Sirviente Chapter 172
Extra 2
Los preparativos del viaje no fueron gran cosa. Consistieron simplemente en guardar en la bolsa mágica algo de comida y bebida para el camino, ropa y ropa interior de repuesto, unos cuantos pergaminos mágicos y el dinero para los gastos. Con eso, todo quedó listo.
Vestidos con ropa lo suficientemente ligera, Louis y Eddie montaron sus caballos y abandonaron rápidamente el castillo del norte.
«Menos mal que no ha nevado».
Últimamente, el clima había sido muy bueno. Gracias a eso, el suelo, libre de nieve acumulada, transmitía una calidez que hacía tiempo no se sentía.
«Y hasta el viento parece más cálido para ser el norte».
¿Acaso el inicio de este nuevo viaje estaba siendo bendecido? Era una tontería pensar así, pero de repente se le ocurrió una idea tan cosquilleante y romántica que no pudo evitar sonreír.
—¿Qué pasa? ¿De qué te ríes?
Louis, que lo observaba de reojo con miradas furtivas, le preguntó con expresión seria.
—Nada. Solo estoy de buen humor.
—Hmmm.
—Bueno, en realidad, salvo cuando inspeccionamos el pueblo o vamos a exterminar monstruos, casi nunca salimos del castillo. Y mucho menos abandonamos el norte.
—Cierto. Aparte de la vez que fuimos al condado de Fordman hace unos años, esta es la segunda vez que salgo del norte.
La mirada de Louis se dirigió hacia adelante. Cuanto más se acercaban al castillo, más extraño se sentía.
—Es la primera vez que salimos juntos sin un propósito concreto. Aaah, ahora que lo pienso, es muy emocionante.
Incluso después de decidir emprender el viaje, sus emociones habían permanecido bastante apagadas, pero ahora empezaban a agitarse poco a poco. La expresión de Louis se iluminó con un brillo de emoción.
—¿Dónde iremos primero?
Aunque se trataba de un viaje, no tenían intención de recorrer cada rincón del reino. Como su destino final era la capital, habían planeado una ruta que evitara, en lo posible, dar rodeos.
—Pensaba pasar por el bosque de Ellin y dirigirnos al condado de Swen.
—Hmmm. Quizá deberíamos haber traído a Elliot.
Elliot era el segundo hijo del conde de Swen. Al principio, el conde lo había colocado como caballero al lado de Louis, pero ahora era miembro del castillo del norte.
Había contraído matrimonio con la hija del conde de Fordman y había montado su hogar en la casa que Louis le había proporcionado. Había terminado de asentarse completamente en el norte.
Louis, además, le había otorgado el título de barón.
Aunque era el segundo hijo de un conde, mientras no fuera el heredero, había un límite en el estatus personal que podía alcanzar.
Los nobles de la corte también tenían que construir su propio poder a partir de lo que les correspondía, salvo el primogénito. La vida de un segundo hijo de un feudo era tan dura que uno tenía que abandonar sus ambiciones.
El condado de Swenn no era pobre, así que podía vivir con cierta holgura, pero eso era todo. Apenas había un estatus que legar a sus propios hijos.
Sin embargo, ahora que era barón, ya no era así. Podía transmitir íntegramente a sus descendientes el camino que había recorrido.
Parecía alegrarlo profundamente, y era natural que la lealtad de Elliot, ya de por sí responsable, creciera aún más.
Su esposa, que se había convertido en la esposa de un barón, era igual. Con una gran curiosidad como una niña que enfrenta el mundo por primera vez, tenía una gran creatividad y habilidad manual, y como miembro emergente del norte, trabajó arduamente con Roman para desarrollar productos locales, en lugar de Ferus, quien había regresado a su dominio.
Era tan vivaz que no había duda de que la atmósfera en el castillo del norte se había vuelto más brillante solo con su presencia.
—Probablemente lo habría rechazado.
Elliot, que no veía a sus padres desde hacía tiempo, pensaría primero en lo que tiene que hacer en el norte y negaría con la cabeza.
—Es demasiado prudente, y no dejaría sola a su esposa que está embarazada de solo dos meses.
—Cierto. Si le hubiera insinuado el tema, habría quedado como un pésimo amor.
—Prioriza a su amo, así que habría obedecido la orden, pero por dentro quizá habría tragado lágrimas de sangre.
—Ay, solo pensar en eso me pone los pelos de punta. No hay nada más espantoso que ser odiado por los míos. Además, Elliot no es de los que muestran sus sentimientos.
Louis se estremeció teatralmente al responder. La sonrisa de Eddie se extendió de nuevo al ver su actuación.
Después de derrotar a Sobel, a veces pensaba que las cosas se habían vuelto más fáciles, pero nunca experimentó esa sensación de liberación total.
Tal vez era porque, aunque en aquel lugar pudo renacer su vinculo con la persona que amaba, también era el lugar donde pudo dar por finalizado su conexión con el villano, y por eso no podría desprenderse fácilmente de él, quedando atrapado en sus recuerdos.
«El norte fue sin duda un refugio para mí y Louis, un lugar donde pudimos comenzar una nueva vida, pero también fue un lugar al que estuvimos atados».
—Vamos, apúrate.
Eddie fue el primero en aumentar el ritmo de su caballo, y Louis se apresuró a seguirlo.
Los dos, que habían salido del norte, cruzaron la vasta llanura que se extendía ante ellos.
