Ketron Chapter 70
Capítulo 70
—…
Su cuerpo no se movía.
Los ojos se abrieron, pero la habitación común estaba extrañamente iluminada por un tenue resplandor rojizo, algo diferente de lo habitual. También había un extraño olor a perfume que se extendía por la punta de la nariz.
No era una situación normal.
Se parecía a la parálisis del sueño, pero no era exactamente lo mismo.
…El espacio de los demonios que utilizan los sueños.
Habría sido normal sentirse alarmado o asustado, pero como no era la primera vez que le ocurría, Ketron no se inmutó.
No, iba más allá de no ser la primera vez. Lo había experimentado con frecuencia.
Los sueños, especialmente las pesadillas o la parálisis, eran recursos exclusivos de los demonios. Para Ketron, que había pasado años enfrentándolos, luchando y, al final, derrotando incluso al Rey Demonio, era una táctica tan repetitiva que le provocaba bostezos.
Efectivamente, no tardó en aparecer un demonio de rostro pálido que asomó la cabeza abruptamente desde el techo.
El demonio descendió con suavidad, se posó cerca de la ventana de la habitación de Ketron y, caminando con lentitud, se detuvo a su lado.
—Hace tiempo, héroe.
—…
—Ah, no. ¿O debería decir héroe abandonado?
Aunque sus palabras eran burlonas y sarcásticas, Ketron no mostró cambio alguno en su expresión, limitándose a evaluar al otro.
No era un súcubo ni un íncubo.
No se trataba de aquellos seres famosos por infiltrarse en los sueños humanos, forzando deseos y absorbiendo su energía. Solo era un demonio común que, aprovechando su habilidad para manipular algo similar a los sueños, lo había buscado.
Aunque decir que era un demonio común también era exagerar. Su oponente era un demonio de alto rango, uno de aquellos que asesoraban al Rey Demonio desde su círculo más cercano.
Su nombre, probablemente, era Lirzahir.
Pero incluso atrapado en un sueño que inmovilizaba su cuerpo y frente a un demonio de clase noble, Ketron no sentía miedo.
Para empezar, el otro no era una amenaza tan grande, y no percibía intención de matarlo. Además, ni siquiera era su verdadero cuerpo. Seguramente, una copia.
Él había derrotado hasta a su rey, el Rey Demonio. No había motivo para temer a un lacayo que había perdido a su soberano. Aunque ahora estuviera atado, podría liberarse en cualquier momento si lo necesitaba.
Pero en lugar de eso, Ketron habló con calma.
—¿Por qué apareces ahora, después de tanto tiempo en silencio?
—¿Nosotros? No hemos estado callados. Tú no nos prestaste atención.
Ketron y Lirzahir conversaban con la naturalidad de viejos conocidos. Aunque el ambiente era bastante frío, era posible porque ninguno de los dos mostraba hostilidad.
—Tu rey estaba bastante molesto por nuestra culpa.
Le vino a la memoria, como un eco lejano, los rumores que circulaban entre los cortesanos. Que el reino estaba inquieto por los remanentes de los demonios.
—Ah, ¿ya no te interesa?
—…
—Bueno, es comprensible. Si me abandonaran como a ti, como un perro después de la caza, ni siquiera querría volver a verlos, mucho menos ayudarlos.
Lirzahir sonrió con malicia. Aunque parecía tomar el lado de Ketron, en realidad era una crítica velada hacia él por haber ayudado a esos humanos.
—¿Qué tal se siente? Que los humanos que salvaste te descarten así.
Ketron no respondió. Solo cerró los ojos con fuerza y los volvió a abrir.
¿Acaso todos los demonios conservaban sus recuerdos? No, quizá solo los de alto rango. Los que no estaban en el castillo del Rey Demonio en ese momento debían haber perdido la memoria, como le ocurrió a Agustín, que estuvo fuera conteniendo al ejército… Entonces, ¿qué pasó con los que sí estaban dentro?
—¿Te gusta la vida de ser mimado aquí?
