Sirviente Chapter 74
Capítulo 74
Mientras subían las escaleras, de pronto sintieron una presencia descendiendo. Louis y Eddie alzaron la mirada al mismo tiempo. La otra persona también los vio y detuvo su paso.
Era Ted. En sus manos llevaba una gran bandeja con platos vacíos, como si acabara de terminar de comer con su hermano. Vacilante, Ted bajó la cabeza.
—Su Alteza. ¿Ya ha comido?
Antes, su tono hacia Louis estaba teñido de sarcasmo y hostilidad. Después de ver a los caballeros ser devorados por las sombras, su voz había sido consumida por el miedo. Pero ahora, aunque torpe, había cierta calidez en sus palabras.
Sobre la cabeza de Ted apareció una ventana de estado.
[⇰ El título asignado a Ted Albert cambia automáticamente según sus cambios emocionales.
Villano insignificante 1 → Subordinado que se esfuerza.
※ Las emociones negativas hacia Louis y Eddie se neutralizan. En especial, desea ayudar de alguna manera a Eddie, quien salvó a su hermano].
Así, Ted dejó de ser una pieza desechable de Sober para convertirse en un subordinado de Louis.
La sensación era aún más extraña que cuando Bell y la nodriza habían tenido cambios positivos. Su vida transformada se parecía a la de ‘Eddie Royson’, alterada por la posesión. Quizás porque ambos habían cumplido roles similares bajo las órdenes crueles de Sober.
—¿Cómo está tu hermano?
—Gracias a dios, está lo suficientemente bien como para terminar su comida.
Aunque lo decía así, era imposible que estuviera bien. Tanto Eddie como Louis habían visto el estado del niño. La porción que el chef le había preparado era mínima, solo lo suficiente para que no se sintiera presionado.
—He ordenado llamar a un sanador, así que pronto recibirá tratamiento adecuado.
—G-gracias.
Ted inclinó la cabeza. Louis pasó junto a él sin más. Como no era una acción para llamar la atención, no había motivo para prolongar la conversación.
Eddie también reanudó su paso. Apenas entraron en la habitación, Louis lo agarró del brazo y lo abrazó con fuerza.
—Eddie.
—Sí, Su Alteza.
—Lo hice bien, ¿verdad? Si lo hice bien, felicítame.
Aunque había madurado mucho, en momentos como este seguía siendo un niño. A Eddie le gustaba verlo así.
Alargó la mano y acarició su cabeza redonda. Parecía gustarle, porque Louis enterró el rostro en el cuello de Eddie.
—Lo hizo muy bien.
—¿Me veía impresionante y magnánimo?
—Sí, así fue.
—Entonces dame un beso.
—No, porque aún no nos hemos enjuagado la boca después de comer.
—¡Qué falta de romanticismo! ¿Dónde dejaste el ambiente? En estos casos, deberías darme un beso sin más. Ni que fueras un gato arisco.
—…¿De dónde aprendió ese lenguaje tan grosero?
Louis alzó la cabeza y frunció los labios. No respondió, solo desvió la mirada con picardía. Eddie no necesitaba oír la respuesta para saber que lo había aprendido en sus pesadillas malditas.
Había pensado que, tras presenciar la escena crucial sellada, la maldición ya no le mostraría más del pasado. Pero, contra todo pronóstico, el fenómeno había retrocedido, exponiendo a Louis a diversas experiencias.
—Su Alteza, está bien aprender cosas nuevas, pero evite adquirir malos hábitos.
—No sé bien qué es bueno o malo.
Su encogimiento de hombres resultó irritante por un instante. Eddie iba a decir algo, pero Louis, agachándose rápidamente, le robó un beso fugaz.
—Total, comimos lo mismo. Después de enjuagarnos, me das diez besos.
—…No.
—Tsk.
«¿Tsk?»
Por un momento, Eddie pensó que había oído mal. Nunca esperó que Louis expresara tal queja.
Era tan absurdo que resultaba hilarante. Estaba a punto de preguntar qué clase de persona le había enseñado eso en sus pesadillas, cuando una ventana de estado apareció en el aire.
[⇰ La tasa de aplicación de la palabra clave ‘Locura’ añadida a Sober Delvan Enders ha aumentado del 69% al 70%].
Había subido otro 1% en tan poco tiempo.
[⇰ Sober Delvan Enders experimenta presión psicológica, generando nuevas palabras clave.
#Ansiedad #Decisiones_apresuradas #Visión_estrecha].
Gracias a las palabras clave añadidas, Eddie supo que Sober había movilizado a sus sabuesos. Finalmente, había subido al escenario que él había preparado.
