Deséame Chapter 205

Extra 10

—No, no lo vi. Lo que yo vi no fue eso… 

Estaba a punto de hablar, pero se detuvo. La imagen de su madre, surgida de un sueño, le llenó la mente y una opresión le recorrió el pecho. Tal como había presentido, después de aquello no volvió a verla. Probablemente será así también en el futuro. 

Pero incluso mientras pensaba eso, el corazón de Dane no sentía dolor ni tristeza. Tampoco había rastro de la culpa, el odio o la angustia que siempre lo invadían al recordarla. Solo aceptaba su pasado con ella de manera serena. Quizás él también, como los demás, podría aprender a amar y aceptar a alguien de forma normal. 

Incluso a su propio hijo. 

De repente se le ocurrió esa idea y recobró el sentido. 

«¿De qué estoy hablando? Un hijo, qué absurdo». 

—¿Dane? 

Dane volvió a la realidad cuando oyó que alguien lo llamaba. Al alzar la vista, sus compañeros lo miraban con curiosidad. Dane pronto sonrió con indiferencia y cambió de tema. 

—No vi nada especial. Pero ya que estamos, necesito sus consejo. 

—¿Consejo? 

—¿De nosotros? 

Los chicos se sorprendieron y centraron su atención en él. Dane, sintiendo el peso de sus miradas, comenzó a hablar. 

—Verán, quiero darle un regalo a alguien y me preguntaba qué suelen hacer ustedes cuando dan un regalo.

—¿Un regalo? 

—¿Qué hacemos? 

Los chicos que habían estado repitiendo las palabras de Dane se acariciaron la barbilla y parecieron pensar por un momento antes de ocurrírseles ideas una por una.

—La última vez le regalé un libro a mi hermano. Era el nuevo tomo de su serie favorita. 

—Hice fila para comprarle a mi hija el vaso que quería. Le encantó. 

—Hay unas galletas rarísimas que se agotan en minutos. Recorrí quince tiendas para conseguirlas. Pero cuando me tomé la molestia de comprárselo, dijo que sabía a orina de perro y lo tiró sin siquiera comerse la mitad. ¡Todavía lo pienso y me siento ofendido!

—¿A orina de perro? ¿Cómo lo sabe? 

—Probablemente sea similar a la orina humana, supongo. 

—¿Y cómo sabe a qué sabe la orina humana? Como era de esperar, la conversación empezó a tomar un rumbo extraño. Dane simplemente observó en silencio mientras sus antiguos colegas comenzaban a balbucear sobre temas inútiles. Me equivoqué de público, pensó, arrepentido. 

—Oye, ¿para quién es el regalo? 

Mientras exhalaba un suspiro, alguien lanzó la pregunta de golpe. Cuando levantó la cabeza involuntariamente ante la repentina pregunta, la atención de todos ya estaba dirigida hacia él. 

—Así es, el regalo varía según quién sea. 

—Ahora que lo pienso, ¿no es esta la primera vez que Dane le hace un regalo a alguien? 

—Bueno, en los cumpleaños de nuestros hijos siempre trae algo, pero fuera de eso, nunca. 

Después de intercambiar opiniones, todos miraron a Dane con una mirada curiosa. Sus ojos brillaban de una manera inusual, como si supieran algo y le estuvieran pidiendo que se sincerara. Dane levantó ambas manos rápidamente y negó con la cabeza.

—No, no es eso.

—¿No es eso?

—¿No?

Los demás sonrieron con una mirada traviesa. Dane puso una expresión seria y reiteró con énfasis.

—Que no. De verdad que no. 

—Dice que sí. 

—¿Que no? ¿Cómo que no? 

—¿Entonces qué es? ¿Qué, qué? 

Estaban decididos a escuchar la verdad de Dane a toda costa. «No debería haber venido aquí después de todo». Dane apretó los dientes, arrepintiéndose de su error.

—Bastardos, no vuelvo a poner un pie aquí. 

—Eso después. Ahora habla. 

—¿Qué pasa? ¿Para quién es el regalo? 

—Dane solo gasta dinero en condones y alcohol. ¿Y ahora un regalo? Esto no es algo común. 

—Por supuesto que no, esto es un escándalo. ¡Una primicia enorme! 

Al verlos chocar las manos en un «¡Yeah!», supo que no había escapatoria. Varias personas, incluido DeAndre, ya estaban bloqueando la puerta. Estaba acorralado. 

—Haaa… 

Finalmente, Dane suspiró y declaró su rendición. —Tienen razón. 

