Sirviente Chapter 116
Capítulo 116
Eddie no dejaba de pensar que era peligroso, hasta el punto de que su mente resonaba con señales de alarma. Pero, al mismo tiempo, también sentía curiosidad.
¿Por qué era peligroso? ¿Qué tenía de peligroso?
Era algo natural y obvio continuar con actos más íntimos, dado que se gustaban.
Sus pasos hacia atrás se detuvieron. Sin darse cuenta, alzó la mirada que había bajado y se encontró con los ojos de Louis, quien al parecer no había dejado de observarlo.
Su expresión, ahora libre de bromas, era infinitamente suave. No había rastro de decepción o seriedad en ella.
Si dijera que no quería, probablemente Louis no insistiría. Aun así, las palabras de rechazo no salían con facilidad. Una frase trivial que normalmente habría soltado con desdén ahora se atoraba en su garganta como una espina.
«¿Está bien seguir rechazándolo así…?»
Louis ya no era un niño. Habían compartido sus sentimientos… Seguro que le resultaba doloroso no poder profundizar más teniendo a alguien que amaba a su lado.
Sabía muy bien cómo Louis luchaba contra la excitación cada noche. También sabía que, por miedo a despertarlo, evitaba acercarse e intentaba contenerse solo.
A veces, con miradas lascivas o besos que no bastaban para calmar el deseo, incluso llegaba a decir cosas como —Quiero hacerlo, quiero entrar en ti —con tono provocador… Pero si Eddie se incomodaba, Louis lo disipaba con una risa, como si nunca hubiera dicho nada. Nunca insistía.
—Eddie, ¿estás dudando?
Louis preguntó con cuidado.
—Si no te molesta, ven aquí y abrázame. Ese es todo el deseo que pediré hoy. No hace falta que estés tan alerta. Lo siento si te hice sentir incómodo.
Sin que se diera cuenta, Louis se había incorporado y ahora estaba sentado al borde de la cama. Luego, abrió los brazos. Eddie vaciló un momento antes de dar un paso adelante. Al desmenuzar el miedo, el valor ocupó su lugar.
Cuanto más se acercaba a Louis, más se le relajaban los hombros, como si toda su tensión anterior hubiera sido ridícula.
Finalmente, Eddie se detuvo frente a él y lo abrazó como deseaba. Su rostro se apoyó contra su pecho. Al inclinar la cabeza, vio su coronilla.
Le pareció tan tierna que, sin pensarlo, deslizó los dedos entre su cabello rojo oscuro, acariciándolo como si lo peinara. Sin querer, su mano bajó hasta la nuca. Louis se estremeció.
—¿Al menos sabes cómo se hace?
—¿Eh?
—No lo sabes.
—¿Más o menos? Lo sé. Es que… no es entre dos hombres, sino entre un hombre y una mujer, pero… he leído algunos libros.
Era una confesión inesperada. El ceño de Eddie se frunció al instante. La mirada de Louis bajó.
—Yo reviso la mayoría de los libros que le llegan a Su Alteza. ¿Cuándo, dónde y qué clase de libros leyó? ¿Qué lunático- no, quién se los mostró?
Louis no respondió de inmediato. Eddie, con expresión severa, le levantó la barbilla con un dedo.
—¿Fueron los caballeros? Otra vez, ¿no? Ya antes había escuchado comentarios obscenos de ellos.
Por la forma en que apretó los labios, parecía que había acertado. Aunque su mirada se enfrió por un momento, en realidad no estaba enojado.
Era un adulto viendo material para adultos, no podía reprochárselo.
—Lo siento… Ya sabes que en ese aspecto… no sé mucho. Pensé que debía prepararme. Para… no cometer errores cuando llegara el momento contigo…
—¿Y ya dominaste la teoría?
—La memoricé… pero no sé si podré hacerlo bien.
Eddie contuvo una risa que amenazaba con escaparse y, agachándose, besó el ceño fruncido de Louis. Primero un roce leve, luego, en la segunda, deslizó la lengua para rascar su paladar, estimulando su sensibilidad.
Su primera experiencia, cuando aún era Jeong Su-hyeon, había sido un acto violento y unilateral. Esto sería completamente diferente.
«Seguro que será placentero».
Al pensarlo, la excitación subió lentamente por su espalda. Al separar sus labios, Eddie empujó el pecho de Louis para tumbarlo y luego se subió encima. Louis, atrapado entre sus piernas, abrió los ojos de par en par.
—Eh… ¿Eddie? O sea… en los libros yo estaba arriba… Perdona, pero nuestras posiciones están al revés. Tú deberías estar debajo y yo encima…
Louis estaba visiblemente confundido por haber terminado abajo. A diferencia de cuando soltaba comentarios lascivos, su reacción era inocente.