* * *
Aunque condujeron los caballos con esfuerzo, el bosque de Ellin no era lo suficientemente pequeño como para atravesarlo en apenas medio día.
Eddie y Louis, que por primera vez en mucho tiempo se encontraban en la oscuridad del corazón del bosque, detuvieron sus monturas cerca de la orilla del agua.
—Parece que los caballos ya están cansados. Será mejor descansar aquí un rato.
—Buena idea. Yo también estoy un poco agotado después de tanta emoción antes.
Louis, asintiendo a las palabras de Eddie, bajó del caballo y dejó caer los hombros con un suspiro.
Tambaleándose, se acercó y, sin motivo alguno, apoyó la frente en la nuca de Eddie.
—¿Qué berrinche es este?
—Simplemente, me apetecía hacerlo.
—Deje de ser tan pegajoso.
Eddie apartó con un gesto la cabeza de Louis y aseguró las riendas de los caballos a un árbol para que no se alejaran. Luego, les trajo agua y heno.
—Ah, creo que voy a enfadarme.
Louis, que había estado mirando de reojo lo que hacía Eddie, tampoco se quedó quieto y se puso a recoger ramitas para encender el fuego.
—¿Podrías prestarme un poco de atención? No todos los días estamos solos así. En el castillo, con tanta gente mirando, ni siquiera podemos mostrarnos afecto libremente en los pasillos.
No perdió la oportunidad de quejarse entre tanto.
—¿Quién demonios inventó esa regla de que solo podemos besarnos en el dormitorio?
—Yo no he creado esa regla.
—¿Entonces puedo hacerlo?
—No. Piense en las apariencias.
—¿Ni siquiera un pico?
—No.
—¿Por qué? No hay nadie que no sepa lo cercanos que somos.
Parecía que tenía muchas emociones acumuladas, porque su voz se alargó más de lo habitual. Una de las cejas de Eddie se arquearon levemente.
Bajo esa mirada que preguntaba «¿Así que estás resentido?», Louis también torció los labios.
—No hay nada más estúpido que reprimir el afecto hacia la persona que amas por culpa de las apariencias. Quiero dejar atrás esa vida infantil.
—¿Y? ¿Qué es lo que quieres decir?
Ante la pregunta brusca de Eddie, Louis le robó un beso rápido. Eddie, sorprendido, se cubrió la boca con la mano y retrocedió. Los labios de Louis dibujaron una sonrisa traviesa.
—Debes saber que cuanto más actúes así, más despertarás mi deseo de conquistarte.
—¿Deseo de conquista…?
—Tú también pones esa mirada obstinada y rara cuando yo te provoco, ¿no?
¿Qué tontería es esa? Aunque intentó negarlo, una serie de recuerdos le vinieron a la mente. Eddie, sin palabras para defenderse, sintió cómo su rostro ardía en llamas.
—Mientras estemos fuera, seamos más cariñosos, aunque sea con pequeños gestos. El sexo intenso es placentero, pero al concentrarnos solo en el acto, solo queda el placer, ¿no? La sensación de que el cerebro se derrite es embriagadora y divertida, claro. Pero, a veces, los juegos de provocación también son importantes en una relación.
«Todavía me emociono con solo rozar tu mano».
Murmuró para sí.
Antes de que Eddie pudiera responder, giró el cuerpo y encendió rápidamente las ramas que había reunido.
—Tengo hambre. Vamos a comer.
Eddie sacó del bolsillo mágico carne seca, pan y frutas deshidratadas, y se las pasó. Louis tomó un trozo de carne y empezó a masticar con entusiasmo.
Aunque su actitud carecía de elegancia, atrajo la mirada de Eddie. El resplandor rojizo de las llamas crepitantes proyectaba sombras profundas sobre el rostro de Louis. Era… algo…
—Después de todo, sí que soy guapo, ¿no? Aquí, bajo esta luz, se nota aún más.
—Ah, si no abrieras la boca, serías mucho más atractivo. Qué lástima.
—¡Ey!
Ante el comentario seco de Eddie, Louis frunció los labios al instante. Aunque resultaba adorable, había algo inexplicablemente torpe en su gesto.
Eddie lo observó un momento antes de hablar.
—Dígame… ¿acaso está nervioso?
—…¿Qué?
Hace ya mucho tiempo que, como ‘Eddie’, compartía los pensamientos y emociones de él. Por supuesto, ahora, por consideración mutua, no se asoman imprudentemente dentro del muro del otro. Aun así, solo con la mirada, la expresión, el tono y el ambiente de Louis, Eddie podía captar sus emociones, aunque fuera de forma aproximada.
—¿Teme acaso la posibilidad de encontrarse con el Emperador Emérito, o verse expuesto a tal situación?
—Ah… ¿quién sabe? Esto, este sentir, ¿será una emoción cercana al temor…? No estoy seguro.
Louis sonrió con amargura y se encogió de hombros.
—No estoy seguro, pero al mirar mis pensamientos enredados, supongo que sí. Cuando la propuesta de viajar salió de tu boca, y más aún al saber que el destino final era ver a mi hermano mayor… lo primero que vino a mi mente fue… mi padre.
Padre…
Una palabra que para algunos sería familiar, pero que sonaba demasiado ajena al salir de los labios de Louis, permaneció un buen rato resonando en los oídos de Eddie.
Comentarios
Publicar un comentario
Por favor sé respetuoso y no hagas PDFs de nuestras traducciones