Sirviente Chapter 126
Capítulo 126
Louis permaneció ensimismado, con los brazos cruzados. Eddie no intervino, esperando a que tomara una decisión.
Ferus también contuvo el aliento mientras observaba los pies inmóviles de ambos. El tiempo con la cabeza agachada se prolongaba, pero mantuvo una compostura impecable. Su postura disciplinada revelaba una infancia donde, aunque reconocido como hijo por el cabeza de familia, fue criado como mayordomo a diferencia de sus hermanos.
Tras lo que pareció una eternidad:
—El Conde Fordman no lleva mucho tiempo bajo mi observación, pero no es del tipo que roza los nervios tras rendirse. Más bien se esfuerza por agradar al vencedor.
—Así es, Su Alteza. El Conde temía desagradarle. Al principio rechazó mi viaje al Norte.
—Pero tú insististe. Seguro te presionaba para compensar pérdidas.
—Correcto. Necesitaba resultados rápidos y tangibles que justificaran dejar mis labores.
—El Conde es demasiado blando.
Si el conde Fordman no hubiera tenido la intención oculta de aprovecharse de Ferus para ganar dinero de alguna manera, jamás le habría permitido viajar al norte.
Llamarlo ‘blando’ era un sarcástico comentario sobre su astucia al presionar a Ferus mientras eludía responsabilidades.
Por otro, quizás también era una prueba dirigida al propio Ferus, quien bien podría haber sido el artífice de toda esta situación
—Es la ambición lo que lo mueve.
Al sentarse y alzar la mirada, Ferus evitó caer en la provocación. Ni defendió ni insultó a su señor.
—Su frágil relación de confianza es patética.
Louis criticó sin piedad su vínculo con el Conde.
—Prefiero pensar que muestra flexibilidad mutua.
—Quedarás en el Norte. Pero no deambularás libremente. Te asignaré un acompañante.
Una advertencia directa.
—Gracias por su permiso.
—Hay un laboratorio abajo. Seguro sabes del talentoso invocador de espíritus, heredero del Conde Edlen, ¿no?
Los hombros de Louis se tensaron. Aunque se quejaba de Roman aferrándose a Eddie, en secreto se enorgullecía de él.
Amaba profundamente a todos bajo su protección: Roman, Ted, su hermano menor, caballeros y sirvientes.
—Un talento excepcional.
—Ya veo.
—Ese genio trabaja ahora en desarrollar productos con nuestras especialidades.
—...Sí.
—Sería bueno que lo asistieras.
Por más talentoso que fuera Roman, solo era un novato sin experiencia fuera del Norte.
Aunque Eddie aportaba ideas y ayuda, los resultados seguían siendo limitados.
La limitada perspectiva de Roman era un factor, pero Eddie también había alcanzado sus límites.
Experto en luchas por sobrevivir, en gestión y desarrollo era tan idealista como cualquier otro. Sus conocimientos modernos eran un parche temporal. Eventualmente quedarían expuestos.
Pero Ferus, criado y educado en ese ámbito, sería invaluable para la investigación.
—¿Me pide que participe en el desarrollo de especialidades?
—¿Te opones?
—No. Para nada. Al contrario... Es una oportunidad para prolongar mi estadía. Pero, ¿confiarían en mí tal responsabilidad?
«Usted no confía en mí».
El mensaje tácito fue claro. Eddie y Louis, sin apartar la mirada, sonrieron con amargura ante esta resonancia interna.
Creer y usar eran cosas distintas. Que no creyeran no impedía usarlo. Aunque lo sabía mejor que nadie, buscaba confirmación.
—¿Planeas repetir conmigo tu torpeza con el Conde Fordman?
—No es mi intención.
—Entonces no hay problema. Incluso si lo intentaras, no pienso dejarme engañar. Ya sabes por experiencia que no ganas nada con torpes maquinaciones, ¿no? Si quieres terminar enterrado en la nieve del Norte, haz lo que quieras. Con gusto te mataré. Te cortaré el cuello.
—...Jaja, no podría manchar las nobles manos de Su Alteza con la sangre de un ser tan insignificante. No cometeré errores.
Su risa forzada sonó vacía por un instante, como si ocultara la emoción por el nuevo futuro que se abría.