Sumergido en pensamientos complejos, Ketron lanzó una mirada oblicua hacia Lirzahir, cuya voz ahora sonaba burlona, como si hubiera decidido molestarlo directamente.
Mimado. Era imposible no entender a qué se refería.
—Será mejor que no hagas tonterías.
—Ohhh.
—Si quieren preservar lo poco que les queda de poder.
Sus ojos, aunque serenos, transmitían una advertencia clara. ‘Si tocas lo mío, no me quedaré quieto’. Y Lirzahir lo sabía.
«Este tipo no habla en vano».
La gente lo llamaba héroe y lo veneraba, pero Lirzahir, que había estado en el bando opuesto, lo conocía bien.
Nació en esta era como héroe, pero si las cosas hubieran sido un poco diferentes, habría terminado siendo un verdugo de humanos.
Lirzahir soltó una risa seca. De todos modos, no tenía intención de tocar a la gente de este lugar, especialmente a ese humano del que Ketron parecía inseparable.
No solo eso, sino que, más bien…
Lirzahir miró a Ketron desde arriba con una expresión muda que decía ‘esto es divertido’.
«Este tipo realmente no sabía nada. Bueno, sería raro si lo supiera».
—Desaparece de aquí.
Como Lirzahir seguía observándolo en silencio, Ketron dejó escapar su irritación sin disimulo, como si ya estuviera harto.
Al notar esa mirada peligrosa, Lirzahir sonrió con malicia.
—Esa mirada sigue igual. Esa mirada que actúa como si todo el mundo estuviera bajo tus pies. Aunque el mundo te haya abandonado y olvidado, parece que tu naturaleza no ha cambiado ni un poco.
—¿Quieres que te devuelva a tu dimensión a la fuerza, o prefieres retirarte por tu cuenta?
Ketron ignoró las palabras sarcásticas y formuló su pregunta. Básicamente, le daba a elegir entre muerte ajena o propia. Lirzahir soltó una risotada seca.
—En serio… sigues igual.
Hizo un gesto con la mano como diciendo que no tenía intención de ser devuelto.
—Por supuesto que rechazo la devolución. ¡Eso duele horrores!... Creo que ya he cumplido mi papel al retenerte todo este tiempo.
Las cejas de Ketron se retorcieron ante esas palabras extrañas.
«¿Retenerlo?»
Había estado pensando que, a pesar de que había venido hasta aquí, todo lo que decía parecía sin sentido. Empezaba a preguntarse cuál era el verdadero motivo de su visita. Un presentimiento siniestro hizo que el corazón de Ketron comenzara a latir con fuerza.
De un tirón, Ketron rompió la fuerza invisible que aprisionaba su cuerpo, se levantó de un salto y se abalanzó sobre Lirzahir.
¡Bang!
El cuerpo de Lirzahir se estrelló contra la pared en un instante. Aunque era un edificio relativamente resistente, la pared de una posada común se arrugó como papel.
—¡Kh!
La mano de Ketron se cerró como una tenaza sobre el hombro de Lirzahir.
Crack.
Aunque solo había aplicado fuerza, el cuerpo resistente del demonio se deformó como si fuera queso blando, perdiendo su forma bajo su agarre.
El brazo de Lirzahir quedó colgando precariamente, como si fuera a desprenderse en cualquier momento. Era una fuerza increíble para tratarse solo de fuerza bruta.
Crunch, crack.
Ketron no mostró piedad y siguió destrozando el cuerpo del demonio.
No brotó sangre. Era de esperar, pues el Lirzahir actual era poco más que un avatar.
—¿Qué estás tramando?
Lirzahir, sensible a las emociones humanas, captó la ansiedad que emanaba de Ketron y sonrió con malicia.
—Solo he sido un señuelo para distraerte, estúpido héroe.
Ante esas palabras, Ketron no dudó ni un segundo. Extendió la mano y, de un solo golpe, arrancó la cabeza de Lirzahir.
¡Paf!
