Ketron Chapter 86

 Capítulo 86

Esa mirada pesada estaba llena de muchas emociones.

Incluso en su estado de embriaguez, eran emociones tan obvias y pegajosas que era imposible no darse cuenta. Eran de un tipo que no se podía resumir en una sola cosa.

Eddie, absorto en sus pensamientos por el asunto de la caja musical, recordó demasiado tarde en qué estaba preocupado justo antes de eso y por qué había estado evitando poco a poco a Ketron.

Le había dado tantas vueltas a su relación con Ketron que, al ver la caja musical, se lo había olvidado por completo y, con retraso, recordó ese problema. El dulce sabor del alcohol se desvaneció en un instante, dejando solo un sabor amargo en la punta de su lengua.

Eddie sacudió con urgencia su mente confundida.

—Por supuesto que soy alguien importante para Ket...

Eddie, con solo un trago de alcohol restante, sorbió cuidadosamente, tratando de sonar indiferente. O, mejor dicho, esperaba que sonara así.

—Aun así, esas cosas, esas palabras, son para decirle a una mujer. Si sigues así, yo...

Eddie, que estaba a punto de decir "podría confundirme", se dio cuenta de que eso también sería una mentira y, finalmente, se agarró la cabeza.

¿Qué confusión? ¿Qué iba a confundir? No importa cuán despistado él fuera, con solo ver esa mirada de ese día y la de ahora, no podría fingir que no sabe, aunque intentara con todas sus fuerzas.

¡No podía no saber qué sentimientos tenía Ketron al mirarlo!

Ya sentía que su cabeza iba a explotar, como si alguien hubiera prendido fuego a algo allí dentro. Su mente ardía.

Antes de cuestionar qué sentía él ante esa mirada tan reveladora como una confesión, sin darse cuenta, surgió en el corazón de Eddie esta duda:

¿Está bien hacer esto?

...¿No está desviando el flujo de la 2° parte?

Eddie se preguntaba si escucharía en ese momento el ruido de engranajes mal encajados, y su corazón latía con tanta tensión que parecía que no podría ni percibirlo.

Tal vez esta situación no sea tan importante. Al igual que ganar un torneo, mientras no se salga del flujo principal de la historia, quizás no afecte mucho a la segunda parte.

Por ejemplo, aunque Ketron esté con alguien, mientras no cambie opciones importantes por esa persona, está bien.

Pero la obra original es una fantasía orientada a hombres. ¿No cambiará de género si termino con él? ¿Está bien?

Incluso me pregunto si es posible que Ketron y yo estemos juntos.

Eddie contuvo por poco una risa amarga.

Ah, el solo hecho de plantearse esto demostraba que ya estaba perdido. Le sofocaba su propia estupidez, anhelando estar con él mientras se preguntaba «¿esto está bien?».

¿Por qué te acepté ese día? ¿Por qué quise enseñarte a besar, a pesar de darme cuenta de tu mentira? ¿Por qué no te reprendí?

¿Por qué, en cambio, te encontré adorable?

Todo apuntaba nítidamente a un hecho, pero Eddie fingió ignorar esa emoción intuida. Rehusó comprenderla, prefiriendo enterrarla.

La mirada de Eddie se nubló.

Eddie sacudió la cabeza. Al hacerlo, su cabeza embriagada le dolía aún más.

Y así, sin pasar por ningún filtro, su boca se abrió.

—... De todos modos, en tu final...

Ketron frunció el ceño. Eddie debería haberse detenido, pero no pudo.

—...yo no estaré.

El día del torneo.

En la única escena del final de la segunda parte que se pudo confirmar, Eddie no estaba.

No sabía si estaba vivo, muerto o si había salido de escena de otra manera. No se describía si seguía manejando la posada sin problemas.

El foco estaba claramente en Ketron y las personas a su alrededor, pero no había lugar para Eddie entre ellos.

Si Eddie hubiera tenido una relación más profunda con Ketron, ¿no debería haber aparecido en el final?

No, desde el principio, mientras el género de esta novela no cambie, la historia de la segunda parte no aceptaría a Eddie...

—Ah.

Solo después de pensar hasta ahí, Eddie recobró la compostura y levantó la cabeza. Entonces vio la cara rígida de Ketron.

Eddie, idiota. ¿Hasta dónde has hablado?

—¿Qué quiere decir con eso?

Ante la pregunta de Ketron, Eddie negó rápidamente con la cabeza.

—No, nada.

No podía ser nada. Ya había cruzado la línea más allá de lo que Ketron podría ignorar.

Pero lo único que Eddie podía hacer era negar. Al mover la cabeza, le retumbó el cráneo. Maldita sea, había bebido demasiado.

Como un idiota, había dejado al descubierto sus miedos, arrastrado por el alcohol. No podía creer cuán patético podía ser uno en esas circunstancias.

—…

Ketron apretó los labios y miró a Eddie.

