Sirviente Chapter 83

 Capítulo 83

—Alteza, estamos listos para partir.

El conde Edlen se acercó. Después de revisar meticulosamente que nada faltara, comprobó por última vez la seguridad de Louis, quien se encontraba atrapado en los brazos de Eddie. 

Al observar la armadura, la vaina en su cintura y, por último, los brazos de Eddie sosteniendo las riendas, dejó escapar un leve suspiro. 

De repente, agarró el delgado antebrazo de Eddie. Como si estuviera evaluando sus músculos, sus dedos recorrieron el brazo hasta el hombro. 

Eddie entendió al instante su preocupación y esbozó una sonrisa amarga. El conde dudaba de si los brazos de Eddie serían lo suficientes fuertes para sostener a Louis si el caballo lo sacudía, ya que era su primera vez montando. 

Justo cuando iba a decirle que no se preocupara... 

—¿Qué estás haciendo?

La voz de Louis sonó molesta. 

—Quita las manos de Eddie.

Ante la orden firme, el conde retiró su mano. 

—Es mi persona. Preferiría que no lo tocaras así.

—Solo estaba asegurándome de que pueda proteger a Su Alteza adecuadamente, dado que es más delgado que los caballeros. Lamento haberlo incomodado.

—No deberías disculparte conmigo, sino con Eddie. ¿Acaso dudaste de él? Es quien me ha protegido hasta ahora. Ni siquiera lo cuestiones. No lo toleraré.

Sus nervios de punta terminaron por delatarlo. Ante la reacción agresiva de Louis, el conde miró a Eddie. 

—Lo siento.

—No hay problema.

—Si no hay más inconvenientes, partamos.

Louis cortó la conversación antes de que se alargara. El conde Edlen intercambió una última mirada con Eddie antes de girarse y montar su caballo. 

—¡En marcha!

Al grito del conde, los soldados al frente iniciaron el avance. Los caballeros los siguieron de cerca. 

El ritmo de la marcha no era ni lento ni rápido, sino el justo. En parte para que Louis se adaptara al trote del caballo, pero también porque la fuerte nevada de la noche anterior había dejado la nieve demasiado profunda. Con cada paso, las patas de los caballos se hundían en el manto blanco. 

Tras un tiempo, llegaron a una vasta llanura nevada. 

¿Cómo vería Louis este paisaje, incapaz de percibir los colores? Aunque la nieve era común en el norte, cada lugar la hacía parecer distinta. Al pensarlo, a Eddie le preocupó que la primera experiencia real de Louis fuera una cacería. 

Mientras saboreaba la amargura, sintió miradas furtivas dirigidas hacia ellos. 

Los caballeros y soldados del condado, así como los del castillo del norte, los observaban disimuladamente. 

Sus expresiones eran extrañas, como si la presencia de Louis les resultara desconocida. En especial los del condado, que lo veían por primera vez, lucían francamente desconcertados. 

Louis no era el ser monstruoso que imaginaban, sino alguien común, aunque con una discapacidad. Su serenidad, a pesar de su ceguera, los dejaba perplejos. 

Por otro lado, los caballeros que antes servían al conde pero ahora pertenecían al castillo del norte mostraban emociones aún más complejas. 

Aunque su residencia había cambiado, no habían interactuado mucho con Louis. Él nunca los buscó, y ellos tampoco se acercaron. Lo mismo ocurría con los sirvientes enviados por el conde. Todos habían mantenido cierta distancia. 

Por eso, desconocían sus habilidades. Y eso los ponía nerviosos. 

Aunque debían protegerlo como su señor, no sabían cuánto acercarse, lo que los dejaba confundidos. 

[—¿Tengo algo en la cara? ¿Por qué me miran así? No parece miedo ni desprecio, pero...]

—Es porque les resulta extraño. No lo evitan, así que no le dé importancia. Solo siga mostrándose seguro.

—...Me leíste el pensamiento. 

—¿Y los míos no se le leen? 

—Sí. Solo aquella vez, durante el duelo con el conde. Después, no volví a escucharte. Pero, Eddie...

—Dígame. 

—El conde dijo que no tenía que hacer nada, pero... ¿realmente es así? Una cacería es un caos, ¿no? Seguro habrá quienes me ataquen. Sé que me protegerás, pero...

—¿Le preocupa que los caballeros resulten heridos al protegerlo?

—...No sé. Solo temo ser una carga. Es algo que me inquieta ahora.

[—¿Y si la torre que construiste para mí se derrumba? De repente, me siento tenso. Aunque lo dije antes, ¿y si el conde se decepciona?]

