Sirviente Chapter 168
Capítulo 168
La paz descendió sobre el norte.
Eddie, que había estado mirando al techo sin pensar para ahuyentar el desagradable sopor matutino, volvió a recordar las mismas reflexiones obvias que había rumiado el día anterior.
En realidad, no era solo ayer. Antier también se había sumido en sus pensamientos. Siendo más honesto, probablemente había sido así desde el día en que la nieve teñida de rojo volvió a blanquearse.
Así que esto es la paz.
Un mundo sin enemigos que lo atacaran ni enemigos a quienes atacar se sentía extrañamente vacío.
No sabía cuánto tiempo había estado atrapado en esos pensamientos lentos y dispersos. Sintiendo que cada vez se volvía más perezoso, Eddie se incorporó. Su cabello desordenado se recogió y las sábanas se deslizaron naturalmente con su movimiento.
Su cuerpo desnudo, ahora expuesto, estaba tan manchado como la nieve de aquel día. En cuanto se dio cuenta, un hormigueo recorrió su piel. Había sido mordisqueado y succionado con tanta fuerza que incluso el contacto con el aire le hizo revivir la sensibilidad reprimida que fluyó por su espina dorsal.
No quería empezar el día perezoso, así que sacudió la cabeza. Después de días enteros empapados en placer, ni siquiera excitado creía que su miembro pudiera levantarse. Continuar sería solo torturarse. Aunque, desde otra perspectiva, eso también podía ser un elemento de excitación, pero ya no quería revolcarse en el desorden. Era hora de recuperar la cordura.
Al intentar levantarse de la cama con determinación, un gemido escapó entre sus labios.
Sus músculos internos de los muslos, tensos por haber sido estirados hasta el límite horas antes de dormir, protestaban dolorosamente.
Al menos, Louis lo había limpiado mientras dormía exhausto, evitando que el semen se filtrara por la entreabierta entrada.
Sus pies descalzos tocaron el frío suelo. A medida que caminaba lento, la frescura que subía lo fue despejando.
De pie frente a la ventana, Eddie apartó las cortinas que habían bloqueado el exterior.
—...
Hoy, la luz del sol era especialmente brillante y directa. Cegado, levantó una mano para cubrirse parcialmente el rostro.
Cuando sus ojos se adaptaron, el mundo entró en su vista. Afuera, sin rastro de nieve, todo estaba limpio, dando una sensación de inocencia.
La nieve que había caído torrencialmente aquel día solo cesó al día siguiente.
Desde entonces, no había nevado en más de quince días. El cielo estaba despejado, sin una mota de polvo, y el clima, para ser el norte, no era tan frío.
Clank.
Al abrir la ventana, el aire fresco entró, dispersando el ambiente cargado de la habitación.
El largo cabello de Eddie ondeó junto con las cortinas.
—Podías seguir durmiendo. ¿Por qué te levantaste tan pronto?
Louis, apoyado en un codo, lo observaba. No sabía desde cuándo estaba despierto.
Eddie lo miró a su vez. Su torso también estaba cubierto de marcas rojizas, resultado de haber sido mordido y chupado durante los frenéticos momentos de placer.
Eddie se sentó en el alféizar.
—¿Y si alguien te ve?
A contraluz, era hermoso. Su cabello negro, contrastando con la luz, brillaba de manera casi sensual.
—No hay nadie.
—Aun así, no me gusta. Ven aquí. Los sirvientes o caballeros podrían salir y vernos.
—A mí tampoco me gusta.
Ante el rechazo de Eddie, Louis torció los labios, pero no insistió. En cambio, tomó una manta y se acercó para cubrir su desnudez.
—¿Cómo te sientes?
—Más o menos bien.
El vacío en su respuesta hizo que Louis contuviera un suspiro.
Aquel día, la lucha que había sido su obligación desde el nacimiento había terminado.
Con la muerte de Sober. El largo apego que los había atado también llegó a su fin. Pero ellos no pudieron alegrarse. Mientras los sirvientes y nobles del norte sonreían aliviados, Eddie y Louis no pudieron unírseles. Como sombras atrapadas bajo la influencia de Sober.
—Yo también estoy bien.
Antes de que el silencio se instalara, Louis sonrió y respondió como si le hubieran hecho la misma pregunta, aunque Eddie no la hubiera formulado.
Su voz sonó más firme que la de Eddie.
—¿Quieres bañarte?
—No me apetece.
—Te bañaré yo.
Louis se puso una bata rápidamente. En lugar de llamar a un sirviente, tomó a Eddie en brazos.
El pasillo estaba en silencio. El mayordomo y la nodriza se habían asegurado de que pudieran descansar sin molestias.
Incluso el príncipe heredero, que aún no regresaba al palacio, los dejó en paz.
