baño, y de él emanaba, inusual, el aroma de la loción que Eddie usaba. 

Eddie se acurrucó junto a la ventana, como una vez había hecho en su propia posada. Ketron lo miró un momento desde arriba antes de subir lentamente a la cama y acostarse. En un instante, la cama quedó llena, y Eddie quedó atrapado entre la pared y Ketron. 

Claro que, tanto entonces como ahora, Eddie seguía sintiendo esa calidez acogedora, como si estuviera dentro de un nido. 

El problema era que esta cama era un poco más pequeña que la suya, y si no podía reducir su tamaño, solo quedaba una opción. 

Eddie lo pensó un momento antes de moverse torpemente y arrastrarse hacia los brazos de Ketron. 

—No queda de otra, ¿no? Es estrecha. 

Ketron se estremeció visiblemente, pero Eddie lo atribuyó al contacto repentino. Era comprensible que se sobresaltara. 

Como no podía ver su rostro y era natural guardar silencio para dormir, esto resultaba más cómodo. 

—Ket, buenas noches. 

Ketron no respondió, pero Eddie, agotado por el viaje y el ajetreo del día, aunque fuera a una ciudad cercana, pronto sintió el sueño apoderarse de él. Sus párpados se cerraron pesadamente. 

El pecho de Ketron estaba cálido, y aunque el momento era un poco incómodo, se sentía cómodo de todos modos.

Eddie, que por dentro se quejaba pensando en lo incómodo que era todo esto y en cómo se suponía que debía dormir así, no tardó en quedarse profundamente dormido, respirando suavemente.

—… 

Ketron solo dejó escapar el aliento que había estado conteniendo todo el día cuando estuvo seguro de que Eddie estaba profundamente dormido. 

No, claro que durante todo el día, mientras paseaban juntos, había sentido una inquietud inexplicable en el pecho. Pero desde que entraron juntos al baño, su corazón latía con fuerza, y experimentaba reacciones físicas que no entendía. 

Ketron no sabía exactamente qué era, pero, por alguna razón, sentía que Eddie no debía descubrirlo. Por eso había estado tenso desde antes. 

Eddie, que no era precisamente perceptivo, no parecía haber notado nada. Y para Ketron, eso era un alivio. 

—… 

Ketron cerró los ojos y miró a Eddie, que estaba profundamente dormido.

El pecho le revoloteaba. El corazón le palpitaba. 

Era una sensación desconocida, pero no resultaba desagradable. Más bien, si hubiera que clasificarla, se inclinaría hacia lo positivo. 

Ketron cerró los ojos con quietud. No para dormirse, sino para ordenar sus pensamientos. 

Qué había estado pensando antes, qué era aquello. 

Cuando Eddie le lavó el cabello, cuando le limpió el rostro, cuando le sujetó las mejillas mientras reía, cuando su mirada se posó en los labios de Eddie. 

Por qué, cada vez, perdía el control ante esa emoción que se agitaba y golpeaba como una ola. 

Por qué ahora, con Eddie acurrucado en sus brazos, su corazón latía como si quisiera saltar fuera de su pecho. 

El porqué de todo eso. 

Ketron sí sabía a qué se parecía lo que sentía. Era una sensación que ya había experimentado antes. 

La misma sensación de cuando no podía dormir y se revolvía, cuando el estómago le revoloteaba y algo caliente y sofocante le llenaba el pecho. 

Se parecía a lo que sintió aquella vez, cuando no pudo contenerse y alivió sus deseos en el baño. 

—Ket… 

La voz de Eddie llamándolo con normalidad resonó en su mente. 

—Ket…

Pero esa voz sonaba más arrastrada y pegajosa que de costumbre. 

—Huu…

Ketron respiró hondo. El aire que exhaló estaba sorprendentemente caliente. Al darse cuenta, tuvo que esforzarse conscientemente por bloquear un pensamiento. 

Porque ahora no estaba solo en la habitación como aquella vez. Este no era el baño privado de la posada de Eddie. No era un lugar donde pudiera aliviar sus deseos en soledad y pasar desapercibido, así que debía contenerse. 

¿No decían que el ladrón que aprende tarde roba con más audacia? Ketron sintió que iba a morir por la incomodidad del repentino deseo de su cuerpo por sensaciones tan evidentes y primitivas.

¿Y por qué, justo en momentos como este, era Eddie quien aparecía en su mente? Era un pecado siquiera pensar de esa manera en esa persona amable, que solo lo había bañado y cuidado. 

Pero, sabiendo que era un pecado, ¿por qué le daban ganas de extender la mano cada vez que miraba a Eddie? De tocar esa plateada cabellera radiante, de acercar la mano a esas mejillas suaves, de introducir un dedo entre esos labios carnosos. ¿Y si lo mordisqueaba con los labios? 

No, imposible. Seguramente lo miraría con expresión desconcertada. —¿Ket? ¿Qué pasa? —preguntaría con voz confusa. 

¿Por qué siquiera imaginaba algo así? ¿Y si esos labios mordían su dedo? ¿Y entonces? ¿Qué después? Ni siquiera sabía qué intentaría hacer al extender esa mano, ¿cómo se atrevía a pensar esas cosas? 

Ni el propio Ketron entendía por qué su cuerpo actuaba así últimamente. Pero una cosa tenía clara. 

Esta noche tampoco lograría dormir.

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