Sirviente Chapter 115

 Capítulo 115

En lugar de responder, Eddie blandió su espada en el aire. El filo trazó un arco con ferocidad palpable. Ante esto, la sonrisa en los labios de Louis se profundizó. 

Los caballeros reunidos, sudando frío, retrocedieron paso a paso hasta pegarse contra la pared. Elliot, arrastrado sin querer, parpadeó con expresión atontada. 

—¿Es necesario retroceder tanto? 

Ante su pregunta inocente, Ted negó con la cabeza. 

—En circunstancias normales, deberíamos haber huido directamente. Es solo que hace tanto que no vemos un duelo entre Su Alteza y Sir Eddie, y hay mucho que aprender, así que nos arriesgamos a quedarnos. 

—¿…Eh? 

Al ver que Elliot no entendía, Ted suspiró. 

—El choque de sus fuerzas es tan aterrador que, si no tienes cuidado, podrías quedar atrapado en medio. 

—Ah… ya veo… 

Asintió, pero su rostro seguía mostrando desconcierto. Era comprensible: en su vida, había visto pocos guerreros verdaderamente fuertes. 

Su instructor de esgrima de la infancia, algún cazador habilidoso… Todos los que había conocido en su mundo limitado poseían habilidades mediocres. Por eso, ignoraba por completo las consecuencias de un enfrentamiento entre dos guerreros de alto nivel, incluso en un simple duelo. 

—Si no lo entiendes, solo observa. 

—Sí, entiendo. 

—Sir Ted, ¿quién cree que ganará? 

Un caballero que esperaba el final de su conversación se coló en el diálogo. 

—Difícil decir. En el último duelo, Sir Eddie ganó, así que… 

Ted se pasó los dedos por la barbilla. Louis había ganado algunas veces, pero solo cuando Eddie moderaba su habilidad por respeto a su posición. 

Eddie nunca revelaba todo su poder como asesino frente a otros. Sus movimientos eran demasiado grotescos, como los de la mayoría de aquellos que habitaban las sombras. Incluso Louis, probablemente, no había visto su verdadera fuerza. 


Hasta en sus duelos privados, era probable que Eddie ocultara parte de su habilidad. Ted había oído rumores de que algunos de los Sabuesos de Sober guardaban siempre una o dos técnicas secretas. Una fuerza que nunca liberaban por voluntad propia, salvo bajo órdenes. Si eso era cierto, ¿no sería difícil que Louis ganara? Claro, esto asumiendo que Eddie decidiera revelar ese poder. 

—¿Y usted, dónde apostará? 

—…Estos malditos. 

Ted mostró los dientes ante el ambiente que se volvía cada vez más festivo. Le irritaba que se atrevieran a convertir el duelo de sus superiores en mero entretenimiento. 

Irritado, pero… Ted resopló y metió la mano en su bolsillo. 

—A ese tipo… no, a Sir Eddie. Un oro. 

Cuando sacó la mano, una moneda brillaba entre sus dedos. Los caballeros esbozaron sonrisas pícaras. 

Elliot se apartó de ellos. Percibía una locura inexplicable en los caballeros del castillo del norte. 

Y, por supuesto, esa energía también llegó a Louis y Eddie, quienes se enfrentaban. 

[—Oh, esta vez parece que hay más personas apostando por mí. Supongo que haber mostrado distintas facetas durante las expediciones tuvo un gran impacto].

La voz mental de Louis resonó, llena de diversión. Eddie sonrió y tomó posición. Su cuerpo fluyó hacia Louis con la ligereza del viento. 

De pronto, la espada de Eddie se dirigió hacia su garganta. No hubo vacilación al apuntar al punto vital. Louis levantó su espada para bloquear justo a tiempo. 

¡Clang! 

El sonido del metal chocando fue claro, no tosco. Eddie no retrocedió, sino que siguió con una ráfaga de ataques. 

Cada movimiento era tan preciso y letal que, si el oponente fallaba al defenderse, le arrebataría la vida sin piedad. 

—¡Tsk! 

Louis, sin encontrar oportunidad para contraatacar, retrocedió paso a paso. Pero no perdió la calma en ningún momento. 

El intercambio fue unilateral durante un tiempo, hasta que Louis giró y apuntó al pecho de Eddie con el codo. Este recuperó su espada para defenderse, pero su postura se desequilibró. Louis no dejó pasar la oportunidad. 

La espada de Louis se alzó en un corte horizontal. Un ataque tan despiadado como los de Eddie. En el pasado, el miedo a lastimarlo lo habría detenido. 

Pero ahora era diferente. Louis sabía demasiado bien que dar su mejor esfuerzo era el mayor respeto hacia Eddie. Se lanzó con todo, y pronto, la situación se revirtió. 

Con cada ataque de Louis, su espada desprendía destellos azulados y rojizos, como chispas de fuego. 

Aunque había aprendido esgrima de Eddie, su estilo había evolucionado en el campo de batalla. Ahora, sus movimientos eran pesados pero impredecibles, adaptados a su complexión. 

Sin embargo, debido a lo familiarizados que estaban el uno con el otro, la victoria no llegaba fácil. Diez minutos pasaron tras el cruce de espadas, luego veinte. 