Al llegar al baño, Louis lo bajó con cuidado y llenó la bañera.
—Me recuerda a cuando nos conocimos.
Cuando el agua estuvo a punto de desbordarse, Louis giró la cabeza. Su mirada captó a Eddie, aún envuelto en la manta. Eddie también recordó y bajó la vista.
A lo largo del tiempo, Louis lo había bañado en muchas ocasiones. Siempre que lo hacía, ambos solían reír al recordar la primera vez. Sin embargo, podía afirmar con certeza que este momento era el que más se asemejaba a aquel inicio.
Sin darse cuenta, Eddie relajó sus defensas. No era que las hubiera alzado contra Louis, pero de algún modo se sintió culpable.
¿Por qué me siento tan raro?
A pesar de todo el odio que sentía, la imagen final de Sober se había quedado grabada en su mente, imposible de olvidar.
En cambio, con el tiempo, cada escena se volvía más nítida, desordenando su visión.
¿Sería por sus palabras de amor?
Aunque conocía los sentimientos de Sober, su última confesión seguía resonando en sus oídos.
«Al final, logró lo que quería».
Era típico de Sober: asegurarse de quedarse en su memoria, fuera como fuera. Si esa confesión era parte de su plan, había triunfado.
La autocrítica surgió sola. Siempre había sido emocional, pero nunca se había considerado aferrado. Sin embargo, ahora, tras eliminar a su enemigo, se sentía vacío... Nunca pensó que podría ser tan estúpido.
Quizá era el síndrome de abstinencia después de tanto tiempo enredado con Sober.
—Eddie.
Mientras se justificaba con excusas, Louis se arrodilló frente a él y le levantó el rostro.
Al encontrarse con su mirada, Louis sonrió de nuevo, como si entendiera completamente su confusión y su impotencia.
—No necesitas esforzarte por olvidar. Sé que no querías que nada de él quedara en tu memoria, pero así fue. Así que abrázalo. Si lo recuerdas, acéptalo. Si te entristece o enfada, déjalo ser. En lugar de forcejear por liberarte, déjalo fluir. No importa cómo te sientas, sigues siendo tú. Aunque te afecte temporalmente, sé que encontrarás el camino de vuelta.
—Jaja, te has vuelto muy maduro.
—¿Qué? Hace mucho que soy adulto.
Aunque a veces actuaba como un niño testarudo, en momentos como este, Louis daba consejos más sabios que los suyos. Como si, tras haber perdido a su amante y haber tenido que vivir siempre como adulto, estuviera llenando las partes inmaduras que Eddie no podía mostrar. Ese pensamiento lo reconfortó. Su corazón, lleno de una pérdida incomprensible, se sintió más firme.
—Siendo honesto, al final, quien se quedó a tu lado fui yo. Supongo que por eso puedo decir estas cosas. ¿No?
Louis tenía razón. Si, por alguna razón, hubiera perdido a Louis y Sober hubiera sido quien quedara, se habría vuelto loco.
Tal vez incluso se habría suicidado frente a Sober. Si no podía empezar de nuevo, preferiría cerrar los ojos junto a Louis.
Nunca, ni por un momento, había deseado el amor de Sober. Para él, solo había sido una pesadilla, nada más.
—Con tanto esfuerzo, salvé a la persona más importante y finalmente tengo la oportunidad de pasar el resto de mi vida con ella.
No podía permitirse perder el tiempo atrapado en sentimientos tan insignificantes. El tiempo ya era corto para amar a Louis como quería.
—Vamos, ¿te baño?
Louis retiró la manta y lo levantó en brazos.
—Te limpiaré por completo. Confía en mí.
Al sumergirse en la bañera, la fatiga acumulada se disipó. Recostó la cabeza hacia atrás mientras Louis le lavaba el cabello con habilidad. Sus caricias eran agradables.
Justo cuando estaba a punto de cerrar los ojos, sintiendo que el sueño lo vencía, una ventana de estado apareció en el aire.
[⇰ No has utilizado uno de los derechos otorgados al autor original.
¿Deseas cambiar el título?
Título original: El villano quiere ser feliz].
Al ver algo que pensó que nunca volvería a aparecer después de la muerte de Sober, Eddie se quedó atónito.
Al mismo tiempo, recordó que, a pesar de haberlo arriesgado todo para crear este mundo, al final, dentro de él, no era más que un personaje. Por alguna razón, esa idea le pareció nueva.
«Ahora que lo pienso, no usé bien los privilegios de autor».
Al principio, había añadido palabras clave con entusiasmo, pero luego, demasiado ocupado siendo arrastrado por la corriente, no supo aprovecharlos.
No era más que un autor fracasado.
Eddie frunció los labios y miró la ventana de estado.
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