Ketron Chapter 73
Capítulo 73
Como la puerta de la habitación de Eddie estaba destrozada, al final no pudo dormir ni siquiera allí.
Aunque quisiera quedarse en alguna de las habitaciones vacías, resultó que ese día todas estaban llenas de huéspedes y no quedaba ni una disponible.
Bueno, Gerald no era del tipo que protestaría si alguien usaba su cuarto vacío, pero considerando su carácter afilado como un cuchillo, tampoco parecía el tipo que disfrutaría que otros durmieran en su espacio…
No había alternativa.
Tras un rato de vacilación, Eddie finalmente habló.
—¿Puedo dormir hoy en tu habitación, Ket?
Claro que en esas palabras también había cierta intención de calmar a Ketron, quien temblaba de miedo ante la posibilidad de perderlo. Solo un poco.
Pero Ketron no mostró la alegría que Eddie esperaba ante su propuesta. O mejor dicho, su rostro reflejaba una mezcla compleja de emociones. El deseo de estar con Eddie y, al mismo tiempo, cierta reticencia.
Aun así, como entendía que no había otra opción, al final asintió con la cabeza.
Por su parte, Eddie no le dio mayor importancia. No era la primera vez que dormía con Ketron. En Sandern habían compartido cama, una incluso más pequeña y vieja que esa, así que asumió que esta vez sería mejor que aquella ocasión.
Ignoraba por completo que Ketron pasaría esa noche en vela, sin pegar ojo.
—…Mmm. Antes de acostarse, Eddie se quedó mirando fijamente su pijama, empapado del sudor frío que había derramado durante el enfrentamiento con el Rey Demonio y manchado por las lágrimas de Ketron.
La verdad, le daba un poco de repelús dormir con eso puesto.
«Bah, Ketron también es hombre, no debería haber problema».
Con ese pensamiento, se quitó de un tirón la parte superior y la lanzó a un lado.
—¡…!
No notó cómo Ketron, al verlo, se sobresaltó y volvió la cabeza de golpe. Eddie simplemente dobló su ropa sudada como pudo y se arrastró en ropa interior hasta la cama de Ketron.
—Ket, ven acá. Tenemos cosas de qué hablar.
Cómo sigue vivo el rey demonio, por qué vino a buscar a Eddie, hay muchas cosas que no se saben, pero de todos modos, al menos debían conversar.
Ketron parecía algo más calmado ahora…
Igual que en Sandern, Eddie se acomodó primero en el lado interior de la cama y golpeó el colchón con la palma. Como diciendo «acuéstate aquí».
Pero Ketron se limitó a girar la cabeza y permaneció inmóvil de pie un buen rato.
Eddie inclinó la cabeza, confundido.
«¿Por qué actúa así?»
—¿Ket?
Ante el apremio de Eddie, Ketron movió su cuerpo muy, muy lentamente hasta acostarse a su lado.
Sin embargo, por alguna razón, incluso en el espacio limitado de una cama individual, se las arregló para mantenerse al borde, casi al punto de caerse, evitando rozar a Eddie.
Aunque, dada la estrechez de la cama y el cuerpo robusto de ambos, sus esfuerzos no lograban crear mucha distancia.
Eddie volvió a ladear la cabeza.
«¿Por qué de repente actúa así?»
Extrañado por la repentina timidez de Ketron, Eddie tiró de su cintura que pendía peligrosamente del borde de la cama.
Ketron, quien normalmente no cedería ante un tirón tan leve, soltó un —¡Ah! —sorprendido al ser arrastrado de golpe hacia adentro. Sus cuerpos terminaron chocando.
—¿Qué te pasa? Ni yo entiendo bien la situación, pero al menos hablemos… Oye…
La voz de Eddie se fue apagando lentamente.
Eddie parpadeó.
En su bajo vientre, sentía una presencia inconfundible. Algo caliente. Y duro.
«¿Qué es esto…?»
