Ketron Chapter 76
Capítulo 76
«Vaya, los súcubos son algo realmente abrumador».
Eddie, que había sido atormentado por Ketron toda la madrugada, apenas lograba abrir los ojos, aferrándose al último hilo de su conciencia entumecida.
Quizás había subestimado demasiado la resistencia física de alguien tan joven.
No, tal vez era simplemente porque el chico era un héroe y su energía y vitalidad se desbordaban.
Una vez que terminó aquel acto prolongado, Eddie yacía en la cama, aturdido, dejando que esos pensamientos flotaran en su mente.
Tal vez si se concentraba en ellos, podría olvidar, aunque fuera un poco, esa vergüenza que lo invadía.
Lo que en ese momento ocupaba la mente de Eddie eran emociones como la vergüenza, la incomodidad y el bochorno, que hasta hace poco habían llegado a su límite.
Mientras ocurría, ambos estaban tan sumergidos, tan enloquecidos, que no lo notaron. Pero ahora, terminado todo, la avalancha de bochorno lo dejaba sin saber qué hacer.
—Haah.
Eddie dejó escapar un suspiro mientras su respiración, que había sido entrecortada, finalmente pareció calmarse un poco. Ketron, que estaba superpuesto al cuerpo de Eddie, besó la parte posterior del cuello de Eddie.
Al principio dudaba incluso en tocarlo, pero ahora, todos los gestos de acercar sus labios se le habían vuelto bastante familiares.
—…
Y con solo ese contacto en su nuca, cada instante de lo ocurrido durante la madrugada resurgió en la mente de Eddie, cuyo rostro ardió sin remedio mientras emitía un gemido ahogado.
«Esto es una locura. Básicamente hizo de todo excepto ponerlo. ¿De verdad está bien así?»
Ese pensamiento llegó tarde, pero el agua ya se había derramado.
Eddie tampoco era precisamente experimentado, pero, a diferencia de Ketron, un virgen de veinte años, se suponía que debía ser un poco más hábil. Sin embargo, se dejó arrastrar por el ritmo de Ketron y terminó haciendo de todo.
Pensó que podría morir de vergüenza.
«¿Qué diablos acabo de hacer con este chico?», pensaba por un lado.
«Pero al menos parece que aliviamos la maldición del súcubo, así que es un alivio», pensaba por el otro.
Una cucharada de vergüenza.
Así podría describirse el estado actual de Eddie.
Pero, aun así.
Aunque él estaba a punto de morir de vergüenza, parecía que el estado de Ketron había mejorado mucho en comparación con antes, lo cual era un alivio.
Dicen que, bajo el hechizo de un súcubo, si no liberas tus deseos, el tormento es tan intenso que podrías morir, o tu cuerpo sufriría daños. Al menos ahora no habría que preocuparse por eso.
Y no era para menos. Ketron, con una expresión de satisfacción absoluta, abrazaba a Eddie mientras ronroneaba.
«Esto no es un gato, es un guepardo, un leopardo, un jaguar… bueno, algo demasiado grande para ser un gato…»
«No, no. Su chico es un gato».
Eddie, que por poco se traga la ‘píldora roja’, sacudió la cabeza con fuerza. Mientras observaba a su gatito negro que seguía frotándose contra él, murmuró sin fuerzas:
N/T píldora roja: Referencia a Matrix. Significa aceptar una verdad incómoda o difícil, y enfrentar la realidad tal como es, incluso si es dolorosa o desafiante.
—Estoy agotado…
No había realizado ningún ejercicio particularmente intenso. De hecho, como Ketron le había dicho al principio, Eddie había permanecido quieto la mayor parte del tiempo. Aun así, el desgaste físico era extremo.
Y el desgaste mental también. Desde el asunto con el Rey Demonio, hasta el hecho de que Eddie casi muere, lo que casi le provocó un colapso a Ketron, y todo lo que tuvieron que hacer para levantar la maldición del súcubo.
—Eddie.
Pero aquel cuerpo grande y cálido, que se acomodaba en sus brazos ronroneando con una expresión de plena satisfacción, no era tan desagradable.
Aunque seguía siendo un poco vergonzoso que ambos estuvieran desnudos.
¡Y que sus partes inferiores todavía estuvieran en contacto! ¡Eso también era un poco vergonzoso!
De pronto, Eddie sintió que su rostro se calentaba de nuevo e intentó ocultar su expresión. Hizo todo lo posible por ignorar las sensaciones que surgían debajo de su cintura.
Por supuesto, era imposible.
—Ket, ¿estás bien ahora?
Eddie hizo esa pregunta tardía.
Pero tanto él como Ketron ya lo sabían.
Ketron estaba completamente bien. No solo bien, sino muy, muy saludable.
Aunque Eddie lo había experimentado en su propio cuerpo, no pudo evitar preguntar.
La maldición de un súcubo era algo que superaba por completo su imaginación.
Ketron, que había estado abrazándolo y ronroneando sin parar, levantó la cabeza de repente.
Al leer la expresión de plenitud que inundaba ese rostro, Eddie dejó escapar sin querer un suspiro de alivio, mientras Ketron cerraba lentamente los ojos y se recostaba sobre su pecho.
—Estoy bien.
Solo entonces Eddie exhaló un suspiro de alivio.
«Qué bueno».
Aunque fue increíblemente vergonzoso y bochornoso, era un alivio que Ketron esté bien.
—…
Pero, ¿hasta cuándo iban a seguir así?
El acto ya había terminado, y parecía que ya podrían separarse sin problema.
