Sirviente Chapter 142

 Capítulo 142

—Louis, aunque sea descarado decirlo ahora, primero quiero disculparme. Lamento mucho haberte abandonado tanto tiempo.

Era una disculpa formal, sin el más mínimo rastro de falsedad. Sin embargo, no cargó el ambiente de tal modo que resultara incómodo o abrumador. 

En sus pocas palabras y gestos cautelosos se percibía una delicadeza exquisita. Al inclinar la cabeza, lejos de parecer menos autoritario, emanaba dignidad. Sin duda, era más imperial que el propio emperador. 

—No diré que 'está bien' para ocultar el sufrimiento que he vivido. Fue demasiado doloroso. Pero no te guardaré rencor.

Parecía que Louis también reconocía la grandeza del príncipe heredero. Con suavidad y flexibilidad, reprendió los abusos pasados de la familia imperial, pero aceptó la disculpa personal del príncipe. 

—Levante la cabeza, hermano mayor.

Y al usar nuevamente ese término familiar, reforzó su vínculo. Era un detalle que revelaba su crecimiento. 

El príncipe heredero, al alzar la vista, lo miró un momento aturdido. Para un ser humano, es extremadamente difícil no quedar atrapado en emociones enquistadas. No había sido su intención remover el pasado, pero ante alguien que insiste en disculparse unilateralmente, era inevitable recordar los días de impotencia. 

—Si las circunstancias lo permitieran, me gustaría que Su Majestad también viera este lado maduro tuyo. Seguro que...

«Se alegraría...»

Su expresión, demasiado suave, casi desmadejada, se quebró antes de terminar la frase. Las palabras inconclusas perdieron su intención inicial y se desvanecieron en sus labios. 

¿Realmente el emperador se alegraría tanto del cambio de Louis? Era una cuestión compleja. 

Las imágenes cálidas y esperanzadoras en su mente no eran más que deseos propios. Era más probable que el emperador y los nobles de la corte temieran al Louis actual antes que celebrarlo. 

Porque Louis, más que un recipiente de maldiciones, era un gran duque con derecho legítimo al trono. 

El permiso del emperador para su viaje al norte no fue para reconocer sus habilidades, sino para contener un posible desborde de la maldición y evitar que Sober causara mayores desastres. 

Sin darse cuenta, el príncipe heredero entrelazó sus manos. La culpa, apenas contenida, amenazaba con brotar como una marea. 

—Por mi parte, también he escuchado noticias esporádicas de la corte.

Viendo al príncipe heredero sumido en pensamientos sombríos, incapaz de romper el silencio, Louis fue el primero en hablar. 

—Que el tercer príncipe Sober se está volviendo loco.

—...Sí. No sé si será por su influencia, pero el semblante de Su Majestad se oscurece día a día. Mi preocupación no es poca.

Recuperando la compostura, el príncipe heredero comenzó a detallar todas sus sospechas sobre el estado actual del emperador. 

Louis y Eddie se limitaron a escuchar. Aunque ya conocían la información, escucharla directamente de Raven no tenía la misma profundidad. Ahora entendían la situación con mayor claridad. 

—Según Mobel, Sober estaría usando una energía oscura y siniestra. Yo no difiero mucho de esa opinión, pero...

Al carecer de pruebas concretas, era natural ser cauteloso. Al mismo tiempo, le avergonzaba no poder afirmar nada con certeza, habiendo llegado hasta allí. 

Cuanto más consciente estaba de la mirada de Louis, más ardía su rostro. 

—...Ejem. Últimamente, Su Majestad sufre de confusión durante el día, desde dos o tres horas hasta cinco en los peores casos... Por eso, su agonía es,

El príncipe heredero se interrumpió, como si le resultara indecente hablar de ‘sufrimiento’ frente a Louis. En su lugar, se pasó una mano por los ojos y volvió a inclinar la cabeza. Su mente era un caos. 

Perder ese tiempo en las horas más activas del día significaba, en efecto, no poder hacer nada. No asistía a reuniones, su energía decaía y ni siquiera revisaba los informes diarios. Aunque el príncipe heredero y el primer ministro manejaban lo urgente, pronto alcanzarían su límite. 

El emperador no es alguien que se sienta en un escritorio a trabajar. Debe reafirmar constantemente su presencia. 

Ya circulaban todo tipo de rumores por su reclusión. La reciente muerte de la segunda emperatriz solo empeoraba las cosas. Sober no se quedaría de brazos cruzados para siempre. 

O quizá ya estaba tramando algo en las sombras. 

—Dicen que ni siquiera de noche puede descansar en paz. Si fuera solo insomnio, sería tolerable, pero a veces sufre de alucinaciones...

