Sirviente Chapter 76
Capítulo 76
El comportamiento de Eddie fluía con naturalidad, como si estuviera en su propio espacio. Su tono suave pero con mirada firme resultaba arrogante sin serlo. Más bien, demostraba habilidad al llevar la conversación a su terreno con maestría.
—Tienes el extraño talento de dar órdenes sin resultar desagradable.
El conde Edlen soltó una risotada incrédula de sus propias palabras. La invitación a sentarse había sonado como una orden que no lo era, una sugerencia que tampoco lo parecía.
Le resultaba peculiar. No era desagradable, sino intrigante y novedoso. Se pasó una mano por el rostro y contempló sus palmas callosas.
Toda su vida había empuñado la espada para proteger el norte. Jamás había dudado en empaparse de la sangre de los monstruos. Nunca temió ante ningún peligro.
Edlen superaba a cualquiera en el norte en habilidad, y su reputación atraía cada vez más a los débiles que buscaban su apoyo. En tierras hostiles, anhelaban un superior que respondiera por sus vidas.
El conde no era distinto, pero jamás se permitió quejarse. Había aceptado cada dificultad sin protestar, por lo que sus palabras siempre fueron órdenes cargadas de autoridad.
Años en ese entorno lo habían convertido en alguien que imponía respeto aplastando a los demás. Eddie, en cambio, era lo opuesto.
Suave pero carismático. Cada palabra suya tenía un peso innegable.
Claro, lo que ya había escuchado influía en esa percepción. Pero ningún noble del norte lo trataba así. Ni siquiera el emperador lo hacía sentirse incómodo.
El conde no apartó la vista de Eddie mientras arrimaba una silla. Repasó la escasa información que Raven le había dado sobre él: un asistente del castillo del norte sin patrocinadores conocidos ni motivos claros para estar allí, pero aparentemente leal al gran duque.
Raven no le mentiría, al menos en eso.
Aunque debía observarlo más, la expresión de Eddie antes le había bastado para confirmar su lealtad.
Ahora esperaba su siguiente movimiento.
¿Cuántos minutos pasaron?
—Antes de profundizar, tengo algunas peticiones.
—Veamos.
—Como mencioné, el reciente ataque dejó al castillo escaso de personal. Aunque nunca fue numeroso, Su Alteza merece vivir sin incomodidades. Agradecería que considerara el prestigio del gran duque.
—¡Ja! Eres hábil con las palabras. Exiges y reprendes al mismo tiempo.
Eddie no se disculpó por ofenderlo. Era la verdad.
Sin importar la relación entre la familia real y el norte, este seguía siendo parte del imperio. Louis, maldito o no, era un gran duque.
Aunque solo fuera nominalmente, era responsable de estas tierras. Aun así, el conde y los nobles del norte lo habían abandonado por considerarlo inútil.
«Como autor original, entiendo su postura, pero...»
La sangre llama. Y aunque la trama original imponía ciertas cosas, no era tan rígida.
Es decir, como adultos, bien podrían haber sentido lástima por Louis.
Con solo un ápice de compasión, al escuchar sobre el ataque, habrían preguntado si estaba bien en lugar de responder con frialdad.
—Si mis peticiones son excesivas, dígamelo.
—Eres un maestro en poner a la gente en aprietos.
Rechazarlas sería admitir incompetencia. Y por algo tan simple como proveer personal.
—Enviaré gente, pero ¿no será incómodo? Informarán de todo lo que vean y oigan. Tener espías en casa es molesto.
Era justo lo que quería. Louis ya no era el niño frágil de antes. Como no lo sabían, no podían imaginar lo impresionante que se había vuelto. Cuantos más ojos, oídos y bocas lo vieran, más nobles como Edlen notarían su crecimiento.
—No es problema.
—Muy bien. Enviaré 10 caballeros, 20 soldados y 30 sirvientes. Es lo mínimo para mantener un castillo de ese tamaño.
—Gracias.
Eddie inclinó levemente la cabeza. Aunque el conde era su superior, él representaba al gran duque. Mantener su dignidad aseguraría el respeto hacia Louis.
Al captar su intención, Edlen resopló mentalmente. Este intruso no era fácil. Accedería por ahora para obtener información, pero se sentía manipulado.
Mientras repetía el nombre de Eddie Royson en su mente, notó que el ambiente cambió cuando la mirada de Eddie se transformó.
—Continuando: el responsable es el tercer príncipe, Sober. Y quienes eliminaron a sus hombres fueron enviados por la segunda consorte imperial.
El ceño del conde se frunció. Al descartar al emperador, ya lo sospechaba.
Pero escuchar los detalles lo exasperó.
En un lugar donde sobrevivir cada día era un desafío, las mezquinas luchas políticas le resultaban repugnantes. Un error podía costarles caro.
—Yo fui uno de los sabuesos de Sober.
—¡Ah!
Raven, que escuchaba a distancia, contuvo la respiración.
Eddie explicó brevemente su pasado, las razones de Sober para matar a Louis, cómo la situación había escalado y su deseo de protegerlo.
—Entonces debemos informar al emperador.
—¿Solo para recibir disculpas? Él culpará a la segunda consorte imperial y a Sober, luego se lavará las manos.
Complicaría las cosas. Solo si Louis hubiera resultado gravemente herido o la maldición hubiera atacado al imperio, el emperador actuaría. De lo contrario, se limitaría a vigilar a Louis y reprendería a los culpables sin castigarlos.
Además, la segunda consorte imperial ya había cortado las alas de su hijo. Su influencia la hacía difícil de eliminar sin una razón contundente.
Era más probable que el emperador usara esto para negociar con ella. Podría beneficiarse del plan de Eddie.
—Envíe a alguien a la segunda consorte imperial.
Eddie sacó el cristal de grabación y mostró las imágenes.
—Con esta prueba, no podrá negarlo.
—¿Así que quieres extorsionarla para obtener recursos?
—No es extorsión, es negociación. Reclamar lo que el norte merece. Usted sabe que el imperio está a salvo de los monstruos gracias a esta región. ¿Y cómo responde la familia real? Asfixiándonos por envidia.
El conde suspiró y se masajeó el puente nasal. Ni él ni los nobles del norte eran inocentes. Ninguno tenía talento político. Sabían luchar, pero carecían de astucia para negociar con las víboras de la corte.
—Solo escucharte me agota.
Preferiría luchar contra hordas de monstruos. Le tentaba ir a quejarse al emperador y terminar el asunto, pero Eddie tenía razón.
Últimamente, los monstruos aparecían con más frecuencia y en mayor número.
Y lo peor: la escasez de armas decentes por problemas de suministro.
Las palabras de Eddie resonaron:
[—¿Hasta cuándo permitirá que el norte sufra estas condiciones?]
—Es una oportunidad, pero no sé cómo aprovecharla.
—Deje que Raven se encargue.
Al escuchar el nombre inesperado, el conde miró a Raven.
Este tragó saliva y miró de reojo a Eddie, pero no se echó atrás. Era su oportunidad de ganar influencia.
—Es ágil y elocuente. Llegará rápido a la capital y sorteará obstáculos con flexibilidad.
Además, mostraría a la segunda consorte imperial que Edlen también tenía agentes. Ella, astuta, actuaría con cautela.
No podría maquinar en secreto.
Eddie hizo una seña discreta a Raven mientras el conde reflexionaba.
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