Era posible mover a unos pocos en secreto, pero un gran número no pasaría desapercibido bajo la vigilancia constante de la segunda consorte imperial. Por su propia posición, ella detendría los excesos de su hijo.
Con los ojos brillantes de anticipación, Eddie esperó el momento de aprovecharse sin ensuciarse las manos.
—Su Alteza.
—Mm.
Louis también se volvió serio al percibir el cambio en el tono de Eddie.
—A partir de mañana, tendré que actuar junto a Raven.
—Entiendo.
Ya informado previamente del plan, Louis no puso objeciones ni intentó detenerlo con preocupación.
—Ten cuidado. No te lastimes.
—Así lo haré.
La comisura de los labios de Eddie se elevó. Era una sonrisa llena de confianza y determinación.
* * *
Los sabuesos eran herramientas bien pulidas en sí mismas. Por eso, incluso sin carruajes o caballos, no les tomaría mucho tiempo llegar al norte.
—El clima del norte siempre es frío, pero parece que el escalofrío se hunde hasta los huesos cuanto más avanzamos.
A su lado, Raven se estremeció. Su expresión no era la mejor, como si estuviera tenso.
—Oye, ¿realmente no habrá heridos entre nosotros o los subordinados?
—Así es. Deja de preguntar. Ya es la 44ª vez. Solo quédate aquí y observa. Todo se resolverá.
Raven refunfuñó, preguntándose por qué los había traído si era así, mientras vigilaba el frente.
Sabía que era por si ocurría algo inesperado.
También era consciente de que necesitaban testigos para los eventos que se desarrollarían.
Aun así, se quejaba para sacudirse los escalofríos que le recorrían la espalda. A pesar de sus experiencias, esta vez sentía un miedo fuera de lo común.
Con el tiempo, todo su cuerpo se erizaba. Sus nervios estaban al límite. Así pasaron dos días.
La tensión asfixiante comenzó a quebrar la concentración de los subordinados.
Aunque lo disimulaban, se oían gemidos de fatiga por todas partes. Para Raven, con su oído agudo, era suficiente para leer su estado emocional.
Silbando brevemente, envió señales para que aguantaran un poco más, reconfortándolos.
Mientras se masajeaba la nuca, vio a Eddie, alerta e imperturbable, vigilando todos los flancos.
La diferencia entre una sombra y un asesino era si matar era su profesión o no.
Aunque la brecha era enorme, Eddie era distinto a los demás que había visto. Era tan imperceptible que, si no lo veía, ni notaría su presencia. Ni siquiera se le oía respirar.
—Oye, ¿estás respirando bien?
En ese momento, una bandada de cuervos apareció en la distancia. Eran incontables. Una presión extraña los acompañaba.
Raven tragó saliva. Instintivamente, su mano fue a su cintura, pero Eddie le agarró la muñeca.
—Quédate quieto. No nos atacarán. Serán eliminados antes.
Por un segundo, pensó que estaba loco. Pero entonces, otra bandada de cuervos, con un aura distinta, apareció desde otra dirección.
Los ojos de Eddie, antes inmóviles, brillaron. Como si hubiera esperado este momento.
Soltando a Raven, sacó un cristal de grabación mágica y capturó la escena.
—Raven, lleva a los subordinados con el Conde Edlen. No des detalles hasta que yo llegue.
—¿Eh? ¿Así nada más? ¿Tan abruptamente?
—No necesitas ver lo que sigue. Si te quedas, podrías salir lastimado.
Pero si se refugiaban bajo el dominio del Conde Edlen, no se atreverían a seguirlos.
—¡Date prisa!
Ante la orden firme de Eddie, Raven y los gremistas se retiraron de inmediato.
Cuando se alejaron, Eddie borró su presencia. Y observó.
La bandada de cuervos, sin duda enviada por la segunda consorte imperial, cayó sobre los sabuesos de Sober.
La nieve blanca se derritió bajo la sangre caliente, formando un gran charco.
Las cabezas de los sabuesos, obligados a obedecer ciegamente a Sober, rodaron por el suelo.
La batalla no duró mucho. Así, las manos y pies de Sober quedaron atados. Claro, aún le quedaban sabuesos y caballeros, pero, por culpa de la segunda consorte imperial, tendría que permanecer quieto durante años.
Los sabuesos de la segunda consorte imperial usaron artefactos mágicos para borrar meticulosamente todo rastro. Guardando el cristal de grabación, Eddie se dejó llevar por el viento repentino.
Era hora de ganarse al señor del norte, para construir un verdadero apoyo para Louis.
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