Era evidente que los libros que le habían mostrado los caballeros no eran tan explícitos.
—Levante un poco la cadera.
—Ah… mhm.
Eddie le quitó los pantalones y la ropa interior de un tirón. Su miembro, ya medio erecto por el ambiente, quedó al descubierto. El rostro de Louis se enrojeció al instante, y, como si ahora sintiera vergüenza, se cubrió la cara con una mano.
Eddie apartó su mano hacia un lado. Prefería que Louis observara cada uno de sus actos.
Luego, él también se despojó de su ropa sin ceremonias. Por un momento, los dos, ahora completamente desnudos, se miraron mutuamente. Aunque habían visto sus cuerpos cientos, miles de veces, en ese instante todo parecía nuevo.
Bajo la mirada cargada de excitación que recorría su cuerpo, sintió como si lo quemaran. El miembro de Louis estaba ahora erecto, hasta el punto de que en la punta se formaba una gota de líquido preseminal.
Eddie acercó su propio miembro al de Louis y los envolvió con una mano. Al alinearlos, la diferencia era abismal. Aunque su mano no era pequeña, el tamaño del de Louis era tal que apenas cabía en su puño.
Comenzó a mover la mano de arriba abajo. La sensación de esa mano callosa era lo suficiente intensa como para marearlo.
—…Mmmh…
Un gemido leve escapó de los labios de Louis. Sus ojos, ya rojos, se tiñeron aún más por la excitación. Instintivamente, arqueó la cadera.
Con lágrimas en los ojos y moviéndose con impaciencia, suplicando que hiciera algo ya, su expresión era tan lasciva que Eddie sintió que enloquecería. Era como si estuviera devorando cada centímetro de su carne. Aunque, pensándolo bien, él era el que estaba siendo devorado, una inexplicable sensación de dominio lo llenaba.
—¡Nhg!
Pronto, ambos llegaron al clímax. Mientras observaba a Louis, que jadeaba sin aliento, Eddie untó el semen acumulado en su mano entre sus nalgas, usándolo como lubricante.
Ese estrecho agujero, que nunca antes se había abierto, claramente necesitaría tiempo para prepararse. No sabía si Louis tendría la paciencia para esperar, pero Eddie no tenía intención de soportar el dolor solo para satisfacerlo.
Louis tampoco lo querría. Incluso podría culparse por lastimarlo, hasta el punto de rechazar el acto por completo. Para no herirlo, no debía haber sangre.
Eddie comenzó tocando suavemente el área alrededor del ano. Respiró hondo para relajarse y, al insertar un dedo, la tensión fue tal que su entrecejo se endureció. Sus labios se apretaron involuntariamente. Mientras tanto, el miembro de Louis volvió a erguirse.
—… Eddie… esto es demasiado… Mi cabeza da vueltas, siento que voy a perder el sentido.
Aunque se cubría la cara con ambas manos, entre sus dedos separados seguía mirando a Eddie, sin saber qué hacer.
Parece que pronto decidió que también debía hacer algo, porque de repente se retorció. Pero, al no poder moverse libremente bajo el peso de Eddie, agarró sus caderas y, mientras yacía, se deslizó hacia abajo.
En un instante, el rostro de Louis quedó cerca de la parte inferior de Eddie. Sin dudarlo, tomó su miembro palpitante con la boca.
—¡Haa!
No hubo tiempo ni para retorcerse. La succión fue tan fuerte que sus mejillas se hundieron. Y no se detuvo ahí. Con una mano acarició el muslo de Eddie, y con la otra, sus nalgas.
Incluso extendió un dedo hacia donde apuntaba el de Eddie.
—Su Alteza, espere un momento… Hah…
El dedo índice de Louis entró. De pronto, el aire le faltó. Aunque solo era un dedo de Eddie y uno de Louis superpuestos, un dolor punzante surgió.
Pero no tardó en transformarse en placer. Casi al mismo tiempo, Eddie se derrumbó dentro de la boca de Louis. La saliva que no pudo tragar se desbordó por sus labios entreabiertos.
Su cuerpo delgado se inclinó hacia adelante como si fuera a caer. Hasta sus piernas temblaron.
Louis, tras tragar el deseo de su amado, retiró su dedo. Acostó a Eddie, que yacía sin fuerzas, y esta vez se subió encima.
Aunque era su primera experiencia, una vez que las cosas habían llegado hasta aquí, era imposible no saber qué hacer y cómo hacerlo.
Louis enterró su rostro entre las nalgas de Eddie. Quería oír sus gemidos. Quería hacerlo derretirse.
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