Ketron Chapter 67

 Capítulo 67

* * *

«Debería haberle dado al menos una leche de banano antes de que se fuera».

Solo después de que Agustín saliera de la posada, ese pensamiento cruzó por la mente de Eddie. Su mente, que había estado tan rígida como una piedra y no podía pensar con claridad, comenzó a funcionar con retraso.

—Haah. 

Eddie por fin logró exhalar el aire que había estado conteniendo a duras penas. Había sido un momento agobiante. 

Al principio, había estado nervioso pensando que el noble podría conocer a Eddie del pasado. Afortunadamente, era un completo desconocido. Solo se había acercado porque Eddie se parecía a un antiguo amor no correspondido. 

Incluso en su vida como Lee Jeong-hoon, Eddie estaba acostumbrado a recibir coqueteos. Después de todo, objetivamente, no tenía un rostro desagradable. 

Por eso, aunque había recibido coqueteos de hombres, siempre los había rechazado cortésmente con una sonrisa, y el otro lado generalmente se retiraba de manera limpia. Por lo tanto, no tenía recuerdos destacables al respecto.

Gracias a eso, esta era la primera vez que recibía un acoso tan descarado, y encima de un hombre que acababa de conocer. No pudo controlar su expresión. 

Era un noble, así que Eddie tuvo que mascullar maldiciones internas y morderse los labios hasta hacerlos sangrar para aguantar. 

Aun así, si Agustín no hubiera intervenido justo antes de que esas manos repulsivas se volvieran más insistentes en su muñeca, quién sabe qué habría hecho Eddie. 

—Eddie. 

Aturdido por la repentina resaca emocional, Eddie levantó la cabeza de golpe al escuchar su nombre. 

Ketron lo miraba fijamente. 

Al darse cuenta tarde de lo inusual que habían sido la expresión y actitud de Ketron, Eddie respondió apresuradamente: 

—¿Mm? 

—¿Qué le hicieron? 

—Ah. 

La pregunta lo dejó sin palabras. 

En realidad, no había sido nada tan grave. Solo le habían tocado la muñeca y acariciado un poco. Claro que el recuerdo de esa palma húmeda deslizándose por el dorso de su mano y apretando su muñeca seguía siendo repulsivo. 

Eddie inconscientemente presionó la punta de sus uñas contra su muñeca, sintiendo la piel de gallina al recordar la sensación. Pronto quedaron profundas marcas de uñas en sus muñecas.

Eddie, que había estado eligiendo sus palabras, fingió calma. Ya había pasado. No era algo tan grave como para contárselo a Ketron. 

—No fue nada. 

Sí, no fue nada. Nada lo suficientemente serio como para quejarse de que lo habían lastimado. 

¿Acaso le habían tocado alguna parte íntima? ¿O lo habían manoseado? Solo fue algo desagradable. Aunque eso ya era problema suficiente. 

—Lo siento. 

Mientras Eddie intentaba racionalizar que «no había sido nada», de pronto Ketron se disculpó. 

¿Se disculpaba sin haber hecho nada malo? Eddie abrió los ojos de par en par. 

—¿Eh? ¿Por qué? 

—Debería haber estado a su lado. 

Eddie no entendió de inmediato el significado de sus palabras. Pero, a medida que las asimilaba, sus ojos brillaron y el calor subió a sus mejillas. 

En el momento en que comprendió la sinceridad absoluta detrás de esas palabras, una ola de emoción lo arrasó. 

«Es tan dulce que me mata».

Eddie no pudo contenerse y alzó la mano. Sus dedos se posaron en la suave mejilla de Ketron y, juguetonamente, la estiró hacia un lado, deformando ligeramente ese rostro bien parecido. 

A pesar de que su cara se distorsionaba y de que Eddie lo amasaba como si fuera masa de pasteles de arroz, Ketron se mantuvo dócil. 

El mismo que había puesto una expresión siniestra y se había acercado furioso al enterarse de que alguien había acosado a Eddie, ahora permanecía quieto, con cara de inocencia, dejando que Eddie hiciera lo que quisiera. 

El que antes rechazaba todo contacto como un gato callejero desconfiado, ahora se había vuelto tan manso como un animal domesticado. Hasta se culpaba por no haber estado ahí para protegerlo. ¿Cómo no sentirse orgulloso? 

—¿Disculparte por qué? ¿Dónde voy a encontrar a alguien que me cuide tanto como tú? 

«Ah, si Gerald escucha esto, se pondrá un poco celoso».

Por suerte, Gerald no estaba, así que Eddie pudo decirlo sin reparos: 

—¿De verdad, cómo voy a vivir sin ti? 

Cuando encontró a Ketron por primera vez, había extendido su mano movido por una vaga compasión hacia un héroe olvidado. Pero ahora, a Eddie le resultaba difícil imaginar la vida sin Ketron a su lado. 

Bueno, claro que Eddie también era uno de los protagonistas en la segunda parte de la historia, así que no habría razón para separarse. 

Pero lo que Eddie no sabía era que Ketron, quien hasta ahora se había quedado quieto sin importarle cómo le estrujara la cara, se quedaría petrificado como el hielo ante esas palabras. 

Ketron exhaló un suspiro ronco y, de repente, agarró la mano de Eddie que había estado sosteniendo su mejilla, la misma mano que había sido acosada.

Antes de que Eddie pudiera reaccionar, de los labios de Ketron salió una voz siniestra: 

—¿Ha pensado en separarse de mí? 

—¿Eh? 

