Sirviente Chapter 73
Capítulo 73
Justo entonces sopló un viento helado. La sensación de hormigueo en la piel podía ser un presagio siniestro, o quizás no. Gracias a su vasta experiencia, Raven tenía un instinto excepcional como líder del gremio.
Ese instinto le decía que, aunque seguir y confiar en Eddie conllevaría muchos peligros, al final obtendría una recompensa segura. Que experimentaría momentos emocionantes como nunca antes.
Lo que lo exasperaba era no poder descubrir los secretos que Eddie ocultaba.
Raven suspiró, recordando al niño que había rescatado días atrás en las afueras del archipiélago.
Sabía muy poco sobre los cuatro caballeros que residían en el castillo del norte. Aparte de sus edades y apellidos, la información que poseía era escasa.
Por más que lo intentara, no había logrado descubrir qué misiones realizaban para la familia real antes de ser enviados al norte, ni quiénes eran sus respaldos.
Mientras que el pasado del mayordomo, nodriza y sirvientes era fácil de rastrear, el de ellos parecía oculto tras una niebla impenetrable. Como el actual Eddie.
Sin embargo, cuando Eddie le reveló la ubicación de la familia de Ted, al menos había obtenido un fragmento más de información.
Aunque lo que sabía era poco, una inesperada solicitud de rescate había llegado. Al principio pensó en enviar subordinados, pero un presentimiento le advirtió que si no iba personalmente, las consecuencias serían graves. Así que actuó por sí mismo.
Hacía mucho que no pisaba los suburbios del archipiélago, siempre limitándose a recibir informes. Comparados con el esplendor del centro, esos lugares seguían siendo lúgubres.
La amenaza acechaba bajo sombras espesas. Le habría gustado quedarse unos días merodeando como un fantasma para investigar.
¿Cómo vivían los padres de Ted Albert? ¿Qué decían de su hijo mayor? ¿Cuándo y cómo los habían secuestrado? Reuniendo esos hilos, podría vislumbrar al enemigo que Eddie enfrentaba.
En ese momento, una luz de advertencia parpadeó en su mente. Aunque intuía que entrometerse sería peligroso, la curiosidad lo dominó.
Si Eddie no le hubiera ordenado tajantemente abandonar a los padres y rescatar solo al niño, quizás ese día habría tomado una decisión irreversible.
—Podría haber muerto entonces...
Una nube de aliento escapó de sus labios murmurantes.
Durante su ausencia, algo había cambiado en el castillo del norte. Tres caballeros habían muerto, había señales de un ataque externo, y los sirvientes, aterrorizados, habían huido.
Quedó atónito al recibir el informe. Eddie no le dijo una palabra al respecto.
—Jefe, esto es preocupante. ¿No deberíamos informar al conde Edlen?
Fue en ese momento. Uno de los subordinados, que estaba observando en la misma dirección que él, se acercó y con cautela expresó su opinión.
—Antes que gremio, somos norteños.
Aunque operaban en las sombras, siempre compartían información con el conde cuando el norte estaba en peligro.
Por eso el gremio de las Sombras tenía el reconocimiento del inflexible señor del norte.
—Aún no es el momento. No hablen de más.
—¿No confía demasiado en ese Eddie?
—No es cuestión de confianza, es mi instinto. Siento que si hablamos ahora, arruinaremos una gran oportunidad. Aguarden un poco más.
El subordinado calló. Cuando Raven hablaba de su instinto, nunca se equivocaba.
—Entiendo.
Mientras el subordinado se retiraba, Raven sacudió sus pensamientos y concentró la mirada al frente. Era hora de enfocarse.
* * *
[⇰ La tasa de aplicación de la palabra clave ‘Locura’ para Sober Delvan Enders ha aumentado del 68% al 69%].
Una ventana de estado apareció ante Eddie. Aunque solo era un 1%, el aumento en un nivel ya alto era significativo. Indicaba que Sober se estaba desestabilizando más rápido de lo que creyó.
Apartando la vista de la ventana, Eddie retomó su comida, llevándose a la boca un trozo de carne cortado con precisión. Hoy parecía recuperar el apetito, pero la carne olía rancia.
Aunque no era exigente con los sabores, masticó y tragó sin quejarse. Mientras no estuviera demasiado salada o dulce, el olor a carne pasada era tolerable. Claro, solo para cuatro o cinco bocados.
—¡Mmm...!
—...Ejem.
Pero el mayordomo y Bell, incapaces de soportarlo, lanzaron gemidos y miraron de reojo al chef.
