Ketron Chapter 72

 Capítulo 72

La mano que entró en el espacio desgarrado desapareció junto con esas palabras, y el tiempo que tardó el lugar rasgado en volver a ser el interior ordinario de la posada, como si nunca hubiera pasado nada, fue apenas un instante. 

El cuerpo de Eddie, que había perdido su soporte, se desplomó sobre la cama. 

El Rey Demonio había desaparecido por completo sin dejar rastro alguno, como si nunca hubiera estado allí. 

—¡Eddie! 

Ketron corrió hacia él y lo levantó en sus brazos. 

Aquel suceso tan irreal lo había dejado aturdido, pero Eddie recuperó el sentido de la realidad al sentir los brazos temblorosos que lo apretaban con fuerza contra el pecho. 

El interior de la posada estaba tan silencioso, como si nada hubiera ocurrido, que resultaba aún más difícil asimilar lo sucedido. Pero aquello no era un sueño. 

El Rey Demonio estaba vivo. 

«¿No había muerto? ¿O había resucitado? ¿Por qué vino a buscarme? ¿Por qué me dio las gracias…?»

—Eddie. 

La voz que lo llamó hizo que Eddie alzara bruscamente la cabeza. 

Ante él estaba el protagonista, aún atrapado en el terror de casi haberlo perdido. 

Sin darse cuenta antes, el cuerpo de Ketron temblaba levemente, como si hubiera estado convulsionando desde el momento en que lo abrazó. 

Al verlo temblando de miedo, Eddie entendió cuál era la prioridad y extendió los brazos para abrazarlo a su vez. 

Ahora no era momento de pensar. Primero había que calmar al chico asustado. 

La cama cedió bajo el peso de Ketron, hundiéndose de un lado. Aunque Eddie sintió que las manos que lo apretaban le lastimaban un poco, no se le ocurrió quejarse, demasiado conmovido por su desesperación. En cambio, le acarició la espalda. 

Tampoco era que él estuviera en condiciones óptimas después de haber sido secuestrado por el Rey Demonio, que apareció de la nada, pero Ketron temblaba tanto que no tuvo opción. 

Aunque él también estaba asustado, parecía que Ketron lo estaba aún más. 

Así que, en lugar de calmar su propio corazón agitado, decidió tranquilizar primero aquellas manos desesperadas que buscaban confirmar su existencia. 

Eddie siguió palmoteando y acariciando su espalda y los brazos que lo rodeaban. 

—Ket, estoy bien. No pasa nada. 

Susurrando esas palabras, lo meció con cuidado, como si acunara a un bebé. Aunque era él quien consolaba, sentía como si fuera él quien recibía el consuelo, y esa sensación extraña lo dejó confundido. 

Era un poco absurdo. Había visto al Rey Demonio, pero quien necesitaba consuelo no era la persona que había estado en sus garras, sino quien lo había presenciado. 

Aunque fuera ridículo, el Rey Demonio ya se había esfumado, y podrían pensar en ello más tarde. Por ahora, lo importante era calmar al gato aterrorizado. 

Entre tanto mecer y acariciar sin parar, Eddie notó que su propio corazón, que latía como loco, empezaba a aquietarse poco a poco. 

Después de seguir acariciando a Ketron un buen rato, cuando este parecía haberse calmado un poco, Eddie sonrió con amargura y preguntó: 

—¿Por qué te asustaste tanto? 

No era una pregunta genuina. Solo era su intento de restarle importancia a la situación. 

Nadie sabía mejor que Eddie que su peso en la vida de Ketron ya no era el mismo. 

En un mundo donde todos habían olvidado a Ketron, Eddie fue el primer vínculo que tuvo después de perderlo todo, y se convirtió en alguien precioso para él. 

Era comprensible que Ketron se asustara tanto al ver que esa persona casi moría a manos de un enemigo que creían eliminado. 

Al escuchar la pregunta, Ketron, que tenía el rostro enterrado en el cuello de Eddie, habló con voz ahogada: 

—Por nada. 

Después de un breve silencio, con la voz un poco ronca, continuó: 

—Si no fuera por mí… esto no te habría pasado. 

—…

Eso no era cierto. Desde el principio, el Rey Demonio había venido específicamente por Eddie. No por el dueño de la posada donde el héroe se hospedaba. 

Pero antes de que Eddie pudiera corregirlo, Ketron siguió hablando: 

—Y aun así, no soporto la idea de alejarme de ti… 

«No lo soporto». 

Al decir eso, Ketron hundió el rostro en el hombro de Eddie. 

Eddie, que había quedado paralizado tratando de entender sus palabras, pronto puso una expresión de sorpresa al notar que su hombro se empapaba. 

—Ket… ¿estás llorando? 

—…

Sin responder, su hombro siguió empapándose. 

Eddie dejó escapar un suspiro leve. 

Si seguía así, no podía hacerse el desentendido. 

Intentó incorporarse para secar las lágrimas de Ketron, pero este lo abrazaba con tal fuerza que no logró moverse ni un centímetro. 

—Ket, no me voy a ir. 

—…

—Está bien. 

Solo después de calmarlo así, Ketron aflojó por fin los brazos que lo sujetaban. 

Eddie sacó unas toallitas húmedas de la mesita de noche. Como en este lugar los productos de tienda eran ilimitados, había traído las más caras, esas que presumían de tener varias capas de relieve en sus anuncios. 

Sin escatimar, arrancó varias de un tirón y se acercó a Ketron. 

—Mírame. 

—…

—Levanta la cabeza. 

Después de un breve silencio, Ketron levantó lentamente la cabeza siguiendo las palabras de Eddie. Al ver su rostro desordenado por las lágrimas, Eddie sintió un pinchazo en el interior de su corazón.