Louis observó los ojos de Ferus un buen rato antes de chasquear la lengua.
—El viaje fue largo. Será mejor que descanses hoy.
El rostro de Ferus se ensombreció. Su expresión seria se desvaneció, revelando su aspecto desconcertado.
Como si solo ahora se diera cuenta de su estado, encogió los hombros al máximo y, temblando, acarició la copa que había perdido su calor hacía rato.
—N-necesitaré más licor. Por favor, denme más. ¿Qué clase de frío es este? Ni siquiera tienen las ventanas abiertas. Voy a morir.
Sus piernas temblaban tan fuerte que hacían vibrar la mesa. Aunque era un espectáculo lamentable, no daba risa.
Eddie lo ayudó a levantarse. Cuando la nodriza y el mayordomo se acercaron, les hizo una señal para que se detuvieran.
—Su Alteza, yo mismo lo guiaré por el castillo.
[—¿Por qué?]
Louis frunció el ceño. Dijo de forma interna sus palabras de protestas.
[—Déjalo con el mayordomo y la nodriza. ¿Por qué te preocupas por él?]
[—Parece que va a desmayarse pronto. Sería difícil para ellos manejarlo solos. Además, tendrán que verse a diario. No seas así].
[—Tsk. Estoy molesto].
—...Bien.
Aunque refunfuñó, Louis dio su permiso. Eddie y Ferus inclinaron la cabeza y salieron de la oficina.
—El pasillo es peor que un témpano.
—Tomará tiempo acostumbrarse al frío.
—Sí, supongo... ¿Pero podré adaptarme? ¿No me congelaré hasta morir en el intento? Todavía no puedo morir...
Mientras murmuraba, el cuerpo de Ferus comenzó a inclinarse hacia adelante. Solo habían caminado cinco minutos.
Eddie extendió el brazo para sostenerlo. Sintió el frío glacial y una fiebre pegajosa y tibia.
«Definitivamente tiene fiebre».
—Parece que al relajarse perdió todas sus fuerzas. Iré a preparar su habitación.
El mayordomo partió de inmediato.
—Traeré agua caliente y toallas.
La nodriza también lo siguió. Eddie ajustó su agarre sobre Ferus. Estaba a punto de avanzar cuando...
—...Estoy feliz de quedarme en el Norte. Te extrañaba tanto... Soñaba contigo cada noche hasta que me despertaba sudando... Realmente, te extrañé mucho. Por eso ahora me siento tan... tan feliz...
Ferus, con el rostro apoyado en el hombro de Eddie, reveló sus sentimientos ocultos. Como un adolescente confesando torpemente su primer amor, su abrupta declaración resultó curiosamente inocente y dulce.
Con eso, Ferus perdió por completo el conocimiento. En medio del silencioso pasillo, Eddie, obligado a cargarlo, se sintió invadido por una extraña emoción.
Nunca imaginó que un hombre que desconfiaba del amor por su crianza confrontaría así sus sentimientos.
—¿Qué hacen aquí?
Parecía preocupado. Louis, que se había acercado sin que notaran, agarró bruscamente la nuca de Ferus y lo separó de Eddie.
«Espero que no haya escuchado».
—Tsk. La fiebre empieza a subir. Me dan ganas de arrastrarlo así nomás, pero,
A pesar de su tono brusco, Louis lo cargó sobre sus hombros y avanzó.
La habitación de invitados, aunque no muy amplia, era acogedora y cálida.
Al acostar a Ferus, el mayordomo lo cubrió hasta el cuello con una gruesa manta.
En perfecto momento, la nodriza entró con Bell y limpió su rostro con una toalla húmeda.
—Dale medicina si la tienes. Bell, cuídalo por un tiempo. La fiebre empeorará de noche.
—Sí, entiendo.
[—Vamos, Eddie].
Louis, apartando la mirada de Ferus, tomó a Eddie de la muñeca.
Era mejor distraer su atención ahora para no herirlo. Eddie dejó atrás a Ferus, que respiraba con dificultad, y salió de la habitación.
Una extraña inquietud lo invadió.
Persistió incluso hasta esa noche, cuando fue a revisar su estado.
Parecía que terminaría sintiendo más lástima por él.
Comentarios
Publicar un comentario
Por favor sé respetuoso y no hagas PDFs de nuestras traducciones