—¿En qué tenemos razón? 

—¿En qué? 

«Estos malditos…»

Ante su actitud de no soltarlo hasta obtener una respuesta, Dane finalmente escupió las palabras entre dientes. 

—Estoy saliendo con alguien. ¿Contentos? ¿Eh? 

—¡Wuoooooh! 

—¡Aaaaah! 

—¡Ven aquí, ven aquí! ¡Ven aquí!

Al instante, estallaron en vítores, corriendo como locos por la habitación. Un hombre incluso se subió a un banco y fingió montar a caballo, balanceando un brazo sobre su cabeza como un vaquero. Tras el caos, lograron calmarse lo justo para acosarlo con preguntas. 

—¿Cómo la conociste? ¿Cómo es? 

—¿Desde cuándo la conoces? ¡Eres un tramposo! ¡Nos has estado ocultando eso!

—¿Entonces por eso dejaste los rollos de una noche y andabas tan deprimido? 

Alguien preguntó y todos exclamaron, como si se hubieran dado cuenta, chocando los dedos con un chasquido.

—¡Eso es! ¡Teníamos razón! ¡Estabas muy raro!

—No me lo creo, ¿desde entonces? 

—¿Llevan tanto y ni una palabra nos dijiste? ¿Hasta dejaste el trabajo por ella? 

—¡Increíble! ¡Un mujeriego como tú cambiando así de repente! ¿Qué clase de persona es capaz de eso? 

Todos pensaban lo mismo. Y la dirección de su curiosidad también coincidía: 

«¿Qué clase de persona había logrado atrapar a este mujeriego?».

La visión de todos esos hombres adultos sentados alrededor, con los ojos brillantes como niñas adolescentes, deseosos de oír hablar de su vida amorosa, era molesta, pero no tenía escapatoria. Finalmente, soltó un suspiro sofocado y habló.

—Fue algo casual.

—¿Casual? ¿Qué significa eso?

—¿La conociste en un club? ¿Fue una aventura de una noche? 

—¿Es una chica? ¿Un chico? ¿Es guapa? ¿Tiene un buen cuerpo? ¿Es sexy?

—¿Y qué pasó? ¿Por qué compras un regalo? ¿Y por qué estabas tan deprimido entonces?

Por una simple frase, las preguntas llovieron con mucha más intensidad. Dane estaba ocupado estrujándose el cerebro tratando de descubrir cómo salir de esa crisis.

—Todos cálmense primero, cálmense.

Levantando las manos para ganar tiempo, esperó a que se tranquilizaran un poco antes de continuar.

—Fue realmente un encuentro casual. Nos cruzamos y así, ya saben.

—¿Eso tiene sentido?

—Con Dane podría ser posible, déjenlo hablar.

—Tú cállate. Dane, ¿y entonces?

Alguien planteó una objeción, pero fue rápidamente descartada. Cuando recuperaron el silencio, Dane continuó.

—Nos vimos un par de veces por casualidad, luego empezamos a salir... y lo demás es como con ustedes. Peleas, rupturas, reconciliaciones.

Fue una explicación demasiado breve. Era obvio que no iba a satisfacer a esa manada de hienas hambrientas. 

—¿Eso es todo?

—¡Qué corto! ¡Cuéntanos más detalles!

Inmediatamente se escuchó un grito, pero Dane ya se había levantado de su asiento.

—Ya basta, dejaré el resto para otra ocasión.

Sus antiguos compañeros tenían expresiones llenas de descontento, pero su actitud era firme. Entonces, pronto surgió otra pregunta.

—¿Cómo terminaste saliendo con esa persona? Hasta ahora solo dormías con la gente, nunca salías con nadie.

Asentimientos de acuerdo surgieron por todas partes. Era un hecho innegable. Todos sabían lo promiscuo que era Dane. Él era el tipo de hombre al que le gustaba el sexo pero nunca entraba en relaciones profundas, así que ¿Cómo terminó saliendo con alguien? ¿Y ahora incluso comprando regalos?

¿Cómo había cambiado de idea?

Bajo aquellas miradas curiosas, Dane dudó un momento antes de responder, como si buscara las palabras.

—Simplemente... ¿cómo decirlo?

Continuó hablando, haciendo pausas como si eligiera las palabras adecuadas.

—Cuando caí en cuenta, me di cuenta de que me gustaba. Pensé que no estaría mal pasar el futuro con esta persona.

—Ohhh...

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