Mientras bajaba la mirada en un estupor, su visión captó el bulto que se alzaba bajo la ropa de Ketron. Fue entonces cuando Eddie comprendió, demasiado tarde, que acababa de pisar una mina terrestre.
* * *
Eddie no era precisamente alguien perspicaz.
Incluso en su época como Lee Jeong-hoon, había sido tan despistado que cada vez que hacía algo insensible, sus amigos solían gritarle «¡Jeong-hoon-ah, jjom!», hasta el punto de convertirse en una especie de meme entre ellos. Aunque no fueron muchas, durante sus pocas relaciones amorosas también había escuchado, de distintas personas y en sucesión, frases como: —Eres realmente bueno, pero tu falta de sentido común es el mayor problema.
N/T ¡Jeong-hoon-ah, jjom!: 쫌 es una exclamación que suele significar molestia o exasperación. Por ejemplo, si alguien hace algo que te molesta, podrías decir 아 쫌!! (Tú, basta).
Así que ese era el problema.
Aunque su mente era bastante ágil para el trabajo, cuando se trataba de relaciones humanas, su perspicacia desaparecía por completo, haciendo que sus contadas experiencias amorosas fueran bastante difíciles.
Por eso, cuando entró en su última veintena, dejó de interesarse mucho por el amor y rechazó todas las citas que le proponían. De todos modos, estaba demasiado ocupado para tener tiempo de enamorarse.
Así que, en serio, sus recuerdos sobre el romance eran bastante antiguos, y como tampoco era alguien de libido particularmente alta, sumado a los días agotadores que terminaban con él desplomándose en la cama al llegar a casa, hacía ya bastante tiempo que ni siquiera en ese mundo había tenido ese tipo de relaciones.
Sobre todo después de llegar a este mundo, estuvo tan ocupado adaptándose que llevaba mucho tiempo sin siquiera pensar en el deseo sexual.
Así que, de verdad, en absoluto, no se había dado cuenta de por qué Ketron estaba tan desesperado por apartar su cuerpo.
—…Uh…
Eddie dejó escapar un sonido atontado sin querer, sintiendo la abrumadora presencia que se frotaba involuntariamente contra su bajo vientre.
Ketron había cubierto su rostro por completo con las manos. Su cara pequeña, oculta tras aquellas palmas grandes, no dejaba ver su expresión, pero las puntas de sus orejas, enrojecidas como brasas, eran claramente visibles.
«Ah, esto… ¿Cómo diablos arreglo esto?»
Con la frente perlada de sudor frío, Eddie abrió rápidamente la boca, pensando que si el silencio continuaba, la atmósfera se volvería irreversible.
—Bueno… A tu edad es normal que pase.
—…
—Es un fenómeno natural…
No lo era.
Por muy joven que fuera, ¿acaso era común que se levantara así sin ningún estímulo? Bueno, quizás en la adolescencia, con esa explosión de hormonas, podría ser…
Entonces, ¿por qué había pasado esto de repente?
«…No será por mí, ¿verdad?»
Tarde, se dio cuenta de que estaba acostado prácticamente desnudo frente a Ketron, pero no podía ser que, solo por estar semi desvestido, Ketron hubiera terminado así.
Objetivamente, no era que el cuerpo de Eddie fuera malo, pero vamos, Ketron… no tenía razón para excitarse solo por verlo.
Eso sería raro.
Eddie mordió su labio con fuerza. El problema era que, como se había quitado la parte superior por estar sudada, lo que rozaba su vientre se sentía aún más explícito.
Un dilema, un dilema, un callejón sin salida… Oh, esto es un poco diferente.
Las alarmas en la cabeza de Eddie sonaban estruendosamente.
Si manejaba mal la situación, quedaría atrapado en una incomodidad irreversible, así que, mientras mordisqueaba su labio y revolvía desesperadamente sus pensamientos, de pronto algo le vino a la mente y exclamó:
—¡Ah! Ket, ¿pasó algo antes de que vinieras a mi cuarto?