Aunque cambiaba día a día, su falta de experiencia por haber estado encerrado tanto tiempo aún lo limitaba. 

Y él lo sabía. Por eso, aunque actuaba con seguridad, cuando la realidad lo golpeaba, retrocedía. Temía equivocarse. Como nunca había tenido nada en sus manos, le aterraba que todo pudiera esfumarse como un espejismo. 

—¿Soy patético?

—Para nada. 

Esta confusión era prueba de su crecimiento, de que sus vacíos se estaban llenando. 

—Lo está haciendo muy bien, Alteza.

—Es una respuesta obvia, pero como viene de ti, no me molesta.

—Sí, lamento no poder decir algo más original.

Al oír el rezongo de Eddie, Louis soltó una risita. Pero luego, su nuca se tensó. 

—Oye, Eddie. Hay algo que realmente me intriga... ¿Cómo se siente matar a alguien?

—No es una sensación agradable.

—Explícamelo. Creo que saberlo de antemano me ayudará.

—Al principio... me dio asco. Y shock.

—Ajá.

—Luego, el alivio de haber sobrevivido invadió mi mente. Ahora, solo pienso que no debo elegir medios para seguir con vida. Si acaso,

La mirada de Eddie se posó en la espada colgada de la cintura de Louis. 

—Si llega el momento en que deba matar a un monstruo, piense que solo está aplastando un insecto. No es un asesinato.

—Entiendo.

—No podré estar siempre a su lado. Yo también debo demostrarles mi valía.

Donde hay personas, hay jerarquías. El conde Edlen, tras juzgar a Eddie en múltiples aspectos, reconocía su habilidad. Pero los demás nobles y caballeros no. 

Esta era su oportunidad para dejar claro que no era alguien a quien subestimar. 

Aunque Louis entendió, esta vez no respondió. Eddie también guardó silencio. 

En medio del mutismo, tras unas dos horas de cabalgata, llegaron a la frontera noreste. 

Allí, los nobles del norte y sus tropas esperaban al conde Edlen. 

—¡Padre!

Alguien corrió hacia ellos. Un niño que parecía unos años menor que Louis. Pequeño y delgado, pero con una capa blanca sobre su armadura de cuero. 

Eddie reconoció al instante al tercer hijo del conde Edlen, ahora heredero tras la muerte del mayor y la enfermedad del segundo. 

—¿Un niño?

Louis, sin saberlo, inclinó la cabeza confundido. —El hijo del conde. Recién nombrado heredero. Es un invocador de espíritus.

[—Un invocador... Los he visto en mis pesadillas. ¿Pero un niño en una cacería? ¿Tendrá siquiera diez años?]

—Parece pequeño, pero tiene trece.

Aun así, era joven. Louis no podía apartar la mirada de él. En sus pesadillas era distinto, pero esta era quizá la primera vez que veía a alguien más joven que él en la realidad. 

El conde Edlen, ya desmontado, se acercó con su hijo. 

—Alteza, este es mi hijo menor, el nuevo heredero del condado.

—Es un honor conocerlo. Me llamo Roman Edlen.

Con una breve presentación, Roman hizo una reverencia. Luego, enderezándose rápido, miró a Louis con curiosidad. 

Era algo nuevo. En sus novelas, Louis solo había mencionado personajes así de pasada, sin profundizar. 

Había asumido que, pese a su juventud, sería similar al conde en carácter. Pero el niño era sorprendentemente alegre y desprejuiciado. 

A diferencia de los caballeros y soldados, no parecía intimidado por Louis, a pesar de los rumores. 

—Un placer conocerte.

Roman tomó la mano extendida de Louis y apoyó su frente en ella, mostrando respeto hacia su señor. 

—Roman tendrá el honor de servir de cerca a Su Alteza.

—¡Usaré el poder de los espíritus para protegerlo! Mis amigos son muy fuertes. Puede confiar en mí.

—Bien... Cuento contigo.

[—¿A esto le llaman —radiante—? Me siento como si debiera protegerlo a él].

Louis rio incómodo y retiró su mano. En ese momento, los nobles inclinaron sus cabezas. 

—Saludamos a Su Alteza.

Los caballeros y soldados, ya desmontados, hicieron lo mismo. 

—Gracias por acompañarnos hoy.

—El honor es mío. Cuento con ustedes.

El saludo fue breve. No había tiempo que perder, así que todos volvieron a montar y entraron en las Montañas de las Sombras Mortales.

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