Con ese sonido, el avatar de Lirzahir se deshizo en polvo y se esfumó. Si no fuera por el profundo agujero en la pared, nadie podría haber adivinado lo que acababa de ocurrir. Desapareció tan rápido como había llegado.
Al mismo tiempo, ese extraño aroma a perfume que impregnaba el espacio de los demonios se esfumó, y Ketron regresó a su habitación real. El espacio se había roto cuando Lirzahir fue devuelto a su dimensión.
[—¡Ketron!]
En ese momento, la Espada Sagrada lo llamó.
Parecía haber estado llamándolo desde hacía rato, pero Ketron no había podido oírla porque Lirzahir lo tenía atrapado en esa conversación dentro del sueño.
Como si realmente hubiera estado ganando tiempo.
Ketron giró hacia la Espada Sagrada y vio que su hoja brillaba con un fulgor blanquecino, como si hubiera detectado la presencia cercana de un demonio.
Como si le ordenara exterminarlo de inmediato.
Pero, ¿no acababa de devolver a Lirzahir?
[—¡Está a tu lado!]
Ketron, que hasta entonces había estado reflexionando, siguió la indicación de la Espada Sagrada y percibió la presencia en la habitación contigua. En el instante en que escuchó los latidos frenéticos del corazón de Eddie, como si estuviera temblando de terror, se levantó de un salto y corrió hacia la habitación de al lado.
* * *
—Eddie.
Eddie, que había caído en un sueño profundo sin soñar, de pronto escuchó una voz que lo llamaba.
¿Quién era? Era una voz que nunca había escuchado antes.
Sin embargo, aunque era la primera vez que la oía, de algún modo resultaba viscosa y daba una sensación lúgubre. Podría decirse que era una voz extraña, como si surgiera burbujeando desde las profundidades subterráneas.
—Mi adorable criatura. ¿No quieres venir aquí?
La voz siguió seduciendo a Eddie. Aunque Eddie sentía mucho sueño, de alguna manera esa sensación desagradable hacía que no quisiera responder a la voz.
Pero cuando Eddie ni siquiera se movió ante las palabras melosas, la voz pronto reveló sus siniestras intenciones.
—¿No te he dicho que vengas ahora mismo?
En el instante en que esa fuerza incomprensible e inexplicable abrazó a Eddie y lo atrajo hacia sí, Eddie no pudo evitar abrir los ojos de golpe al sentir un escalofrío recorrer todo su cuerpo.
Y entonces lo vio.
Una mano que emergía de un espacio desgarrado, más negro que la oscuridad del amanecer, con sus fauces abiertas de par en par en la negrura.
Una mano de piel pálida, casi blanca, delicada y hermosa que se acercaba lentamente para tomar el rostro de Eddie entre sus dedos.
—Qué fría...
Eddie tuvo ese pensamiento sin darse cuenta. Era un fenómeno tan extraño, tan absurdo, que no parecía real, pero el frío que tocaba su mejilla le hizo sentir que recuperaba un poco la consciencia.
«¿Qué está pasando?»
—Al fin nos conocemos.
En esa voz se percibía una extraña simpatía.
Sin embargo, aun así, Eddie no podía moverse. El tono era amistoso, la mano que sostenía su mejilla era suave.
Pero no podía gustarle en absoluto.
Eddie creía saber quién era el dueño de esa mano pálida. Rasgar el espacio y aparecer así era un recurso que aparecía varias veces en «El héroe no oculta su poder».
Y en esas escenas, solo había un ser que siempre aparecía.
Pero no podía ser ese ser. No era posible. No debía serlo.
Porque, después de todo, ese ser ya...
Ya había desaparecido.
Y sin embargo, por lo que Eddie sabía, solo había un ser en este mundo capaz de hacer algo así.
Eddie tragó saliva y abrió la boca lentamente.
—¿El Rey Demonio...?
Ante esas palabras, una caricia suave, como si estuviera acariciando a una criatura adorable, recorrió la mejilla de Eddie.
Como si estuviera halagado.
Comentarios
Publicar un comentario
Por favor sé respetuoso y no hagas PDFs de nuestras traducciones