Sin embargo, Ketron no parecía tener la menor intención de hacerlo, y seguía presionando sus labios una y otra vez contra la nuca o la barbilla de Eddie con pequeños besos.
De algún modo, su postura y todo hacía que se sintiera como si ya hubieran mezclado sus cuerpos con intensidad, lo cual era vergonzoso.
Ahora que lo pensaba…
Eddie, tras reflexionar un momento, abrió la boca hacia Ketron, quien no parecía dispuesto a separarse.
—Ni siquiera nos besamos, y ya terminamos haciendo esto primero.
Si lo pensaba bien, en su prisa por satisfacer sus deseos, habían hecho de todo, excepto besarse.
Al escuchar esas palabras, Ketron, que estaba rozando sus labios contra la barbilla de Eddie, se detuvo de golpe y alzó la cabeza.
—¿Besarnos?
—Mmm. Pero existe un orden normal para estas cosas…
Claro, al final todo había sido por la maldición del súcubo, así que un beso no era estrictamente necesario. Pero lo que Eddie conocía como ‘normal’ en una relación solía comenzar con un leve roce de labios.
Ante esas palabras, Ketron, que había guardado silencio, lo miró fijamente desde arriba.
Su mirada se dirigía descaradamente hacia los labios de Eddie.
Para ser claros, Eddie no había dicho eso con la intención de sugerir —¡Vamos a besarnos! —Pero, ya fuera por un error de interpretación, Ketron miró fijamente los labios de Eddie por un momento, luego bajó la cabeza y presionó sus labios contra los de Eddie.
Mua.
«…¿Eh?»
Eddie, que no esperaba que sus palabras llevaran a un choque de labios, miró a Ketron con expresión aturdida. Entonces, Ketron, con una de esas sonrisas hermosas que rara vez le mostraba, volvió a presionar sus labios contra los suyos.
Mua.
Con un sonido adorable, los labios se separaron. Eddie permaneció con la mente en blanco un segundo y luego enrojeció.
No, no solo su rostro. Seguro todo su cuerpo se había teñido de rojo.
De algún modo, esto le daba más vergüenza que cualquier otra cosa que hubieran hecho hasta ahora.
Tal vez Ketron había interpretado sus palabras como un —¡Vamos a besarnos! —definitivo, porque después de eso, no dejó de acercar su boca a Eddie una y otra vez.
Mua, mua, mua.
—…
Pero, por alguna razón, cuantos más ‘no-besos’ de Ketron recibía, más extraña se volvía la expresión de Eddie.
«¿No va a besarme?»
«…¿Ahora no es el momento perfecto para un beso? ¿Hasta cuándo piensa seguir con estos piquitos?»
Incluso con su nula perspicacia, Eddie sabía que este era, sin duda, el momento ideal para un beso. Pero Ketron, en lugar de hacer lo que debía, se limitaba a rozar sus labios con suavidad. Era una duda natural.
Claro, no eran pareja. Solo estaban haciendo esto por necesidad, para liberar la maldición del súcubo. Pero incluso así, hasta alguien tan despistado como Eddie podía ver que este era el momento perfecto.
Aunque Eddie lo reconocía, Ketron seguía practicando ese ‘beso de pajarito’, o más bien simples piquitos sin profundizar.
Vamos, hace un momento empujaba como una bestia, pero ahora con los labios se limita a esto.
Claro, incluso esto era lo suficiente cosquilleante y agradable, pero…
Mientras pensaba eso, Eddie miró a Ketron, quien lo observaba con una expresión de absoluta satisfacción mientras seguía dándole picos. Y entonces, tuvo una revelación.
«Ah».
—Ket, ¿nunca has besado antes?
Ante esas palabras, Ketron se quedó completamente quieto, como si nunca hubiese estado sonriendo ni besuqueando a nadie.
—…
—…
Ketron desvió ligeramente la mirada que había clavado en Eddie.
Bingo, gol, hoyo en uno.
Era la respuesta correcta. Ketron no tenía experiencia besando.
Por eso no sabía cómo hacerlo y se había limitado a chocar sus labios.
—Haa.
Con la sensación de pensar «¿En qué se apoya para ser tan tierno?», y la confusión de «¿Qué diablos acabo de hacer con este chico que no sabe nada?», Eddie se peinó el flequillo hacia atrás.
«Estoy a punto de enloquecer».
Pero la vacilación no duró mucho.
—Ven aquí.
Con una sonrisa, Eddie tomó las mejillas de Ketron y lo atrajo hacia sí. Eddie susurró mientras miraba el rostro lindo, guapo, bonito y genial que era arrastrado obedientemente:
—Esto es un beso.
Al decirlo, Eddie cubrió los labios de Ketron con los suyos. A diferencia de los leves roces que Ketron había intentado, esta vez los labios se unieron con firmeza.
Pero como Ketron estaba rígido y ni siquiera podía pensar en abrir los labios, Eddie se apartó un momento y susurró:
—Tienes que abrir la boca.
—¿Eh?
Ketron respondió con una expresión aún un poco ajena para Eddie.
Pero ahora Eddie también sabía lo que significaba. Porque, sin querer, la había visto repetidas veces durante toda la madrugada.
Una expresión como si estuviera tan excitado que se fuera a morir.
Al ver al obediente gatito entreabrir los labios con esa expresión, Eddie lo atrajo hacia sí y se unió a ellos en un beso profundo. Era el primer beso de Ketron.
Ya se había roto la maldición del súcubo, así que no había necesidad de continuar con aquello, pero en aquella madrugada tan temprana, no tenían la lucidez suficiente como para hacer un juicio racional al respecto.
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