Bajo esas miradas, el chef, desorientado, cortó un trozo de carne y se lo llevó a la boca.
Al instante, su rostro palideció. Una mirada nerviosa se dirigió hacia la mesa principal.
Louis comía en silencio. Como si se hubiera acostumbrado a los altibajos culinarios del chef, no mostró disgusto ante el evidente olor. El mayordomo y Bell, tras intercambiar miradas, continuaron comiendo sin alma.
El ambiente en el comedor se volvió opresivo. Todos parecían ausentes, sin notar si la comida entraba por la boca o la nariz.
No era para menos. Louis, que usualmente comía solo con Eddie en su habitación, asistido por Bell y la nodriza, hoy había sugerido cenar juntos en el comedor.
Al escuchar la idea, la nodriza guardó silencio, y el mayordomo se turbó.
Aunque nunca habían seguido estrictos protocolos con Louis, él seguía siendo un gran duque. Que señores y sirvientes compartieran mesa era inusual. Más allá de que lo evitaran por ser una marioneta maldita.
El mayordomo, cuya flexibilidad moral lo había llevado a mirar para otro lado cuando era crucial, palideció gradualmente.
Justo cuando parecía a punto de indigestarse...
—¿No sería mejor que me encargara de la cocina? No soy tan hábil como el chef, pero sé cocinar decentemente.
La nodriza, que había permanecido en silencio, hizo una broma.
Todos la miraron, sorprendidos por su inusual comentario.
—Comer platos mal sazonados es tolerable un día o dos, pero no más. ¿No les parece?
Empezó como una broma, pero terminó con un golpe bajo. El chef, atacado inesperadamente, parpadeó aturdido antes de enrojecer y fruncir el ceño.
—¡La cocina es mi territorio! ¿Cómo te atreves?
—Entonces cocine como es debido.
—¡Es que... últimamente no me he sentido bien!
El chef, balbuceando, se levantó de un salto, resoplando de indignación.
—¡Esta noche prepararé una cena espléndida!
—No me ilusiono.
—¡Pues deberían! ¿Eh...?
Mientras el chef se esforzaba por recuperar el ánimo, Louis limpió su boca con una servilleta y dijo:
—Esperaré con expectativas.
Solo entonces el chef recordó ante quién estaba haciendo escándalo y se sentó de golpe, encogiéndose.
—H-haré mi mejor esfuerzo, Su Alteza...
—Bien.
—Traeré el postre
La nodriza se levantó de su asiento.
Pronto regresó con un postre preparado de antemano y lo colocó frente a Louis.
—Gracias.
—No es nada.
La nodriza sonrió ante el agradecimiento de Louis, dejando al mayordomo y al chef boquiabiertos.
—Por cierto, no veo al caballero Ted —dijo Belle, cambiando de tema para evitar otro silencio incómodo.
—Estará comiendo con su hermano. Como sigue débil, pidió comida blanda. Ya se la preparé.
—No sabía que Ted tenía un hermano tan menor. Flaco y enfermizo, hasta caminar le cuesta... pobre niño.
Meneó la cabeza, preguntándose cómo había llegado hasta allí en ese estado.
El chef, el mayordomo, la nodriza y Bell ignoraban que Eddie había rescatado al hermano de Ted. No era necesario decirlo, pero Eddie había hecho prometer a Ted silencio, especialmente por el mayordomo.
El mayordomo aún mantenía lazos con la familia real. Eddie desconfiaba de qué y cómo podría informar a sus superiores.
—Mayordomo.
—Sí, Su Alteza.
—Si conoce algún comerciante, tráigalo al castillo para comprar lo necesario para el niño. Ropa, ropa interior...
Todos entendieron que ‘el niño’ era el hermano de Ted.
—De paso, compre también para mí.
—Ah... sí. Entiendo.
—Mi ropa puede ser de precio moderado, pero para el niño, quiero lo mejor. Y si hay algún sanador en el norte, tráigalo para examinarlo y comprar medicinas. Por ahora, cuide de él con atención.
—Entendido.
Para ellos, ver a Louis dar órdenes tan detalladas para otro era extraño. Hoy descubrían que él podía ser considerado y atento.
Una sonrisa se dibujó en los labios de Eddie. Se sentía orgulloso. La consideración de Louis lo enorgullecía.
Con un sonido áspero, Louis apartó su silla y se levantó.
—Disfruten su comida.
Con esas palabras, salió del comedor apoyado en su bastón. Eddie lo siguió, sonriendo.
Comentarios
Publicar un comentario
Por favor sé respetuoso y no hagas PDFs de nuestras traducciones