El ambiente, que hasta hace un momento había sido animado, aunque casi solo Eddie había seguido llenando su copa, se enfrió de golpe, como si nunca hubieran estado riendo y bromeando. 

—Eddie, tú…

Después de un buen rato de buscar las palabras, Ketron habló lentamente.

—¿Por qué siempre piensas solo, te preocupas y sacas conclusiones sin consultarme? Nunca me cuentas nada.

Con una expresión claramente preocupada y un rostro que parecía sufrir, se sumergía en sus pensamientos una y otra vez, sin nunca abrirse a Ketron.

Ketron le había contado todo a Eddie, pero Eddie no hacía lo mismo. Seguía cargando todo por su cuenta.

Lo había hecho durante el torneo y también cuando se encontraron con el Rey Demonio. Ketron lo sabía, pero esperó.

Esperaba que Eddie confiara en él y le contara todo.

—Dices que puedo quedarme a tu lado si quiero, pero actúas como si en cualquier momento pudieras irte. ¿Es mi imaginación? 

—No, no es eso.

—¿Entonces qué es?

—…

Ketron se detuvo y tomó una respiración profunda, como si estuviera conteniendo la ira.

—Piensas demasiado. 

El corazón de Eddie se hundió. Aunque Ketron no había alzado la voz, sentía que lo estaban reprendiendo en voz alta.

Y era precisamente Ketron quien lo hacía.

Pero parecía que Ketron no tenía la intención de culpar a Eddie. En el momento en que sus miradas se cruzaron y Eddie vio que solo había preocupación en sus ojos, lo confirmó una vez más.

Que nunca, en ningún momento, Ketron culparía a Eddie. Al igual que Eddie nunca lo haría.

Cuando sus miradas se encontraron, Ketron dudó un momento antes de hablar.

—Sabes que ese día no hubo maldición. 

—Ket.

—Sabes que me excite solo por ti.

Eddie apretó los labios. No podía fingir que no sabía. Había notado la ausencia de rastros de maldición en Ketron ese día, y su mente había dado vueltas sin parar. 

Había pensado y repensado en lo que eso significaba.

Pero al final, Eddie no se atrevió a confrontarlo. Después de todo lo ocurrido, tuvo miedo de escuchar lo que Ketron pudiera decirle, así que lo evitó. 

—Si te diste cuenta y aun así no me reprochaste nada, ¿puedo interpretarlo a mi manera? 

La dirección de la interpretación era obvia.

—…No.

Eddie negó eso de inmediato. No podía dejar que Ketron interpretara las cosas a su antojo. Pero al mismo tiempo, no podía mirarlo a los ojos.

No podía ser sincero ante ese sentimiento.

«Eres el protagonista de este mundo, pero yo soy un extraño que no sabe cuándo se irá. ¿Cómo le digo eso?»

«¿Cómo decirte que no sé qué será de mí en tu final?»

«Incluso si “Eddie” estuviera en ese final, ¿cómo decirte que no sé si podré seguir en este mundo después?»

«¿Cómo decirte que quiero quedarme a tu lado?»

«¿Cómo ser tan egoísta?»

Pero Ketron no parecía tener intención de dejarlo ir. El espacio entre ellos se redujo cuando se inclinó hacia Eddie. 

Su brazo se extendió sin vacilar, envolviéndolo en un abrazo. 

Eddie, atrapado en el firme pecho de Ketron, solo pudo parpadear atontado mientras Ketron acercaba los labios a su oreja y susurraba.

—Aunque tuviera que ser abandonado una vez más por el mundo, me he vuelto tan estúpido como para pensar que eso sería mejor que ser abandonado por ti.

Los ojos de Eddie se abrieron de par en par. Sin embargo, Ketron no le dio tiempo a Eddie para asimilar el impacto de sus palabras y continuó hablando sin pausa.

—Me dejaste en un estado en el que no puedo sostenerme sin ti, ¿y aun así piensas dejarme? 

Las reprimendas resonaron en sus oídos.

No había pensado en irse, pero Ketron parecía haber interpretado que Eddie quería alejarse de él.

Así que lo que decía era: 

No lo hagas.

Quédate a mi lado. No me dejes.

No, quédate.

Los sentimientos que brotaban sin control no eran nada nuevo. ¿Qué había dicho aquel día cuando besó su muñeca?

—Si me abandona, no sé qué seré capaz de hacer. 

Eddie había pensado entonces: «¿Por qué este tipo dice estas cosas como si fueran una amenaza?». 

Ahora quería gritarle a su yo pasado: 

«Eso no era una amenaza».

—Así que quédate a mi lado.

Esa afirmación, hecha como si fuera lo más natural del mundo, no era una amenaza, sino una verdad absoluta.

El momento en el que pudo haberse quedado solo como el ayudante del protagonista había pasado hacía mucho tiempo, sin que él se diera cuenta.

Comentarios

Entradas populares de este blog

El cazador primera parte

El cazador 2a parte

Cazador tranquilo Chapter 1