Ketron Chapter 79

 Capítulo 79

Eddie contuvo un aliento denso, como si la sangre que entraba a su corazón se hubiera obstruido por completo, y luego lo exhaló. Con un rostro sonriente que fingía no haber sentido nada, se acercó a los dos.

—¿Van a ordenar algo?

Fue en la segunda visita de Laila. Desde aquella vez en que terminó inconsciente desde la mañana tras beber makgeolli sin parar, encantada con la combinación de kimchijeon y makgeolli, solía pedir solo cosas sencillas.

—Mmm, hoy quiero probar el udon.

—Lo mismo para mí.

Eddie, que ya había tomado la orden, invocó con destreza al espíritu mágico.

—Espíritu.

Ante esas palabras, un espíritu mágico parecido a Gerald voló hacia Eddie, para luego detenerse de repente en el medio. 

Cambió de dirección abruptamente y, en un instante, escapó hacia la entrada de la posada.

—¿Eh?

Era la primera vez que el espíritu actuaba así. Desconcertado, Eddie giró la cabeza hacia la entrada donde había volado.

Y allí vio a un hombre familiar.

Cabello negro, ojos azules intensos que helaban.

Cuando sus miradas se encontraron, el hombre sonrió de una manera poco común. 

El rostro de Eddie se iluminó sin querer.

—¡Gerald!

Gerald había regresado.

Aunque no había estado ausente mucho tiempo, Eddie sintió una alegría tan intensa como si no lo hubiera visto en un año.

Sin embargo, Gerald no había vuelto solo. Al ver al desconocido que, de manera natural, se paró a su lado y escudriñaba el interior de la posada, Eddie, que se acercaba, se detuvo sin darse cuenta.

Era un hombre que nunca antes había visto.

Tenía aproximadamente la misma altura que Eddie. Era bastante alto. Cabello negro, ojos negros, facciones afiladas como las de un gato. Una persona que irradia un sentimiento único que no se puede olvidar una vez visto.

Así que debería ser un extraño.

Por alguna razón, Eddie sintió que ese hombre le resultaba tremendamente familiar.

El hombre, que había estado examinando la nevera cerca de la entrada, llena de leche de banano, hizo una expresión de inmensa felicidad al ver a Eddie, quien había salido llamando a Gerald. 

Era, sin duda, la cara de alguien que moría de gusto al verlo. El hombre abrió la boca, sonriendo de oreja a oreja.

—¡Pa...!

¡Pak!

Si hubo un incidente menor, fue que tan pronto como el hombre miró a Eddie y abrió la boca para decir algo, Gerald golpeó al hombre en la parte posterior de la cabeza. Todo eso, con una sonrisa en el rostro.

—¡Ugh!

Gracias a eso, las palabras del hombre se cortaron a medias.

El hombre, que había recibido el golpe sorpresa, miró a Gerald con expresión asesina, pero al ver su rostro, pareció darse cuenta de algo y puso cara de «ah, cierto».

—Ejem.

Tosiendo falsamente, recuperó su expresión radiante.

—¡Eddie~!

Luego, tardíamente, llamó a Eddie y corrió hacia él con una expresión muy feliz en su rostro.

Pero Eddie ya había escuchado parte de lo que el hombre estuvo a punto de decir.

«...¿Pa?»

El hombre se abrazó a él con total naturalidad, y Eddie, sin pensarlo, terminó envolviéndolo en sus brazos.

Ver a Gerald golpear a alguien ya era sorprendente, pero el hecho de que este hombre actuara con tanta familiaridad hacia él dejó a Eddie paralizado.

Esta persona no era un conocido del actual Eddie, es decir, de Lee Jeong-hoon. 

Sin duda, era un conocido del verdadero Eddie.

El problema era que no tenía idea de cómo reaccionar ante este apuesto y afectuoso desconocido, ni de cuál era su nombre. No sabía nada.

Y, sin embargo, le resultaba familiar. Aunque no lo conocía, sentía un déjà vu instintivo, como si lo hubiera visto en alguna parte.

El hombre, abrazado a Eddie, lo miró desde abajo con una sonrisa radiante. Lamentablemente, como el otro tenía mejor físico, Eddie solo logró rodear sus hombros de manera torpe.

Eddie sintió que el hombre esperaba que lo llamara de alguna forma. 

De verdad, de verdad que no lo conocía. 

Pero Eddie sintió que sabía quién era ese hombre. 

Era algo cercano al instinto de este «Eddie». 

—…¿Ebon? 

Eddie pronunció el nombre del hombre. O quizá no era su nombre. No podía saberlo. Era solo instinto. Algo arraigado en este cuerpo, como un hábito o una reacción automática. 

A pesar de la confusión de Eddie, el hombre pareció sonreír brillantemente ante esas palabras. 

Una sonrisa que, para cualquiera, habría sido señal de que había acertado. 

El hombre Ebon, con esa misma sonrisa, le tendió un papelito. Eddie, sin pensarlo, lo tomó. 

El papel, doblado en dos, le produjo una extraña sensación de déjà vu. Un pliegue limpio, doblado con precisión. 

Al desplegarlo, vio escritas estas palabras: 

[Nueve, completado]

Cuando los ojos de Eddie se abrieron de par en par, el hombre en sus brazos gritó con voz alegre.