«Esto no tendrá fin si continúa así».

Era el momento de un golpe decisivo. La mirada de Eddie cambió. Al mismo tiempo, sus movimientos parecieron ralentizarse un instante antes de acelerarse de nuevo. Cada vez que se movía, dejaba tras de sí estelas borrosas que se encadenaban como si se hubiera multiplicado en decenas de figuras. 

El entrecejo de Louis se frunció. Su aura rojiza hendió las ilusiones varias veces, pero esta vez, el rastro de Eddie había desaparecido por completo. 

—¡Huh!

La sensación de que alguien cuya presencia irradiaba más fuerza que cualquiera hubiera sido borrado por completo del espacio heló los huesos del oponente. Aunque había demostrado esta habilidad en varios duelos, esta vez era distinto. Louis, por instinto, concentró su atención en su propia sombra, pero no logró detectar dónde estaba Eddie. 

Si no podía percibirlo con sus sentidos, no le quedaba más que depender de la vista. Louis escrutó rápidamente los puntos ciegos. Eddie no estaba. Tampoco se había mezclado entre los caballeros. De hecho, incluso ellos giraban sus cuerpos, buscándolo. 

Louis serenó su mente, que amenazaba con turbarse, y expandió su energía. Fue entonces. 

Junto con una repentina oleada de aura asesina, decenas de dagas volaron hacia él. Una energía oscura se entrelazaba entre ellas, como una red de captura lanzada contra una bestia. 

Y más allá, estaba Eddie. No se sabía cuándo había cambiado de arma, pero ahora empuñaba dagas medianas en lugar de su espada larga. La presión psicológica de que, si permitía el ataque, podría ser despedazado, se abatió sobre Louis. 

[—…¡No perderé!]

La punta de la espada de Louis se tiñó de oscuridad. La energía que estalló ondeó como una ola, tragándose de un solo bocado las dagas lanzadas por Eddie. Pero no se detuvo ahí. Louis se abalanzó contra Eddie, que cargaba hacia él. En cuanto estuvo lo suficientemente cerca, golpeó el costado de Eddie con el plano de su espada. 

Eddie, que perdió el equilibrio en el aire, cayó y rodó por el suelo. Gracias a que Louis retiró la fuerza al final, no hubo heridas, pero el resultado ya estaba decidido. 

Eddie miró la espada de Louis que rozaba su cuello y alzó lentamente ambas manos. 

—Perdí.

En habilidad técnica, Eddie aún lo superaba, pero la diferencia radicaba en la fuerza abrumadora y el tamaño imponente de Louis, que compensaban con creces esa ventaja. Esta vez, había atacado con la intensidad suficiente para romperle un par de huesos, y aun así, este era el resultado. Una derrota total. Eddie alzó la vista hacia Louis. 

«Antes, yo solía mirarlo desde arriba…»

La situación invertida le producía una sensación extraña. Louis guardó su espada y extendió la mano para ayudarlo a levantarse. Los dedos le temblaban ligeramente. 

En fin, Louis siempre era demasiado blando con él. 

—¿Estás bien? ¿Te duele algo?

—No. Retiró la fuerza al final, así que estoy intacto.

Aun ante la respuesta despreocupada de Eddie, la expresión tensa de Louis no se relajó. 

—Después, dejaré que me golpees una vez.

—No es necesario.

—Pero como gané, debes concederme un deseo.

Eddie apretó los labios. De pronto, sintió que se cansaría solo con esto, y al pasar junto a Louis, este lo siguió de inmediato. Justo cuando estaban por salir del salón de entrenamiento subterráneo, se cruzó con la mirada de Ted. 

—…Confíe en ti… y traicionaste mi confianza… Mi oro.

Una lágrima solitaria rodó por su mejilla. Era tan grotesco que Eddie ni siquiera volteó. 

—¡¡Eddiieeee!!

Parecía que, por un tiempo, sería mejor evitar a ese perro rabioso cegado por el dinero. 

La cena y el baño habían estado bien. La comida fue deliciosa, y el duelo había servido para relajar su cuerpo, dejándolo refrescado en varios sentidos. 

Ahora solo quedaba meterse en la cama y dormir, pero, por alguna razón, no tenía ganas de acostarse. 

—¿Qué haces, Eddie? Ven aquí.

Louis, que había descorrido la mitad de las sábanas, golpeó el espacio a su lado con la palma de la mano, como instándolo a acostarse pronto. 

—Tengo frío.

—¿Por qué no se pone una prenda? ¿Por qué está semidesnudo?

—Ay, ‘semidesnudo’. Tengo los pantalones puestos, ¿no? Qué expresión tan indecente para esta noche.

Era la primera vez que su sonrisa burlona le parecía peligrosa. 

—Ven rápido. Voy a resfriarme.

No podía apartar la vista de los músculos del pecho de Louis. Se sentía como si lo estuvieran seduciendo. 

En el momento en que se acostara a su lado, tenía la premonición de que el frágil muro que había mantenido hasta ahora se derrumbaría y sería devorado. 

Eddie tragó saliva seca y, sin darse cuenta, retrocedió un paso. 

«Peligro, peligro, peligro».

Era peligroso.

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