Sorprendido por esa extraña sensación, Eddie limpió bruscamente las lágrimas de Ketron sin darse cuenta. Al encontrarse la mirada de Ketron, que no se quejaba y permanecía en silencio, sintió un pinchazo de culpa. Volvió a acariciar cuidadosamente las mejillas de Ketron mientras decía:

—Estoy bien. 

—…

—Aquí estoy, sano y salvo.

Ketron cerró los ojos con docilidad. Las lágrimas atrapadas entre sus largas pestañas daban lástima. Mientras le limpiaba el rostro, Eddie siguió parloteando en lugar del silencioso Ketron. 

—No me duele nada, estoy perfecto. 

—Voy a estar siempre a tu lado, no te preocupes. 

—…Tu deseo no es egoísta. Yo también quiero quedarme a tu lado. 

Al principio no supo qué decir, nunca había sido particularmente elocuente. 

Pero no había necesidad de darle vueltas. Eddie solo trató de expresar con sinceridad lo que sentía. 

Deseando que Ketron entendiera que querer estar a su lado no era egoísmo, Eddie también dijo que quería quedarse a su lado, con un deje de desesperación.

Con la mano, limpió suavemente los ojos enrojecidos de Ketron por las lágrimas y suspiró.

—No sé qué hacer cuando lloras.

Tal vez por sus cuatro años, no, ocho, si contaba su edad real, de diferencia, en momentos como este recordaba que Ketron era mucho más joven que él. Aunque su personalidad adusta y su papel de héroe solían ocultarlo. 

Sin querer, su tono se endulzó. 

—Deja de llorar, ¿sí? 

Si Sebastián hubiera oído ese tono, habría pensado: «Así es como lo seduce… Dios mío». Una voz tan melosa que parecía gotear miel. 

Las lágrimas seguían cayendo sin cesar, aunque cada vez menos. 

Una vez que Ketron pareció calmarse un poco, Eddie tuvo tiempo de apreciar el rostro del hermoso hombre que lloraba. 

Si incluso en esta situación lo encontraba hermoso, ¿sería demasiado insensible? Bueno, él sí era insensible. 

Aun así, Eddie pensó que el rostro de Ketron, con los ojos enrojecidos, era precioso. Otros dirían ‘guapo’, pero para él era simplemente adorable. 

Mientras le acariciaba las mejillas ardientes y los párpados hinchados, Eddie se burló en voz baja: 

—Llorón. 

Al oírlo, las cejas de Ketron, hasta entonces tranquilas, se alzaron. 

—No soy un llorón. 

Su voz, que lo refutó al instante, sonaba un poco ahogada por el llanto. Algo en eso le resultó gracioso, y Eddie, sonriendo, repitió: —Esta es la tercera vez que te veo llorar. 

—…Ah. 

Ketron, que iba a negarlo, tardó en darse cuenta de que era cierto y se encogió de inmediato. 

La primera vez que se conocieron, cuando volvió a ver a Agustín, y ahora. 

Las tres veces fueron situaciones difíciles de soportar para Ketron, así que no era inusual que hubiera llorado, pero de todos modos, era la tercera vez que Eddie lo había visto llorar, así que era un llorón.

Ketron, que también parecía darse cuenta de que había llorado bastante delante de Eddie, no pudo negar las palabras y se quejó en silencio.

«Qué lindo». 

«Hasta dan ganas de darle un beso». 

Pero como era un adulto hecho y derecho, parecía demasiado atrevido, así que en vez de eso, Eddie lo abrazó con fuerza. 

Todo este tiempo había sido Eddie quien estuvo entre los brazos de Ketron, pero ahora era Ketron quien quedaba abrazado por Eddie. Claro que, como Ketron era demasiado grande, no cabía entero en sus brazos. Solo logró apretar su cabeza contra el pecho. 

Ketron, que se había quedado tieso con los ojos abiertos de par en par al ser abrazado por Eddie, pronto extendió los brazos sin dudar y lo rodeó por la cintura con fuerza. 

—Me vas a matar de lo lindo que eres, en serio… 

Eddie no pudo evitar murmurar esas palabras y justo cuando iba a besarle el cabello a Ketron,

Toc, toc, toc.

Se oyeron pasos cruzar el pasillo, seguidos de la voz somnolienta de Sebastián. 

—Eddie~ Unos huéspedes se quejaron de que se escuchó un ruido fuerte en la posada… 

Farfullando mientras sostenía una lámpara mágica, Sebastián se acercó a la habitación de Eddie. 

—¿Qué? ¿Por qué está así la puerta? 

Al ver la puerta destrozada por Ketron, puso cara de horror. 

—¡¿No será que entró un ladrón o algo peor?! 

Pero en cuanto vio a Eddie y Ketron abrazándose con fuerza dentro de la habitación, se quedó petrificado. 

Y de pronto, como si algo se le hubiera ocurrido, se puso rojo como un tomate. 

Sebastián, que había estado mirando a los dos sin decir nada, abriendo y cerrando la boca como un pez, finalmente gritó: 

—¡No, en serio, esta gente! ¿Qué hacen con la puerta abierta? ¡No hay cosa que no hagan delante de un soltero como yo! ¿Quieren que corra el rumor de que andan haciendo esas cosas por todo el vecindario? 

Sebastián gritó en voz alta. 

—¡Si van a hacer eso, al menos cierren la puerta! ¡Me da una vergüenza que me muero, en serio! 

Cerró la puerta de golpe y se marchó. 

Por supuesto, la puerta rota no cumplió su función y se abrió de nuevo con un crujido.

—…

—…

Las dos personas, arrancados abruptamente de su atmósfera tierna, no entendieron qué diablos decía Sebastián y solo se miraron el uno al otro.

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