—Ya veo.

La respuesta de Louis fue fría y breve, indiferente frente a la preocupación del príncipe. El príncipe heredero, incómodo ante su falta de reacción, encogió los hombros. 

—Entonces, hermano mayor, ¿qué pretende hacer aquí en el norte? No habrá venido solo para informarme del estado de Su Majestad.

No tenía sentido alargar la conversación con lo que ya sabían. Era hora de ir al grano. El príncipe heredero tragó saliva con fuerza. 

—...Sober está tras el norte. Es decir, tras ti, Louis. Ya lo sabrás, pero...

La mirada del príncipe heredero se desvió hacia Eddie. Desde que supo de la existencia de aquel que estaba al final de la obsesión de Sober junto a Louis, se había obsesionado con la idea de viajar al norte. Es decir, inusualmente, solo había actuado por impulso. Por eso, cuando Mobel salió a escondidas para encontrarse con Raven, lo siguió y pudo transmitir sus intenciones a Louis y Eddie. Desde entonces, no había dejado de pensar en posibles contramedidas. Pero ahora, al momento de exponerlas, sintió un ligero temor por cómo las recibirían. 

—En el instante que logre el nivel de poder imperial que desea, sus flechas apuntarán directamente aquí, al norte. Claro que no tengo la menor intención de dejarme arrebatar mi autoridad.

Louis no respondió, esperando en silencio a que llegara al punto. 

—Seré franco. Vine al norte en este momento porque creí necesario ver tu estado personalmente. Y, para ser más directo, quería comprobar si tienes la lucidez suficiente para no caer en las trampas que Sober preparará.

La mirada del príncipe heredero, antes cargada de culpa, comenzó a cambiar. Ahora parecía una persona distinta. 

—Y si no hubiera intervenido, Su Majestad, incapaz de contener su ansiedad, habría enviado de nuevo a las Sombras.

De ser así, solo habrían avivado más las hostilidades. 

—No podía permitir que las Sombras siguieran juzgándote.

Quería evitar que evaluaciones superficiales llegaran a oídos del emperador. Así, pretendía prevenir errores irreparables de antemano. 

Si Sober iniciaba el conflicto pero el emperador era quien acababa con el norte, la responsabilidad caería únicamente sobre él. Y si el pueblo sufría daños colaterales, incluso con el poder imperial intacto, el riesgo de caer en desgracia era real. 

—Es inaceptable que la paz del reino se pierda por sus maquinaciones. Me sentiría desvergonzado si solo me sentara aquí a juzgarte.

—Ya he recibido disculpas hasta el exceso. No incline más la cabeza ante mí por este tema. Me incomoda.

—Has crecido con un corazón admirable.

Al trazar Louis ese límite para evitar que lo consumiera la culpa, una sonrisa fugaz asomó en los labios del príncipe heredero. 

—De cualquier modo, yo tampoco tenía intención de seguir bailando al ritmo de Sober, así que este encuentro era necesario. De haber guardado solo rencor, no habría permitido su visita. Así que exponga sus pensamientos. Si se trata de acabar con Sober, estoy dispuesto a considerar cualquier propuesta, siempre que no exija sacrificios unilaterales.

—Será mejor empezar por esto. Antes de dejar el palacio, coloqué una trampa.

—¿Una trampa?

—Con Mobel, filtré a la prensa solo los crímenes de Sober y de la segunda emperatriz que pude corroborar con mis propios ojos. Ahora, mis hombres ya deben estar contactando en secreto a aquellos que cayeron bajo la influencia de Sober.

—Pretende arrastrarlo a la luz exponiendo las sombras de su pasado.

—Claro que eso solo bastará para hacerlo vacilar, no para derrocarlo.

Las pruebas proporcionadas por Mobel tenían y no tenían peso decisivo. Eran evidencia, pero los rastros de Sober en ellas eran ambiguos. 

Sus víctimas llevaban mucho tiempo bajo tierra, y los únicos testigos eran Mobel y Eddie. 

Pero ese era un recurso inutilizable. Mobel había sido cómplice de Sober, y Eddie, su ejecutor. Si Mobel salía a la luz, Eddie, quisiera o no, sería arrastrado al escenario. Aunque Louis y el príncipe heredero intervinieran para protegerlo, Mobel sin duda se aferraría a no cargar solo con la culpa. Y aún no era momento de deshacerse de Mobel. 

Además, los crímenes de Sober también eran culpa de ellos dos. Deberían exponer sus actos con la pena capital como premisa, pero hacerlo podría costarles el reino. 

El príncipe heredero no quería provocar la ira de Louis, quien tan amablemente había aceptado sus disculpas.

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