Ketron Chapter 63

 Capítulo 63

Inmediatamente se retractó de su propio pensamiento. «Ablandarse, ¡vaya tontería!»

Sebastián, al recordar la gélida mirada que Ketron le había lanzado en ese momento, sintió que todo su cuerpo temblaba sin poder evitarlo. Mientras tanto, Eddie, que ya había terminado de preparar los ingredientes, vertió aceite en la sartén y comenzó a cocinar en serio. 

Sebastián ya estaba saturado del kimchi. Además, su sabor no era de su agrado. Era agrio y amargo, podría decirse. Por eso tampoco le interesaba el ‘nuevo menú’ que Eddie preparaba. Solo miraba de reojo la espalda de Eddie moviéndose afanosamente entre fogones. Fue en ese momento cuando un olor desconocido pero delicioso comenzó a llegar a su nariz. 

«Vaya, ¿por qué huele tan bien?»

Sebastián olfateó el aire y, sin darse cuenta, se acercó a Eddie como un perro de Pavlov atraído por el aroma. 

La comida plana y naranja se estaba volviendo dorada a medida que las manos de Eddie sacudían la sartén con concentración.

En el instante en que divisó ese alimento brillante y crujiente, olvidó por completo que estaba hecho con el odiado kimchi y tragó saliva con un —glup— audible. 

Sin duda, era un plato desconocido para Sebastián. 

Era plano y de color zanahoria y sin ningún atractivo real. Aunque los trozos de kimchi, las gambas y los pedazos de calamar incrustados aquí y allá le daban un aire algo delicioso. De todos modos, era demasiado extraño como para sentir interés. 

O al menos no debería sentir interés. 

—Glup. 

Entonces, ¿por qué se le hacía agua la boca? 

Cuando Sebastián, incapaz de apartar la vista, clavó los ojos en el plato con una mirada extrañamente ardiente, Eddie soltó una risita. 

—¿Qué tal? Costó trabajo conseguir el calamar. 

El murmullo de Eddie añadiendo —En realidad fue Gerald quien se esforzó… —no llegó a los oídos de Sebastián. 

—Ah, pues… 

Debía fingir desinterés por su aversión al kimchi, pero no pudo. 

Aunque el aroma y la apariencia eran extraños, la experiencia de haber probado antes la comida de Eddie, junto con los cinco sentidos que insistían con fuerza, le decían que debía confiar.

«Eso tiene que ser delicioso». 

—Toma. 

Al final, Sebastián se rindió. En cuanto tomó los palillos que Eddie le ofrecía, mordió con fuerza un enorme trozo de lo que Eddie llamó kimchijeon

N/T kimchijeon: Es una variedad de jeon, plato coreano parecido al panqueque, hecho principalmente a partir de kimchi en tiras, rebozado de harina y a veces otras verduras. El kimchi, verdura encurtidas picantes sazonadas con guindilla y jeotgal es un alimento básico en la cocina coreana. Se sirve como aperitivo, snack o banchan (guarnición).

Estaba caliente. Y sabroso. Los bordes crujientes se desmoronaban bajo sus dientes, mientras las gambas y los trozos de calamar mantecosos rebotaban en su lengua. Para rematar, el kimchi, con su acidez peculiar, añadía un toque vibrante. 

Glup. 

El kimchijeon, tan grande como la sartén, desapareció en un instante dentro de la boca de Sebastián. Un sabor que, una vez probado, resultaba imposible de dejar. 

—Está brutal. 

Usando la expresión que Eddie le había enseñado alguna vez, Sebastián puso cara de profundo éxtasis. Eddie, como si lo hubiera esperado, sonrió satisfecho. 

Hasta con comida precocinada, es agradable que otros disfruten lo que cocinas. Así que, por supuesto, halagar un plato preparado con esmero después de tanto tiempo no podía menos que alegrarle. 

Si Sebastián, quien nunca dudaba en decir —Está asqueroso—, ponía esa cara de emoción, el kimchijeón que había preparado tras tanto tiempo debía de ser un éxito rotundo. 

«Tal vez debería probar más recetas con kimchi a partir de ahora».

—Eddie, ¿dónde diablos aprendiste a hacer todo esto? 

A partir de ese momento, Sebastián se instaló junto a Eddie, observando con atención cómo preparaba el kimchijeon mientras devoraba porciones sin parar. 

Ante la pregunta, Eddie frunció el puente de la nariz con gesto incómodo. 

Cada vez que Sebastián cuestionaba los productos de conveniencia que traía o las recetas que no encajaban en ese mundo, Eddie solía quedarse sin palabras. 

Gerald y Ketron, después de todo, nunca hacían ese tipo de preguntas. 

—Mmm… ¿antes? 

—¿Antes cuándo? ¿Acaso viviste mucho tiempo en el extranjero? 

—Algo así. 

Era una respuesta vaga sin detalles concretos, pero Sebastián la aceptó a su manera. 

Si Eddie era de origen noble, no sería extraño que hubiera estudiado en tierras lejanas. Nada especial en eso. 

—¿Me enseñarás a hacerlo bien? Esto... con alcohol sería increíble.

Sebastián, más como bebedor que como empleado, lamentó no tener una copa en ese instante al imaginarse el alcohol que acompañaría el platillo. Eddie también pareció recordar algo al escuchar la mención.

—Ah, alcohol.

Al hablar de alcohol, Eddie se sumió en sus pensamientos un momento antes de que algo pareciera iluminarle. No tardó en esbozar una sonrisa radiante.

—Habrá que lanzar varios nuevos menús esta vez.