—¡E ha vuelto~! 

Por fin, E había encontrado a Eddie. 

* * * 

—Ah, maldita sea. 

Sebastián abrió los ojos y un gemido escapó de su boca al darse cuenta de que el sol ya estaba en lo alto del cielo. 

Últimamente, el trabajo en la posada era demasiado, incluso para él. 

El espíritu mágico de Gerald era eficiente y hacía casi tanto como el propio Gerald, pero aún así no era lo mismo que tenerlo allí. 

Al verlo, Eddie había comentado: 

—Es como un robot aspirador… Hace bien su trabajo, pero siempre le falta algo… 

No sabía qué era un «robot aspirador», pero la descripción le resonaba. Es competente, pero falta algo aquí y allá. 

Gracias a eso, desde que Gerald se ausentó, Sebastián, como único empleado de la posada, había tenido que trabajar hasta caer rendido. 

El exceso continuo lo había llevado a llegar tarde varias mañanas seguidas. 

Las mañanas eran relativamente tranquilas y, como Eddie parecía entender que Sebastián estaba trabajando duro, no decía mucho sobre sus llegadas tardes…

Aun así, como un empleado bastante diligente, Sebastián no le gustaba la palabra «tarde».

—Uuugh. 

Aunque sabía que ya había incumplido su horario, Sebastián no lograba levantarse de la cama. Más bien, el pensamiento de «ya llegué tarde, mejor sigo durmiendo» dominaba su mente, y el dolor muscular no ayudaba. 

«Ah, supongo que debería levantarme de todos modos».

Eddie parecía ser alguien que necesitaba mucho sueño, pero de alguna manera era muy diligente, y aunque trabajaba tanto como Sebastián, se levantaba al amanecer y comenzaba su trabajo.

Lo mismo pasaba con Ketron. No bajaba de su cuarto de inmediato, pero Sebastián lo había visto levantarse desde el amanecer en varias ocasiones. 

«¿Acaso esa pareja no necesitaba dormir…?»

Sebastián, firmemente convencido de que eran pareja, refunfuñó para sus adentros. 

Unos días antes, obligado a levantarse al amanecer por una queja de un huésped, había visto a Eddie y Ketron enredados en una postura comprometedora. 

Les había gritado que cerraran la puerta y luego se había vuelto a dormir, pero más tarde, al levantarse de madrugada por necesidad de ir al baño, había escuchado extraños sonidos.

Eran gemidos ahogados. 

Era un sonido que provenía de la habitación de Ketron, ubicada frente a la habitación de Sebastián.

«¿Qué demonios es ese sonido?» 

Al aguzar el oído, los sonidos subidos de tono hicieron que Sebastián, virgen y avergonzado, se tapara la cara con la almohada y gritara.

Pero una vez consciente de ello, los ruidos continuaron hasta el amanecer. 

Aquella noche, Sebastián pasó horas dando vueltas en la cama, con los ojos inyectados en sangre, y al día siguiente luchó contra el sueño como un condenado. 

Por suerte, aunque cometió errores por su falta de concentración, Eddie, que parecía aún más distraído, no se dio cuenta, permitiéndole enmendar sus fallos. 

«Maldita pareja».

Esa noche, Sebastián también estuvo alerta por si escuchaba esos ruidos vergonzosos de la habitación de al frente, pero, afortunadamente, desde ese día no los escuchó más. Fue un alivio.

—Hey, estuvieron bastante callado anoche, ¿no?

Aun así, furioso por haber dormido mal debido a ellos, Sebastián no pudo evitar lanzar un comentario sarcástico a Ketron, que pasaba por ahí. 

«Sé lo que hicieron esa noche». 

Esa clase de insinuación. 

—…

Por supuesto, en el instante en que la gélida mirada característica de Ketron se volvió hacia él, se arrepintió un poco. 

«¡Estoy tan cansado que me he vuelto loco! ¡Por muy agotado e irritado que esté, no tengo por qué buscar pelea con nadie!»

Pero, contra todo pronóstico, Ketron no pareció demasiado molesto. 

Simplemente respondió así: 

—No mucho. 

—…? 

—Ni siquiera lo hicimos tanto. 

Tras dejar esas palabras, se alejó con calma. 

—…? …? 

Claramente, cuando Sebastián se despertó un momento en mitad de la noche, los dos estaban en plena acción (?). Y siguieron casi hasta que amaneció. Para colmo, como era invierno, el sol salió tarde. Entonces, una vez más, ¡Se la pasaron haciéndolo hasta que amaneció! ¿Y todavía dicen que no hicieron mucho?

Era absurdo, pero para cuando quiso replicar, el otro ya se había ido. 

—Ugh. 

Sebastián, que había llegado hasta ese punto en sus pensamientos, gimió y finalmente se levantó. 

«¡Maldita sea, señor Gerald! ¿Cuándo piensas volver?»

Sebastián se lavó la cara, se cepilló los dientes y se vistió. Bajó las escaleras, rezando para que ese día hubiera menos clientes.

—¿Eh? 

Pero al llegar al primer piso, no pudo evitar abrir los ojos de par en par ante la extraña escena que se desarrollaba ante él. 

Y no era para menos. Ketron y un hombre desconocido, con Eddie en medio, fruncían el ceño y se miraban con hostilidad.

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