Ante esa pregunta, Ketron, cuyo rostro ardiente no podía ocultar y que hasta ahora había guardado silencio, lo miró de reojo.
Pasándose las manos una y otra vez por la cara que sin duda estaba ardiendo, Ketron abrió lentamente la boca:
—Un demonio… vino.
—¿Un demonio?
La expresión de Eddie se tensó.
[—Supongo que mi tiempo libre se acabó].
Cuando el Rey Demonio había dicho algo así, no tuvo el ánimo para entenderlo ni supo qué significaba, así que lo dejó pasar sin prestarle atención. Pero ahora que lo pensaba, había una razón por la que Ketron había reaccionado tan tarde, incluso ante la aparición no de cualquier demonio, sino del propio Rey Demonio.
Al oír que un demonio había venido, Eddie, sin darse cuenta, analizó el cuerpo de Ketron con mirada preocupada, pero al ver la prominencia debajo, jadeó y desvió la vista de inmediato.
Sin embargo, pronto un destello de comprensión iluminó su mente.
«¡Ah, claro, por eso había pasado esto!»
Habiendo encontrado la razón, el rostro de Eddie se iluminó sin querer.
—¿Era un súcubo, un íncubo o algo así? ¿Una criatura de la lujuria?
¡Sí, los súcubos e íncubos eran símbolos sexuales clásicos en la fantasía! ¡Además, había un episodio relacionado con ellos en «El héroe no oculta su poder»!
Si algo así hubiera aparecido y le hubiera absorbido la energía vital, o le hubiera mostrado sueños eróticos, o incluso hubiera hecho que su cuerpo ardiera, entonces la reacción de Ketron no sería nada extraña.
¡Al contrario, sería muy natural!
Eddie, que había olvidado por completo que Ketron no mostraba ni rastro de excitación cuando abrió la puerta de su habitación, estaba convencido.
«Así que así era».
—…
Ketron lo miró fijamente con una expresión peculiar.
Sus pupilas negras, imposibles de leer, parpadearon varias veces antes de que su mirada se oscureciera.
Un momento después, con el rostro aún enrojecido, Ketron asintió lentamente.
—Sí… era un súcubo.
«¡Lo sabía!»
Eddie se alegró al confirmar que su suposición era correcta.
—Entonces, entonces, esto…
Aunque su rostro se iluminó al encontrar una explicación clara, esa expresión pronto se nubló.
«¿De qué servía saberlo?»
El verdadero problema no era por qué Ketron había terminado así, sino cómo calmarlo.
Como hombre, lo entendía perfectamente. Dejarlo pasar solo lo haría más doloroso, y si ya estaba tan erecto, más valía resolverlo de una vez que esperar a que se le bajara…
—Eddie.
Mientras su mente revoloteaba entre esos pensamientos, Ketron lo llamó en voz baja. Al responder con un —¿Mm? —Ketron lo observó un momento antes de preguntar, casi en un susurro:
—¿Me ayudarías…?
La pregunta fue tan inesperada que Eddie tardó un buen rato en procesarla, preguntándose si había oído bien.
—…¿Yo?
«¿Cómo podría ayudarlo?»
Cualquier cosa que imaginara estaba llena de pensamientos obscenos, y Eddie tuvo que mover la cabeza de un lado a otro para deshacerse de esas imágenes.
«Ketron no puede haber dicho eso con esa intención. Después de todo, él tiene una mente inocente, ¿qué tipo de pensamientos estaba teniendo yo?»
—Haa…
Ketron, cuyo aliento caliente escapaba por lo excitado que estaba, enterró la nariz en la nuca de Eddie.
«Debo oler a sudor».
Aunque se encogió por el cosquilleo, esa preocupación fue opacada cuando una voz aún más baja de lo habitual le rozó el oído:
—Quédate quieto.
—…
—Solo quédate quieto.
Así, en silencio, comenzó aquella noche.
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