Murmuró algo sobre Jajangmyeon y otros platillos, pero su voz era tan baja que Sebastián no logró captarlo bien.

¿Mak... algo? ¿Magal...? No se escucha claro.

N/T Magal: Se intentó decir makgeolli. El makgeolli, también conocido como makkoli o makuly(takju) —a veces llamado en Occidente vino de arroz coreano—, es una bebida alcohólica tradicional originaria de Corea. Se hace a partir de una mezcla de trigo y arroz con nuruk, lo que la da un color blanquecino lechoso, y un sabor dulce.

—Haré uno más y luego te toca a ti. Si preparas bien la mezcla, solo hay que voltearlo cuando esté dorado. Es más fácil de lo que parece.

—¡Déjalo en mis manos!

Sebastián, que ya había devorado cinco porciones de kimchijeon, se golpeó el vientre hinchado al responder.

Para el último, Eddie vertió una cantidad extra de mezcla. El resultado fue notablemente más grande y grueso que los anteriores. Los bordes crujientes prometían un sabor exquisito. Aunque ya había comido cinco, la vista le hizo tragar saliva involuntariamente. Pero Sebastián lo sabía. Ese en especial era para alguien.

Al pasar el kimchijeon más grande y grueso a un plato, Eddie entregó la sartén a Sebastián y añadió:

—¿Podrías llevar unas porciones a Gerald después de hacerlas?

—¡Claro que sí!

Mientras Sebastián se instalaba frente a la sartén, Eddie salió rápidamente de la cocina antes de que el kimchijeon se enfriara.

Era obvio para quién era.

«Bueno, claro. Con algo tan delicioso, cualquiera querría compartirlo con su pareja».

Sebastián, convencido de que Ketron y Eddie eran amantes, pensó esto para sí mismo mientras vertía la mezcla en la sartén. El jeon se doró al instante.

«Esto será un éxito. Aunque todo ha tenido buena recepción, este nuevo menú será sensacional».

Con esa certeza, Sebastián volteó la sartén con destreza. El nuevo platillo que haría volar la posada de Eddie se alzó en el aire antes de aterrizar suavemente. Un aroma sabroso inundó la cocina.

* * *

Agustín se masajeó los hombros tensos.

Últimamente, con tantos asuntos por resolver, no había tenido tiempo de estirarse adecuadamente, y los músculos se sentían rígidos.

Al reflexionar, no recordaba haber estado tan inactivo desde su adolescencia.

Pero ignorarlo no era opción. El Emperador mismo le encomendaba esas tareas.

«Maldición, la frustración de ser el intermediario».

Agustín sacudió exageradamente los hombros al caminar. Los caballeros sagrados en el templo lo saludaron con familiaridad al ver su peculiar marcha.

—Sir Agustín, parece ocupado estos días.

Agustín, una figura popular en el templo, respondió el saludo con naturalidad.

—Por supuesto. Soy manos y pies de Su Majestad.

El Emperador y el Papa tenían una relación abiertamente tensa, y Agustín servía de puente entre ambos.

El motivo era simple. El Imperio de Reneba mantenía una estricta separación entre Estado e Iglesia, y el Papa simpatizaba más con la facción aristocrática noble.

En realidad, no era tanto la facción, sino su insistencia en que el surgimiento del Rey Demonio era un castigo divino por los pecados del Emperador, desplazando la culpa del templo a la corona... pero esa postura coincidía exactamente con la facción aristocrática noble.

Agustín, aunque pertenecía al templo, era uno de los héroes que derrotaron al Rey Demonio. Se alineó con el Emperador para estabilizar el ánimo popular, sin ceder demasiado al Papa. Un raro caso de clérigo en esa posición.

Para el Papa, era un clérigo aliado de su rival, pero no podía odiarlo abiertamente.

Un sacerdote de alto rango que cumplía sus deberes sin olvidar su neutralidad.

Así, Agustín terminó yendo y viniendo entre el templo y el palacio, tan ocupado que no tenía tiempo para estirar.

Los caballeros, conscientes de su situación, sonrieron con complicidad.

—Se nota. Su Majestad lo tiene en alta estima.

—¿Esto es tener estima? ¿Quieren ocupar mi lugar?

—¡Oh, no!

—No nos atreveríamos.

Intercambiaron palabras ligeras, como si se tratara de un juego de bromas. Matar el tiempo con charlas triviales tenía su propio encanto, y Agustín había relajado por fin la tensión de su cuerpo cuando, 

—Aunque sería bueno si al menos hubiera algo que pudiéramos hacer para ayudarle. 

—¿Oh? ¿Tan ocupado parezco? 

—Sí, tanto que ni siquiera tiene tiempo para juntarse con el conde Arthur o Lady Boram últimamente. 

Agustín respondió con una risotada a los caballeros, que casi parecían burlarse. 

Pero por dentro, sintió un leve pinchazo. 

Es cierto que estaba ocupado, pero el motivo por el que ya no compartía con Arthur y Boram no era solo ese. 

La verdad era que, desde la derrota del Rey Demonio, Agustín había empezado a percibir una extraña incomodidad entre ellos. 

«¿Por qué me siento así?»

Sin duda, habían luchado juntos arriesgando sus vidas y habían vencido juntos. 

Pero la cálida relación que debería estar llena de alegría se había enfriado como si alguien le hubiera arrojado un balde de agua helada. 

«Es raro. Nuestro viaje estuvo lleno de la carga de una gran misión, pero también de romance y recuerdos felices». 

«Entonces, ¿por qué me siento tan culpable al estar con ellos?»

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