Eddie, que no entendía la situación, emitió un sonido atontado mientras miraba fijamente a Ketron. Este, a su vez, observó en silencio a Eddie antes de posar sus labios en la muñeca que sostenía. 

—¡...! 

Eddie se estremeció de sorpresa e intentó apartar el brazo, pero su muñeca no se movió. Unos labios suaves y tiernos aterrizaron en su muñeca como una mariposa.

La sensación húmeda sobre el hueso prominente de la muñeca era tan vívida que parecía palpable. 

«¿Eh?»

«¿Qué... qué está pasando?»

Su mente, incapaz de comprender la situación, vomitaba preguntas, mientras su cuerpo se quedaba rígido, inmovilizado. Con la mandíbula tensa y sin poder articular palabra, Eddie finalmente logró hablar con urgencia.

—Ket...! ¿Qué estás haciendo? 

Una extraña sensación de peso en el bajo vientre lo dejó sin saber cómo reaccionar. Entonces, en su oído, resonó la voz lenta y grave de Ketron. 

Sus palabras surgieron como un suspiro: 

—Eddie. 

—Suéltame ya... 

—Si usted me abandona, no sé qué seré capaz de hacer. 

«Así que quédese a mi lado». 

Mientras esas palabras, casi siniestras, resonaban, la mirada sombría de Ketron se encontró con la de Eddie. 

Ya de por sí, cada vez que Ketron hablaba, su aliento cosquilleante en la muñeca lo dejaba sin saber qué hacer, cada palabra que salía de su boca era desconcertante. 

—¿Qué estás diciendo? 

—Lo que escuchó. ¿Acaso le tocaron aquí? 

Ketron no había visto cómo ese hombre tocó a Eddie, pero, como si lo supiera, apoyó sus labios en la muñeca y continuó: 

—Yo no tengo intención de irme, así que... 

—... 

—Eddie, no me abandone. 

A primera vista, esas palabras sonaron como una petición. 

Pero no. No era una petición. 

Eddie, sobresaltado, logró liberar su muñeca de un tirón. 

Esta vez, Ketron no insistió en retenerlo a la fuerza. 

El ambiente se calmó, como si una brisa suave hubiera soplado de pronto. 

El corazón de Eddie latía descontroladamente.

«Este tipo, ¿cómo puede decir esas cosas como si fueran una amenaza...?»

Eddie, preocupado de que el latido de su corazón pudiera ser escuchado por Ketron, habló rápidamente sin pensar.

—Irme, no pienso irme…

No sabía cómo terminar esa frase desordenada. Su boca, que se abría con una honestidad infinita, parecía imposible de controlar. Al final, no tuvo más remedio que dejar salir sus verdaderos sentimientos: 

—¿Cómo podría abandonarte? 

La pregunta de cómo podría vivir sin él no era más que una especie de exclamación. No lo había dicho con la verdadera intención de alejarse del lado de Ketron.

En primer lugar, ni siquiera podía hacerlo. Si lo intentara, la ‘historia’ lo perseguiría al instante, con un sonido chirriante y aterrador. 

Pero antes que eso, Eddie no quería alejarse de Ketron. 

«...Aunque, ¿por qué me estoy justificando?»

Con esa pregunta que lo invadía, Eddie lo miró con los ojos vidriosos, y ante sus palabras, la expresión inicialmente indiferente de Ketron se suavizó un poco.

—Entiendo.

Su tono era tan seco y poco expresivo como de costumbre, como si no quisiera transmitir emoción alguna.

Además, su rostro mostraba una indiferencia absoluta, como si nunca hubiera posado sus labios en la muñeca de alguien. 

Fue en ese momento cuando, de forma inconsciente, Eddie comenzó a rozar con la yema de los dedos la zona donde Ketron había posado sus labios. La confusión ante aquel gesto creció en su interior. 

¿Qué significado tenía que, enfadado, Ketron hubiera presionado sus labios con tanta firmeza precisamente en la zona donde otro lo había acosado? 

—…

Algo que podría decirse que era la respuesta correcta iluminó brevemente la mente de Eddie, pero pronto se atenuó.

Eso no podía ser. 

No era posible que fuera eso… ese concepto tan común en subculturas o historias románticas. Ese concepto de ‘desinfectar~♡’.

Cuando alzó la mirada hacia el rostro de Ketron, este, como siempre, estaba impasible, sin el menor rastro de expresión. Eddie desechó de inmediato su propia teoría del «desinfectar~♡». 

Sí, claro. Ketron no haría algo así. Su protagonista no era el tipo de persona que haría algo tan cosquilleante e infantil. 

Tanto en la obra original como en el mundo real, Eddie había confirmado que Ketron era exactamente ese tipo de personaje. 

Además, ¿qué razón tendría para hacerle algo así a él, que ni siquiera era la heroína? 

…Entonces, ¿qué había sido eso? 

Eddie frunció el ceño, sintiendo aún un hormigueo no solo en su muñeca, sino también en el bajo vientre. Por alguna razón, la zona donde los labios lo habían tocado ardía. 

El comportamiento de Ketron ya era extraño de por sí, pero sus propias reacciones fisiológicas eran igual de inexplicables. 

¿Por qué le hormigueaba el bajo vientre? No era una sensación que debería surgir en un momento así. Se puede sentir algo de cosquillas, sí, pero esto estaba muy lejos de ser simplemente eso. 

Si hubiera tardado un poco más en apartar la mano, podría haber… 

—…

En ese momento, Eddie sintió que las luces de emergencia en la esquina de su cabeza comenzaban a parpadear. Una luz roja destelló de forma cortante y brillante.

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